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Historia del Pueblo de Goriújino

Aleksandr Pushkin


Cuento


Si Dios me mandara lectores tal vez tendrían curiosidad por saber cómo decidí escribir la historia del pueblo de Goriújino. Para explicarlo debería entrar en algunos pormenores previos.

Nací de padres nobles y honrados en el pueblo de Goriújino el 1 de abril del año 1801 y recibí la primera educación de nuestro diácono. A este honorable señor le debo mi afición por la lectura, que se desarrolló posteriormente, y por toda clase de ocupaciones literarias. Mis éxitos, aunque lentos, eran seguros, ya que a los diez años de edad conocía todo aquello que conservo hasta hoy en la memoria, débil por naturaleza, y que no me permitieron recargar a causa de mi salud, igualmente débil.


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18 págs. / 31 minutos / 119 visitas.

Publicado el 13 de noviembre de 2017 por Edu Robsy.

Historia del Diablo

Daniel Defoe


Tratado


Primera parte

Capítulo I

QUE SIRVE DE INTRODUCCIÓN A TODA LA OBRA.

No dudo de que el título de este libro asombre en principio a mis lectores; quizá se detengan en él un poco, ni más ni menos que podrían hacerlo ante el libro de magia de una encantadora; permanecerán un rato dudando si deben leerlo o no, ante el temor de que leyendo la Historia del Diablo le evoquen verdaderamente.

A los Niños y a las Viejas se les han dicho tantas cosas espantosas del Diablo, se han forjado de él ideas tan horribles, figuras tan monstruosas, que serían capaces de asustarle, si él se encontrase en la oscuridad y se presentara a sí mismo bajo las diferentes formas que de él ha inventado la imaginación del hombre; pero, por otra parte, no creo que pareciera tan espantoso si se pudiera conversar con él cara a cara.

Es, pues, seguramente, una obra muy útil, la de ofrecer la verdadera Historia de ese Tirano del aire, de ese Dios del Mundo, de ese terror y esa aversión del Género Humano, que se llama Diablo; de hacer ver lo que es y lo que no es, dónde está y dónde no está, cuándo está en nosotros y cuándo no lo está; pues yo no podría dudar de que el Diablo no esté realmente, y en buena fe, en buen número de nuestros Espíritus débiles, aunque honestos, sin que ellos se den cuenta.


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403 págs. / 11 horas, 46 minutos / 435 visitas.

Publicado el 13 de noviembre de 2017 por Edu Robsy.

La Prima Phillis

Elizabeth Gaskell


Novela


Capítulo I

Es maravilloso para un joven disponer por primera vez de un alojamiento para él solo. Creo que nunca me he sentido tan satisfecho y orgulloso como el día en que, a los diecisiete años, me senté en un pequeño cuarto triangular encima de una pastelería de Eltham, la capital del condado. Mi padre se había despedido de mí aquella tarde después de dictarme unas cuantas normas elementales de conducta que me sirvieran de guía en mi nueva vida. Yo iba a trabajar con el ingeniero del ferrocarril encargado de la construcción del pequeño ramal de Eltham a Hornby. Mi padre me había conseguido ese empleo, que estaba un poco por encima de su categoría; aunque tal vez debería decir, por encima de la posición en que había nacido y crecido, pues la gente le trataba cada vez con mayor consideración y respeto. Era mecánico de oficio, pero tenía cierto talento para la invención, además de mucha perseverancia, y había ideado importantes mejoras para la maquinaria del ferrocarril. No lo hacía por dinero, aunque, como es lógico, aceptase el que le llegaba merced al curso natural de las cosas. Desarrollaba sus ideas porque, como él decía, «hasta que no les daba forma, le obsesionaban día y noche». Pero no hablaré más de mi querido padre; un país es afortunado cuando tiene muchos hombres como él. Era un espíritu independiente por ascendencia y por convicción; y eso fue, creo, lo que le empujó a alquilarme una habitación encima de la pastelería. La tienda era de dos hermanas del pastor de nuestra comunidad, lo cual se consideró una especie de salvaguarda de mi moralidad cuando me acosaran las tentaciones de una capital de condado, con un salario de treinta libras anuales.


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Publicado el 17 de noviembre de 2017 por Edu Robsy.

La Rama Torcida

Elizabeth Gaskell


Cuento


En los primeros años de este siglo, vivía en una pequeña granja de la División Norte del condado de York un matrimonio respetable que se llamaba Huntroyd. Se habían casado mayores, aunque habían «festejado» cuando eran muy jóvenes. Nathan Huntroyd había sido mozo de labranza del padre de Hester Rose y la había pretendido en una época en que los padres de ella creían que su hija podía aspirar a más; así que despidieron a Nathan sin contemplaciones, y sin preocuparse de los sentimientos de su hija. Él se había alejado mucho de sus relaciones anteriores y ya tenía más de cuarenta años cuando murió un tío suyo, dejándole dinero suficiente para aprovisionar una pequeña granja y guardar algo en el banco por si llegaban malos tiempos. Una de las consecuencias de la herencia fue que Nathan empezó a buscar esposa y ama de casa, de forma discreta y sin prisas; y un día se enteró de que su antiguo amor, Hester, no era una señora casada y próspera, como siempre había supuesto, sino una pobre criada para todo en la ciudad de Ripon. Pues su padre había sufrido una serie de desgracias que en la vejez habían dado con él en el asilo de pobres; su madre había muerto; su único hermano luchaba para sacar adelante a una familia numerosa; y la propia Hester era una sirvienta trabajadora y sencilla (de treinta y siete años). Nathan experimentó cierta satisfacción quisquillosa (sólo momentánea, sin embargo) al enterarse de estas vueltas de la rueda de la Fortuna. No hizo muchas observaciones inteligibles a su informador y no dijo una palabra a nadie más. Pero a los pocos días, se presentó en la puerta de atrás de la señora Thompson, de Ripon, con su traje de domingo.


