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La Nueva Atlántida

Francis Bacon


Cuento


Zarpamos del Perú (donde habíamos permanecido durante todo un año) hacia China y Japón, por el mar del Sur, llevando provisiones para doce meses; tuvimos vientos favorables del Este, si bien suaves y débiles, por espacio de algo más de cinco meses. No obstante, luego el viento vino del Oeste durante muchos días, de tal modo que apenas podíamos avanzar, y a veces, incluso, pensamos en regresar. Pero más adelante se levantaron grandes y fuertes vientos del Sur, con la ligera tendencia hacia el Este, que nos llevaron hacia el Norte; por este tiempo las provisiones nos faltaron, aunque habíamos hecho buen acopio de ellas. Al encontrarnos sin provisiones, en medio de la mayor inmensidad de agua del mundo, nos consideramos perdidos y nos preparamos para morir. Sin embargo, elevamos nuestros corazones y voces a Dios, al Dios que "mostró sus milagros en lo profundo", suplicando de su merced que así como en el principio del mundo descubrió la faz de las profundidades y creó la Tierra, descubriera ahora también la Tierra para nosotros, que no queríamos perecer.


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44 págs. / 1 hora, 17 minutos / 192 visitas.

Publicado el 15 de diciembre de 2016 por Edu Robsy.

Bocetos Californianos

Bret Harte


Cuento


MELISA

I

En el lugar en que empieza a ser menor el declive de Sierra Nevada y donde la corriente de los ríos va siendo menos impetuosa y violenta, se levanta al pie de una gran montaña roja, Smith's-Pocket. Contemplado desde el camino rojizo, a través de la luz roja del crepúsculo y del rojo polvo, sus casas blancas se parecen a cantos de cuarzo desprendidos de aquellos altos peñascos. Seis veces cada día pasa la diligencia roja, coronada de pasajeros, vestidos con camisas rojas, saliendo de improviso por los sitios más extraños, y desapareciendo por completo a unas cien yardas del pueblo. A este brusco recodo del camino débese tal vez que el advenimiento de un extranjero a Smith's-Pocket, vaya generalmente acompañado de una circunstancia bastante especial. Al apearse del vehículo, ante el despacho de la diligencia, el viajero, por demás confiado, acostumbra salirse del pueblo con la idea de que éste se halla en una dirección totalmente opuesta a la verdadera. Cuentan que los mineros de a dos millas de la ciudad, encontraron a uno de estos confiados pasajeros con un saco de noche, un paraguas, un periódico, y otras pruebas de civilización y refinamiento, internándose por el camino que acababa de pasar en coche, buscando el campamento de Smith's-Pocket, y apurándose en vano para hallarlo.


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224 págs. / 6 horas, 32 minutos / 119 visitas.

Publicado el 28 de diciembre de 2016 por Edu Robsy.

La Máscara

Robert Chambers


Cuento


Camilla: Señor, debería is quitaros la máscara.
Forastero: ¿De veras?
Cassilda: En verdad, ya es hora. Todos n os hemos despojado de los disfraces, salvo vos.
Forastero: No llevo mascara.
Camilla: (Aterrada a Cassilda)
¿No lleva máscara? ¿No la lleva?

Acto 1. Escena 2a.

I

Aunque yo no sabía nada de química, escuchaba fascinado. El cogió un lirio de Pascua que Geneviève había traído esa mañana de Nôtre Dame y lo dejó caer en el cuenco. Instantáneamente el líquido perdió su cristalina claridad. Por un segundo el lirio se vio envuelto de una espuma blanco lechosa que desapareció dejando el fluido opalescente. Sobre la superficie jugaron cambiantes tintes anaranjados y carmesíes y luego, lo que pareció un rayo de pura luz solar surgió desde el fondo donde se encontraba el lirio. En el mismo instante sumergió la mano en el cuenco y extrajo la flor.

—No hay peligro —explicó— si se escoge el instante preciso. Ese rayo dorado es la señal.

Me tendió el lirio y yo lo tomé en mi mano. Se había convertido en piedra, en el más puro mármol.

—Ya lo ves —me dijo—, ni la menor mácula. ¿Qué escultor podría reproducirlo?

