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El Hada del Viejo Tilo

Ángela Grassi


Cuento


Perdido entre las asperezas de los Alpes, no muy lejos del país de los Grisones y en el centro de la cordillera del Arlberg, allí donde nacen el Sech y el Inn, dos caudalosos ríos que van á morir en el Danubio, existe un risueño vallecito cubierto de árboles, cruzado de arroyos que dan sombras y murmullos á una humilde aldea.

El valle está formado por dos altísimos picachos, sobre uno de los cuales descuella el antiguo castillo de Asburg, y sobre el otro un monasterio, en donde castas vírgenes elevan á Dios sus oraciones.

En medio de aquella agreste y majestuosa naturaleza, alumbrados por los plácidos fulgores de aquel sereno cielo, los habitantes del valle se entregan á esas misteriosas y poéticas creencias, tan familiares en Alemania; y no hay un árbol, una flor, un lago, que no tenga su mística leyenda.

Cuando tuvo lugar el suceso que voy á referir, era un domingo por la tarde. ¿De qué siglo, de qué año? No lo sé, nadie lo sabe!... El cielo estaba entoldado, las campanas del monasterio doblaban tristemente; en el castillo los antiguos servidores iban y venían con ademán consternado, y sin embargo, en el valle, los aldeanos y las aldeanas bailaban en derredor de un viejo Tilo.

Era un Tilo enorme, que extendía pomposamente en torno su ramaje. Su historia era tan antigua como las chozas del valle. Bajo su sombra habían bailado sus primeros habitantes; delante de él habían pronunciado sus amantes juramentos, y por esto la adoración, trasmitida de padres á hijos, había ido tan lejos, que le suponían habitado por una hada benéfica, protectora de la aldea, y por esto, en fin, le hacían siempre testigo de sus juegos, de sus risas, de sus cantos...

—Mejor haríais en interrumpir vuestra algazara, dijo la vieja Fidelia, acercándose al corro, apoyado en su nudoso bastón. ¡El señor de Asburg se muere!


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Publicado el 27 de noviembre de 2021 por Edu Robsy.

El Misionero

Ángela Grassi


Cuento


En 1600 un humilde pescador de la costa de Andalucía dejó, como Pedro, sus redes y su barca para ir buscando en peregrinación la corona del martirio.

Llegó á América… Inútil es referir las penalidades que sufrió por el bien de sus hermanos, las persecuciones de que fué víctima, para marcar con sus huellas la senda de Jesucristo.

Un día atravesaba las sombrías florestas del Perú, cuando oyó resonar á alguna distancia una confusa gritería.

Era una horda de salvajes que atacaba con rabiosa furia una casita oculta en la espesura. La casita empezaba á arder, incendiada por sus cuatro ángulos: sus habitantes, padre, madre y tres hijos pequeñuelos, estaban ya atados á distintos árboles, próximos á sufrir una muerte acerba...

El misionero se lanzó hacia aquel sitio: ¡era uno contra ciento! sólo tenía su crucifijo para oponer á las armas enemigas!... ¡Pero no cuenta sus contrarios el soldado de Cristo! ¡no le arredra la muerte al que va buscando la corona del martirio!...

¡Oh, cuál fué el asombro de aquellos salvajes cuando contemplaron delante de sí á un anciano de blanca barba, débil, solo é indefenso! ¡Le recibieron con burlas y sarcasmos!

Pero el anciano se irguió majestuosamente, y vieron ceñida su sien con la santa aureola de la fe: el anciano habló, y su voz, llena de las dulces inflexiones que le comunica la caridad, penetró suavemente hasta sus almas.

La hoguera fué extinguida, las víctimas salvadas!...

Entónces los salvajes rodearon al misionero, preguntándole cuál era la magia con que los había cautivado; qué Dios simbolizaba aquel pedazo de madera en cruz que tenía en 1a mano.

