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La Gallega

Emilia Pardo Bazán


Cuento


Describióla á maravilla la musa del gran Tirso. La bella y robusta serrana de la Limia, amorosa y dulce como una tórtola para quien bien la quiere, colérica como brava leona ante los agravios, aún hoy se encuentra, no sólo en aquellos riscos, sino en toda la región cántabro-galáica. No obstante, región que es en paisajes tan variada, tan accidentada en su topografía, que tiene comarcas enteramente meridionales por su claro cielo, otras que por sus brumas pertenecen al Norte, manifiesta en su población la misma diversidad, y posee tipos de mujeres bien distintos entre sí, marcados en lo moral y en lo físico con el sello de las diferentes razas que moraron en el suelo de Galicia, que lo invadieron ó lo colonizaron. Celtas, helenos, fenicios, latinos y suevos vivieron en él, y sus sangres, mezcladas, yuxtapuestas, nunca confundidas, se revelan todavía en los rasgos y apostura de sus descendientes. Pero hay un tipo que domina, y es el característico de todos los países en que largo tiempo habitó la noble raza celta: el de Bretaña é Irlanda. Donde quiera que se alce sobre las empinadas cumbres ó se esconda en la oscura selva el viejo dolmen tapizado de liquen por la acción de los años, hallará el etnólogo mujeres semejantes á la que voy á describir: de cumplida estatura, ojos garzos ó azules, del cambiante azul de las olas del Cantábrico, cabello castaño, abundoso y en mansas ondas repartido, facciones de agradable plenitud, frente serena, pómulos nada salientes, caderas anchas, que prometen fecundidad, alto y túrgido el seno, redonda y ebúrnea la garganta, carnosos los labios, moderado el reir, apacible el mirar.


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7 págs. / 12 minutos / 104 visitas.

Publicado el 15 de noviembre de 2020 por Edu Robsy.

La Muerte del Recuerdo

Carmen de Burgos


Cuento


Sentado cerca de la lumbre, perezosamente envuelto en su pelliza, el viejo senador contemplaba cómo caía la nieve en el jardín.

Los delicados cristalinos prismáticos venían, en una lluvia de pétalos de jazmín, á cubrir con su blancura la desolada tristeza de los desnudos troncos, empavesados por la nieve, como si les envolviesen guirnaldas de misteriosas flores nacidas en el aire.

Un criado anunció desde la puerta:

—El señor esta servido.

Al mismo tiempo los cristales y el pavimento retemblaban con el rodar silencioso de las ruedas de un coche en el patio.

Perezosamente se rodeó el anciano al cuello la bufanda de piel forrada en seda; se abotonó el abrigo de arriba á abajo; introdujo en el bolsillo la tabaquera; afianzó sobre la nariz las gafas que ocultaban los hundidos ojos, y después de calarse reposadamente los guantes de piel, tomó el bastón y el sombrero, que le sostenía el ayuda de cámara, y salió tapándose la boca con el pañuelo, tardo el paso, como si le costase trabajo dejar su gabinete en aquel día de frío.

Un secretario alto, rubio, atildado, de patillas simétricas é irreprochable traje, se inclinó á su paso ceremoniosamente, esperando que el señor se dignase dirigirle la palabra; pero don Juan pasó sin mirarlo.

—¿Deja mandado algo el señor? —preguntó con timidez.

—Nada.

Ya el lacayo sujetaba abierta la portezuela del coche... El secretario volvió á inclinarse con esa rigidez de los aduladores, que parecen tener una articulación más en su espina dorsal para doblar servilmente el cuerpo, y el carruaje partió con el cadencioso trotar de su tronco normando.

Encendió un cigarro don Juan y se arrellanó sobre los almohadones azules, mientras el coche cruzaba las calles del Caballero de Gracia, de Peligros y Alcalá, para salir al Prado.


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7 págs. / 12 minutos / 101 visitas.

Publicado el 21 de agosto de 2020 por Edu Robsy.

El Amor de Luzbel

Rufino Blanco Fombona


Cuento


Cuando Zantigua franqueó la entrada en el gabinete, daba cima á un poema galante Luzbel, adorable poeta cuyas estrofas vuelan como irisadas mariposas; poeta gentil que cincela serventesios á modo de joyas; poeta cuyos cantos, llenos de juventud, rebosantes de vida, empapados de sentimiento, vibran como cuerdas de arpa, enternecen como caricias de mujer, fulguran como perlas de rubí, como zafiros luminosos.

