Textos más recientes | pág. 22

Mostrando 211 a 220 de 8.722 textos.


Buscador de títulos

2021222324

Para Los Niños

Horacio Quiroga


Cuento


Para Los Niños

Queridos hermanitos:

¡Qué gran cosa poderles escribir por fin, después de lo pasado! Un poco más y ya no queda más Dum-Dum en el mundo, chiquitos. Ya les conté que un tigre de Bengala, en el Asia, me abrió una vez la espalda de un solo manotón, y que la sangre saltaba como de cinco manantiales. Las uñas de un tigre, hermanitos, son como cinco puñales atados en una pata de tremenda fuerza. ¡Figúrense ahora cómo habré quedado yo entonces!


Leer / Descargar texto

Dominio público
2 págs. / 4 minutos / 14 visitas.

Publicado el 20 de junio de 2026 por Brian.

Los Arrecifes De Coral

Horacio Quiroga


Poesia, Cuentos


Mis Negras Culebras


Mis negras culebras dormían sobre la alfombra: y la

intranquilidad que de pronto se apoderó de ellas llegó

a mis trémulas historietas, donde el llanto por

emociones pasadas consiguiera nuevos triunfos.


La agitación de las finas bestias cobró fama de un desvelo;

la seda de sus pieles aquietó pausadamente el

nervioso moaré y, ya de rodillas ante ellas —en el silencio

de la gran sala— sus ojos de vidrio traslucieron

el paisaje de su inquietud, bajo la tienda de un jefe de

rebeldes: —los espejismos crepusculares danzaban en

el horizonte extrañas geometría. Y una luna enorme

surgía, tambaleándose. Y sobre el insomnio de las negras

culebras no supieron conservan tu manto, el

silencio pudo ser llenado con el chocar de tu cadenilla,

¡Salambó, Salambó!

Al Autor De La Dame Seule


Y como el buen cura me abandonara, permanecí

solo, con las manos sobre el respaldo de la cama, en el

cuartito donde había vivido los últimos meses.


—¿Sabes? quisiera ser una heroína de Mendès;

pero estoy muy enferma, muy enferma, mi pobre Lu-

ciano!


Muerta. Bien muerta estaba mi pobre Sadie! Era

tan alegre, que su retiro al campo nos causó gran pena.

—¿Que usted ríe mucho? Sadie reía más aún. —¿Que

usted esconde las manos para que no se las besen?

Sadie calzaba guantes, y los quitaba tan a menudo!

—¿Que usted ha desdeñado a cuatro caballeros, muer-

tos de amor por usted? Sadie no tenía memoria, y en-

fermó del pecho deshojando azahares bajo el cielo pá-

lido de Niza.


¡Pobre señorita delgada! ¡que vacío dejó usted

entre nosotros!


Ya de noche le habían sido dados los últimos con-

suelos. Leía la última carta:

"La señorita se muere. Iba mejor, y desde ano-


Leer / Descargar texto

Dominio público
61 págs. / 1 hora, 47 minutos / 71 visitas.

Publicado el 19 de junio de 2026 por Brian.

Captura

Sofía Valentina Montiron.


Poesia/ relato corto.


Quisiera poder hablarle al olvido. Que me haga olvidar que alguna vez me besaste tan lindo que en nadie más pude recuperar esa sensación de que el presente es presente porque estábamos nosotros. En un lío tridimensionalmente casi pacífico, pero faltaba algo para que se ordenara y se convirtiera en estabilidad. Esos triángulos que nunca los entendí, ¿funcionan? Digo, no veo muchas formas triangulares: las calles, los reportes, el sol que da en mi lente. Vos, yo, el sol, el reflejo nuevamente. Vos no. Vos ya no.

Me tocó el hombro como un niño que quiere algo de manera instantánea, que no te da tiempo a contestarle que primero tenés que ver si contás con el dinero, o hacer la fila, esperar que la fila se vaya adelantando, esperar que le llegue el pago a la empleada, que le diga "que tenga buenas tardes, vuelva pronto". Encontrar la plata, contar una vez y volver a contar para darle el dinero, que cuente su vuelto y vuelva a contarlo en voz alta para que yo vea bien que esa persona no me está dando de menos. Decirle que no lo quiero para regalo, sino que es un regalo para el niño, pero que no hace falta envolverlo. O sí... le pregunto al niño, pero lo quiere tan rápido que envolver en papeles un regalo que quiere ser tocado de manera inmediata con sus respectivas manitos es demasiado arriesgado para una mente tan activa. Me lo da, se lo doy. Silencio dormido del deseo, ahora está feliz, yo también. Y él... él está en su mundo buscando, tal vez, una forma que no sea triangular.

¿Seguirá con vida? Pensaba mientras la cajera me decía "vuelva pronto". 

Nunca más se sabe de alguien que quiere saberse para siempre. 