El anciano no sabía cómo demostrárselo de una manera clara y evidente. En medio de su confusión, volvió en torno sus miradas, y vió que las negruzcas paredes de la choza estaban tapizadas de hojas verdes, y que entre las hojas asomaba una flor extraña.


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Publicado el 27 de noviembre de 2021 por Edu Robsy.

El Padre Sebastián

Ángela Grassi


Cuento


Auray era uno de los mejores relojeros de París, y si no había obtenido aún el honor de estar al servicio de S. M. el gran Luís XIV, era porque gozaba de este privilegio un anciano llamado Martinot.

Auray tenía un hijo, ó más bien dos hijos, pues desde su más tierna infancia había recogido á un sobrinito huérfano, llamado Sebastián.

Sebastián y Gerardo, su primo, se amaban como hermanos. Habían crecido juntos: juntos habían dividido sus estudios, sus juegos, sus placeres, y ambos, inteligentes y trabajadores, reemplazaban á Auray, ya viejo, en su difícil arte.

Los dos jovencillos eran igualmente buenos, amantes, generosos; pero, á medida que pasaba el tiempo, una negra nube había venido á ofuscar la antorcha de su cariño.

Es que Gerardo era la personificación de la industria material rutinaria, aunque primorosa; Sebastián el genio innovador y fecundo. Gerardo sólo sabía imitar lo que veía; Sebastián creaba.

Esto había valido al huérfano sinceras muestras de admiración y entusiasmo, y su primo empezó á dar cabida en su pecho á la negra envidia.

¡La envidia, hijos míos, deidad torva é implacable, que los antiguos pintaban con una tea en la mano, mientras con la otra intentaba arrancarse un áspid que le devoraba el pecho!

En un ingenioso cuadro que yo ví, la envidia iba huyendo de una ciudad incendiada, á la cual había puesto fuego con su antorcha destructora, y los edificios que se desmoronaban por todas partes, amenazaban sepultarla entre sus escombros.

¡Magnífica alegoría, porque la envidia, baja, traidora é irreflexiva, siempre consuma su propia ruina al par que la ajena! No hay vicio quo se convierta más pronto en verdugo de aquel que le rinde vasallaje.


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Publicado el 27 de noviembre de 2021 por Edu Robsy.

La Urna de Oro

Ángela Grassi


Cuento


Fué en la gran ciudad de Lieja, centro de la activa industria flamenca, en donde sucedió lo que voy á referiros; en Lieja, la ciudad majestuosa y sombría al mismo tiempo, de calles angostas, dó no penetra el sol, de casas altísimas y negruzcas, pero de anchas plazas, de soberbios monumentos, de gigantescas torres; que se agrupa parte en el fértil llano, parte en anfiteatros sobre las primeras colinas del monte de San Walburg, y que se espeja á la vez en dos caudalosos ríos, el Mosa y el Vurthe, que multiplican cien y cien veces sus cúpulas en sus ondas temblorosas.

Ahora bien; en Lieja existe una grande y suntuosa iglesia, llamada de San Pablo, y en esta iglesia, aun hoy se admira una bellísima urna de oro, en donde están encerrados los despojos mortales de San Lamberlo, protector de la ciudad.

Y hé aquí la sencilla historia de esta urna maravillosa, tal cual la refieren los ancianos obreros, cuando por las noches se entregan al descanso, sentándose en torno de una enorme jarra de cerveza, que es su bebida favorita.

Era en 1049: agostábanse los postreros frutos del Otoño y la brisa se iba convirtiendo en cierzo, y tras el cierzo asomaban los rudos aquilones que quitan á los árboles sus postreras hojas; que arrebatan á la tierra sus postreras flores, que todo lo tronchan y aniquilan, preparando la entrada triunfal del caduco invierno, que viene envuelto en un manto de nieve; que trae adornada la frente con una diadema de hielos!

Era el primero de Noviembre, día de la fiesta de Todos los Santos; rayaba el alba, y las campanas de la ciudad tocaban melancólicamente el Angelus.

