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Delenda Est

Robert E. Howard


Cuento


—¡No es un imperio, creedme! Es una vergüenza. ¿Imperio? ¡Bah! ¡Piratas, eso es lo único que somos!

El que hablaba era Hunegais, como de costumbre malhumorado y lúgubre, con sus negros mechones trenzados y lacios bigotes que delataban su sangre eslava. Suspiró con fuerza y el vino de Falerna rebosó por el borde de la copa de jade que sostenía, manchándole la túnica dorada con brocados de oro. Bebió con sonoros sorbos, como beben los caballos, y retomó con gesto melancólico su queja inicial.

—¿Qué hemos hecho en África? Destruimos a los grandes terratenientes y sacerdotes y nos erigimos en dueños y señores. ¿Quién trabaja la tierra? ¿Vándalos, tal vez? ¡En absoluto! Las mismas gentes que lo hicieron bajo el dominio de los romanos. Nosotros nos hemos limitado a reemplazar a los romanos. Recaudamos impuestos y cobramos arrendamientos, y estamos obligados a defender las tierras de los ataques bereberes. Nuestro punto débil se halla en nuestro reducido número. No podemos mezclarnos con la gente porque terminarían absorbiéndonos. No podemos convertirlos en aliados y al mismo tiempo súbditos; lo único que podemos hacer es mantener una especie de prestigio militar… Somos un grupúsculo de extraños aposentados en castillos, y de momento imponemos nuestro dominio sobre una amplia población que, cierto es, no nos odian más de lo que odiaban a los romanos, pero…

—Podríamos evitar parte de ese odio —interrumpió Ataúlfo. Era más joven que Hunegais, bien afeitado y apuesto, y sus modales eran menos primitivos. Era un suevo que había pasado su juventud cautivo del tribunal romano oriental—. Ellos son ortodoxos; si nos aviniéramos a renegar de Arian…


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9 págs. / 16 minutos / 64 visitas.

Publicado el 12 de julio de 2018 por Edu Robsy.

Educación holista, la obra de Ramón Gallegos

Fundación Ramón Gallegos


ramón gallegos, educación holista, inteligencia espiritual,


Desde la esencia propia puedo ahora constatar, ese despertar interior, desde el momento en que el Dr. Ramón Gallegos terminando el V Congreso Mexicano en Guadalajara me cuestionó, ¿Martha eres más feliz ahora que cuando iniciaste la Maestría?  He meditado varios días sobre ello y sí, la respuesta plenamente es Sí; tengo paz, plena conciencia, voy en el camino del conocimiento y Soy Feliz. He comprendido como puedo tener un pleno acercamiento con los seres que me rodean se que debo verlos con los ojos del espíritu, buscando encausarme desde la compasión, observando la diversidad e interactuando desde el amor con todos los seres del mundo.

Durante la conferencia del Dr. Ramón Gallegos mi actitud se tornó más reflexiva, desconozco si mi espíritu estaba en esos momentos desde la atención plena y lo describo de esta manera, porque en cuantas ocasiones física y mentalmente me dispongo a concentrarme en temáticas que son totalmente de mi interés, obteniendo conocimientos que pongo en practica la mayoría de las veces, pero al recordar y revisar mis notas detecto que es otra la disponibilidad de mi YO, no se trata de hablar de cómo me sentí, pues no es cuestión de sentimientos, es la conciencia de que efectivamente estoy en el despertar, y ahora que me he propuesto desde la última reunión presencial de diciembre 2008 buscar como liberarme para ser feliz manifiesto que el universo de opciones se presentaron ante mi y al visualizarlas, mi espíritu se regocijaba de tal manera que me percibía llena de entusiasmo, plena de alegría, pues se me daba a manos llenas, al recordarlo, ya aquietando mis pensamientos y serenando mis momentos, siempre estuvo todo ello dispuesto en ese banquete preparado de amor, tranquilidad, humildad, plena felicidad, grandeza, transformación, conocimiento liberador etc.


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9 págs. / 16 minutos / 65 visitas.

Publicado el 15 de mayo de 2018 por Fundación Ramón Gallegos.

