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Radical

Arturo Robsy


Cuento


Aunque es penoso decirlo, cuando Remigio descubrió que su mujer "también era adúltera" y que, encima, aquello no era motivo para divorciarse y que, si se divorciaba a pesar de todo, la otra pedía la mitad de cualquier cosa de Remigio, incluida la finca heredada de sus padres, se encontró en la tesitura de ser un permanente cornudo o destruir elmundo.

Puede que usted, que lee esta historia, piensa que hay otras opciones intermedias, de centro como quien dice, pero eso tendría que explicárselo a Remigio, cuyo remedio a mitad de camino no era otro que pegarle un tiro a la susodicha y pasarse entre quince y treinta años de huésped del Estado, salvo amnistías.

Así que el riesgo de perder quince o más años de su vida justificaba, para Remigio, la necesidad de destruir el mundo para quedar en paz con la zorra de su mujer y, de paso, cobrarse unos cuantos piquillos que le debían todos los seres humanos a coro.

Claro que entre tomar la decisión de destruir el mundo y estar en situación de hacerlo, hay un largo camino que tiene que andarse con imaginación o, como diría algún lapidario, "con la vvista puesta en lo grande y la confianza, en Dios."

Naturalmente que Remigio tenía sus dudas acerca de lo que Dios opinaría de este asunto. A fin de cuentas el Buen Dios había hecho el mundo, y, por bueno que fuese no era imaginable que se lo tomara como una broma inocente. Destruir una ciudad era cosa más que gorda ya, pero había sucedido. Y hasta naciones enteras perecieron por la espada o por el hambre, pero todo un mundo... Para eso haría falta un archicriminal — y Remigio no lo era — o un manitas.


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Publicado el 23 de abril de 2017 por Edu Robsy.

Educación holista, el paradigma del siglo XXI

Fundación Ramón Gallegos


ramón gallegos, educación holista, inteligencia espiritual


La educación holista fue desarrollada por el Dr. Ramón gallegos, es el autor que mas ha escrito y publicado sobre el tema, 25 libros. La educacion holista parte del análisis de los sistemas sociales y económicos por los que ha transitado la humanidad, especialmente en los últimos 400 años, en los que se evidencian tres momentos de cambio del pensamiento y de la manera de

entender el mundo.

En primera instancia, el pensamiento dogmático que predominó en la sociedad occidental al mando de la Iglesia católica; pensamiento caracterizado por la imposición de ideas, la obediencia de las mismas y en la nula auto reflexión permitida a los individuos, teniendo a Dios como el máximo poder, y una jerarquía en la tierra comenzando con el sumo pontífice.

El segundo momento, está identificado por el pensamiento científico, mismo, que destrona al poder divino y se nutre de experimentación y evidencias para explicar el mundo y su dinámica; en este pensamiento, el ser humano se pone por encima de la jerarquía, porque es él, quien genera el conocimiento. Se declara heredero del mundo.

El tercer momento y es el que actualmente emerge con una fuerza cada vez mayor, es el que han vertido los nuevos paradigmas de la ciencia, donde hay cabida para aspectos de la vida y la existencia que pueden equipararse a las explicaciones no mecanicistas ni dogmáticas que vierte la nueva ciencia.

Siguiendo este curso de reflexiones, me compete ahora indagar en una respuesta para Educación Holista. La educación holista la podemos explicar como un proceso de apropiación del mundo donde el individuo junto con el cosmos, forman parte de una entidad integrada. Y existen diferentes niveles de comprensión y dimensiones que explican los fenómenos del universo en un sentido entretejido en matriz más que en línea vertical. En la educación holista se hermanan ciencia y espiritualidad y la vida tiene un nuevo sentido.


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7 págs. / 13 minutos / 291 visitas.

Publicado el 16 de mayo de 2018 por Fundación Ramón Gallegos.

Es Gorg d'Albranca

Arturo Robsy


Cuento


La nuestra, Menorca, es una tierra de amplias resonancias islámicas que dejaron, además de puntos esenciales en nuestro carácter, bellas leyendas que nosotros conservamos.

Una de ellas es esta de Es Gorg d'Albranca, que nos ha llegado, quizá, un poco transformada en lo que se refiere a su valor primitivo.

