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La Clarisa Pobre

Elizabeth Gaskell


Cuento


I

12 de diciembre de 1747

Mi vida se ha visto extrañamente unida a sucesos extraordinarios, algunos de los cuales se produjeron antes de que tuviese relación con quienes los protagonizaron, e incluso antes de que conociese su existencia, en realidad. Supongo que casi todos los ancianos tienden, como yo, más a recordar y a considerar la propia trayectoria con cierta añoranza y tierno interés, que a observar lo que pasa delante de sus ojos, aunque sea mucho más fascinante para la mayoría. Si así es en el común de los mayores, ¡cuánto más en mi caso! Si he de contar la extraña historia relacionada con la pobre Lucy, debo retroceder mucho tiempo. No supe de la historia de su familia hasta después de conocerla a ella, pero, para explicar claramente el relato, tengo que describir los hechos en el orden en que ocurrieron y no en el que yo los conocí.


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68 págs. / 2 horas / 169 visitas.

Publicado el 19 de noviembre de 2017 por Edu Robsy.

La Condesa de Cagliostro

Maurice Leblanc


Novela


Ésta es la primera aventura de Arsenio Lupin y, sin duda, habría sido publicada antes que las demás, si él no se hubiera opuesto rotundamente.

—No —decía—, entre la condesa de Cagliostro y yo queda un asunto pendiente. Esperemos.

La espera duró más de lo que él mismo había previsto. Antes del AJUSTE DE CUENTAS DEFINITIVO pasó un cuarto de siglo. Hoy podemos revelar, al fin, cómo fue el espantoso duelo de amor que enfrentó a un joven de veinte años y a LA HIJA DE CAGLIOSTRO.

I. Arsenio Lupin a los veinte años

Después de haber apagado la linterna, Raúl d’Andrésy dejó la bicicleta detrás de un terraplén cubierto de maleza. En ese momento dieron las tres en el campanario de Bénouville.

Se hundió en la sombra espesa de la noche y siguió el sendero que llevaba a la finca de la Haie d’Etigues, hasta llegar al cerco. Aguardó. Caballos que relinchaban, ruedas que retumbaban en el pavimento de un patio, ruido de cascabeles, los dos batientes de la puerta abiertos de golpe… y un break pasó. Raúl tuvo apenas tiempo de oír voces de hombre y de distinguir el cañón de una escopeta. El coche llegaba ya al camino principal y desaparecía hacia Etretat.

—Bueno —se dijo, la caza a los pájaros-bobos es apasionante y la roca donde se encuentran está lejos… voy a saber por fin qué significan esta cacería improvisada y todas estas idas y venidas.

Raúl caminó por su izquierda, contorneó la muralla y, después de superar el segundo ángulo, dio cuarenta pasos y se detuvo. Con una de las dos llaves que llevaba en la mano abrió una portezuela baja que atravesó para subir por la escalera tallada en el hueco de una vieja muralla derruida que rodeaba una de las alas del castillo. Con la segunda, abrió una puerta secreta, al nivel del primer piso.


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231 págs. / 6 horas, 45 minutos / 189 visitas.

Publicado el 21 de marzo de 2017 por Edu Robsy.

La Conquista de Mallorca

Ramón Llull


Crónica, historia


Si hoy canto con placer la grande empresa; si hoy hallo ocasion para cantar al rey Don Jaime el Conquistador, al varon portentoso que siendo terror y escarmiento de los moros, dejó atrás las gloriosas hazañas de Wifredo el Velloso;

Es porque con la toma de Mallorca fué encontrada una maravilla; maravilla que la sabiduría inmensa de Dios y su omnipotente poder, permitió que se descubriese al conquistarse una isla de plata.

Unidad, que te sientas en el lugar mas elevado; para que mi canto sea digno ¿por qué no reunes en mí la ira tremenda, y el esforzado brazo de Abu-Soleyman, y haré que mi pensamiento se dilate del uno al otro confin del mundo?

Pluguiese á Dios que me fuese dado hablar en estilo digno del estruendo de las armas y de la sangre que se vierte en los combates; y que estendiéndome en hondas consideraciones, os pudiese ofrecer una obra que rivalizara con la de los Fastos con que Ovidio dotó al orbe.

Mas ya que no son para mi éstro las mas grandes conquistas del mundo, dignas tan solo del númen de Horacio ó de Bertran de Born y tantos otros poetas insignes; recuerdo en mi canto los hechos siguientes.


I


Inflamado por el deseo de la conquista, sale el rey Don Jaime á la mar con su armada compuesta de numerosas naves: acompáñanle sus barones, donceles y prelados, los mejores guerreros de su tiempo, los cuales secundan con ardor el bienaventurado deseo de su monarca.