El mármol era blanco como la nieve, pero en sus profundidades las vetas del lirio se teñían del más leve azul celeste y un ligero arrebol se demoraba en lo profundo de su corazón.

—No me preguntes la razón —dijo sonriente al advertir mi asombro—, no tengo idea de por qué se colorean las vetas y el corazón, pero siempre sucede así. Ayer hice la prueba con el pez dorado de Geneviève: helo aquí.


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21 págs. / 36 minutos / 118 visitas.

Publicado el 3 de enero de 2017 por Edu Robsy.

Sin Nombre

Wilkie Collins


Novela


Para
Francis Carr Beard
(Miembro del Real Colegio de Cirujanos de
Inglaterra)
En recuerdo de la época en que se escribieron
las últimas escenas de esta historia

PREFACIO

El propósito principal de esta historia es despertar el interés del lector por un tema que han tratado algunos de los más grandes escritores, vivos o muertos, pero que ni ha sido agotado ni podrá agotarse nunca, pues se trata de un tema que interesará siempre a la humanidad. Aquí se presenta otro libro que describe la lucha de un ser humano bajo las influencias opuestas del Bien y del Mal, influencias que todos hemos sentido, que todos conocemos. En mi ánimo estaba convertir a «Magdalen», que personifica esta lucha, en un personaje patético incluso en su terquedad y su error, y he intentado con todas mis fuerzas obtener ese resultado por el medio menos importuno y menos artificial de todos: ateniéndome estrictamente, durante todo el libro, a la verdad tal como es en la Naturaleza. No ha sido fácil cumplir con este propósito, y me ha servido de gran aliento (durante la publicación de la historia en forma periódica) saber, con la autoridad que dan sus muchos lectores, que el objetivo que me había marcado puede considerarse conseguido hasta cierto punto.


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838 págs. / 1 día, 27 minutos / 239 visitas.

Publicado el 6 de enero de 2017 por Edu Robsy.

La Máscara Robada

Wilkie Collins


Novela


INTRODUCCIÓN

Puede ocurrir que algunos lectores de esta historia tengan en su poder una «máscara» —o una cabeza— de escayola del rostro de Shakespeare, una de las reproducciones en vaciado del famoso busto de Stratford que se pusieron a la venta hace algún tiempo. Las circunstancias bajo las cuales se obtuvo el molde original se las oí relatar, una vez, a un amigo de quien guardo un cariñoso recuerdo y con quien estoy en deuda por el ejemplar que poseo hoy en día.

Hace algunos años, se contrató a un cantero para efectuar unos arreglos en la iglesia de Stratford-upon-Avon. Mientras se ocupaba de estas reparaciones, el cantero se las arregló —sin levantar sospechas, pensaba él— para fabricar un molde del busto de Shakespeare. Sin embargo, se descubrió lo que había hecho e, inmediatamente, las autoridades, encargadas de la custodia del busto original, lo amenazaron con penas y sanciones legales muy severas, aunque no especificaron de qué delito se le acusaba. El pobre hombre estaba tan asustado por las amenazas que rápidamente empaquetó sus herramientas y, cogiendo el molde, se marchó de Stratford. Después, el cantero expuso su caso a personas con capacidad para aconsejarle, quienes le dijeron que no debía temer ningún castigo y que, si consideraba que podría venderlos, hiciera tantos moldes del busto como quisiera y los pusiera a la venta en cualquier lugar. El cantero siguió el consejo, realizó cuidadosamente sus reproducciones del busto en bloques de mármol negro y vendió un gran número de ellas no solo en Inglaterra, sino también en América. Debe añadirse que este cantero había destacado siempre por su extraordinaria veneración a Shakespeare, que llevó a tal extremo que llegó a asegurar al amigo —de quien luego recibí esta información— que él, que era viudo, ¡se habría vuelto a casar solo si hubiera conocido a una mujer que fuera descendiente directa de William Shakespeare!


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105 págs. / 3 horas, 4 minutos / 98 visitas.

Publicado el 28 de enero de 2017 por Edu Robsy.

