Textos mejor valorados | pág. 66

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Antes el Bozal que la Cruz

Francisco A. Baldarena


cuento


En una dimensión paralela.  




Jerusalén, año 33. 

La nave interdimensional se materializa en el desierto. Recién se ha puesto el sol. Secondtime Brudford, único tripulante, vestido de acuerdo a la época, sale de la nave, acciona el dispositivo de invisibilidad, a fin de ocultar la nave, lo guarda debajo de la túnica, que viste para no llamar la atención, y se encamina a Jerusalén. 

 Hay en la ciudad un hombre místico llamado Jesús, al que le ha sido impuesto el uso casi ininterrumpido de un bozal, impidiéndole así el habla; solamente tiene autorización (del gobierno) a cuatro intervalos diarios para sacarse el bozal y alimentarse. Jesús, además de místico, es también carpintero; pero resulta que desde hace veinte años Ikea tiene instalada una fábrica en Jerusalén, noventa por ciento robotizada; por lo tanto, los muebles en el mercado cuestan bien más barato que los hecho a mano —como los fabricados por Jesús—, y el resultado es que, por falta de dinero, el carpintero come una o dos veces al día, y la carpintería, que heredó de su padre, no va ni para adelante ni para atrás. 



Secondtime Brudford llega a Jerusalén, haciéndose pasar por viajero de un país distante, con la misión de convencer a Jesús a acompañarlo a su dimensión. Mientras recorre la ciudad fingiendo ser turista, Secondtime va preguntando a uno y a otro por el místico, hasta que da con un mercader de especias que le da su dirección y, además, detalles de su situación actual (que comparada con lo que había pasado en su dimensión, era el paraíso; información esta que Secondtime omitirá mencionar cuando se encuentre con Jesús).


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2 págs. / 5 minutos / 264 visitas.

Publicado el 21 de enero de 2023 por Francisco A. Baldarena .

EL PODER DE LA CONCIENCIA

NEVILLE GODDARD


Edición Obelisco


NEVILLE GODDARD



EL PODER DE LA CONCIENCIA                 Si este libro le ha interesado y desea que le mantengamos informadode nuestras publicaciones, escríbanos indicándonos qué temas son de su interés (Astrología, Autoayuda, Psicología, Artes Marciales, Naturismo, Espiritualidad, Tradición...) y gustosamente le complaceremos.Puede consultar nuestro catálogo en www.edicionesobelisco.comColección Espiritualidad y Vida interiorEl poder de la concienciaNeville Goddard1.a edición: mayo de 2021 Título original: The Power of AwarenessTraducción: Álex Arrese Corrección: Sara Moreno Diseño de cubierta: Enrique Iborra© 2021, Ediciones Obelisco, S. L. (Reservados los derechos para la presente edición)Edita: Ediciones Obelisco, S. L. Collita, 23-25. Pol. Ind. Molí de la Bastida 08191 Rubí - Barcelona - EspañaTel. 93 309 85 25E-mail: info@edicionesobelisco.comISBN: 978-84-9111-718-6 Depósito Legal: B-5.460-2021Printed in SpainImpreso en los talleres gráficos de Romanyà/Valls S. A. Verdaguer, 1 - 08786 Capellades - BarcelonaReservados todos los derechos. Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseñode la cubierta, puede ser reproducida, almacenada, transmitida o utilizada en manera alguna por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación o electrográfico, sin el previo consentimiento por escrito del editor.Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org)si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.


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11 págs. / 19 minutos / 2.715 visitas.

Publicado el 12 de marzo de 2024 por luchojazmin.

De los Apeninos a los Andes

Edmundo de Amicis


Cuento


Hace muchos años, cierto muchacho genovés de trece años, hijo de un obrero, fué de Génova a América sólo para buscar a su madre.

Su madre había ido dos años antes a Buenos Aires, capital de la República Argentina, para ponerse al servicio de alguna casa rica y ganar así, en poco tiempo, algo con que levantar a la familia, la cual, por efecto de varias desgracias, había caído en la pobreza y tenía muchas deudas. No son pocas las mujeres animosas que hacen tan largo viaje con aquel objeto, gracias a los buenos salarios que allí encuentra la gente que se dedica a servir, y las cuales vuelven a su patria, al cabo de algunos años, con algunos miles de liras. La pobre madre había llorado lágrimas de sangre al separarse de sus hijos, uno de dieciocho años y otro de once; pero marchó muy animada y con el corazón lleno de esperanzas. El viaje fué feliz; apenas llegó a Buenos Aires, encontró en seguida, por medio de un comerciante genovés, primo de su marido, establecido allí desde hacía mucho tiempo, una excelente familia del país, que le daba un buen salario y la trataba bien. Por algún tiempo mantuvo con los suyos una correspondencia regular, como habían convenido entre sí, el marido dirigía las cartas al primo, que se las entregaba a la mujer, y ésta le daba las contestaciones para que las mandase a Génova, escribiendo él por su parte, algunos renglones. Ganando ochenta pesos al mes y no gastando nada en ella, mandaba a su casa cada tres meses una buena suma, con la cual el marido, que era muy hombre de bien, iba pagando poco a poco las deudas más urgentes y adquiriendo así buena reputación. Entretanto trabajaba y estaba contento de lo que hacía y lisonjeado con la esperanza de que la mujer volvería dentro de poco, porque la casa parecía que estaba sin sombra con su falta, y el hijo menor, principalmente, que quería mucho a su madre, se entristecía y no podía resignarse a su ausencia.


