Textos más recientes no disponibles que contienen 'u' | pág. 53

Mostrando 521 a 530 de 1.917 textos encontrados.


Buscador de títulos

textos no disponibles contiene: 'u'


5152535455

El Concepto de la Angustia

Søren Kierkegaard


Psicología, filosofía


In memoriam

Esta obra se la dedico al
profesor Poul Martín Moller,

amante dichoso del helenismo, admirador de Homero,
confidente de Sócrates, intérprete de Aristóteles
—alegría de Dinamarca en su «Alegría por Dinamarca»,
el cual, aun «viajando muy lejos», nunca dejó de
«recordar el verano danés»— y a quien tanto admiro
y tanto echo de menos.


Información texto

Protegido por copyright
202 págs. / 5 horas, 53 minutos / 1.779 visitas.

Publicado el 2 de noviembre de 2017 por Edu Robsy.

Historia de los Reyes de Britania

Geoffrey de Monmouth


Historia


PREFACIO Y DEDICATORIA

(1) A menudo he pensado en los temas que podrían ser objeto de un libro, y, al decidirme por la historia de los reyes de Britania, me tenía maravillado no encontrar nada —aparte de la mención que de ellos hacen Gildas y Beda en sus luminosos tratados— acerca de los reyes que habían habitado en Britania antes de la encarnación de Cristo, ni tampoco acerca de Arturo y de los muchos otros que lo sucedieron después de la encarnación, y ello a pesar de que sus hazañas se hicieran dignas de alabanza eterna y fuesen celebradas, de memoria y por escrito, por muchos pueblos diferentes.

(2) En estos pensamientos me encontraba cuando Walter, archidiácono de Oxford, hombre versado en el arte de la elocuencia y en las historias de otras naciones, me ofreció cierto libro antiquísimo en lengua británica que exponía, sin interrupción y por orden, y en una prosa muy cuidada, los hechos de todos los reyes britanos, desde Bruto, el primero de ellos, hasta Cadvaladro, hijo de Cadvalón. Y de este modo, a petición suya, pese a que nunca había yo cortado antes de ahora floridas palabras en jardincillos ajenos, satisfecho como estoy de mi rústico estilo y de mi propia pluma, me ocupé en trasladar aquel volumen a la lengua latina. Pues, si inundaba la obra de frases ampulosas, no lograría otra cosa que aburrir a mis lectores, al obligarlos a detenerse más en el significado de las palabras que en la comprensión de los objetivos de mi historia.


Información texto

Protegido por copyright
228 págs. / 6 horas, 39 minutos / 803 visitas.

Publicado el 31 de octubre de 2017 por Edu Robsy.

Segundo Tratado Sobre el Gobierno Civil

John Locke


Política, tratado político


I. Prefacio.

1. Quedó demostrado en la disertación precedente:

Primero. Que Adán no tuvo, ni por natural derecho de paternidad ni por donación positiva de Dios, ninguna autoridad sobre sus hijos o dominio sobre el mundo, cual se pretendiera.

Segundo. Que si la hubiera tenido, a sus hijos, con todo, no pasara tal derecho.

Tercero. Que si sus herederos lo hubieren cobrado, luego, por inexistencia de la ley natural o ley divina positiva que determinare el correcto heredero en cuantos casos llegaren a suscitarse, no hubiera podido ser con certidumbre determinado el derecho de sucesión y autoridad.

Cuarto. Que aun si esa determinación hubiere existido, tan de antiguo y por completo se perdió el conocimiento de cuál fuere la más añeja rama de la posteridad de Adán, que entre las razas de la humanidad y familias de la tierra, ya ninguna guarda, sobrepujando a otra, la menor pretensión de constituir la casa más antigua y acreditar tal derecho de herencia.


Información texto

Protegido por copyright
160 págs. / 4 horas, 41 minutos / 4.326 visitas.