Gracias, que tengas buen día.


Información texto

Protegido por copyright
1 pág. / 1 minuto / 18 visitas.

Publicado el 14 de junio de 2026 por Sofia.Montiron..

La muchacha del Limberlost

Gene Stratton-Porter


Novela, Drama emocional, Crecimiento personal


Prefacio

Publicada en 1909, La muchacha del Limberlost surgió en una época en que gran parte de los humedales y bosques de Indiana, Estados Unidos, comenzaban a desaparecer debido al avance industrial y agrícola. Su autora, Gene Stratton-Porter, conocía profundamente aquellos paisajes porque pasó años explorándolos y estudiando su flora y fauna.

La novela refleja tanto la sensibilidad naturalista de comienzos del siglo XX como los cambios sociales de la época: la educación femenina, las diferencias de clase y la búsqueda de independencia personal. El Limberlost, inspirado en un pantano real de Indiana, terminó convirtiéndose en uno de los escenarios más recordados de la literatura estadounidense sobre la naturaleza.

En las bastas profundidades del Limberlost —un bosque pantanoso lleno de luz dorada, insectos raros y senderos ocultos— una joven llamada Elnora Comstock busca abrirse camino entre la pobreza, la soledad y el deseo de encontrar un lugar en el mundo. Mientras la naturaleza le enseña paciencia, fortaleza y belleza, Elnora descubre también los misterios del amor, el dolor y el crecimiento del alma.


Leer / Descargar texto

Creative Commons
378 págs. / 11 horas, 2 minutos / 66 visitas.

Publicado el 7 de junio de 2026 por Fernando Guzmán.

De La Vida De Nuestros Animales

Horacio Quiroga


Cuento, Coleccion, Crónica, Artículo



La Yararacusú


Si se exceptúa a algunas pequeñas y torpes víboras de coral, la totalidad de nuestras serpientes venenosas son yararás. Puédese casi asegurar a ciencia cierta que todo hombre o animal doméstico o salvaje muerto por una víbora, ha sido mordido por una yarará.

Estas víboras pertenecen a ocho o diez especies distintas, pero sumamente parecidas entre sí. Tan vivo es el parentesco, que apenas algunas especies se diferencian del resto de la familia por dos o tres caracteres sensibles.

En la Argentina, la yararacusú goza en primer término de este privilegio, por ser la más grande, la más fuerte, la más hermosa y la más mortífera de todas las primas hermanas. Merece, pues, ser considerada la reina de nuestras víboras.


Leer / Descargar texto

Dominio público
71 págs. / 2 horas, 5 minutos / 24 visitas.

Publicado el 7 de junio de 2026 por Brian.

La Yararacusú

Horacio Quiroga


Cuento, Artículo, Crónica


Si se exceptúa a algunas pequeñas y torpes víboras de coral, la totalidad de nuestras serpientes venenosas son yararás. Puédese casi asegurar a ciencia cierta que todo hombre o animal doméstico o salvaje muerto por una víbora, ha sido mordido por una yarará.

Estas víboras pertenecen a ocho o diez especies distintas, pero sumamente parecidas entre sí. Tan vivo es el parentesco, que apenas algunas especies se diferencian del resto de la familia por dos o tres caracteres sensibles.

En la Argentina, la yararacusú goza en primer término de este privilegio, por ser la más grande, la más fuerte, la más hermosa y la más mortífera de todas las primas hermanas. Merece, pues, ser considerada la reina de nuestras víboras.

Hacía ya tiempo que no había trabado relación con estos animalitos sin lograr contacto con un poderoso ejemplar, cuando la casualidad me puso a cinco centímetros de la muerte en el fondo de un pozo, con una yararacusú por todo auxilio.


Leer / Descargar texto

Dominio público
2 págs. / 3 minutos / 39 visitas.

Publicado el 7 de junio de 2026 por Brian.

Cantos

Giacomo Leopardi


Poesía, antología


Dos palabras

Con la mayor desconfianza y temiendo haber cometido más de una profanación sacrílega, presento á los escasos aficionados inteligentes de nuestro país, en un pequeño volumen, la traducción en verso castellano de diez cantos de Leopardi, cuya mayor parte he ido publicando en diversos periódicos.

La literatura castellana no es rica en traducciones de los grandes poetas extranjeros, pues la natural indolencia de nuestra raza repugna emprender una tarea tan ardua y escabrosa como generalmente mal apreciada. Créese por lo común que el traductor es un simple copista de bellezas agenas, y este error lamentable, oscureciendo injustamente los méritos del traductor, arredra y desanima á los que, con aptitudes para serlo, quizá recogieran en esa senda lauros que en vano pretenden alcanzar con producciones originales. De ahí que sea tan común el tropezar con traducciones en prosa de poetas extranjeros, verdaderas traiciones y calumnias del original, pues no cabe fidelidad alguna en traducir en prosa lo que ha sido pensado y escrito en verso. Rota por tan extraña manera la unión íntima del pensamiento y la forma que hay en toda verdadera obra de arte, deja ésta de ser una figura viva para convertirse en esqueleto. Pero, ¡qué hacer! la tarea queda así infinitamente facilitada, y luego la pereza, esa madre maldecida de tantas ideas frívolas y perniciosas, se encarga de hacer creer á los inocentes que las traducciones en prosa son más fieles, que conservan mejor el pensamiento, etc., etc.

