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Carta a mi familia y amigos

Edgar Luzuriaga


Carta


Carta a mi familia y amigos.

Queridos hermanos y amigos , hace ya casi un año que escribí mi último texto.  Sin embargo, me gustaría borrar de mi subconsciente, todos aquellos párrafos que redacté – aunque, con mi memoria endeble por estos días; no me será difícil- simplemente, porque todo lo que proyecté en las palabras en aquellos tiempos, eran atisbos de una mente enferma; todo lo que elaboré, no eran más que apologías a: filosofías, doctrinas ,  sistemas humanos, drogas y toda su parafernalia, rebeldía, oscurantismo y esoterismo… en fin, lo secular y cabalístico, influía en mis pensamientos. Recuerdo que mis  narraciones estaban llenas de cláusulas y glosas, de naturaleza ambigua,  barroca y petulante. Me dejé aprisionar   del pensamiento humano; y con cada libro, crecía mí desmesurado apasionamiento  por escritores; que al final no son más que simples personas.( Claro , también leí  libros muy buenos ; pero con ciertas narrativas hay que ser filtro y no esponja ) Empecé a delirar con la rebeldía, egocentrismo y hostilidad de aquellos autores. La verdad, que cuando uno va por la vida sin Dios; la vileza utiliza cualquier medio, para alienar la mente humana. Y cuando hablo de cualquier medio, me  refiero al: cine, música, media , literatura…


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Publicado el 14 de agosto de 2019 por usuario no registrado.

Wakefield

Nathaniel Hawthorne


Cuento


Recuerdo haber leído en alguna revista o periódico viejo la historia, relatada como verdadera, de un hombre —llamémoslo Wakefield— que abandonó a su mujer durante un largo tiempo. El hecho, expuesto así en abstracto, no es muy infrecuente, ni tampoco —sin una adecuada discriminación de las circunstancias— debe ser censurado por díscolo o absurdo. Sea como fuere, este, aunque lejos de ser el más grave, es tal vez el caso más extraño de delincuencia marital de que haya noticia. Y es, además, la más notable extravagancia de las que puedan encontrarse en la lista completa de las rarezas de los hombres. La pareja en cuestión vivía en Londres. El marido, bajo el pretexto de un viaje, dejó su casa, alquiló habitaciones en la calle siguiente y allí, sin que supieran de él la esposa o los amigos y sin que hubiera ni sombra de razón para semejante autodestierro, vivió durante más de veinte años. En el transcurso de este tiempo todos los días contempló la casa y con frecuencia atisbó a la desamparada esposa. Y después de tan largo paréntesis en su felicidad matrimonial cuando su muerte era dada ya por cierta, su herencia había sido repartida y su nombre borrado de todas las memorias; cuando hacía tantísimo tiempo que su mujer se había resignado a una viudez otoñal —una noche él entró tranquilamente por la puerta, como si hubiera estado afuera sólo durante el día, y fue un amante esposo hasta la muerte.


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11 págs. / 20 minutos / 170 visitas.

Publicado el 16 de mayo de 2017 por Edu Robsy.

El Resorte Secreto

Roberto Arlt


Cuento


Me llamo Albertina Halbert. A los quince años de edad asesiné a mi tía Eugenia. En la actualidad cuento cuarenta y cuatro años. El proceso de la muerte de mi cuerpo es cuestión de meses. Una enfermedad incurable da término a mi organismo. El relato de un crimen cometido en la edad pueril no tiende a expresar un remordimiento, sino a derramar un poco de luz, si es posible, sobre el oscuro relieve de lo que constituyen los móviles de la conducta humana.

Por mi modo de expresarme, nadie dudará de que soy una mujer culta. Mi difunto esposo solía decirme que jamás encontraría una mujer más ecuánime que yo. Como profesor de psicología, conocía lo suficientemente la naturaleza humana para no errar en sus afirmaciones. Creo que no exageraba. Siempre, instintivamente, traté que mis actos se desarrollaran dentro de los cuadros que se conforman con lo que consideramos la más estricta justicia.

¡Y, sin embargo, también instintivamente asesiné a mi tía!


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Dominio público
11 págs. / 20 minutos / 45 visitas.

Publicado el 1 de enero de 2024 por Edu Robsy.