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Dominio público
34 págs. / 1 hora / 1.057 visitas.

Publicado el 10 de junio de 2016 por Edu Robsy.

De la Ira

Lucio Anneo Séneca


Filosofía, Tratado


Libro primero

I. Me exigiste, caro Novato, que te escribiese acerca de la manera de dominar la ira, y creo que, no sin causa, temes muy principalmente a esta pasión, que es la más sombría y desenfrenada de todas. Las otras tienen sin duda algo de quietas y plácidas; pero esta es toda agitación, desenfreno en el resentimiento, sed de guerra, de sangre, de suplicios, arrebato de furores sobrehumanos, olvidándose de sí misma con tal de dañar a los demás, lanzándose en medio de las espadas, y ávida de venganzas que a su vez traen un vengador. Por esta razón algunos varones sabios definieron la ira llamándola locura breve; porque, impotente como aquélla para dominarse, olvida toda conveniencia, desconoce todo afecto, es obstinada y terca en lo que se propone, sorda a los consejos de la razón, agitándose por causas vanas, inhábil para distinguir lo justo y verdadero, pareciéndose a esas ruinas que se rompen sobra aquello mismo que aplastan. Para que te convenzas de que no existe razón en aquellos a quienes domina la ira, observa sus actitudes. Porque así como la locura tiene sus señales ciertas, frente triste, andar precipitado, manos convulsas, tez cambiante, respiración anhelosa y entrecortada, así también presenta estas señales el hombre iracundo. Inflámanse sus ojos y centellean; intenso color rojo cubre su semblante, hierve la sangre en las cavidades de su corazón, tiémblanle los labios, aprieta los dientes, el cabello se levanta y eriza, su respiración es corta y ruidosa, sus coyunturas crujen y se retuercen, gime y ruge; su palabra es torpe y entrecortada, chocan frecuentemente sus manos, sus pies golpean el suelo, agítase todo su cuerpo, y cada gesto es una amenaza: así se nos presente aquel a quien hincha y descompone la ira. Imposible saber si este vicio es más detestable que deforme. Pueden ocultarse los demás, alimentarles en secreto; pero la ira se revela en el semblante, y cuanto mayor es, mejor se manifiesta.


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Dominio público
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Publicado el 15 de junio de 2016 por Edu Robsy.

Abuelita

Hans Christian Andersen


Cuento infantil


Abuelita es muy vieja, tiene muchas arrugas y el pelo completamente blanco, pero sus ojos brillan como estrellas, sólo que mucho más hermosos, pues su expresión es dulce, y da gusto mirarlos. También sabe cuentos maravillosos y tiene un vestido de flores grandes, grandes, de una seda tan tupida que cruje cuando anda. Abuelita sabe muchas, muchísimas cosas, pues vivía ya mucho antes que papá y mamá, esto nadie lo duda. Tiene un libro de cánticos con recias cantoneras de plata; lo lee con gran frecuencia. En medio del libro hay una rosa, comprimida y seca, y, sin embargo, la mira con una sonrisa de arrobamiento, y le asoman lágrimas a los ojos. ¿Por qué abuelita mirará así la marchita rosa de su devocionario? ¿No lo sabes? Cada vez que las lágrimas de la abuelita caen sobre la flor, los colores cobran vida, la rosa se hincha y toda la sala se impregna de su aroma; se esfuman las paredes cual si fuesen pura niebla, y en derredor se levanta el bosque, espléndido y verde, con los rayos del sol filtrándose entre el follaje, y abuelita vuelve a ser joven, una bella muchacha de rubias trenzas y redondas mejillas coloradas, elegante y graciosa; no hay rosa más lozana, pero sus ojos, sus ojos dulces y cuajados de dicha, siguen siendo los ojos de abuelita.

Sentado junto a ella hay un hombre, joven, vigoroso, apuesto. Huele la rosa y ella sonríe — ¡pero ya no es la sonrisa de abuelita! — sí, y vuelve a sonreír. Ahora se ha marchado él, y por la mente de ella desfilan muchos pensamientos y muchas figuras; el hombre gallardo ya no está, la rosa yace en el libro de cánticos, y... abuelita vuelve a ser la anciana que contempla la rosa marchita guardada en el libro.

Ahora abuelita se ha muerto. Sentada en su silla de brazos, estaba contando una larga y maravillosa historia.

—Se ha terminado —dijo— y yo estoy muy cansada; dejadme echar un sueñito.


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2 págs. / 3 minutos / 735 visitas.

Publicado el 26 de junio de 2016 por Edu Robsy.

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