Tomo I
Introducción
Mi querido editor:
Seguro estoy de qué os sorprenderá grandemente, cuando hayáis leído
estas líneas, encontrar a su final la firma de un hombre que, según
sabéis, si bien escribe muchos libros, es el menos aficionado a escribir
cartas que puede encontrarse en todo el mundo.
Vuestra extrañeza cesará, sin embargo, y veréis explicado este
fenómeno cuando fijéis la vista en el volumen que acompaña a la carta y
que se titula: Un año en las orillas del Sacramento y del San Joaquín.
Pero, —me diréis indudablemente, —¿cómo puede ser que vos, a quien
he visto hace ocho días en París, hayáis podido en tan corto espacio de
tiempo realizar un viaje a California, permanecer un año en aquellas
lejanas comarcas y regresar a Europa?
Tened la bondad de leer, mi querido amigo, y todo lo veréis explicado.
Me conocéis bastante, y sabéis, por consiguiente, que no hay en la
tierra un hombre más aventurero y al mismo tiempo más sedentario que yo.
Con la misma facilidad abandono a París para emprender un viaje de tres
o cuatro mil leguas, que me encierro en mi casa para escribir ciento o
ciento cincuenta volúmenes.
Por extraordinario, sin embargo, el 11 de julio último tomé la
resolución, algo extraña en mí, lo confieso, de ir a pasar dos o tres
días en Enghien. No creáis que me llevaba allí el pensamiento de
divertirme, pues semejante idea no había pasado por mi imaginación. Lo
que había únicamente era que, deseando consignar en mis memorias un
suceso que tuvo lugar en Enghien hace veintidós años, tenía necesidad de
visitar, a fin de no incurrir en errores, unos sitios que no había
vuelto a ver desde aquella época.
Información texto 'Un Gil Blas en California'