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53 págs. / 1 hora, 34 minutos / 167 visitas.

Publicado el 19 de noviembre de 2017 por Edu Robsy.

La Historia del Caballero

Elizabeth Gaskell


Cuento


En el año 1769, la noticia de que un caballero (y «todo un caballero», según el propietario del Hostal George) había ido a ver la vieja casa del señor Clavering sumió a la pequeña población de Barford en un estado de gran agitación. Esta casa no estaba ni en la población ni en el campo. Se alzaba en los arrabales de Barford, al borde del camino que lleva a Derby. El último ocupante había sido un tal señor Clavering, un caballero de buena familia de Northumberland que había ido a vivir a Barford mientras era sólo un segundón, pero que cuando murieron otras ramas de más edad de la familia tuvo que regresar para hacerse cargo de las propiedades. La casa de la que hablo se llamaba la Casa Blanca, por estar cubierta de una especie de estuco grisáceo. Tenía un buen jardín en la parte de atrás y el señor Clavering había construido unos espléndidos establos, con lo que entonces se consideraban los últimos adelantos. Esta cuestión de los buenos establos se esperaba que fuera un aliciente para alquilar la casa, pues aquel era un condado de cazadores; por lo demás, tenía poco a su favor. Había muchos dormitorios; para entrar en algunos de ellos había que atravesar otros, a veces hasta cinco, cada uno de los cuales daba al siguiente; varias salas de estar pequeñas y diminutas, con paneles de madera y pintadas luego de un color gris pizarra; un buen comedor y un salón arriba, ambos con galerías muy acogedoras que daban al jardín.


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21 págs. / 36 minutos / 125 visitas.

Publicado el 19 de noviembre de 2017 por Edu Robsy.

Desapariciones

Elizabeth Gaskell


Cuento


No tengo por costumbre leer regularmente la revista Household Words; pero un amigo me envió hace poco algunos números atrasados y me recomendó que leyese «todos los artículos relacionados con la Policía de Protección e Investigación», lo que en consecuencia hice, no como han hecho los lectores en general, ya que se publicaron semanalmente, o con pausas entre ellos, sino seguidos, como una historia popular de la Policía Metropolitana, y (supongo que también debe considerarse así) como una historia de la fuerza policial de todas las ciudades grandes de Inglaterra. Cuando acabé, no me apetecía seguir leyendo de momento, y preferí entregarme a pensamientos de ensoñación y remembranza.


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11 págs. / 20 minutos / 139 visitas.

Publicado el 19 de noviembre de 2017 por Edu Robsy.

Curioso, de Ser Cierto

Elizabeth Gaskell


Cuento


(Extracto de una carta del señor Richard Whittingham)

Antes te divertía tanto que me enorgulleciera descender de la hermana de Calvino que se casó con un tal Whittingham, deán de Durham, que no sé si compartirás la estima a mi distinguido pariente que me llevó a Francia para examinar registros y archivos que creía que me permitirían descubrir descendientes colaterales del gran reformador a quienes podría llamar primos. No te contaré mis aprietos y aventuras en esta investigación; no mereces saberlos. Pero una tarde del pasado mes de agosto me ocurrió algo tan extraño que, si no hubiese estado absolutamente seguro de hallarme totalmente despierto, lo habría tomado por un sueño.


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19 págs. / 34 minutos / 131 visitas.

Publicado el 19 de noviembre de 2017 por Edu Robsy.

Historia de una Ballena

Louisa May Alcott


Cuento infantil


Freddy se sentó a meditar en el banco a la sombra del árbol. Se trataba de un amplio asiento blanco, de unos cuatro pies de largo, formando una concavidad desde sus extremos hasta el centro, que le hacía parecer un columpio; y no sólo era cómodo, también era curioso, porque estaba tallado de una sola pieza en un hueso de ballena. Freddy solía sentarse allí, y pensaba en el banco porque le interesaba sobremanera, aunque nadie pudo decirle nada al respecto, salvo que llevaba allí mucho tiempo.

–Pobre y vieja ballena, me pregunto cómo habrás llegado hasta aquí, de dónde vienes, y si fuiste una criatura buena y feliz mientras viviste –dijo Freddy en voz alta, acariciando el viejo hueso con su pequeña mano.