Examinándola detenidamente nos damos cuenta de lo extraño de la actitud de un padre, el Rey Moro de Ses Coves Gardes, que arroja a la Hoya del terrente a su hija "casadera". Aquellos que son padres y, más aún, aquellos que tienen hijas casaderas que les piden dinero "para esto" o "para lo otro", que les aburren con las descripciones detalladas de "lo que llevaba Puri" o "el coche tan fantástico que se ha comprado Gabriel (Biel)", comprenderán muy bien lo lógico de un padre que no permita casarse a su hija. Otros lectores, impuestos en la sociedad y la cultura islámica de aquellos siglos, observarán otra contradicción todavía más chocante: su significación económica.

"Para un padre moro (al contrario que ahora) tener una hija era un interesante negocio de compraventa, muy semejante al de un tratante. Desde su nacimiento hasta los trece años (a veces también antes) las moritas se encargaban de arreglar la casa, cocinar, lavar los platos y demás asuntos femeninos solo en las horas libres que les dejaban las faenas del campo, donde trabajaban como uno (o una) más. Esto hacía que amortizasen con creces lo que se comían y los sacos con los que tapaban su cuerpo. Llegados a la pubertad, su padre les regalaba un velo y las llevaba, cuidadosamente envueltas, de visita a la casa de un vecino. Allí se ultimaban las conversaciones y se firmaba el contrato, pues es sabido que los vecinos no se cansaban nunca de contraer matrimonio".


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7 págs. / 13 minutos / 52 visitas.

Publicado el 10 de julio de 2021 por Edu Robsy.

La Loba

Hector Hugh Munro "Saki"


Cuento


Leonard Bilsiter era una de esas personas que no han podido encontrar este mundo atractivo o interesante, y que han buscado compensación en un mundo "nunca visto" de su propia experiencia, imaginación... o invención. Los niños tienen éxito en esa clase de cosas, pero se contentan con convencerse ellos mismos sin vulgarizar sus creencias tratando de convencer a los demás. Las creencias de Leonard Bilster eran para "unos pocos", lo que quería decir cualquiera que le pusiera atención.


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7 págs. / 13 minutos / 238 visitas.

Publicado el 25 de julio de 2016 por Edu Robsy.

El Oso Mayor

Leopoldo Alas "Clarín"


Cuento


Servando Guardiola dejó caer el libro, una novela francesa, sobre el embozo de la cama; apoyó bien la nuca en la almohada, estiró los brazos con delicia de dilettante de la pereza... y bostezó, sin hastío, sin sueño —acababa de dormir diez horas—, sin hambre —acababa de tomar chocolate—; saboreando el bostezo, poniendo en él algo de oración al dios de la galbana, que alguno ha de tener.

Dejaba caer el libro para continuar deleitándose con las propias ideas y las queridas familiares imágenes, mucho más interesantes que la lectura que le había sugerido, por comparación, mil recuerdos, mil reflexiones.

Se sentía superior al libro, con una inadvertida complacencia.

Era el volumen pequeño, elegante, coquetón, de un autor joven, de moda, de los pervertidos, jefe de escuela, un jeune maître próximo ya a la Academia y que iba cansándose de su especialidad, el amor con quintas esencias y lo quería convertir en extraña filosofía austera, de austeridad falsa, llena de inquietud y sobresalto.

Todavía aquel poeta del vicio parisiense, que tantas depravaciones eróticas había pintado, casi inventado, continuaba en esta reciente obra, por tesón de escuela, por costumbre, acaso por espíritu mercantil, buscando nuevos espasmos del placer; pero lo hacía con evidente disgusto ya, cansado de repetirse, empleando por rutina, ahora, las frases gráficas, fuertes, audaces, que en otro tiempo habían sido el triunfo principal de su estilo nervioso.

Todo aquello le sabía a puchero de enfermo a Servando, gran lector ahora de clásicos, que estaba descubriendo la historia en los autores célebres antiguos, aquellos de que todos hablan y que en nuestro tiempo casi nadie los tiene para leer. Él sí, los leía, los saboreaba; ¡qué de cosas decían que no habían hecho constar los comentaristas más minuciosos!


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7 págs. / 13 minutos / 100 visitas.

Publicado el 11 de mayo de 2020 por Edu Robsy.

La Séptima Pollita

Hector Hugh Munro "Saki"


Cuento


—De lo que me quejo no es del pesado trabajo diario, sino de la monotonía gris y apagada de mi vida fuera de las horas de oficina —expresó Blenkinthrope con resentimiento—. No me sucede nada interesante, nada notable o fuera de lo común. Incluso las pequeñas cosas que hago tratando de encontrar algún interés no parecen interesar a los demás. Por ejemplo, las cosas de mi jardín.

