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Shirley

Charlotte Brontë


Novela


CAPÍTULO I. LEVÍTICO

En los últimos tiempos ha caído una copiosa lluvia de coadjutores sobre el norte de Inglaterra; se posan en abundancia sobre las colinas; todas las parroquias disponen de uno o más de ellos; son lo bastante jóvenes para mostrarse muy activos y deberían hacer mucho bien. Pero no es de estos últimos años de lo que vamos a hablar aquí. Regresaremos al inicio de este siglo: los últimos años, los años presentes, son polvorientos, cálidos, abrasados por el sol, áridos; eludiremos el mediodía, lo olvidaremos durante la siesta, pasaremos por él dormidos, y soñaremos con el alba.

Si crees, por este preludio, lector, que se prepara algo parecido a una novela romántica, no habrás estado jamás tan equivocado. ¿Esperas sentimientos y poesía y ensoñación? ¿Esperas pasión y estímulo y melodrama? Modera tus expectativas, limítalas a algo más modesto. Tienes ante ti algo real, frío y sólido; algo carente de romanticismo como el lunes por la mañana, cuando todos los que tienen trabajo se despiertan con la conciencia de que deben levantarse y encaminarse a donde deben realizarlo. No se niega tajantemente que vayas a probar la excitación, quizá hacia la mitad y el final de la comida, pero está decidido que el primer plato colocado sobre la mesa será el que podría comer un católico —sí, incluso un católico inglés— en Viernes Santo: serán lentejas frías y vinagre sin aceite; será pan ácimo con hierbas amargas, y no habrá cordero asado.


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717 págs. / 20 horas, 56 minutos / 200 visitas.

Publicado el 14 de noviembre de 2017 por Edu Robsy.

Villette

Charlotte Brontë


Novela


Libro primero

Capítulo I. Bretton

Mi madrina vivía en una hermosa casa en el antiguo y cuidado pueblo de Bretton. La familia de su marido residía allí desde hacía generaciones y llevaba, de hecho, el nombre de su lugar natal: los Bretton de Bretton; desconozco si por coincidencia o porque algún remoto antepasado había sido un personaje lo bastante destacado para legar el apellido a su comunidad.

Cuando era pequeña, iba a Bretton un par de veces al año, y disfrutaba mucho con aquellas visitas. La casa y sus moradores me agradaban especialmente. Las habitaciones amplias y tranquilas, los muebles bien conservados, los grandes ventanales, el balcón que daba a una vieja calle, muy bonita, donde siempre parecía ser domingo o día festivo, tan apacible era su atmósfera, tan limpio su pavimento; todas esas cosas me encantaban.

Una niña en una casa llena de adultos suele ser objeto de mimos y atenciones, y yo los recibía, de una manera reposada, de la señora Bretton, que se había quedado viuda antes de que yo la conociera y tenía un hijo; su marido, médico, había muerto cuando era todavía una mujer joven y hermosa.


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622 págs. / 18 horas, 9 minutos / 238 visitas.

Publicado el 14 de noviembre de 2017 por Edu Robsy.

El Profesor

Charlotte Brontë


Novela


Prefacio

Este pequeño libro se escribió antes que Jane Eyre y Shirley y, sin embargo, no puede pedirse indulgencia para él so pretexto de ser un primer intento. No lo fue, desde luego, pues la pluma que lo escribió había sufrido un desgaste considerable en una práctica de varios años. Cierto es que no había publicado nada antes de empezar El profesor, pero en más de una tosca tentativa, destruida prácticamente al ser terminada, había perdido todo gusto por la narrativa recargada y redundante en favor de una hogareña sencillez. Al mismo tiempo, había adoptado un conjunto de principios sobre la cuestión de los episodios y demás que, en teoría, merecerían la aprobación general, pero cuyos resultados, al ser llevados a la práctica, son a menudo para un autor motivo más de sorpresa que de placer. Me decía que mi héroe debía abrirse camino en la vida tal como había visto que hacían hombres reales, que no debía recibir jamás un solo chelín que no hubiera ganado, que ningún vuelco súbito debía elevarlo de la noche a la mañana en riqueza y posición social, que cualquier pequeño bien que pudiera adquirir debía obtenerlo con el sudor de su frente, que antes de hallar siquiera un cenador en el que sentarse debía ascender al menos hasta la mitad de la Colina de la Dificultad, que jamás habría de casarse con una mujer rica, ni hermosa, ni con una dama de alcurnia. Como hijo de Adán, habría de compartir su destino: trabajo durante toda la vida combinado con una moderada dosis de placer.