Y en eso se oyó un gran crujido; y una repentina ráfaga de viento agitó los árboles, como si un enorme monstruo gimiese y suspirase. Freddy pudo escuchar entonces una voz fantástica, resonante, aunque curiosamente quebrada, como si alguien tratara de hablar con la mandíbula rota.

–¡Ah, Freddy, Freddy! –llamó la gran voz–. Te contaré todo lo que quieras saber, porque tú eres la única persona que me ha compadecido, o se ha preocupado de indagar mi origen y mis peripecias.

–¡Cómo!, ¿es que puede hablar? –preguntó Freddy, muy sorprendido y un poco asustado.

–Por supuesto que puedo; debes saber que estás sentado sobre una parte de mi mandíbula. Podría hablar aún mejor si toda mi boca estuviera aquí; pero me temo que mi voz sería entonces tan estridente, que no serías capaz de escucharla sin estremecerte. De todos modos, no creo que nadie más de por aquí pueda entenderme. No son muchos en total los que podrían hacerlo, te lo aseguro; pero tú eres un chiquillo reflexivo, con una viva fantasía, y además con un gran corazón, así que tú oirás mi historia.


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12 págs. / 21 minutos / 147 visitas.

Publicado el 23 de noviembre de 2017 por Edu Robsy.

El Vagabundo

Gibran Kahlil Gibran


Cuento


Lo encontré en la encrucijada de dos caminos. El hombre con apenas un bastón. Cubría sus ropas con una capa y su rostro con un velo de tristeza.

Nos saludamos el uno al otro y yo le dije: —Ven a mi casa y sé mi huésped.

Y él, vino.

Mi mujer y mis hijos nos espetaban en la puerta de la casa y el les sonrió y ellos estuvieron contentos de su llegada. Después nos sentamos a la mesa. Y todos nos sentimos felices, con el hombre y con el halo de silencio y de misterio que lo envolvía.

Y, luego de cenar, nos reunimos frente al fuego y yo lo interrogué acerca de sus peregrinaciones.

Y nos contó muchas historias durante aquella noche. Y también al día siguiente.

Las historias, que yo he registrado aquí, son fruto de la amargura de sus días, aunque él nunca se mostró amargado. Y están escritas con el polvo del camino.

Cuando nos dejó, tres días después, no lo sentíamos ya como un huésped que había partido sino, más bien, como uno de nosotros, que estaba en el jardín y que aún no había entrado.

Vestiduras

Cierto día Belleza y Fealdad se encontraron a orillas del mar. Y se dijeron:

—Bañémonos en el mar.

Entonces se desvistieron y nadaron en las aguas. Instantes más tarde Fealdad regresó a la costa y se vistió con las ropas de Belleza, y luego partió.

Belleza también salió del mar, pero no halló sus vestiduras, y era demasiado tímida para quedarse desnuda, así que se vistió con las ropas de Fealdad. Y Belleza también siguió su camino.

Y hasta hoy día hombres y mujeres confunden una con la otra.

Sin embargo, algunos hay que contemplan el rostro de Belleza y saben que no lleva sus vestiduras. Y algunos otros que conocen el rostro de Fealdad, y sus ropas, no lo ocultan a sus ojos.


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30 págs. / 54 minutos / 363 visitas.

Publicado el 29 de noviembre de 2017 por Edu Robsy.

Ella, Hija de la Sabiduría

Henry Rider Haggard


Novela


Dedicatoria

En anteriores años los libros Ella y Ayesha fueron dedicados a ANDREW LANG. Ahora, que él ha muerto, la última novela que será escrita acerca de "Ella-la-que-debe-ser-obedecida" es ofrecida como tributo a su amada y honrada memoria.

Ditchingham, 1922.

Nota del editor

¿Cuál fue el mayor defecto de Ayesha, Ella-la-que-debía-ser-obedecida? Seguramente una vanidad tan colosal que, para tomar uno entre muchos ejemplos, la persuadió de que su madre había muerto después de contemplarla por temor a que, en caso de seguir con vida, pudiera dar a luz a otro hijo menos bello.

En cualquier caso, como lo indica su historia, fue la vanidad, antes que el amor por ese hermoso griego, Kalíkrates, lo que tiñó las manos de Ella con su inocente sangre, y, entre otros infortunios, la empujó hacia la terrible maldición de la inmortalidad mientras todavía habitaba una esfera donde la Muerte es señora de todo. Si Amenartas no le hubiese echado en cara la decadencia de su belleza imperial, roída por los dientes del Tiempo, ella jamás hubiera desobedecido la orden de su maestro, el Profeta Noot, ni entrado a ese Fuego de la Inmortalidad cuyo deber era custodiar.

Así parece que, en virtud de la abnegación, ella hubiese podido escapar de la red de numerosas aflicciones de la que acaso aún se halle prisionera; y de Ayesha, Hija de la Sabiduría, aunque Esclava de Holly, no habría historia que contar, y de su parábola de eterna guerra entre carne y espíritu, no habría lección que aprender. Pero la Vanidad ―¿o fue el Destino?― la condujeron por otro camino.


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371 págs. / 10 horas, 49 minutos / 388 visitas.

Publicado el 4 de enero de 2018 por Edu Robsy.

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