—Como la patata que pesó más de un kilo —replicó su amigo Gorworth.

—¿Te había hablado de eso? —comentó Blenkinthrope—. Se lo contaba a los otros en el tren esta mañana. Me olvidé de que te lo había dicho a ti.

—Para ser exactos, me dijiste que pesaba algo menos de un kilo, pero yo tuve en cuenta el hecho de que las verduras y los peces de agua dulce anormales tienen otra vida, en la que el crecimiento no se detiene.

—Eres igual que los demás, sólo te causa diversión —exclamó con tristeza Blenkinthrope.


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7 págs. / 13 minutos / 35 visitas.

Publicado el 13 de mayo de 2018 por Edu Robsy.

El Rasgo de Pañizosa

Emilio Gutiérrez-Gamero


Cuento


Oiga usted, contada al menorete, señor don Teótimo, la historia de mis desdichas, y por ellas vendrá en conocimiento de la causa de mi mal—dijo Pañizosa, y prosiguió de esta suerte:—Vine a la corte con más esperanzas que dineros, y pensé que en ella encontraría fácil acomodo, pues traía pocos años, grande voluntad y mucho apego al trabajo, con la añadidura de una apremiante carta del Alcalde de mi pueblo para un señorón de estos que tienen manejo en todas las oficinas del Estado. Meses y meses corrieron antes de que pudiera pasear mis ojos por la figura de aquel personaje cuya protección me era tan necesaria, porque mi hombre no se daba a partido ni mostraba su faz luciente al primer hijo de vecino, como a la solicitud de audiencia no fuese aparejada una recomendación de empuje. Enviéle la del Alcalde; me recibió entre dos luces; díjele mi empeño; me pidió muestra de mi letra; escribí cuatro garambainas que me dictó; le cayó en gracia el carácter de mis rasgos y salíme de su casa, en Dios y en hora buena, tocando palmas y creyendo que a la vuelta de un dado estaba mi fortuna. De allí a poco recibí una credencial de las de cinco mil reales, y héteme funcionario público en la Dirección de la Deuda, donde me aprendí al dedillo todas las leyes, ordenanzas, pragmáticas y decretos que se han promulgado en España desde que España debe dinero. Con esto fuí ganando la voluntad de mis jefes, que en cuanto conocieron lo bien arreglada que tenía mi memoria para colocar en ella, como en una anaquelería se coloca el botamen, las infinitas disposiciones gubernativas que a cada paso inventa nuestra providente Administración, echaron mano de mis conocimientos técnicos, y desde aquel punto y hora yo fuí el encargado de las cosas difíciles.


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7 págs. / 13 minutos / 78 visitas.

Publicado el 12 de diciembre de 2020 por Edu Robsy.

Sabiduría

César Vallejo


Cuento


Fuera cesó de nevar. El cielo aparecía negro y bajo. El viento también dejó de soplar fieramente, y la atmósfera estaba inmóvil y muy enrarecida. Por las sierras del norte se veía el horizonte delineado con una claridad apacible y celeste, como si fuese de día; mas la aurora aún no despuntaba, y la obscuridad graznaba a grandes alas negras en la cordillera.

La señora se levantó y llegóse con sumo tiento a la cama del enfermo, enjugándose las lágrimas con un canto de su blusa de negro percal. Benites continuaba tranquilo.

–¡Dios es muy grande!– exclamó ella enternecida y en voz apenas perceptible. –¡Ay Divino Corazón de Jesús! –añadió levantando los ojos a la efigie y juntando las manos, henchida de inefable frenesí–. ¡Tú lo puedes todo, Señor! ¡Vela por tu criatura! ¡Ampárale y no le abandones! ¡Por tu santísima llaga, Padre mío! ¡Protégenos en este valle de lágrimas!

No pudo contenerse y se puso a llorar en silencio, de pie junto a la cabecera del enfermo, el que, con la espalda vuelta a la luz y la cabeza echada hacia atrás, inmóvil, reposaba profundamente. Lloró enardecida por las fuertes conmociones de la noche, y al fin dio algunos pasos y fue a sentarse en un banco, rendida de cansancio y de pesar. Ahí se quedó adormecida por el abatimiento y el insomnio, cosas excesivas para su avanzada edad y su naturaleza achacosa.