Zantigua avanzó hasta el poeta. Luzbel, sumergido en éxtasis beatífico en la contemplación de su obra, llena todavía el alma con la música de sus versos, no advirtió la presencia de su amigo. Este puso la diestra en el hombro del poeta. Luzbel se volvió un poco sobresaltado.

—¡Oh, tú! Siéntate.

Pero Zantigua no obedeció; antes bien, plantándose enfrente de su amigo, mirándolo al rostro con fijeza, una sonrisa maliciosa en los labios y en los ojos, le dijo:

—¡Poeta, vengo á reírme de tí!

—Conmigo, dirás.

—No, mi querido poeta, vengo á reírme de tí.

Esta resolución del leal compañero de juventud fue tan peregrina al bardo; era tan burlesca la mirada de Zantigua, que Luzbel de súbito se sintió presa de un acceso de hilaridad; acceso que contagió al otro, de suerte que por espacio de unos momentos ambos se desternillaron de risa. Se reían con una risa estúpida de muchachos ó de locos; risa que era en el escritor, asombro, burla en Zantigua.

Cuando hubo concluído aquella tempestad de buen humor, cuando aquel simoun violento de alegría pasó, y los rostros se serenaron, el recién llegado interrogó maliciosamente á su amigo:

—¿Desde cuándo no ves á Carmen?

La pregunta, fulminada sin preámbulos, no extrañaba al poeta; de seguro nada inaudito tenía para él.


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Publicado el 30 de octubre de 2020 por Edu Robsy.

Los Tres Obreros

José Zahonero


Cuento


I

Vivía en un pueblecito, formado por casitas blancas como palomas, sobre la meseta de un monte todo erizado de rocas, por entre las cuales crecían muchas zarzas, una pobre abuela que se moría de hambre; hallábase casi desnuda y no podía dormir tranquila.

—¡Ay! —exclamó un día la anciana;— si cualquiera de mis nietos se compadeciera de mí, podría comer; no sentiría ni la vergüenza ni el frío, y dormiría toda la noche de un sueño.

Oyéronla sus nietos, que eran tres muchachos sanos, colorados y fuertes.

—Buscaremos fortuna, —dijeron con acento resuelto y ánimo de consolar á la abuela infortunada.

—Pero, ¿adonde iremos? —preguntó uno de los tres hermanos.

—Marcharemos reunidos —contestó otro.

—No, —replicó el menor de ellos;— pudiéramos reñir. Si acaso uno encuentra un tesoro le querrá para él, y los demás habremos perdido el tiempo. Además, cada uno de nosotros tiene su carácter y sus aficiones distintas; así que el trabajo ha de ser diverso, y diversa la ganancia. Unidos podemos ser desgraciados ó felices; pero separados, muy malas han de ir las cosas que no alcance á ninguno la fortuna. Así, pues, separémonos, buscando cada cual consejo de quien juzgare oportuno.

Á la mañana siguiente, la campanita de la iglesia del pueblo decía, al ver marchar á los obreros del campo que salían á sus tareas de labranza:


Ya se van, ya se van
En montón
A por pan.
¡Dilón, dilón!
¡Dalán, dalán!


—¡Pan! —decía la abuelita;— ¡quién tuviera un mendruguito, aunque, por lo duro, hubiera que meterle en agua para que se ablandara y poder comerlo!

Dicho se está que no pudieron oir con tranquilidad los nietos tan dolorosa exclamación, y salieron resueltamente de casa de la anciana con ánimo de buscar fortuna.


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7 págs. / 12 minutos / 93 visitas.

Publicado el 17 de diciembre de 2020 por Edu Robsy.