Si todo el secreto del traductor estuviera en verter exactamente los pensamientos del original, su obra sería una obra muerta, y por lo tanto, esencialmente infiel. Pero la poesía no estriba precisamente en los pensamientos en sí, sino en la fuerza y calor con que están sentidos y pensados, y en la belleza artística con que exteriormente se les manifiesta.


Leer / Descargar texto

Dominio público
18 págs. / 32 minutos / 34 visitas.

Publicado el 31 de mayo de 2026 por Edu Robsy.

El Dulce Daño

Alfonsina Storni


Poesía


El dulce daño

Así

Hice el libro así:
Gimiendo, llorando, soñando, ay de mí.


Mariposa triste, leona cruel,
Dí luces y sombras todo en una vez.
Cuando fuí leona nunca recordé
Cómo pude un día mariposa ser.
Cuando mariposa jamás me pensé
Que pudiera un día zarpar o morder.


Encogida a ratos y a saltos después
Sangraron mi vida y a sangre maté.
Sé que, ya paloma, pesado ciprés,
O mata florida, lloré y más lloré.
Si comiendo sales, si robando miel,
Los ojos lloraron a más no poder.
Da entonces lo mismo, que lo he visto bien,
Ser rosa o espina, azúcar o hiel.


Así voy a curvas con mi mala sed
Podando jardines de todo jaez.

Este grave daño

Este grave daño que me da la vida,
Es un dulce daño, porque la partida
Que debe alejarme de la misma vida
Más cerca tendré.


Yo llevo las manos brotadas de rosas,
Pero están libando tantas mariposas
Que cuando por secas se acaben mis rosas
Ay, me secaré.

Ligeras

Sábado

Levanté temprano y anduve descalza
Por los corredores; bajé a los jardines
Y besé las plantas;
Absorbí los vahos limpios de la tierra,
Tirada en la grama;
Me bañé en la fuente que verdes achiras
Circundan. Más tarde, mojados de agua
Peiné mis cabellos. Perfumé las manos
Con zumo oloroso de diamelas. Garzas
Quisquillosas, finas,
De mi falda hurtaron doradas migajas.


Leer / Descargar texto

Dominio público
26 págs. / 45 minutos / 95 visitas.

Publicado el 30 de mayo de 2026 por Edu Robsy.

La Catástrofe

Nicolás Tasín


Novela, Ciencia ficción


Primera Parte

I

En la sesión extraordinaria de la Academia Francesa, celebrada el 27 de marzo de 1967, fueron designados con el nombre de zootauros.

Nadie hubiese podido decir por qué los monstruos fueron bautizados con un nombre semejante y no con otro cualquiera. El propio autor de la designación, el eminente académico Mauricio Lemercier, célebre por sus trabajos científicos sobre los mosquitos pantanosos de la Patagonia, se habría visto en un apuro para explicarla con su lucidez habitual.

La sesión de la Academia, por otra parte, se desarrolló en una atmósfera de extrema angustia, casi de pánico; es decir, en condiciones poco favorables para poder deliberar con calma. Los "inmortales" parecían hombres sorprendidos por la tempestad en plena mar y seguros de su pérdida inevitable. Pálidos, con los ojos desencajados, se frotaban las manos como para ahuyentar el frío, a pesar de la calefacción que habia en la sala. Hablaban en voz baja, casi en susurro, cual si tuvieran miedo de ser oídos por un ser invisible escondido allí cerca.

—¿Los ha visto usted?

—Yo, no. ¿Y usted?

—Tampoco. Pero mi ayudante sí los vió.

—Y ¿qué dice?

—Su sorpresa y su horror fueron tales, que cayó al suelo sin sentido, y no se acuerda de otra cosa.

—Y ¿dónde se encontraba en aquel momento?

—En la calle, cerca del Panteón. Volvía de una reunión científica que se había prolongado más tiempo que de costumbre. La noche era oscura y el cielo estaba cubierto de espesas nubes, que no traspasaba la luz de una sola estrella. Mi ayudante se acuerda perfectamente de haber mirado el reloj dos o tres minutos antes de la catástrofe: era la una y treinta y cinco minutos de la mañana.


Leer / Descargar texto

Dominio público
242 págs. / 7 horas, 4 minutos / 97 visitas.

Publicado el 26 de mayo de 2026 por Edu Robsy.

2021222324