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282 págs. / 8 horas, 13 minutos / 470 visitas.

Publicado el 14 de noviembre de 2017 por Edu Robsy.

El Romance del Bosque

Ann Radcliffe


Novela


Volumen I

Capítulo I


Soy un hombre,
Tan cansado de desastres, tan maltratado por la suerte,
Que expondría mi vida a cualquier riesgo,
Con tal de enmendarla, o librarme de ella.
 

—Una vez que el sórdido interés se apodera del alma, congela en ella cualquier brote de sentimientos generosos y afectuosos. Pues, no menos enemigo de la virtud que del gusto, pervierte a este y aniquila a aquella. Tal vez, amigo mío, llegará un día en que la muerte hará desaparecer la avaricia, y a la justicia le será permitido recobrar sus derechos.

Tales fueron las palabras del abogado Nemours a Pierre de la Motte mientras este último entraba, hacia la media noche, en el coche que iba a alejarle de París, librándolo de sus acreedores y de la persecución de la ley. De la Motte le agradeció aquella postrera prueba de amabilidad, y la ayuda que le había prestado en su huida. Y cuando el carruaje se alejaba, pronunció un triste adiós. La melancolía del momento y lo crítico de su situación le dejaron sumido en un callado ensueño.

Cualquiera que haya leído a Guyot de Pitaval, el más fiel de cuantos escritores han consignado las actas de los tribunales legislativos de París durante el siglo diecisiete, sin duda recordará la sorprendente historia de Pierre de la Motte y del marqués Phillipe de Montalt. Pues bien: que sepan todos ellos que el personaje aquí presentado es el propio Pierre de la Motte.

Mientras Madame de la Motte asomaba por la ventanilla del carruaje y echaba una última ojeada a las murallas de París, ese París que fue escenario de su pasada felicidad y morada de numerosos amigos suyos, la entereza que hasta entonces la había sostenido sucumbió a la intensidad del dolor.

—¡Adiós a todos! —susurró ella—, ¡después de esta última ojeada, estaremos separados para siempre!


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436 págs. / 12 horas, 43 minutos / 726 visitas.

Publicado el 14 de noviembre de 2017 por Edu Robsy.

Mary Barton

Elizabeth Gaskell


Novela


«¿Cómo sabes tú —podría exclamar el atribulado novelista— que aquí donde me ves no soy el más insensato de los mortales y que mi ficticia y asnal biografía no encontrará a unos u otros, en cuyos aún más asnales oídos podría, si así lo quiere la Providencia, instilar alguna cosa?». Nosotros respondemos: «Nadie lo sabe ni nadie puede saberlo con certeza; así que sigue escribiendo, digno hermano, como mejor puedas y te haya sido concedido».

CARLYLE


Nimm nur, Fährmann, nimm die Miethe,
Die ich gerne dreifach biete!
Zween, die mit mir überfuhren,
Waren geistige Naturen.
 


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483 págs. / 14 horas, 6 minutos / 332 visitas.

Publicado el 16 de noviembre de 2017 por Edu Robsy.