Ninguna luz brillaba en los cielos, ninguna luz brillaba en la tierra; los habitantes de Lieja dormían y no lo oyeron. Uno sólo lo oyó, y es que su lecho era de espinos, porque lo habían mullido los cuidados; es que la miseria, con su voz lúgubre, mecía su inquieto sueño.


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Publicado el 27 de noviembre de 2021 por Edu Robsy.

Cuentos Pintorescos

Ángela Grassi


Cuentos, colección


La urna de oro

Fué en la gran ciudad de Lieja, centro de la activa industria flamenca, en donde sucedió lo que voy á referiros; en Lieja, la ciudad majestuosa y sombría al mismo tiempo, de calles angostas, dó no penetra el sol, de casas altísimas y negruzcas, pero de anchas plazas, de soberbios monumentos, de gigantescas torres; que se agrupa parte en el fértil llano, parte en anfiteatros sobre las primeras colinas del monte de San Walburg, y que se espeja á la vez en dos caudalosos ríos, el Mosa y el Vurthe, que multiplican cien y cien veces sus cúpulas en sus ondas temblorosas.

Ahora bien; en Lieja existe una grande y suntuosa iglesia, llamada de San Pablo, y en esta iglesia, aun hoy se admira una bellísima urna de oro, en donde están encerrados los despojos mortales de San Lamberlo, protector de la ciudad.

Y hé aquí la sencilla historia de esta urna maravillosa, tal cual la refieren los ancianos obreros, cuando por las noches se entregan al descanso, sentándose en torno de una enorme jarra de cerveza, que es su bebida favorita.

Era en 1049: agostábanse los postreros frutos del Otoño y la brisa se iba convirtiendo en cierzo, y tras el cierzo asomaban los rudos aquilones que quitan á los árboles sus postreras hojas; que arrebatan á la tierra sus postreras flores, que todo lo tronchan y aniquilan, preparando la entrada triunfal del caduco invierno, que viene envuelto en un manto de nieve; que trae adornada la frente con una diadema de hielos!

Era el primero de Noviembre, día de la fiesta de Todos los Santos; rayaba el alba, y las campanas de la ciudad tocaban melancólicamente el Angelus.

Ninguna luz brillaba en los cielos, ninguna luz brillaba en la tierra; los habitantes de Lieja dormían y no lo oyeron. Uno sólo lo oyó, y es que su lecho era de espinos, porque lo habían mullido los cuidados; es que la miseria, con su voz lúgubre, mecía su inquieto sueño.


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33 págs. / 58 minutos / 220 visitas.

Publicado el 27 de noviembre de 2021 por Edu Robsy.

Águeda

Leopoldo Lugones


Cuento


A Arturo Cancela


Al finalizar el siglo XVIII, fue terror de la Sierra Grande que dominaba desde su misteriosa guarida del Champaquí, el bandido cordobés Nazario Lucero.

El cerro famoso, con su laguna que "brama" cuando lo pisa el forastero, sus nieblas de extravío, que "salen" justamente de la cumbre como espectros allí agazapados para inducir al caminante por el despeñadero fatal, y su permanente estado de repulsión eléctrica, que engendra el granizo sin nubes y ahuyenta a los cóndores, hallábase entonces cubierto hasta su mitad por tupida selva donde no lograba penetrar el mismo viento: tanta era, decían, la trabazón de la arboleda.

No podía haber elegido el bandolero mejor fortaleza natural, y la leyenda habíase encargado de aislarla más, con el terror del sortilegio. Conforme a ella, el siniestro morador debía poseer las palabras que amansan al cerro, y que probablemente le había enseñado aquella vieja Donata de la vecina población puntana de Merlo, en cuyo rancho, según creencia general, pernoctaba a veces; pues sospechábanla bruja, a causa de sus conocimientos en hierbas y de sus ausencias inexplicables que un arriero aclaró sin querer, hallándola a gran distancia en cierta choza mal afamada del pago de Sabira, allá por la sierra cordobesa del Norte; y como según las fechas de la noticia, no puso ella más que una noche en volver, haciendo más de cien leguas, juzgáronla bruja voladora, de esas que transformadas en cuervos nocturnos suelen pasar por la obscuridad, aflautando con lúgubre confusión su charla sardónica.