Los Vecinos

Hans Christian Andersen


Cuento infantil


Cualquiera habría dicho que algo importante ocurría en la balsa del pueblo, y, sin embargo, no pasaba nada. Todos los patos, tanto los que se mecían en el agua como los que se habían puesto de cabeza —pues saben hacerlo—, de pronto se pusieron a nadar precipitadamente hacia la orilla; en el suelo cenagoso quedaron bien visibles las huellas de sus pies y sus gritos podían oírse a gran distancia. El agua se agitó violentamente, y eso que unos momentos antes estaba tersa como un espejo, en el que se reflejaban uno por uno los árboles y arbustos de las cercanías y la vieja casa de campo con los agujeros de la fachada y el nido de golondrinas, pero muy especialmente el gran rosal cuajado de rosas, que bajaba desde el muro hasta muy adentro del agua. El conjunto parecía un cuadro puesto del revés. Pero en cuanto el agua se agitaba, todo se revolvía, y la pintura se esfumaba. Dos plumas que habían caído de los patos al desplegar las alas, se balanceaban sobre las olas, como si soplase el viento; y, sin embargo, no lo había. Por fin quedaron inmóviles: el agua recuperó su primitiva tersura y volvió a reflejar claramente la fachada con el nido de golondrinas y el rosal con cada una de sus flores, que eran hermosísimas, aunque ellas lo ignoraban porque nadie se lo había dicho. El sol se filtraba por entre las delicadas y fragantes hojas; y cada rosa se sentía feliz, de modo parecido a lo que nos sucede a las personas cuando estamos sumidos en nuestros pensamientos.

—¡Qué bella es la vida! —decía cada una de las rosas—. Lo único que desearía es poder besar al sol, por ser tan cálido y tan claro.

—Y también quisiera besar las rosas de debajo del agua: ¡se parecen tanto a nosotras! Y besaría también a las dulces avecillas del nido, que asoman la cabeza piando levemente; no tienen aún plumas como sus padres. Son buenos los vecinos que tenemos, tanto los de arriba como los de abajo. ¡Qué hermosa es la vida!


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11 págs. / 20 minutos / 181 visitas.

Publicado el 4 de julio de 2016 por Edu Robsy.

El Fantasma y el Colocahuesos

Joseph Sheridan Le Fanu


Cuento


Mientras echaba un vistazo a los papeles de mi ínclito amigo Francis Purcell —que Dios tenga en su santa gloria—, que durante casi cincuenta años había desempeñado la ardua tarea de párroco en el sur de Irlanda, me tropecé con el documento que adjunto más adelante. Es un documento más entre otros muchos parecidos, pues nuestro párroco era un concienzudo coleccionista de antiguas tradiciones locales, en que abundaba la región donde residía. La recogida y ordenamiento de tales leyendas era, todavía lo recuerdo, su principal hobby; pero yo nunca había sabido que su afición a lo maravilloso y lo fantástico lo había llevado a poner por escrito los resultados de sus investigaciones hasta que, en mi calidad de «legatario residual», su testamento dejó en mis manos todos sus documentos manuscritos. A quienes piensen que la redacción de tales escritos desentona con el carácter y modo de vida de un cura de pueblo no les vendría mal recordar que existió una raza de sacerdotes —los de la vieja escuela, una raza ahora prácticamente desaparecida— cuyos hábitos y gustos literarios eran en muchos aspectos más refinados que los de los estudiantes de Maynooth.


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11 págs. / 20 minutos / 166 visitas.

Publicado el 24 de octubre de 2017 por Edu Robsy.

Ramón Gallegos y la educación espiritual

Fundación Ramón Gallegos


ramón gallegos, educación holista, inteligencia espiritual


Este ensayo está basado en los libros del Dr. Ramon Gallegos. Es emergente el surgimiento  de una nueva era; el Dr. Ramón Gallegos, nos habla de lograr este cambio a través de una visión holista, que supera la visión fragmentada que nos dejó una época cientificista, y que si en su momento fue buena para el avance de la humanidad, ahora es el motivo de la decadencia que se observa y que además es tangible, puesto que nos ha llevado una  “pérdida de sentido de la vida y una depredación generalizada de los recursos naturales del planeta”.  A esta visión fragmentada, el Dr. Ramón Gallegos le llama paradigma científico mecanicista y del cual, estamos en plena transición a un nuevo paradigma, una nueva visión, que de acuerdo a la evolución de la conciencia universal, nos exige una visión holista convirtiéndose ésta en una alternativa poderosa para superar el paradigma anterior.