Cranford

Elizabeth Gaskell


Novela


I. Nuestra sociedad

Cranford, en primer lugar, está en poder de las Amazonas; los inquilinos de todas las casas que sobrepasan cierto alquiler son mujeres. Cuando un matrimonio viene a establecerse a la ciudad, de una manera u otra el marido desaparece, bien por el miedo cerval que le causa ser el único hombre en las veladas de Cranford, bien porque debe permanecer con su regimiento o en su buque, o los negocios que le ocupan le retienen toda la semana en la gran ciudad comercial vecina de Drumble, que dista sólo veinte millas por ferrocarril. En suma, que sea lo que sea lo que les ocurra a los caballeros, no viven en Cranford. ¿Y qué iban a hacer allí? El médico tiene un partido de treinta millas y duerme en Cranford, pero no todos los hombres pueden ser médicos. Para mantener los cuidados jardines repletos de flores exquisitas sin que una mala hierba los afee; para ahuyentar a los rapaces que contemplan con anhelo dichas flores a través de las verjas; para espantar a los gansos que se aventuran en los jardines si por azar queda la cerca abierta; para decidir en materia de literatura y política sin inquietarse por razones o argumentos innecesarios; para obtener una información clara y correcta de los asuntos de todos los miembros de la parroquia; para mantener a las pulcras sirvientas en admirable disciplina; para la generosidad (un poco dictatorial) con el menesteroso y para los tiernos y mutuos buenos oficios que se prestan cuando están en dificultades, las damas de Cranford se bastan por completo. «¡Un hombre estorba tanto en una casa!», me comentó una de ellas una vez. Aunque conocen a la perfección los procederes de cada una, muestran una indiferencia absoluta por la opinión de las otras.


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226 págs. / 6 horas, 36 minutos / 265 visitas.

Publicado el 16 de noviembre de 2017 por Edu Robsy.

La Rama Torcida

Elizabeth Gaskell


Cuento


En los primeros años de este siglo, vivía en una pequeña granja de la División Norte del condado de York un matrimonio respetable que se llamaba Huntroyd. Se habían casado mayores, aunque habían «festejado» cuando eran muy jóvenes. Nathan Huntroyd había sido mozo de labranza del padre de Hester Rose y la había pretendido en una época en que los padres de ella creían que su hija podía aspirar a más; así que despidieron a Nathan sin contemplaciones, y sin preocuparse de los sentimientos de su hija. Él se había alejado mucho de sus relaciones anteriores y ya tenía más de cuarenta años cuando murió un tío suyo, dejándole dinero suficiente para aprovisionar una pequeña granja y guardar algo en el banco por si llegaban malos tiempos. Una de las consecuencias de la herencia fue que Nathan empezó a buscar esposa y ama de casa, de forma discreta y sin prisas; y un día se enteró de que su antiguo amor, Hester, no era una señora casada y próspera, como siempre había supuesto, sino una pobre criada para todo en la ciudad de Ripon. Pues su padre había sufrido una serie de desgracias que en la vejez habían dado con él en el asilo de pobres; su madre había muerto; su único hermano luchaba para sacar adelante a una familia numerosa; y la propia Hester era una sirvienta trabajadora y sencilla (de treinta y siete años). Nathan experimentó cierta satisfacción quisquillosa (sólo momentánea, sin embargo) al enterarse de estas vueltas de la rueda de la Fortuna. No hizo muchas observaciones inteligibles a su informador y no dijo una palabra a nadie más. Pero a los pocos días, se presentó en la puerta de atrás de la señora Thompson, de Ripon, con su traje de domingo.


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53 págs. / 1 hora, 34 minutos / 166 visitas.

Publicado el 19 de noviembre de 2017 por Edu Robsy.

La Mujer Gris

Elizabeth Gaskell


Cuento


I

Hay un molino en la orilla del Neckar al que va mucha gente a tomar café, según una costumbre alemana casi nacional. El emplazamiento no tiene ningún encanto particular. Está en el lado de Mannheim de Heidelberg, llano y poco romántico. El río mueve la rueda del molino con un sonido borboteante. Las dependencias y la vivienda del molinero forman un pulcro cuadrilátero grisáceo. Más apartado del río hay un jardín lleno de sauces, pérgolas y macizos de plantas no muy bien cuidados, pero con gran profusión de flores y exuberantes enredaderas que anudan y enlazan las pérgolas. En cada una de estas hay una mesa fija de madera pintada de blanco y sillas ligeras portátiles del mismo color y material.