Publicado el 29 de octubre de 2017 por Edu Robsy.

El Espíritu de las Leyes

Montesquieu


Política, tratado político


PRÓLOGO DEL AUTOR

Si en el cúmulo infinito de cosas, que se contienen en esta obra, existiese alguna que contra mi esperanza pudiera ofender; no la habrá por lo menos, que haya sido escrita con mala intención. Yo naturalmente no tengo el genio desaprobador. Platón daba gracias al cielo de que le hubiera hecho nacer en el siglo de Sócrates, y yo se las doy de que me haya hecho nacer bajo el gobierno en que vivo, y de que haya querido que obedezca a los que al mismo tiempo me ha hecho amar.

Pido a mis lectores un favor, y temo que me lo nieguen: pido que no juzguen por la lectura de un momento de un trabajo de veinte años, y que aprueben o condenen mi libro entero, y no alguna de sus frases. Para averiguar el objeto de un autor es absolutamente preciso conocer el objeto de la obra.

Antes de escribir he examinado cuidadosamente los hombres, y me he convencido de que, en la infinita diversidad de sus leyes y costumbres, no pueden ser conducidos solamente por su albedrío.

He sentado los principios, y he visto acomodarse a ellos los casos particulares espontáneamente, que las historias de las naciones no eran más que sus consecuencias, y que toda ley tenía relación con otra ley, o dependía de otra mas general.

Cuando he recordado la antigüedad, he procurado poseerme de su espíritu para no mirar como semejantes, casos absolutamente distintos.

No he deducido mis principios de mis preocupaciones, sino de la naturaleza de las cosas.

Muchas de las verdades que se contienen en esta obra, no se darán a conocer hasta que se haya encontrado la cadena que enlaza las unas con las otras. Cuanto más se reflexiona sobre los pormenores, resultará mayor convicción de la exactitud de los principios. Y sin embargo, yo me he abstenido de entrar en todos los pormenores, porque es imposible escribirlo todo sin causar un fastidio mortal.


Información texto

Protegido por copyright
689 págs. / 20 horas, 6 minutos / 720 visitas.

Publicado el 29 de octubre de 2017 por Edu Robsy.

El Sueño de Escipión

Marco Tulio Cicerón


Historia


I. Cuando llegué al África, de tribuno de la cuarta legión, como sabéis, bajo las órdenes del cónsul Manio Manilio, nada me agradó tanto como reunirme con Masinisa, rey muy amigo de nuestra familia por justas razones. Apenas llegué ante él, abrazóme el anciano y rompió en sollozos, algún tiempo después miró al cielo y dijo: «Os doy gracias, oh gran sol, y vosotros, cuerpos celestiales, porque antes de emigrar de esta vida, veo en mi reino y en mi palacio a Publio Cornelio Escipión, en cuyo nombre mismo me recreo; así nunca se aparta de mi espíritu el recuerdo de aquel varón óptimo e invencible.» A continuación le pregunté acerca de su reino, él se informó de nuestra república y en pláticas varias de una y otra parte se nos pasó aquel día.

Después de ser acogido con un banquete fastuoso, proseguimos la conversación hasta muy avanzada la noche, a pesar de que el viejo rey no hablaba de otra cosa diferente del Africano, y recordaba no sólo sus hazañas, sino también sus palabras. Luego nos separamos para ir a descansar, y fatigado por el viaje, y después de haber velado hasta muy entrada la noche, se apoderó de mí un sueño más profundo del ordinario. Entonces se me presentó —creo que por lo que habíamos hablado; pues generalmente ocurre que nuestros pensamientos y conversaciones producen en el sueño algo parecido a lo que escribe Enio de Homero, en quien, en efecto, solía pensar, y de quien hablaba con mucha frecuencia cuando velaba— se presentó el Africano, en aquella figura que me era más conocida por su imagen (de cera), que por su rostro mismo. Cuando lo reconocí me sobresalté, pero él me dijo: «Conserva la serenidad y depón el temor, Escipión, y guarda en tu memoria lo que te diré.