Pero como ha sucedido en anteriores épocas y como ya se mencionó,  se da una resistencia al cambio que hay que superar, el Dr. Ramón Gallegos nos ofrece una respuesta a través de la visión holista, él nos habla de producir la emergencia de una conciencia inteligente de amor universal a través de la educación, una educación que facilite la evolución de la humanidad, una evolución de conciencia y que además exigen las nuevas generaciones y el mismo planeta; esta educación o nuevo paradigma es:  La Educación Holista.    

La Educación Holista tiene como principio fundamental el “supuesto de totalidad”, el cual nos dice que todo está interconectado y nada está separado, la visión de unidad del kosmos y el ser uno con el universo;  por lo que debe de percibirse al mundo como un organismo vivo del cual se forma parte.

Si ésta es una verdad,  entonces debemos asumir que todos somos Uno.


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11 págs. / 20 minutos / 59 visitas.

Publicado el 15 de mayo de 2018 por Fundación Ramón Gallegos.

El Matrimonio

Manuel Payno


Cuento


I

Días hace que tenía deseos de escribir un artículo de costumbres; pero me sucedía precisamente lo que al cura, que no repicaba por trescientos mil motivos; el primero, por falta de campanas: hay entre nosotros muchas costumbres, tales como la de pretender empleos, la de ser ricos de la noche a la mañana, la de criticar todo sin entenderlo, etcétera; pero eso me daba materia para un renglón, y después… ¿Cómo hacer sonreír a los lectores? ¿Cómo amenizar las columnas del Siglo XIX? ¿Cómo granjearme la nota de maligno, de mordaz, de conocedor del mundo si se quiere? Nada de esto era posible porque hay momentos, horas, días, y hasta meses enteros, que el poco entendimiento que vaga en el cerebro se esconde en lo más profundo de los sesos, y ésos son cabalmente los momentos en que el poeta suda, se arranca los cabellos, llora, tira la pluma desesperado, y pide a Dios una gota de genio, una gota de talento, un soplo de inspiración. La inspiración no viene porque es una muchacha retrechera y algo voluntariosa, y entonces se exclama en voz sepulcral con Victor Hugo: ¡Maldición!, o con Calderón y Lope: ¡Válgame Dios! Pero sigo con mi cuento, antes que los sufridos lectores exclamen: ¡Válgame Dios, qué pesado! Decía que no tenía asunto para artículo de costumbres, cuando he aquí que mustia y solemne se avanza la Semana Santa con sus tinieblas, sus monumentos, sus procesiones, su pésame, y tras de todos estos graves misterios se agolpa el mundo de México, vario, mezclado y confundido.


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Dominio público
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Publicado el 19 de noviembre de 2020 por Edu Robsy.

Por Sendas Opuestas

Javier de Viana


Cuento


I

Desde la mañana del sábado había comenzado la afluencia de quitanderos y quitanderas.

El vasto y recio edificio de la pulpería —la famosa azotea, especie de castillo feudal, cabeza de la enorme heredad que perteneció al coronel Inca Pereyra de Freitas—, se señoreaba dominando la multitud de blancas tiendas que lo circundaban.

Entre las carpas, numerosos carritos: y más allá, atados a soga, matungos flacos, petizos bichocos, yeguas escuálidas.

Tres timberos viejos y rivales, daban las últimas manos de “alisamiento” a sus respectivas canchas de taba.

Las chinas viejas distribuían los cacharros, ultimando “los preparos” para la elaboración de tortas fritas y pasteles de dulce de zapallo, esfé de porotos con achicoria, chorizos de cogote de novillo, vino aguado y caña compuesta.

Las muchachas, desgreñadas, sudorosos los rostros color chocolate, remangadas las batas de percal, iban de un lado a otro, arrastrando las chancletas, despreocupadas de todo espíritu de coquetería, reservando para el día siguiente los engorros del agua y del peine y las torturas del corsé y los zapatos.

Echados en el suelo o andando lentamente y sin objeto, con las cabezas gachas y las largas lenguas de fuera, perros grandes, perros chicos, todos flacos, todos con idéntica expresión de hastío en sus ojos de mirada humilde, pensando, sin duda, en el mañana promisor de abundantes huesos y piltrafas.

En amplias enramadas, enmantados, provistos de “trompetas”, y bajo la vigilante custodia de sus respectivos cuidadores, están los dos “parejeros” famosos que al día siguiente han de disputarse el clásico de aquella internacional gaucha, y a cuyas patas han de exponerse miles de onzas brasileñas y de libras esterlinas.