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67 págs. / 1 hora, 58 minutos / 622 visitas.

Publicado el 19 de noviembre de 2017 por Edu Robsy.

La Maldición de los Griffiths

Elizabeth Gaskell


Cuento


I

Siempre me han interesado mucho las tradiciones relacionadas con Owen Glendower (la grafía nacional del nombre es Owain Glendwr) dispersas a lo largo y ancho del norte de Gales, y comprendo muy bien el sentimiento de los campesinos galeses al considerarlo todavía el héroe de su patria. Muchos habitantes del principado se regocijaron hace unos quince o dieciséis años cuando se anunció que el tema del concurso de poesía galesa de Oxford sería «Owain Glendwr». Era el tema más patriótico que se proponía en muchos años.

Tal vez algunos no sepan que este respetado caudillo es tan célebre en nuestra época ilustrada entre sus compatriotas iletrados por sus poderes mágicos como por su patriotismo. Él mismo dice, o lo dice Shakespeare por él, que viene a ser lo mismo:


En mi nacimiento
el cielo estaba lleno de formas fieras,
de teas llameantes […]
[…] Puedo invocar espíritus del inmenso abismo.
 

Y a pocos habitantes de los estamentos inferiores del principado se les ocurriría dar como respuesta la pregunta irreverente de Hotspur.

Entre otras tradiciones vivas relacionadas con ese aspecto del héroe galés figura la antigua profecía de la familia que da título a este relato. Cuando sir David Gam, «un traidor tan negro como si hubiese nacido en Bluith», se propuso asesinar a Owen en Machynlleth, le acompañaba alguien a quien Glendwr no podía imaginar confabulado con sus enemigos. Rhys ap Gryfydd, «viejo amigo de la familia», pariente suyo, más que un hermano, había accedido a que se le diese muerte. Podría perdonar a sir David Gam, pero jamás perdonaría la traición de una persona a quien había querido. Glendwr conocía demasiado bien el corazón humano para matarle. Lo dejó con vida, odiado y despreciado por sus compatriotas y víctima de amargos remordimientos. Pesaba sobre él la marca de Caín.


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44 págs. / 1 hora, 17 minutos / 144 visitas.

Publicado el 19 de noviembre de 2017 por Edu Robsy.

La Historia del Caballero

Elizabeth Gaskell


Cuento


En el año 1769, la noticia de que un caballero (y «todo un caballero», según el propietario del Hostal George) había ido a ver la vieja casa del señor Clavering sumió a la pequeña población de Barford en un estado de gran agitación. Esta casa no estaba ni en la población ni en el campo. Se alzaba en los arrabales de Barford, al borde del camino que lleva a Derby. El último ocupante había sido un tal señor Clavering, un caballero de buena familia de Northumberland que había ido a vivir a Barford mientras era sólo un segundón, pero que cuando murieron otras ramas de más edad de la familia tuvo que regresar para hacerse cargo de las propiedades. La casa de la que hablo se llamaba la Casa Blanca, por estar cubierta de una especie de estuco grisáceo. Tenía un buen jardín en la parte de atrás y el señor Clavering había construido unos espléndidos establos, con lo que entonces se consideraban los últimos adelantos. Esta cuestión de los buenos establos se esperaba que fuera un aliciente para alquilar la casa, pues aquel era un condado de cazadores; por lo demás, tenía poco a su favor. Había muchos dormitorios; para entrar en algunos de ellos había que atravesar otros, a veces hasta cinco, cada uno de los cuales daba al siguiente; varias salas de estar pequeñas y diminutas, con paneles de madera y pintadas luego de un color gris pizarra; un buen comedor y un salón arriba, ambos con galerías muy acogedoras que daban al jardín.


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21 págs. / 36 minutos / 125 visitas.

Publicado el 19 de noviembre de 2017 por Edu Robsy.

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