El Manuscrito de un Loco

Charles Dickens


Cuento


Sí...¡de un loco! ¿Como hubiera herido mi corazon esta palabra algunos años há! Como hubiera despertado el terror que de vez en cuando me acometia, haciendo que la sangre como fuego corriera por mis venas, hasta que el frio hielo del temor en gruesas gotas cubria mi piel, y mis rodillas temblaban de miedo! Ahora me agrada. Es un bello nombre. Mostradme al monarca cuyo iracundo entrecejo tanto intimide como el brillo del ojo de un loco, y cuyo cordel y hacha sean jamas tan eficaces como las garras de un loco. Sí, sí, es una gran cosa estar loco! ser mirado como un feroz leon entre las barras de hierro, y rechinar los dientes y ahullar, las largas y silenciosas noches, á la alegre música de una pesada cadena, y rodar y bramar entre la paja, arrebatado con tan deliciosa armonía. Hurrah por la casa de los locos. Me recuerdo de un tiem­po cuando temia estar loco; cuando me despertaba sobresaltado de mi sueño, y cayendo de rodillas rogaba á Dios me libertara de la maldicion de mi raza: cuando huia de la alegria y de la felicidad y me ocultaba en algun lugar solitario, y pasaba las pesadas horas observando el progreso de la calentura que debia consumir mi cerebro. Sabia que la locura estaba en mi misma sangre, hasta en el tuétano de mis huesos; que una generacion habia pasado sin que la pestilencia apareciese entre ellos, y que yo era el primero en quien debia revivir. Sabia que asi debia ser, que asi siempre habia sido, y que asi siempre seria; y cuando huia del contacto de mis semejantes á algun oscuro rincon; veia desde alli á los hombres hablar en voz baja, y señalar, y volver los ojos hacia mi, y conocia se estaban refiriendo unos á otros la prescrita locura, y conociéndolo en silencio gemia. Esto hice por años, largos, largos años fueron aquellos.


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Dominio público
9 págs. / 16 minutos / 972 visitas.

Publicado el 16 de junio de 2016 por Edu Robsy.

El Tesoro Dorado

Hans Christian Andersen


Cuento infantil


La mujer del tambor fue a la iglesia. Vio el nuevo altar con los cuadros pintados y los ángeles de talla. Todos eran preciosos, tanto los de las telas, con sus colores y aureolas, como los esculpidos en madera, pintados y dorados además. Su cabellera resplandecía, como el oro, como la luz del sol; era una maravilla. Pero el sol de Dios era aún más bello; lucía por entre los árboles oscuros con tonalidades rojas, claras, doradas, a la hora de la puesta. ¡Qué hermoso es mirar la cara de Nuestro Señor! Y la mujer contemplaba el sol ardiente, mientras otros pensamientos más íntimos se agitaban en su alma. Pensaba en el hijito que pronto le traería la cigüeña, y esta sola idea la alborozaba. Con los ojos fijos en el horizonte de oro, deseaba que su niño tuviese algo de aquel brillo del sol, que se pareciese siquiera a uno de aquellos angelillos radiantes del nuevo altar.

Cuando, por fin, tuvo en sus brazos a su hijito y lo mostró al padre, era realmente como uno de aquellos ángeles de la iglesia; su cabello dorado brillaba como el sol poniente.

—¡Tesoro dorado, mi riqueza, mi sol! —exclamó la madre besando los dorados ricitos; y pareció como si en la habitación resonara música y canto. ¡Cuánta alegría, cuánta vida, cuánto bullicio! El padre tocó un redoble en el tambor, un redoble de entusiasmo. Decía:

—¡Pelirrojo! ¡El chico es pelirrojo! ¡Atiende al tambor y no a lo que dice su madre! ¡Ran, ran, ranpataplán!

Y toda la ciudad decía lo mismo que el tambor.

Llevaron el niño a la iglesia para bautizarlo. Nada había que objetar al nombre que le pusieron: Pedro. La ciudad entera, y con ella el tambor, lo llamó Pedro, el pelirrojo hijo del tambor. Pero su madre le besaba el rojo cabello y lo llamaba su tesoro dorado.

