DIARIO DEL MARQUÉS DE ROSEVEYRE
12 DE JUNIO 1880.— ¡A Loëche! ¡Quieren que vaya a pasar un mes
a Loëche! ¡Misericordia!¡ Un mes en esta ciudad que dicen ser la más
triste, la más muerta, la más aburrida de las villas! ¡Qué digo, una
ciudad! ¡Es un agujero, no una ciudad! ¡Me condenan a un mes de baño... ,
en fin!
13 DE JUNIO.— He pensado toda la noche en este viaje que me
espanta ¡Solo me queda una cosa por hacer, voy a llevar una mujer!
¿Podrá distraerme esto, tal vez? Y además yo aprenderé, con esta prueba,
si estoy maduro para el matrimonio.
Un mes a solas, un mes de vida en común con alguien, de una vida en
pareja completa, de conversación a todas las hora del día y de la
noche.¡Diablos!
Estar con una mujer durante un mes, es verdad, no es tan grave como
tenerla de por vida; pero es de por sí mucho más serio que estar con
ella por una noche. Sé que podré devolverla, con algunos cientos de
luises; ¡pero entonces permaneceré solo en Loëche, lo que no es nada
divertido!
La elección será difícil. No quiero ni una coqueta ni una espabilada.
Es necesario que no me sienta ni ridículo ni orgulloso de ella. Quiero
que se diga: “El marqués de Roseveyre está de buena suerte”; pero no
quiero que se cuchichee: “ Ese pobre marqués de Roseveyre!”. En suma,
tengo que exigir a mi pasajera compañera todas las cualidades que
exigiría a mi compañera definitiva. La única diferencia que se puede
establecer es aquella que existe entre el objeto nuevo y el objeto de
ocasión.¡Bah!, ¡se puede encontrar, voy a pensar en ello!
14 DE JUNIO.— ¡Berthe!... He aquí mi acompañante. Veinte años,
guapa, recién salida del Conservatorio, esperando un papel, futura
estrella. Buenos modales, altivez, carácter y... amor. Objeto de ocasión
pudiendo pasar por nuevo.
Información texto 'A las Aguas'