Qué es la poesía?
Cristóbal Miró Fernández
Reflexión
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Publicado el 15 de febrero de 2022 por Cristóbal Miró Fernández .
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Publicado el 15 de febrero de 2022 por Cristóbal Miró Fernández .
Leer / Descargar texto 'El ruido atronador del más profundo silencio'
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Publicado el 13 de febrero de 2022 por Cristóbal Miró Fernández .
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Publicado el 12 de febrero de 2022 por Cristóbal Miró Fernández .
Sevilla, antigua ciudad de nuestra España, cabeza de la Andalucía, asilo de extranjeras naciones, depósito de los ricos partos de las Indias Occidentales, madre de claros ingenios y, finalmente, patria de claras y nobles familias, lo fue también de dos hermosos sujetos: éstas eran dos damas que, por faltarles su padre (que murió en la carrera de las Indias), quedaron huérfanas en la compañía de su madre que, viuda y pobre, perdió cerca de la Habana marido y hacienda a un tiempo.
Tenía algunas deudas en Sevilla de empréstidos que la habían hecho con la esperanza de la venida de su esposo, y viéndose que si las pagaba con el poco caudalejo que tenía, se quedaban sin qué comer, determinó mudar de tierra por mudar de ventura; esto antes que se dilatase por Sevilla la muerte de su malogrado esposo.
Dudosa estuvo si su mudanza sería a Granada o a Córdoba, y estando en esta confusión, entró una anciana amiga que tenía, a quien dio cuenta de su determinación y comunicó su duda. Era la vieja de agudo ingenio y de mayor experiencia, y viendo en su amiga tal perplejidad en elegir, le dijo estas razones:
—Amiga Teodora (que este era el nombre de la recién viuda), dos cosas me dan licencia para aconsejarte en tu nueva determinación: la una mi grande experiencia y la otra la amistad que contigo tengo. Siempre oí decir que en corto golfo hay poco que navegar, menos brazadas da el que nada en una breve laguna que quien se halla en un dilatado río. Granada y Córdoba no niego que no son muy buenas ciudades; aquélla, ilustrada con tantos moradores, Real Chancillería y concurso de negociantes; y ésta poblada de antiguas casas de nobles caballeros y ricos ciudadanos; mas en comparación de Madrid, corte del español monarca, cada una de estas ciudades es una aldea, ¿qué digo aldea?: un solitario cortijo.
Leer / Descargar texto 'Las Harpías en Madrid y Coche de las Estafas'
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Publicado el 10 de febrero de 2022 por Edu Robsy.
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Publicado el 9 de febrero de 2022 por Cristóbal Miró Fernández .
Entonces corrió por el barrio una voz que hablaba que alguien había comprado la vieja panadería, un matrimonio joven con ansias de futuro...no, no...un matrimonio de mediana edad con tres hijos...no, tampoco...una mujer soltera...no espera...no, no, un hombre que fue despedido de aquella fábrica, ¿no saben ustedes,la que cerró el mes pasado, de cuyo nombre nadie se acuerda y por lo tanto podría ser culaquiera de todas las fábricas cerradas de España? Y entre rumor y rumor, que si era alguien marroquí, paquistaní, español chino, ecuatoriano, los rumores crecían y crecían sin límite alguno. Se especulaba sin orden ni concierto con el nombre de aquellos o aquel misterioso personaje que había comprado la vieja panadería de Doña Consuelo, tan buena mujer como era, tan servicial...¿saben ustedes cuándo...? En fin, que el barrio era un bullir de rumores diversos y contradictorios entre ellos, cada casa un rumor, y cada calle un corrillo...
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Publicado el 6 de febrero de 2022 por Cristóbal Miró Fernández .
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Publicado el 6 de febrero de 2022 por Cristóbal Miró Fernández .
Mal cumpliera con mis obligaciones, hermoso y discreto auditorio, si antes de empeñarse en el discurso de mi novela, no siguiera el estilo de mi antecesora, sacando alguna moralidad della, porque con lo deleitable se mezcle lo provechoso, y más nos importa para nuestra reformación. Mi novela advierte a los enamorados cuán ilícita cosa es gozar sus ocasiones por medios que sean en daño del prójimo; cuánto debemos honrar a los difuntos, y últimamente para los padres y mayores que tienen familia, cuánta vigilancia deben tener en sus casas, mayormente si tienen hijas mozas, cuya guarda es dificultosa si dellas mismas no nace el recato, y para dar principio a mi discurso, pasa así:
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Publicado el 5 de febrero de 2022 por Edu Robsy.