II


Flotaba la armada de mil galeras, formando sobre las ondas un puente de madera, cuando aquel que tiene en el cielo su esplendente trono, lanzó sobre nuestras riberas y nuestros mares todos los horrores de los vientos desencadenados, del rayo y de la tempestad.


III


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7 págs. / 13 minutos / 381 visitas.

Publicado el 4 de mayo de 2020 por Edu Robsy.

La Dama de «Pique»

Aleksandr Pushkin


Cuento


I

En casa del oficial de guardias á caballo Narumof jugaban á las cartas. La larga noche invernal pasó rápidamente. A las cinco de la mañana se sentaron á cenar. Los que habían ganado comieron con gran apetito; los demás contemplaron con distracción sus platos vacíos. Pero se sirvió el champagne, se animó la conversación y todos tomaron parte en ella.

—¿Qué tal te ha ido, Surin? preguntó el dueño de la casa.

—He perdido como de costumbre. Hay que reoonocer que soy un desgraciado; juego con calma nunca me enfado, mada me hace hablar, y sin embargo, pierdo!

—¿Y tú, no jugaste ni una vez siquiera? ¿No te dejaste seducir? Tu firmeza me asombra.

—¡Qué hombre! exclamó uno de los huéspedes señalando á un joven ingeniero. Jamás ha cogido una carta, jamás dice una palabra malsonante, y ha estado con nosotros hasta las cinco de la mañana viendo cómo jugabamos.

—El juego me entretiene mucho, dijo Hermann pero no estoy en situación de sacrificar la indispensable por tal de tener más de lo que necesito.

—Hermann, es alemán: es calculador, eso es todo, observó Tomski. Si para mí hay alguien incomprensible es mi abuela, la Condesa Ana Fedotovisa.

—¿Qué? ¿Qué dices? exclamaron los convidados.

—No puedo comprender, prosiguió Tomski, por qué no juega mi abuela.

—¿Y qué tiene de extraño, dijo Narumof, que una anciana de ochenta años no juegue?

—¿De modo que tú no sabes lo que le sucedió?

—No, no sé nada de eso.

—Entonces escuchad. Es preciso que sepáis que mi abuela, hará sesenta de ésto, marchó á París y estuvo muy á la moda. La gente corría tras ella para ver á la Venus moscovita. Richelieu hizo locuras por ella y mi abuela asegura que su crueldad estuvo á punto de acasionar el suicidio del duque.

En aquel tiempo las señoras jugaban al faraón.


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Dominio público
26 págs. / 46 minutos / 115 visitas.

Publicado el 23 de enero de 2025 por Edu Robsy.

La Estatua de Sal

Leopoldo Lugones


Cuento


He aquí cómo refirió el peregrino la verdadera historia del monje Sosistrato:

—Quien no ha pasado alguna vez por el monasterio de San Sabas, diga que no conoce la desolación. Imaginaos un antiquísimo edificio situado sobre el Jordán, cuyas aguas saturadas de arena amarillenta, se deslizan ya casi agotadas hacia el Mar Muerto, por entre bosquecillos de terebintos y manzanos de Sodoma. En toda aquella comarca no hay más que una palmera cuya copa sobrepasa los muros del monasterio. Una soledad infinita, sólo turbada de tarde en tarde por el paso de algunos nómadas que trasladan sus rebaños; un silencio colosal que parece bajar de las montañas cuya eminencia amuralla el horizonte. Cuando sopla el viento del desierto, llueve arena impalpable; cuando el viento es del lago, todas las plantas quedan cubiertas de sal. El ocaso y la aurora se confunden en una misma tristeza. Sólo aquellos que deben expiar grandes crímenes, arrostran semejantes soledades. En el convento se puede oír misa y comulgar. Los monjes que no son ya más que cinco, y todos por lo menos sexagenarios, ofrecen al peregrino una modesta colación de dátiles fritos, uvas, aguas del río y algunas veces vino de palmera. Jamás salen del monasterio, aunque las tribus vecinas los respetan porque son buenos médicos. Cuando muere alguno, le sepultan en las cuevas que hay debajo a la orilla del río, entre las rocas. En esas cuevas anidan ahora parejas de palomas azules, amigas del convento; antes, hace ya muchos años, habitaron en ellas los primeros anacoretas, uno de los cuales fue el monje Sosistrato cuya historia he prometido contaros. Ayúdeme nuestra Señora del Carmelo y vosotros escuchad con atención. Lo que vais a oír me lo refirió palabra por palabra el hermano Porfirio, que ahora está sepultado en una de las cuevas de San Sabas, donde acabó su santa vida a los ochenta años en la virtud y la penitencia. Dios le haya acogido en su gracia. Amén.