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Dominio público
11 págs. / 20 minutos / 29 visitas.

Publicado el 2 de noviembre de 2025 por Edu Robsy.

Los Remos de La Gaviota

Horacio Quiroga


Cuento


Estábamos atracados a la playa de Posadas. Eran las tres de la mañana, y acababa de despertarme, muerto de sueño aún y con las caderas muy doloridas, porque una tabla de cedro de veinticinco centímetros no es un lecho confortable. Como no teníamos el menor interés en perder un solo minuto de ese día, desperté a mi vez a mis compañeros y nos lavamos la cara en el agua aceitosa de la orilla, empuñando en seguida los remos, de vuelta a San Ignacio.

Habíamos llegado a Posadas la tarde anterior, muy bien, si se quiere, pues en la segunda hora de viaje La Gaviota había roto dos veces el mástil, tres veces la botavara, concluyendo por trepar con su aparejo compuesto, encima de un arrecife de asperón, a todo el viento que puede no desear un aficionado, que es ya una dosis máxima de aire.

Durante un mes entero habíamos clamado por viento, esa honrada brisa que hace andar armoniosamente a las embarcaciones. Lo habíamos tenido por fin, la mañana anterior, y bien de largo, el viento norte de Misiones, silbante, implacable, que sopla y sopla hasta concluir ahogado en el diluvio de agua sombría del sur.

Había llegado a las seis de la mañana. La Gaviota volaba aguas abajo, cayendo de proa con un timpánico chasquido de palmeta a cada cabeceo. El Alto Paraná, con treinta o más brazas de agua, levanta olas, hay que creerlo.

Bajábamos rozando la costa paraguaya. El timón, bastante cerrado, roncaba y vibraba dentro de nuestro cuerpo. El bosque del litoral, fresco aún y doblado por el viento hacia el sur, parecía empujar él también.

Era un encanto. Al rato, no. Un ensamble de lapacho y canela con tornillos de dos pulgadas y media, es una cosa muy seria. Pero el viento norte, cuando se decide a bramar después de un mes de sequía brumosa, reconoce muy bien lo que está ensamblado. A las siete y media las cabezas de los tornillos pasaban a través de la canela, y la vela se acostaba de proa.


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Dominio público
11 págs. / 20 minutos / 24 visitas.

Publicado el 31 de enero de 2026 por Edu Robsy.

La Verdad

Antonio de Trueba


Cuento


Cuento popular de Vizcaya

I

Este era un comerciante de Bilbao, muy rico, muy rico, llamado don Juan de Eguía, de quien tengo noticia por un viejecito de Deusto, que aunque de algunas cosas sabia mucho menos que yo, de otras sabía mucho más, como lo prueba la siguiente lecioncita que me dió un día que le hablé de cuentos populares:

—Cuentan que un soldado llevaba siempre en la mochila un par de guijarros, y en cuanto llegaba al alojamiento, encargaba á la patrona que se los guisara en salsa, con lo cual engañaba el pan de munición, moja que moja en la salsilla. Los cuentos populares son guijarros que andan rodando por los campos y no tienen sustancia, y á veces descalabran al buen sentido: pero si se los guisa bien, se chupa uno los dedo con la salsilla y al buen sentido que anda algo torcido, le pone derecho como un uso.

Pero volvamos á don Juan de Eguía, que ya tendremos ocasión de volver al viejecito de discreto. Don Juan era hombre bueno y discreto, pero tenía una manía singular: partiendo del supuesto vulgar de que su apellido ¡que significa «localidad angulosa») significaba «la verdad», y queriendo vivir de acuerdo con él, llevaba tan adelante el amor á esta virtud, que la convertía en generadora de todas las virtudes humanas, de modo que para él, hombre capaz de faltar á la verdad, era capaz de faltar á todo lo bueno y santo.

Y he llamado manía á su extremado amor á la verdad, porque la exageración, áun en los afectos más santos, conduce al fanatismo, y el fanatismo, á su vez, conduce á todo lo malo.

«Una mentira bien compuesta, mucho, vale y poco cuesta», dice un proverbio vulgar, y hay casos en que la mentira es santa, porque sin causar mal alguno, previene y evita males muy grandes. Vaya un ejemplo de esto que me puso el viejecito de Dausto, al contarme el cuento de don Juan de Eguía, que estoy guisando como Dios me da á entender:


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Dominio público
11 págs. / 20 minutos / 49 visitas.

Publicado el 24 de diciembre de 2021 por Edu Robsy.

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