Información texto

Protegido por copyright
9 págs. / 16 minutos / 553 visitas.

Publicado el 29 de octubre de 2017 por Edu Robsy.

Diario de un Seductor

Søren Kierkegaard


Diario


Prologo

Sua passion predominante é la giovin principiante.

DON GIOVANNI, aria
 

Me cuesta dominar la ansiedad que me acomete en este instante en que me resuelvo a transcribir, con el mayor cuidado, la copia que entonces hice con precipitación y con el corazón alterado. Pero incluso hoy, no obstante, siento idéntica inquietud y me hago idénticos reproches. No habían cerrado la mesa escritorio y todo se encontraba a mi disposición. Habla un cajón abierto. En él, sobre algunos papeles sueltos, se hallaba un volumen en cuarto, encuadernado con óptimo gusto. Estaba abierto en la primera página, en la que, en un pequeño recuadro de papel blanco, dejó escrito de su puño y letra: Comentarius perpetuus n° 4. Estoy tratando de serenarme, diciéndome que de no haber estado abierto el libro y de no haber sido tan sugestivo el título, no me hubiese vencido la tentación con tanta facilidad. El título resultaba bastante extraño, más que por sí mismo, por el lugar en el que se hallaba. Al examinar brevemente los papeles sueltos, comprendí que se trataba, de episodios amorosos, alguna alusión a aventuras personales y también borradores de cartas.


Información texto

Protegido por copyright
136 págs. / 3 horas, 59 minutos / 1.328 visitas.

Publicado el 28 de octubre de 2017 por Edu Robsy.

Las Aventuras de Pinocho

Carlo Collodi


Cuento infantil


I

Cómo fue que el maestro Cereza, carpintero de oficio, encontró un palo que lloraba y reía como un niño.

Había una vez…

—¡Un rey! —dirán en seguida mis pequeños lectores.

—No, muchachos, se equivocan. Había una vez un pedazo de madera.

No era una madera de lujo, sino un simple pedazo de leña de esos palos que en invierno se meten en las estufas y chimeneas para encender el fuego y caldear las habitaciones.

No recuerdo cómo ocurrió, pero es el caso que, un día, ese trozo de madera llegó al taller de un viejo carpintero cuyo nombre era maestro Antonio, aunque todos lo llamaban maestro Cereza, a causa de la punta de su nariz, que estaba siempre brillante y roja como una cereza madura.

Apenas vio el maestro Cereza aquel trozo de madera, se alegró mucho y, frotándose las manos de gusto, murmuró a media voz:

—Esta madera ha llegado a tiempo; con ella haré la pata de una mesita.

Dicho y hecho. Cogió en seguida un hacha afilada para empezar a quitarle la corteza y a desbastarla. Cuando estaba a punto de dar el primer golpe, se quedó con el brazo en el aire, porque oyó una vocecita muy suave que dijo:

—¡No me golpees tan fuerte!

¡Figúrense cómo se quedó el buen viejo!

Giró sus espantados ojos por toda la habitación, para ver de dónde podía haber salido aquella vocecita, y no vio a nadie. Miró debajo del banco, y nadie; miró dentro de un armario que estaba siempre cerrado, y nadie; miró en la cesta de las virutas y del aserrín, y nadie; abrió la puerta del taller, para echar también una ojeada a la calle, y nadie. ¿Entonces?…

—Ya entiendo —dijo, riéndose y rascándose la peluca—; está claro que esa vocecita me la he figurado yo. Sigamos trabajando.

Y, volviendo a tomar el hacha, descargó un solemnísimo golpe en el trozo de madera.


Información texto

Protegido por copyright
131 págs. / 3 horas, 49 minutos / 468 visitas.

Publicado el 28 de octubre de 2017 por Edu Robsy.