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6 págs. / 10 minutos / 586 visitas.

Publicado el 29 de septiembre de 2016 por Edu Robsy.

La Gota de Agua

Julia de Asensi


Cuento


I

Jamás se vio un matrimonio más dichoso que el de D. Juan de Dios Cordero —médico cirujano de un pueblo demasiado grande para pasar por aldea, y demasiado pequeño para ser considerado como ciudad—; y doña Fermina Alamillos, ex-profesora de bordados en un colegio de la corte, y en la actualidad rica propietaria y labradora. Hacía veinte años que se habían casado, no llevando ella más dote que su excelente corazón, ni él más dinero en su bolsillo que 60 reales; y a pesar de esta pobreza, conocida su proverbial honradez, sin recibir ninguna herencia inesperada, al cabo de cinco lustros, el señor y la señora de Cordero eran los primeros contribuyentes del lugar. ¡Pero qué miserias habían pasado durante esos cinco lustros! En aquella casa apenas se comía, se dormía en un humilde lecho, y su mueble de más lujo lo hubiera desdeñado cualquier campesino.

Cuando alguien preguntaba a doña Fermina por qué no teniendo hijos a quienes legar su fortuna había ahorrado tanto dinero a costa de su bienestar y acaso de su salud, la buena señora respondía: «Hice como la hormiga, trabajé durante el verano de mi vida, para tener alimento, paz y albergue en mi invierno. He cumplido cincuenta años; si vivo veintitantos o treinta más —que bien puede esperarlo, la que como yo, sólo encuentra en su casa gratos placeres—, daré por bien empleada mi antigua pobreza, que hoy me brinda una existencia serena y desahogada».


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Dominio público
8 págs. / 15 minutos / 847 visitas.

Publicado el 28 de marzo de 2020 por Edu Robsy.

La Historia de la Vieja Niñera

Elizabeth Gaskell


Cuento


Ya sabéis, queridos míos, que vuestra madre era huérfana e hija única; y diría que también sabéis que vuestro abuelo era clérigo de Westmoreland, de donde soy yo. Yo era sólo una niña de la escuela del pueblo cuando, un día, vuestra abuela fue a preguntar a la maestra si tenía alguna alumna que sirviese para niñera; y me sentí muy orgullosa, os lo aseguro, cuando la maestra me llamó y explicó lo bien que se me daba la costura y que era muy seria y muy formal, hija de padres pobres pero muy respetables. Yo pensé que nada me gustaría más que servir a aquella joven y bella señora, que se ruborizaba tanto como yo al hablar del bebé que iba a tener y de lo que yo debería hacer con él. Pero creo que esta parte de la historia no os interesa tanto como la que creéis que ha de venir después, así que os la contaré ya. Me contrataron y me instalé en la rectoría antes de que naciese la señorita Rosamond (que era el bebé y es vuestra madre). La verdad es que yo tenía bastante poco que hacer con ella al principio, porque no se despegaba de los brazos de su madre y dormía a su lado toda la noche; y qué orgullosa me sentía a veces cuando la señorita me la confiaba. Jamás hubo un bebé igual ni antes ni después, aunque vosotros también habéis sido todos unos niños maravillosos; pero, en cuanto a modales dulces y encantadores, ninguno de vosotros se puede comparar con vuestra madre. Salió a su madre, que era de natural una verdadera dama, una Furnivall, nieta de lord Furnivall de Northumberland. Creo que no tenía hermanas ni hermanos y que se había criado en la familia de milord hasta que se casó con vuestro abuelo, que era sólo un párroco, hijo de un tendero de Carlisle (aunque fuese toda la vida un caballero inteligente y refinado), que trabajó de firme en su parroquia, la cual era muy grande y se extendía por los páramos de Westmoreland.


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30 págs. / 53 minutos / 341 visitas.

Publicado el 19 de noviembre de 2017 por Edu Robsy.

La Hora de Todos y la Fortuna con Seso

Francisco de Quevedo y Villegas


Cuento, Sátira


Agradecimiento

A Don Álvaro de Monsalve,
Canónigo de la Santa Iglesia de Toledo, primada de las Españas