Poco a poco fue embrollándose también el tipo que atribuían al salteador.


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22 págs. / 39 minutos / 126 visitas.

Publicado el 26 de noviembre de 2021 por Edu Robsy.

El Puñal

Leopoldo Lugones


Cuento


I

Nunca como aquella mañana, había dado mejor fruto mi laboriosa soledad.

Acababa, efectivamente, de hallar por mis propios medios la palabra secreta de los iniciados drusos, el imperativo anagrama de la convocatoria, con que pretendían llamarse por influencia mental, a despecho de la distancia y de los obstáculos –verdadera llave de oro de su formidable hermandad– los discípulos del Viejo de la Montaña.

Nadie ignora la existencia misteriosa, si no es mejor dicho obscura hasta lo legendario, de aquella Orden de los Asesinos, que durante los siglos XI a XIII aterrorizó el Oriente musulmán, imponiéndose a los propios cruzados, hasta engendrar entre ellos mismos la hermandad filial de los Templarios, no menos enigmática para la historia de la cristiandad.

Difíciles estudios sobre su carácter sombríamente romántico, y sobre su fundador, el Viejo de la Montaña, acababan de llevarme a ese resultado más quimérico que histórico, pero, por lo mismo, más interesante para un poeta. Precisamente, el Viejo de la Montaña fue condiscípulo del famoso bardo persa Omar Khayam…

Fruto, pues, de una empeñosa labor, no exenta de peligros, según me lo advirtiera como al pasar el egipcio Mansur bey, cuando me refirió la historia que titulé "Los ojos de la reina", creo inútil añadir cuán profundo era mi contento.

Peligros, dije, ya que toda exploración del misterio los comporta, aun cuando sólo sean ellos la intranquiliad del alma o la excesiva tensión del raciocinio, fuera del también posible influjo eventual sobre fuerzas desconocidas. Así el descubridor de la pólvora cayó víctima de su propio invento, y Riemann, el matemático genial del espacio esférico, dio en el abismo de la locura.


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16 págs. / 28 minutos / 146 visitas.

Publicado el 26 de noviembre de 2021 por Edu Robsy.

El Vaso de Alabastro

Leopoldo Lugones


Cuento


A Alberto Gerchunoff


Mr. Richard Neale Skinner, A. I. C. E., F. R. G. S. y F A. S. E., lo cual, como se sabe, quiere decir por extenso y en castellano, socio de la Institución de Ingenieros Civiles, miembros de la Real Sociedad de Geografía y miembro de la Sociedad Anticuaria de Edimburgo, es un ingeniero escocés, jefe de sección en el Ferrocarril de El Cairo a Asuán, donde se encuentran las famosas represas del Nilo, junto a la primera catarata.

Si menciono sus títulos y su empleo es porque se trata de una verdadera presentación; pues Mr. Neale Skinner hállase entre nosotros desde hace una quincena, procedente de Londres, y me viene recomendado por Cunninghame Graham, el grande escritor cuya amistad me honra y obliga.

Mr. Neale, a su vez, me ha pedido esta presentación pública, porque el viernes próximo, a las 17.15, iniciará en un salón del Plaza Hotel, su residencia, algunas conversaciones sobre los últimos descubrimientos relativos a la antigua magia egipcia, y desea evitar que una información exagerada o errónea vaya a presentarlo como un charlatán en busca de sórdidas conveniencias. Sabiendo el descrédito en que han caído tales cosas, adoptará, todavía, la precaución de no invitar sino personas calificadas y que posean algunos conocimientos históricos sobre la materia (bastará con algo de Rawhnson o Maspero): por lo cual los interesados tendrán que dirigirse a él en persona. Mr. Neale habla correctamente el francés.


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11 págs. / 19 minutos / 95 visitas.