Cuentos Completos

Edgar Allan Poe


Cuento


William Wilson


«¿Qué decir de ella?
¿Qué decir de la torva conciencia,
de ese espectro en mi camino?».

(Chamberlayne, Pharronida)
 

Permitidme que, por el momento, me llame a mí mismo William Wilson. Esta blanca página no debe ser manchada con mi verdadero nombre. Demasiado ha sido ya objeto del escarnio, del horror, del odio de mi estirpe. Los vientos, indignados, ¿no han esparcido en las regiones más lejanas del globo su incomparable infamia? ¡Oh proscrito, oh tú, el más abandonado de los proscritos! ¿No estás muerto para la tierra? ¿No estás muerto para sus honras, sus flores, sus doradas ambiciones? Entre tus esperanzas y el cielo, ¿no aparece suspendida para siempre una densa, lúgubre, ilimitada nube?


Información texto

Protegido por copyright
946 págs. / 1 día, 3 horas, 37 minutos / 1.739 visitas.

Publicado el 27 de octubre de 2017 por Edu Robsy.

La Muerte de Séneca

Tácito


Historia


Tras esto mandó matar Nerón a Plautio Laterano, cónsul electo; tanta prisa hubo que no dieron tiempo al reo para abrazar a sus hijos ni aun para elegir la muerte. Le llevaron al lugar en que ejecutaban a los esclavos y allí fue muerto por el Tribuno Estacio; conservó hasta el último momento la constancia en no hablar y no reprochó al tribuno su complicidad en la misma conspiración. Siguió después la muerte de Séneca, con gran júbilo por parte del príncipe, no porque estuviese seguro de su participación en la conjura, sino para terminar por medio de la fuerza lo que no pudo hacer el veneno. Solamente Natal había nombrado a Séneca, diciendo que estando éste enfermo había ido a visitarle y a quejarse de que se le negase la entrada a Pisón; mejor era que los dos se encontrasen en la intimidad y cultivasen su amistad. Séneca respondió que “esas conversaciones no convenían a ningunos de los dos, pues, por lo demás, su propia salvación dependía de la de Pisón”. Gavío Silvano, tribuno de una cohorte pretoriana, recibió la orden de transmitir esto a Séneca y de preguntarle si reconocía las palabras de Natal y su propia respuesta. Séneca, por casualidad, o tal vez de intento, había regresado aquel día de Campania y se detuvo a cuatro millas de Roma en una de esas casas de campo. Allí llegó el tribuno al caer la tarde y rodeo la casa con un pelotón de soldados. Séneca cenaba en compañía de su esposa, Pompeya Paulina, y de dos amigos, cuando el tribuno le comunicó el mensaje del emperador.


Información texto

Protegido por copyright
3 págs. / 6 minutos / 328 visitas.

Publicado el 27 de octubre de 2017 por Edu Robsy.

De las Costumbres, Sitios y Pueblos de la Germania

Tácito


Historia


I. El Rhin y el Danubio dividen a toda la Germania de las Galias, Retias y Panonias , y de los Sarmatas y Dacios algunas montañas o el miedo que se tienen los unos a los otros. El Océano cerca lo demás, abrazando grandísimas islas y golfos, y algunas naciones y reyes, de que con la guerra se ha tenido noticias poco ha . El Rhin, saliendo de lo más alto e inaccesible de los Alpes de la Retia, y habiendo corrido un poco hacia Occidente, vuelve derecho hasta meterse en el Océano septentrional. El Danubio nace en la cumbre de Abnoba , monte, aunque alto, no áspero, y habiendo pasado por muchas y diferentes tierras, entra en el mar Pontico por seis bocas, que la séptima, antes de llegar a la mar, se pierde en las lagunas.


Información texto

Protegido por copyright
30 págs. / 54 minutos / 172 visitas.

Publicado el 27 de octubre de 2017 por Edu Robsy.

5152535455