La Cascada

Ramón María Tenreiro


Cuento


Vieja imagen es la de la hermandad de nuestras vidas y los ríos “que van a dar en el mar, que es el morir”. Así, el Ume, nacido de clara fuente en un repliegue bravo de la sierra, juguetea primero como niño, entre risas y balbuceos, con las pulidas guijas de su arroyada; aduérmese en lagunares donde los cielos ven espejado su puro azul. Después, loco, frenético, como arrebatado de juveniles pasiones, hirviendo en espumas, precipítase ciegamente de cascada en cascada por las medrosas hoces de los montes, llenándolas con sus bramidos trágicos. Encaramados en riscos y penedos, robles, castaños y pinos contemplan sesudamente su desenfrenada carrera, y si la brisa los orea, sacuden con gravedad su verde frente, al tiempo que musitan: —No puede acabar bien... Es un mala cabeza.— Esto opina también el propio río, curso adelante, cuando, sosegados sus ánimos, como en la madurez humana, trocada en blandura de colinas el aspereza de las montañas, abre su cauce en plácidos meandros, se empereza en la paz de los remansos, y, todo ojos para los encantos del mundo, copia en su fugitivo cristal el perfil de lomas y collados, el suave verdor de los maizales, la albura de los caseríos, el brillo de las praderas, el intrincado ramaje de los alisos que crecen a hilo del agua. Los reproduce, no ya por deleitarse en su hermosura, sino queriendo retrasar su necesario acabamiento en los salobres senos del mar, agarrándose a la inmovilidad de las cosas. Todo en vano: doblada una postrer revuelta, dale en rostro el fiero aliento de su insaciable enemigo; entre las dunas áridas del arenal de la barra, columbra espantado la despiadada inmensidad cerúlea...


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Publicado el 2 de noviembre de 2023 por Edu Robsy.

Santa Lucía y San Lázaro

Federico García Lorca


Cuento


A las doce de la noche llegué a la ciudad. La escarcha bailaba sobre un pie. "Una muchacha puede ser morena, puede ser rubia, pero no debe ser ciega". Esto decía el dueño del mesón a un hombre seccionado brutalmente por una faja. Los ojos de un mulo que dormitaba en el umbral me amenazaron como dos puños de azabache.

—Quiero la mejor habitación que tenga.

—Hay una.

—Pues vamos.

La habitación tenía un espejo. Yo, medio peine en el bolsillo. "Me gusta." (Vi mi "Me gusta" en el espejo verde.) El posadero cerró la puerta. Entonces, vuelto de espaldas al helado campillo de azogue, exclamé otra vez: "Me gusta". Abajo, el mulo resoplaba. Quiero decir que abría el girasol de su boca.

No tuve más remedio que meterme en la cama. Y me acosté. Pero tomé la precaución de dejar abiertos los postigos, porque no hay nada más hermoso que ver una estrella sorprendida y fija dentro de un marco. Una. Las demás hay que olvidarlas.

Esta noche tengo un cielo irregular y caprichoso. Las estrellas se agrupan y extienden en los cristales, como las tarjetas y retratos en el esterillo japonés.

Cuando me dormía, el exquisito minué de las buenas noches se iba perdiendo en las calles.

Con el nuevo sol volvía mi traje gris a la plata del aire humedecido. El día de primavera era como una mano desmayada sobre un cojín. En la calle las gentes iban y venían. Pasaron los vendedores de frutas y los que venden peces del mar.

Ni un pájaro.

Mientras sonaban mis anillos en los hierros del balcón busqué la ciudad en el mapa y vi cómo permanecía dormida en el amarillo entre ricas venillas de agua, ¡distante del mar!

En el patio, el posadero y su mujer cantaban un dúo de espino y violeta. Sus voces oscuras, como dos topos huidos, tropezaban con las paredes sin encontrar la cuadrada salida del cielo.

Antes de salir a la calle para dar mi primer paseo los fui a saludar.


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7 págs. / 12 minutos / 485 visitas.

Publicado el 8 de diciembre de 2018 por Edu Robsy.

Noctambulario de un Filósofo Pequeño

Arturo Robsy


Cuento


(Nótese que Azorín habló del "Pequeño Filósofo", pero que jamás hizo mención a los filósofos pequeños).


Martes, 25. La libre competencia

Si me viese en la necesidad de resumir el último siglo en un hecho esencial, no pensaría seguramente en las dos guerras europeas, ni en la española, ni en la bomba atómica, ni en Albertí (que sí es un "hecho esencial"). Simplemente contestaría: la Competencia.

Antes —y me refiero a un antes que no he vivido— no estábamos civilizados, ya que no conocíamos el cepillo de dientes, y suponíamos que el comprador, por el sólo hecho de pagar, tenía derecho a elegir calidad y a cerciorarse de la misma antes de soltar las macarias. ¿Verdad que es cómico?

El fabricante, el vendedor que no ofrecía calidad, ya podía ir encomendándose a Santa Bárbara y, en todo caso, haciendo las maletas para una instructiva y fructífera emigración a la Argentina o a Argel.