Este libro tiene parentesco con vuesa merced, por tener su origen de una palabra que le oí. A vuesa merced debe el nacimiento; a mí, el crecer. Su comunicación es estudio para el bien atento, pues con pocas letras que pronuncia, ocasiona discursos. Tal es la genealogía déste. Doyle lo que es suyo en la sustancia y lo que es mío en la estatura y bulto. Su título es: LA HORA DE TODOS Y LA FORTUNA CON SESO. Todos me deberán una hora por lo menos, y la Fortuna sacarla de los orates, que lo más ha vivido entre locos. El tratadillo, burla burlando, es de veras. Tiene cosas de las cosquillas, pues hace reír con enfado y desesperación. Extravagante reloj, que, dando una hora sola, no hay cosa que no señale con la mano. Bien sé que le han de leer unos para otros y nadie para sí. Hagan lo que mandaren y reciban unos y otros mi buena voluntad. Si no agradare lo que digo, bien se le puede perdonar a un hombre ser necio una hora, cuando hay tantos que no lo dejan de ser una hora en toda su vida. Vuesa merced, señor don Alvaro, sabe empeñarse por los amigos y desempeñarlos. Encárguese desta defensa, que no será la primera que le deberé. Guarde Dios a vuesa merced, como deseo.

Hoy 12 de marzo de 1636.


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Dominio público
110 págs. / 3 horas, 13 minutos / 880 visitas.

Publicado el 9 de mayo de 2018 por Edu Robsy.

La Isla de los Pingüinos

Anatole France


Novela, Sátira


Prólogo

A pesar de la diversidad aparente de ocupaciones que me solicitan, mi vida sólo tiene un objeto, la consagro a la realización de un propósito magnifico: escribir la Historia de los pingüinos, en la cual trabajo asiduamente sin desfallecer nunca si tropiezo con dificultades que alguna vez parecen invencibles.

Hice excavaciones para descubrir los monumentos de ese pueblo sepultados en la tierra. Los primeros libros de los hombres fueron piedras, y estudié las piedras que se pueden considerar como los anales primitivos de los pingüinos. A orillas del Océano escudriñé tumbas que no habían sido aún violadas, y encontré, según costumbre, hachas de pedernal, espadas de bronce, dinero romano y una moneda con la efigie de Luis Felipe, rey de los franceses en 1840.

Para los tiempos históricos, la Crónica de Johannes Talpa, monje del monasterio de Beargarden, fue mi guía segura, y me abrevé tanto más a esta fuente cuanto que no es posible hallar otra en justificación de la historia pingüina durante la Edad Media.

Pero a partir del siglo XIII contamos con mayor abundancia de documentos, aunque no sean más afortunadas nuestras investigaciones. Resulta difícil escribir la Historia; nunca se averigua con certeza de qué modo tuvieron lugar los sucesos, y las incertidumbres del historiador aumentan con la abundancia de documentos. Cuando un hecho es conocido por una referencia única, lo admitimos sin vacilación; pero empiezan las perplejidades al ofrecerse varios testimonios del mismo suceso, pues no suele haber manera de armonizar las contradicciones evidentes.


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239 págs. / 6 horas, 59 minutos / 1.083 visitas.

Publicado el 25 de febrero de 2019 por Edu Robsy.

La Joya de las Siete Estrellas

Bram Stoker


Novela


1. Una llamada en la noche

Todo parecía tan real que apenas podía imaginar que me hubiera ocurrido. Y, sin embargo, cada episodio se me presentaba, antes que como una nueva fase de la lógica de las cosas, como algo esperado. Es de este modo que la memoria gasta sus bromas, para bien o para mal, para causar placer o pena, bienestar o aflicción. Esto es lo que hace que la vida sea dulce y amarga a un tiempo, y que lo que nos ha sido dado se convierta en eterno.

Una vez más veía el ligero esquife balancearse con pereza en las tranquilas aguas, resguardándose del feroz sol de julio a la sombra de las ramas de sauce que se extendían por encima del río. Yo estaba de pie sobre la oscilante embarcación y ella permanecía sentada, sin moverse, mientras se protegía con las manos de las ramitas de los sauces. Una vez más veía el agua de color pardo con reflejos dorados bajo el dosel verde y translúcido, y el tono esmeralda de la orilla herbosa. Nuevamente, sentados a la sombra, rodeados de los infinitos sonidos de la naturaleza, que se fundían con un murmullo soñoliento, en un entorno donde el mundo, con sus problemas perturbadores y sus no menos perturbadoras alegrías, parecía definitivamente olvidado. Otra vez, en aquella maravillosa soledad, ella, dejando a un lado los convencionalismos de su educación, me hablaba, con aire soñador y la mayor naturalidad, de su nueva y solitaria vida. Con tono de tristeza, me hizo sentir cómo en aquella casa espaciosa todos sus moradores estaban aislados a causa de la magnificencia personal de su padre y de ella misma. Que allí no existían la simpatía y la confianza, y que incluso el rostro de su padre se le antojaba tan distante como la vida rural que en un tiempo había llevado.


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245 págs. / 7 horas, 9 minutos / 440 visitas.

Publicado el 16 de febrero de 2017 por Edu Robsy.

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