El Hombre que Fue Jueves

Gilbert Keith Chesterton


Novela


CAPÍTULO I. LOS DOS POETAS DE SAFRON PARK

El barrio de Saffron Park —Parque de Azafrán— se extendía al poniente de Londres, rojo y desgarrado como una nube del crepúsculo. Todo él era de un ladrillo brillante; se destacaba sobre el cielo fantásticamente, y aun su pavimento resultaba de lo más caprichoso: obra de un constructor especulativo y algo artista, que daba a aquella arquitectura unas veces el nombre de "estilo Isabel" y otras el de "estilo reina Ana", acaso por figurarse que ambas reinas eran una misma.

No sin razón se hablaba de este barrio como de una colonia artística, aunque no se sabe qué tendría precisamente de artístico. Pero si sus pretensiones de centro intelectual parecían algo infundadas, sus pretensiones de lugar agradable eran justificadísimas. El extranjero que contemplaba por vez primera aquel curioso montón de casas, no podía menos de preguntarse qué clase de gente vivía allí. Y si tenía la suerte de encontrarse con uno de los vecinos del barrio, su curiosidad no quedaba defraudada. El sitio no sólo era agradable, sino perfecto, siempre que se le considerase como un sueño, y no como una superchería. Y si sus moradores no eran "artistas", no por eso dejaba de ser artístico el conjunto. Aquel joven —los cabellos largos y castaños, la cara insolente— si no era un poeta, era ya un poema. Aquel anciano, aquel venerable charlatán de la barba blanca y enmarañada, del sombrero blanco y desgarbado, no sería un filósofo ciertamente, pero era todo un asunto de filosofía. Aquel científico sujeto —calva de cascarón de huevo, y el pescuezo muy flaco y largo— claro es que no tenía derecho a los muchos humos que gastaba: no había logrado, por ejemplo, ningún descubrimiento biológico; pero ¿qué hallazgo biológico más singular que el de su interesante persona?


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174 págs. / 5 horas, 5 minutos / 379 visitas.

Publicado el 5 de febrero de 2017 por Edu Robsy.

La Sabiduría del Padre Brown

Gilbert Keith Chesterton


Novela


La ausencia de Mr. Glass

La consulta del doctor Orion Hood, el eminente criminólogo y especialista en ciertos desordenes morales, tenía vista al mar y estaba situada en Scarborough. Desde sus ventanas de estilo francés, grandes y bien iluminadas, se podía contemplar el mar del Norte como un infinito muro exterior de mármol azul verdoso. En un lugar así, el mar tenía algo de la monotonía de un friso monocromo, pues en las estancias regía una terrible pulcritud, no muy diferente a la del mar. No debe suponerse, sin embargo, que el apartamento del Dr. Hood carecía de lujo o, incluso, de poesía. Todo lo contrario, se podían percibir claramente, pero uno sentía que no se les permitía salir de allí. El lujo estaba presente: sobre una mesa había ocho o diez cajas de los mejores cigarros, aunque situadas de tal modo que los más fuertes siempre estaban más cerca de la pared y los más suaves de la ventana. Asimismo, un mueble bar, que contenía tres tipos de licores excelentes, permanecía siempre sobre la lujosa mesa. Pero la moda mandaba que el whisky, el brandy y el ron siempre parecieran situados al mismo nivel. La poesía también estaba presente: en una esquina de la habitación se alineaban los clásicos ingleses, en otra los fisiólogos ingleses y extranjeros. Pero si alguien tomaba un volumen de Chaucer o de Shelley de uno de los anaqueles, su ausencia irritaba tanto la mirada como la falta de un diente delantero en una persona. No se podría decir si esos libros se habían leído alguna vez, probablemente si, pero su ser mismo parecía encadenarlos a sus sitios, como las biblias en las iglesias antiguas. El doctor Hood trataba sus anaqueles como si fueran la biblioteca pública.


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224 págs. / 6 horas, 32 minutos / 308 visitas.

Publicado el 5 de febrero de 2017 por Edu Robsy.

El Escándalo del Padre Brown

Gilbert Keith Chesterton


Cuento


El escándalo del Padre Brown

No sería honesto contar las aventuras del padre Brown sin admitir que una vez estuvo envuelto en un gran escándalo. Todavía existen personas, quizás entre las de su propia condición, que dirán que fue una mancha sobre su nombre. Sucedió en una pintoresca venta mexicana de bastante mala reputación, como se verá más adelante. Y para algunos pareció que por una vez el sacerdote había sido iluminado por un rayo de romanticismo y que su simpatía por la debilidad humana le llevó a una acción disoluta y no ortodoxa. La historia, en sí misma, era una historia simple, y tal vez lo sorprendente de ella consistió en su propia simplicidad.