En la hondonada había una ladera arcillosa en la que muchos habían grabado su nombre, como recuerdo.


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9 págs. / 16 minutos / 160 visitas.

Publicado el 28 de junio de 2016 por Edu Robsy.

El Calabozo Número 5

Baldomero Lillo


Cuento


—¡Bah! ¡Un carcelero!

—Que tiene un corazón de oro.

La irónica mirada que me dirigió Rafael picó vivamente mi amor propio.

—¿De modo —insistí— que niegas que don Serafín, por el puesto que desempeña, sea un hombre bueno, de sentimientos nobles y humanitarios? Pues yo te aseguro que es la persona más culta, agradable y afectuosa que he conocido.

La incredulidad y el escepticismo de mi interlocutor para apreciar las acciones de los demás me ponía nervioso, y generalmente nuestras polémicas sobre este tópico terminaban en disputa.

Esta vez la controversia me excitaba más que de costumbre, pues se trataba de una persona a quien yo conocía muy de cerca. Era mi vecino y nos unían relaciones estrechas y cordiales.

—Amable, sí, no lo niego. Demasiado amable y además tiene la mirada falsa.

Esto ya era demasiado y deteniéndome bruscamente sujeté por un brazo al doctor que caminaba silencioso a mi derecha y dije a Rafael, con el tono seguro y convencido del que se encuentra en terreno sólido.

—Esta vez, maldiciente incorregible, tendrás que confesar, mal que te pese, que te has equivocado.

Los tres nos hallábamos en ese instante a cien metros escasos de la entrada principal de la cárcel penitenciaria. La pesada y sombría fachada del edificio se destacaba entre los altos olmos de la avenida y bajo el cielo gris plomizo de aquella mañana de otoño, con tonos lúgubres que despertaban en el espíritu las ideas melancólicas q1ue evocan las tumbas y los cementerios.

Ahí, detrás de aquellos muros, reinaba también la muerte, pero una muerte más fría, más callada, más pavorosa que la pálida moradora del campo santo.


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Dominio público
9 págs. / 16 minutos / 157 visitas.

Publicado el 8 de octubre de 2019 por Edu Robsy.

La Terrible Venganza

Nikolái Gógol


Cuento


En el oscuro sótano de la casa del amo Danilo, y bajo tres candados, yace el brujo, preso entre cadenas de hierro; más allá, a orillas del Dnieper, arde su diabólico castillo, y olas rojas como la sangre baten, lamiéndolas, sus viejas murallas. El brujo está encerrado en el profundo sótano no por delito de hechicería, ni por sus actos sacrílegos: todo ello que lo juzgue Dios. Él está preso por traición secreta, por ciertos convenios realizados con los enemigos de la tierra rusa y por vender el pueblo ucranio a los polacos y quemar iglesias ortodoxas.

El brujo tiene aspecto sombrío. Sus pensamientos, negros como la noche, se amontonan en su cabeza. Un solo día le queda de vida. Al día siguiente tendrá que despedirse del mundo. Al siguiente lo espera el cadalso. Y no sería una ejecución piadosa: sería un acto de gracia si lo hirvieran vivo en una olla o le arrancaran su pecaminosa piel.

Estaba huraño y cabizbajo el brujo. Tal vez se arrepienta antes del momento de su muerte, ¡pero sus pecados son demasiado graves como para merecer el perdón de Dios!

En lo alto del muro hay una angosta ventana enrejada. Haciendo resonar sus cadenas se acerca para ver si pasaba su hija. Ella no es rencorosa, es dulce como una paloma, tal vez se apiade de su padre… Pero no se ve a nadie. Allí abajo se extiende el camino; nadie pasa por él. Más abajo aún se regocija el Dnieper, pero ¡qué puede importarle al Dnieper! Se ve un bote… Pero ¿quién se mece? Y el encadenado escucha con angustia su monótono retumbar.

De pronto alguien aparece en el camino: ¡Es un cosaco! Y el preso suspira dolorosamente. De nuevo todo está desierto… Al rato ve que alguien baja a lo lejos… El viento agita su manto verde, una cofia dorada arde en su cabeza… ¡Es ella!