Publicado el 26 de noviembre de 2021 por Edu Robsy.

El Viejo y La Niña

Arturo Robsy


Cuento


Para María José y Gerardo


"Son otros tiempos donde el tiempo no parece no importar". — Oliverio Quintana.


El turismo siempre es una pobre solución a los problemas porque éstos se enquistan ardientemente bajo la piel y esperan con paciencia la hora ésa en que nos quedamos solos en la habitación del hotel o cuando, adormecidos, levantamos las fronteras entre actualidad y pasado.

En este sentido El Viejo era profundamente desgraciado a pesar de su máquina fotográfica colgada del hombro apaciblemente, a pesar de su sombrerito de palma, a pesar de sus brillantes pantalones veraniegos, a pesar de sus playeras blancas bien ajustadas a los pies y a pesar de sus paseos por ciudad y playa en busca de extraños opios que le descansasen.

Corrían los días de julio, cuando las orillas del mar empiezan a alcanzar su punto de saturación y el cielo es un espejuelo azul de aguas tranquilas e insípidas. El Viejo había venido a la Ciudad con su inevitable máquina fotográfica, con sus brillantes pantalones de verano y sus blancas playeras bien ajustadas.

Las ciudades tienen algo de cruel; algo de soledad mal compartida y peor respetada; algo de malsana curiosidad donde la gente busca a sus vecinos sólo para encontrar ejemplos de estolidez o apatía mayores que propias. Las ciudades tiene enormes bocas de asfalto que todo lo devoran, y no hay que dejarse engañar si vemos tal parterre de verde intento o tal macizo de flores coloreadas: sigue siendo La Ciudad y, por lo tanto, una Amenaza para corazones y sesos.


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Licencia limitada
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Publicado el 25 de noviembre de 2021 por Edu Robsy.

Flores de Durazno

Leopoldo Lugones


Cuento


Junto al rancho medio arruinado, hay tres durazneros de avanzada edad, que tiritan de frío al vientecillo de la tarde, porque la escarcha los ha dejado completamente desnudos. El campo, amarillento en la extenuación de sus hierbas marchitas; la casa color de tierra, bastante ladeada, como un animal que cojea; los árboles deshojados, cuyos varillajes recuerdan vagamente destrozados miriñaques del tiempo ido: la inmensidad del horizonte, del cielo claro, bajo el cual se fatiga el silencio, sugieren indefinibles tristezas. El calor prematuro de los últimos días no ha podido conmover la austera taciturnidad de los campos, que continúan pensando en la muerte. Y como apenas una cosa se pone triste, adquiere algo de humano, aquel paisaje cobra aspecto de viudez y los bueyes flacos que por él cruzan, tienen paso de personas. Una carreta ha puesto el colmo a esa melancolía de la triste campaña. Cruzó, rechinando nostalgias, dando barquinazos: parecía reumática. Rudamente, quejábase la madera, achacaba torturas á la azuela indocta. Entre los rayos de las ruedas enormes había pedazos de cielo. Y cuando el vehículo pasó, sus anchos surcos dejaron en la llanura una interminable paralela, que semejaba la persecución infinita de un pensamiento geométrico. Aquello está decididamente melancólico. Lleva mal cariz la meditación de las cosas. Por el lejano camino, el polvo reseco se arremolina con bruscos giros, baila la tromba en pequeño, furioso, mas deshecho, a poco andar, en la aburrida laxitud del ambiente. Pero, ¿no hay algo que se mueve bajo los árboles desnudos, allí, cerca del rancho, al amor de la perezosa resolana? Diríase que son la muchacha dueña de casa y un mozo, que de seguro no pertenece a ésta. Tomados están de las manos, y parece que respetan el vasto silencio de las campiñas, pues no hablan. No hablan, porque tienen los labios ocupados en una deliciosa ocupación. Usted, señorita, creerá que se están besando.


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1 pág. / 2 minutos / 183 visitas.

Publicado el 22 de noviembre de 2021 por Edu Robsy.

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