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173 págs. / 5 horas, 3 minutos / 257 visitas.

Publicado el 5 de febrero de 2017 por Edu Robsy.

Manalive

Gilbert Keith Chesterton


Novela


Primera Parte. Los enigmas de Innocent Smith

Capítulo I. Cómo llegó el vendaval a la Casa del Faro

Del oeste se levantó un viento, como una ola de inmoderada felicidad, y veloz, cruzó Inglaterra hacia el este, arrastrando consigo el helado perfume de los bosques y la fría embriaguez del mar. En miles de agujeros y de rincones confortó al hombre como un trago y lo sorprendió como un puñetazo. En las habitaciones interiores de casas intrincadas y sombrías provocó como una explosión doméstica, sembrando el piso con papeles de algún profesor —tanto más preciados cuanto fugitivos— o apagó la vela a cuya luz un muchacho leía La Isla del Tesoro, sumiéndolo en rumorosa tiniebla. Por doquier introdujo una nota de drama en vidas nada dramáticas y llevó por el mundo el triunfo de la crisis. Más de una madre agobiada en algún estrecho patio interior había mirado cinco camisas diminutas en el alambre del tendedero como quien mira una especie de tragedia mezquina y nauseabunda; era como si hubiera colgado a sus cinco hijos. Vino el viento, y quedaron henchidas, agitándose, como si de un salto cinco rollizos diablillos se hubieran metido dentro; y allá en lo recóndito de su oprimida subconciencia, recordó vagamente aquellas burdas comedias del tiempo de sus abuelos cuando todavía moraban los elfos en las viviendas de los hombres. Más de una muchacha inadvertida en un húmedo jardín tapiado se había tirado sobre la hamaca con el mismo gesto intolerante con que hubiera podido tirarse al Támesis; y aquel viento rasgó el muro ondulante de los bosques, alzó la hamaca como un globo e hizo ver a la joven formas de nubes curiosas allá lejos y cuadros de alegres pueblitos allá abajo, como si navegara por el cielo en una barca encantada.


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193 págs. / 5 horas, 37 minutos / 119 visitas.

Publicado el 5 de febrero de 2017 por Edu Robsy.

Bel-Ami

Guy de Maupassant


Novela


PRIMERA PARTE

Capítulo 1

Cuando la dependienta le entregó la vuelta de sus cinco francos, George Duroy salió del restaurante.

Presumido por naturaleza y por petulante reminiscencia de su época como suboficial, hinchó el pecho, se atusó el bigote con un gesto marcial que le era característico y arrojó sobre los comensales que llegaban con retraso una mirada rápida y circunspecta, una de esas miradas de gavilán que todo lo abarca y penetra.

A su paso, las mujeres levantaron la cabeza. Eran tres obrerillas, una profesora de música, de cierta edad, reñida con el peine, desaliñada, que solía llevar su sombrero polvoriento y un vestido hecho a zurcidos; finalmente dos señoras de medio pelo, con sus correspondientes maridos, todos ellos parroquianos asiduos de aquel bodegón con cubiertos a precio fijo.

Ya en la acera, Duroy permaneció un momento inmóvil, como si se preguntase qué haría. Era el 29 de junio, y, para terminar el mes, le quedaban en el bolsillo tres francos y cuarenta céntimos, lo cual valía por dos almuerzos, sin las respectivas comidas, o bien por dos comidas sin los almuerzos correspondientes, a elegir. Pensó que si las refacciones matinales le suponían un gasto de un franco y diez céntimos, en lugar del uno cincuenta que le costarían las colaciones vespertinas, aún podía disponer, si se contentaba con los almuerzos, de su superávit de un franco y veinte céntimos, lo que suponía dos bocadillos de salchichón y el supremo placer de sus noches. Y echó calle de Notre Dame de Lorette abajo.


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339 págs. / 9 horas, 54 minutos / 234 visitas.

Publicado el 9 de febrero de 2017 por Edu Robsy.

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