Él se aprieta aún más contra los barrotes de la ventana. Ella, entretanto, ya se acerca…

—Katerina, hija mía, ¡ten piedad! ¡Dame una limosna!


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9 págs. / 16 minutos / 225 visitas.

Publicado el 20 de septiembre de 2016 por Edu Robsy.

Educación holista y Ramón Gallegos

Fundación Ramón Gallegos


Ramón Gallegos, educación holista, inteligencia espiritual


En el presente ensayo analizo la obra de Ramón Gallegos Nava, quien es el fundador de la educación holista y el autor que mas ha escrito sobre inteligencia espiritual, ambos temas están interrelacionados y son los dos paradigmas del siglo XXI

En estos libros encontramos una gran riqueza de información que nos guía y nos invita a una trasformación interna, a la evolución de nuestra conciencia, nos invita a dejar el sufrimiento fuera de nuestras vidas y encontrarnos con la verdadera felicidad, es una puesta llena de posibilidades para llegar a ser mejores Seres humanos y de esta forma  poder cumplir con la misión que cada uno e nosotros tenemos con el universo.

En esta obra aparecen los diferentes conceptos y los fundamentes teóricos, filosófica, científicos, pedagógicos, etc. que dan las bases que se requieren para entender que este nuevo paradigma es que realmente esta requiriendo nuestra sociedad, en todas las dimensiones, social, política, educativa, entre otras. Estos 12 libros tratan sobre varios de los aspectos que se deben considerar en la educación holista, y por ende elementos que requerimos conocer para mejorar no sólo nuestro estilo de vida, sino también poder descubrir nuestra verdadera esencia que es nuestra espiritualidad, y la gran necesidad de transformación. Considero que en el presente pueden presentarse algunas de las ideas fundamentales de la Obra del Dr. Ramón Gallegos Nava.

Se considera como fundamental en la educación holista la filosofía Perenne, como un pilar fundamental que nos ayuda a entender y tener más claridad de la nuestra espiritualidad, es como un camino que nos guía hacia ella, no es el mismo camino para todos, nos ayuda a que cada uno lo encontremos.


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9 págs. / 15 minutos / 46 visitas.

Publicado el 16 de julio de 2019 por Fundación Ramón Gallegos.

La Isla Desierta

Roberto Arlt


Teatro


Personajes

EL JEFE
EMPLEADA 1ª
MANUEL
EMPLEADA 2ª
MARÍA
EMPLEADA 3ª
EMPLEADO 1º
CIPRIANO (MULATO)
EMPLEADO 2º
DIRECTOR
TENEDOR DE LIBROS

Acto único

Escena

Oficina rectangular blanquísima, con ventanal a todo lo ancho del salón, enmarcando un cielo infinito caldeado en azul. Frente a las mesas escritorios, dispuestos en hilera como reclutas, trabajan, inclinados sobre las máquinas de escribir, los empleados. En el centro y en el fondo del salón, la mesa del JEFE, emboscado tras unas gafas negras y con el pelo cortado como la pelambre de un cepillo. Son las dos de la tarde, y una extrema luminosidad pesa sobre estos desdichados simultáneamente encorvados y recortados en el espacio por la desolada simetría de este salón de un décimo piso.


EL JEFE.— Otra equivocación, Manuel.

MANUEL.— ¿Señor?

EL JEFE.— Ha vuelto a equivocarse, Manuel.

MANUEL.— Lo siento, señor.

EL JEFE.— Yo también. (Alcanzándole la planilla.) Corríjala. (Un minuto de silencio.)

EL JEFE.— María.

MARÍA.— ¿Señor?

EL JEFE.— Ha vuelto a equivocarse, María.

MARÍA (acercándose al escritorio del JEFE).— Lo siento, señor.

EL JEFE.— También yo lo voy a sentir cuando tenga que hacerlos echar. Corrija.

Nuevamente hay otro minuto de silencio. Durante este intervalo pasan chimeneas de buques y se oyen las pitadas de un remolcador y el bronco pito de un buque. Automáticamente todos los EMPLEADOS enderezan las espaldas y se quedan mirando la ventana.

EL JEFE (irritado).— ¡A ver si siguen equivocándose! (Pausa.)