La gran lucha de los últimos cien años ha sido ésa, la de la Libre Competencia; la de arrebatar al consumidor sus caprichos y enseñarle a comprar lo que debe y no lo que quiere. A lo sumo, a enseñarle a querer los productos que el fabricante tiene en el mercado.

Muchos de mis lectores recordarán a aquellos magníficos viejos que se ataban los machos antes de hacer una compra y miraban y remiraban el artículo, le daban vueltas en la mano, preguntaban todas sus características al dependiente y, en la mayoría de los casos, exigían una demostración práctica.

¡Qué vergüenza si nosotros, en 1973, hiciéramos lo mismo! Hasta es posible que nos echaran del comercio y nos llamasen agarrados. Porque hoy es de buen tono entrar, coger la cosa a por la que vamos sin sacarla del embalaje de la fábrica y pagarla religiosamente.

No importa que, luego, la "cosa" en cuestión salga defectuosa o no sea de nuestro gusto: esto es la Libre Competencia.


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Licencia limitada
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Publicado el 17 de diciembre de 2021 por Edu Robsy.

Educación holista una pedagogía mexicana

Fundación Ramón Gallegos


ramón gallegos, educación holista, inteligencia espiritual


La educación holista fue desarrollada por el Dr. Ramón Gallegos, quien es el autor que mas ha escrito y publicado sobre el tema, 25 libros. La educación holista es un paradigma que poco a poco va incrementando el nivel de entendimiento en más y más educadores en México.  Pero todavía falta mucho por hacer, aún se observa un gran desconocimiento de lo que significa y de lo que representa, del impacto profundo que implica su filosofía y el beneficio que puede traer, tanto de forma individual como colectiva.

  La Educación Holista, ha sido, desde hace ya varios años, la respuesta y solución a los problemas que actualmente viene enfrentando la humanidad. Considerando que la base de la Educación Holista es la espiritualidad, es muy claro observar que los seres humanos han perdido el sentido de vida, lo que llamamos comúnmente pérdida de valores no es más que la pérdida de sentido, los jóvenes y adultos en la actualidad se sienten continuamente perdidos y sin alegría de vivir, inmersos en una monotonía de vida que les lleva a la depresión y al aburrimiento, en donde lo único que les puede hacer sentir mejor es el consumismo, las adicciones, el trabajo excesivo o cualquier respuesta que encuentren a sus necesidades, pero que finalmente son pasajeras e insuficientes, porque vienen del afuera, de lo ilusorio e impermanente. La visión fragmentada de la realidad es el resultado del predominio de racionalidad instrumental, es la razón la facultad por excelencia.

Aunque después de este periodo de modernidad, surge la postmodernidad, y por supuesto, supera la visión racional con una visión de justicia social, es observable que los problemas continúan con la falta de felicidad como lo mencioné arriba.


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Publicado el 15 de mayo de 2018 por Fundación Ramón Gallegos.

Inteligencia espiritual y valores humanos

Fundación Ramón Gallegos


Ramón Gallegos, educación holista, inteligencia espiritual


En los sistemas tradicionales de educación, se ha privilegiado el uso de la inteligencia lógico-matemática y verbal y en algunos casos la corporal, dando  como resultado seres humanos que no logran un desarrollo integral, lo cual se manifiesta  en una tendencia a sentirse aislado de los demás y separados de la naturaleza (Ramon Gallegos, 2001), este reduccionismo no toma en cuenta que el ser humano tiene inteligencias múltiples, y mucho menos puede concebir la idea que puede desarrollar otro tipo de inteligencia, como la espiritual, que le permitiría integrar todas las capacidades que tenga.

En los últimos 100 años, se ha tratado de definir y medir la inteligencia, cada una de las definiciones que se ha dado ha respondido a la visión social o económica que ha dominado la época en que se cuestiona a cerca de ella, Alffred Binet en 1900, elaboró el test de inteligencia para medir el desempeño académico de los niños de París. La medida de este test fue conocida como coeficiente intelectual (CI), este concepto relacionado básicamente con dos capacidades humanas: la lógico matemática y la verbal (Gallegos, 2007); por esto se puede afirmar que es una visión unidimensional que solo valora algunos aspectos de la conciencia, la racional instrumental. La conceptualización de la inteligencia bajo este criterio resulta muy limitada y deja fuera a otros tipos de capacidades que tiene el ser humano.


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7 págs. / 12 minutos / 53 visitas.

Publicado el 16 de julio de 2019 por Fundación Ramón Gallegos.

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