Personajes
FABIO
MARCELLI
MAZETTO, mozo de teatro
CORILLA, prima donna
El bulevar de Santa Lucía, en Nápoles, cerca de la Ópera.
Corilla
Fabio, Mazetto
FABIO. Si me engañas, Mazetto, estás haciendo un triste oficio…
MAZETTO. El oficio no es mejor; pero le sirvo fielmente. Vendrá esta noche, le digo; ha recibido sus cartas y sus ramos.
FABIO. ¿Y la cadena de oro, y el broche de piedras finas?
MAZETTO. No debe usted dudar de
que le hayan llegado también, y tal vez las reconocerá usted en su
cuello y en su cintura; sólo que la forma de esas joyas es tan moderna,
que no ha encontrado todavía ningún papel en el que pudiese llevarlas
como parte de su traje.
FABIO. Pero ¿me ha visto tan
siquiera? ¿Me ha notado en el lugar donde estoy sentado todas las noches
para admirarla y aplaudirla, y puedo pensar que mis regalos no serán la
única causa de su decisión?
MAZETTO. ¡Bah, señor!, lo que
usted ha dado no es nada para una persona de esos vuelos; y en cuanto se
conozcan ustedes mejor, le responderá con algún retrato rodeado de
perlas que valdrá el doble. Lo mismo digo de los veinte ducados que me
ha entregado usted ya, y de los otros veinte que me ha prometido en
cuanto tenga usted la seguridad de su primera cita; no es más que dinero
prestado, ya se lo he dicho, y le volverán un día con grandes
intereses.
FABIO. Hombre, no espero nada de eso.
MAZETTO. No, señor, tiene usted
que saber con qué gente trata, y que, lejos de arruinarse, está usted
aquí en el verdadero camino de hacer fortuna; sírvase pues hacerme
efectiva la suma convenida, porque me veo obligado a ir al teatro para
cumplir mis funciones de cada noche.
FABIO. ¿Pero por qué no ha dado respuesta, y no ha señalado una cita?
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