El aduar estaba arrinconado detrás de un montículo á la vera de un riachuelo. Mi amigo Ibralrini-Ben-Kaddor me había invitado para la hora del crepúsculo. Me esperaba á la puerta de su pobre casucha.
Allá fuera, bajo el cielo implacable de verano, Tetuán, la Profanada, blanqueaba como un gran lienzo tendido. Mi llegada suscitó la curiosidad de las criaturas del aduar. Pies desnudos, de carnes morenas, que adivinaba á través de las chumberas, me envolvían saltando sobre el polvo inmundo. Una muchacha que, recostada sobre un lebrillo, mostraba sus hombros de esclava, se incorporó á mi paso, cubriéndose la cara con su manto, maquinalmente pudorosa. Unos hombres que sacaban agua con un cubo de palanca, ni siquiera volvieron la vista, indiferentes á mi profana intrusión.
Ibrahim-Ben-Kaddor era un antiguo amigo mío, pero no nos conocíamos todavía más que por escrito; repetidas veces habíamos cambiado nuestros comentarios sobre los viejos textos religiosos, y habíamos después encontrado las identidades de los principios á través de la vana divergencia exterior de las formas literales.
Nuestras manos se juntaron y las llevamos después al corazón, á los labios. Entré bajo el techo del buen amigo, y me descalcé para ser admitido sobre el tapiz de su pequeña cámara. Afuera no se sentía otro rumor, en la paz de la tarde, que el trote juguetón de las bestias que regresaban de la faena.
—Vengo á ofrecerte, Ben-Kaddor —le dije— mi desagravio personal por una guerra que se os hace contra la voluntad de casi toda mi nación. No sé qué misteriosas diplomacias, qué imperios ineludibles han llevado á mi país á una acción que se acepta como una divina calamidad, presente de Dios.
Ben-Kaddor extendió la mano silenciosamente; señalaba fuera, en donde la planicie, reseca, ávida, se perdía hacia Oriente.
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Publicado el 1 de febrero de 2022 por Edu Robsy.
Hablábamos á la sombra de un parral henchido de racimos, en la terraza de un cortijo de mi país. Ante nosotros, un paisaje espléndido. Montañas azuladas dejaban entre ellas una sierra abierta sobre el rojo encendido de aquella hora crepuscular, sugiriendo la belleza de valles desconocidos. Al pie de la loma donde nos hallábamos serpeaba el cauce de un torrente, orillado por una hilera de robles. Molinos de viento, inmóviles, se erguían sobre otro montículo cercano; y allá lejos, blanca, luminosa, tendíase la villa.
—Figúrate —continuó— que una mañana, bajo aquel sol de Cuba, salíamos del poblado. A cosa de un kilómetro lejos de las últimas casas, nuestras avanzadas nos trajeron dos prisioneros. Eran dos negros, uno de ellos alto, musculoso, fornido: el otro, de media estatura, pero de perfil mucho más inteligente y noble.
Llevaban carabinas, cartucheras, machete. Presentados al cuartel general, fueron intimados en forma:
—¿De qué partida sois? ¿Dónde operan los vuestros? ¿Dé dónde venís y adonde vais?
Los dos prisioneros, doliéndose un poco, desviando la vista, dijeron, con aquel tono gangoso y plañidero tan característico:
—Somos gente pacífica, trabajadores del campo... Tenemos las armas para defensa... Ya ustedes lo saben; aquí es preciso estar alerta... Hay mala gente... No hacemos mal á nadie...
El general, como si nada hubieran dicho, repitió la pregunta:
—¿De qué partida sois? ¿En dónde están los vuestros?
Pero los dos insistieron en las mismas vaguedades mal simuladas, inhábiles del todo.
—Está bien. ¿No queréis decir de qué partida sois? Pues ya sabéis: las cosas claras. Si lo descubrís, yo os prometo, yo os garantizo la libertad inmediata. Si no lo reveláis, seréis fusilados sin remisión. En marcha; os concedo media hora para pensarlo. Idos.
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Publicado el 1 de febrero de 2022 por Edu Robsy.