Despertó de súbito, sobresaltada. La bujía estaba para acabarse y se había chorreado de una manera extraña, practicando un portillo hondo y ancho, por el que corría la esperma derretida, yendo a amontonarse y enfriarse en un solo punto de la palmatoria, en forma de un puño cerrado, con el índice alzado hacia la llama.


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7 págs. / 13 minutos / 1.002 visitas.

Publicado el 11 de abril de 2020 por Edu Robsy.

El Día Vacío

Arturo Robsy


Cuento


A la hora de picar las columnas de los periódicos que, al día siguiente, aparecerían oliendo a tinta fresca y ensuciando los dedos de los lectores poco precavidos a esa hora precisamente, los linotipistas consultaban con los ojos a los redactores y éstos a los inmóviles teletipos.

Todos —menos los teletipos impávidos— menearon la cabeza con desesperanza.

—Nada —dijo uno.

—Nada —repitió otro.

Y la palabra nada fue rodando por las mesas plastificadas de la redacción, por los teléfonos blancos y negros y grises (según la categoría), por los pasillos estrechos, hasta las profundidades del taller, donde aguardaban las linotipias inmóviles.

Desde las doce de la noche anterior (las 24:00) el mundo parecía haberse detenido y, con él, los teletipos, los teléfonos y las emisoras.

Desde las doce de la noche anterior ningún jeque árabe había embargado suministros de petróleo, ningún judío había apiolado a un par de palestinos, ningún general había establecido la ley marcial.

Desde las doce de la noche anterior nadie dio un golpe de estado, nadie secuestró un avión con ciento ochenta pasajeros, nadie pagó un rescate por un hijo o un cuñado.

Desde aquella hora ningún club de fútbol traspasó jugadores, ningún entrenador se peleó con la directiva, ningún equipo marcó un gol.

Casi parecía el fin del mundo. Ningún ministro inauguró pantanos o polígonos industriales y ni siquiera salió al extranjero a cumplir una apretada agenda de trabajo. Ningún ex dio conferencias fingiéndose rojillo o demócrata, ni murió un solo muchimillonario.

El monstruo del Lago Ness, tan oportuno y cumplidor antaño, tampoco se removió en las profundidades ni devoró a las inocentes ovejas de la orilla. Los americanos del norte tampoco inventaron ningún nuevo deporte, ni permitieron desmandarse y hacer de las suyas a sus negros.


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Publicado el 24 de marzo de 2019 por Edu Robsy.

Perito en Lunas

Miguel Hernández


Poesía


Prólogo

Cuando la poesía es un grito estridente y puntiagudo —de madrugada en flor fría—, cumple el poeta su primera luna reposada: es el poema terruñero, provincial, querencioso de pastorería de sueños.

Cuando es aterradora la pregunta «La poésie est-elle dépendante de la poétique? ou poétique et poésie, du poéme?», nace el religioso albor de su segunda luna poesía literaria, resonante de voces y reflejos; con fundadora alegría de romancero entrañable; obra conseguida con mínimos «elementos», con mínimo «esfuerzo».

Cuando el poeta es recta unidad y torre cerrada, cruza, pariendo, su tercera luna; es el poema de rito inefable, producto de la «acción transformante y unificante de una realidad misteriosa», es la estrella pura, en delirio callado de tormentas deliciosas.

Miguel Hernández (nacido el 30 de octubre del año de gracia poética de 1910, en Orihuela, lugar situado a 50 kilómetros de Alicante, a 20 de Murcia), ha resuelto, técnicamente, su agónico problema: conversión del «sujeto» en «objeto» poético. Porque la poesía —y «su poesía», con musculatura marina de grumete— es, tan sólo, transmutación, milagro y virtud.


Ramón Sijé

I

Je m’enfonce au mépris de
tant d’azur oiseaux

Valéry


A la caña silbada de artificio,
rastro, si no evasión, de su suceso,
bajaré contra el peso de mi peso:
simulación de náutico ejercicio.
Bien cercén del azar, bien precipicio,
me desamparará de azul ileso:
no la pita, que tal vez a cercenes
me impida reflejar sierra en mis sienes.


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7 págs. / 13 minutos / 1.243 visitas.

Publicado el 26 de marzo de 2022 por Edu Robsy.

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