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Dominio público
9 págs. / 15 minutos / 836 visitas.

Publicado el 27 de abril de 2023 por Edu Robsy.

Nieto del Cid

Emilia Pardo Bazán


Cuento


El anciano cura del santuario de San Clemente de Boán cenaba sosegadamente sentado á la mesa, en un rincón de su ancha cocina. La luz del triple mechero del velón señalaba las acentuadas líneas del rostro del párroco, las espesas cejas canas, el cráneo tonsurado, pero revestido aún de blancos mechones, la piel rojiza, sanguinea, que en robustas dobleces rebosaba del alzacuello.

Ocupaba el cura la cabecera de la mesa; en el centro su sobrino, guapo mozo de veintidós años, despachaba con buen apetito la ración; y al extremo, el criado de labranza, remangada hasta el codo la burda camisa de estopa, hundía la cuchara de palo en un enorme tazón de caldo humeante y lo trasegaba silenciosamente al estómago.

Servía á todos una moza aldeana, que aprovechaba la ocasión de meter también cucharada, ya que no en los platos, en las conversaciones.

El servicio se lo permitía, pues no pecaba de complicado, reduciéndose á colocar ante los comensales un mollete de pan gigantesco, á sacar de la alacena vino y platos, á empujar descuidadamente sobre el mantel el tarterón de barro colmado de patatas con unto.

—Señorito Javier—preguntó en una de estas maniobras—¿qué oyó de la gavilla que anda por ahí?

—¿De la gavilla, chica? Aguárdate...—contestó el mancebo alzando su cara animada y morena...—¿Qué oí yo de la gavilla? No, pues algo me contaron en la feria... Sí, me contaron...

—Dice que al señor abad de Lubrego le robaron barbaridá de cuartos... cien onzas. Estuvieron esperando á que vendiese el centeno de la tulla y los bueyes en la feria del quince, y ala que te cojo.

—¿No se defendió?

—¿Y no sabe que es un señor viejecito? Aun para más aquellos días estaba encamado con dolor de huesos.


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Dominio público
9 págs. / 15 minutos / 148 visitas.

Publicado el 15 de noviembre de 2020 por Edu Robsy.

La Venganza del Mono

Roberto Arlt


Cuento


António Fligtebaud, término medio asesinaba un hombre por año.

Su exterior era agradable, pues la naturaleza le había dotado de un físico simétrico. Su sonrisa bondadosa, sus maneras afables, no hacía suponer que fuera un correcto asesino.

Era paciente, astuto, cobarde y sobre todo, muy cortés. Jamás utilizó cómplices en la preparación de sus homicidios, lo que revela un carácter sumamente ejecutivo, que le concedía un extraordinario relieve a los dictados de su voluntad.

El estudio de un crimen, ya que no utilizaba cómplices (Fligtebaud era un hombre de rigurosísimos principios), lo sumergía en largos meses de labor, durante los cuales analizaba tan meticulosamente los detalles de su plan, que cuando se resolvía para la acción, podía afirmarse que la muerte ya estaba madura en el cuerpo de su próxima víctima.

El primer hombre que asesinó no fue uno, sino dos; resultó ser un joyero portorriqueño. El joyero, de natural desconfiado, vivía en el mismo local que ocupaba su establecimiento, en compañía de un joven de fornida apariencia. Fligtebaud esperó la oportunidad en que se desocupó un local junto a la joyería, perforó el muro una noche de tormenta y agredió al joyero a pistoletazos. El joyero falleció en su cama, el joven dependiente cayó junto a un muro. Fligtebaud desocupó la caja fuerte de todos los valores que contenía. Este doble asesinato le valió veinte mil pesos.

Al día siguiente se hospedó en un sanatorio, cuyos médicos se consideraron felices de tratarle una úlcera al estómago, que él no tenía pero que fingía padecer. Descansó de sus fatigas y quebrantos durante tres meses, y luego viajó, porque era aficionado al espectáculo del mundo y al trato con variada gente.


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Dominio público
9 págs. / 15 minutos / 81 visitas.

Publicado el 7 de septiembre de 2023 por Edu Robsy.

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