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Asia

Iván Turguéniev


Novela corta


I

Tenía yo entonces veinticinco años —empezó N. N.—, así que, como ven, se trata de una historia muy antigua. Acababa de alcanzar una posición independiente y había partido para el extranjero, no con intención de «completar mi educación», como se decía en aquella época, sino simplemente porque tenía ganas de recorrer esos mundos de Dios. Gozaba de buena salud, era joven, de ánimo alegre, no me faltaba el dinero, las preocupaciones aún no habían tenido tiempo de visitarme, vivía libre de agobios, hacía cuanto se me antojaba; en una palabra, florecía. Por aquel entonces no se me pasaba por la cabeza que el hombre no es una planta y que no puede florecer mucho tiempo. Lajuventud se alimenta de dorados alfajores y se figura que es el pan de cada día; pero llega un tiempo en que hasta el pan le falta. Pero no merece la pena que hablemos de esa cuestión.


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57 págs. / 1 hora, 40 minutos / 527 visitas.

Publicado el 28 de enero de 2017 por Edu Robsy.

Autobiografía

Gilbert Keith Chesterton


Biografía


I. Testimonio de oídas

Doblegado ante la autoridad y la tradición de mis mayores por una ciega credulidad habitual en mí y aceptando supersticiosamente una historia que no pude verificar en su momento mediante experimento ni juicio personal, estoy firmemente convencido de que nací el 29 de mayo de 1874, en Campden Hill, Kensington, y de que me bautizaron según el rito de la Iglesia anglicana en la pequeña iglesia de St. George, situada frente a la gran Torre de las Aguas que dominaba aquella colina. No pretendo que exista ninguna relación significativa entre ambos edificios y niego rotundamente que se eligiera aquella iglesia porque yo necesitara para convertirme en cristiano toda la energía hidráulica del oeste de Londres.


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349 págs. / 10 horas, 11 minutos / 399 visitas.

Publicado el 14 de octubre de 2017 por Edu Robsy.

Bâtard

Jack London


Cuento


Bâtard (“bastardo” en francés) era un demonio. Esto era algo que se sabía por todas las tierras del Norte. Muchos hombres lo llamaban «Hijo del Infierno», pero su dueño, Black Leclère, eligió para él el ofensivo nombre de Bâtard. Y como Black Leclère era también un demonio, los dos formaban una buena pareja. Hay un dicho que asegura que cuando dos demonios se juntan, se produce un infierno. Esto era de esperar, y esto fue lo que sin duda se esperaba cuando Bâtard y Black Leclère se juntaron. La primera vez que se vieron, siendo Bâtard un cachorro ya crecido, flaco y hambriento y con los ojos llenos de amargura, se saludaron con gruñidos amenazadores y perversas miradas, porque Leclère levantaba el labio superior y enseñaba sus dientes blancos y crueles, como si fuera un lobo. Y en esta ocasión lo levantó, y sus ojos lanzaron un destello de maldad, al tiempo que agarraba a Bâtard y lo arrancaba del resto de la camada, que no cesaba de revolcarse. La verdad es que se adivinaban el pensamiento, porque tan pronto como Bâtard clavó sus colmillos de cachorro en la mano de Leclère, le cortó éste la respiración con la firme presión de sus dedos.

—Sacredam —dijo en francés, suavemente, mientras se quitaba con un movimiento de la mano la sangre que, rápida, había brotado tras la mordedura, y dirigía la vista al cachorrillo que jadeaba sobre la nieve, tratando de recuperar la respiración.

Leclère se volvió hacia John Hamlin, el tendero de Sixty Mile Post.

—Por esto es por lo que más me gusta. ¿Cuánto? ¡Oiga usted, M'sieu! ¿Cuánto quiere? ¡Se lo compro ahora mismo! ¡Inmediatamente!


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19 págs. / 34 minutos / 85 visitas.

Publicado el 29 de septiembre de 2016 por Edu Robsy.

Beatriz

Honoré de Balzac


Novela


Dedicatoria A SARA

Señora:

En tiempo claro, a orillas del Mediterráneo, por donde otrora se extendía el elegante imperio de su nombre, el mar deja ver a veces, bajo la gasa de sus aguas, una flor marina, maravilla de la naturaleza; el encaje de sus filamentos teñidos de púrpura, de pardo, de rosa, violeta u oro, la frescura de sus vivientes filigranas, el terciopelo de su tejido, todo se marchita en cuanto la curiosidad la extrae y la expone sobre la arena. De igual modo el sol de la publicidad ofendería la piadosa modestia de usted. Por eso yo, al dedicarle esta obra, debo callar un nombre que ciertamente constituiría un orgullo para ella; mas, al amparo de este semisilencio, sus manos magníficas podrán bendecirla; su frente sublime podrá inclinarse sobre ella ensoñando; sus ojos, llenos de amor maternal, podrán sonreiría, ya que usted estará en ella presente y oculta a la vez. Igual que aquella perla de la flora marina, usted permanecerá en la arena fina, tupida y blanca del fondo, donde florece su hermosa vida, escondida por las ondas, diáfana solamente para algunos ojos amigos y discretos.

Hubiese querido poner a sus pies una obra en armonía con sus perfecciones; pero si esto es imposible, al menos, como consuelo, espero satisfacer uno de los instintos de usted ofreciéndole algo que tomar bajo su protección.

DE BALZAC

Aux Jardies, diciembre 1836.


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250 págs. / 7 horas, 18 minutos / 221 visitas.

Publicado el 1 de abril de 2017 por Edu Robsy.

Beowulf

Anónimo


Poema épico


¡Oh, atended! Hemos oído recitar la gloria de los reyes de los
daneses de las lanzas en los días de antaño, y cómo estos prínci-
pes llevaron a cabo hazañas de valor. Aquel que fuera encontra-
do triste y abandonado, Scyld Scefing, expulsó a las numerosas
huestes enemigas de los bancos en los que bebían su hidromiel,
infundiendo miedo entre los hombres. Vivió para conocer tal
alegría, creciendo poderoso bajo el cielo y prosperando en ho-
nor, hasta que todo a su alrededor, más allá del mar donde
cabalga la ballena, hubo de prestarle oídos y rendirle pleitesía
—¡fue un buen rey!

Después, le nació un heredero, un niño para su corte, en-
viado por Dios para alivio del pueblo, al ver la cruda nece-
sidad que padeció durante tanto tiempo por la ausencia de
un príncipe. Por ello, el Señor de la Vida, que gobierna en
la gloria, le otorgó honores entre los hombres: afamado fue
Beow, y la gloria del heredero de Scyld en Escania se extendió
lejos y por todas partes. Así es cómo un joven hace posible,
mediante buenas acciones y regalos generosos, mientras vive
al amparo de su padre, que al llegar su momento se le unan
los leales caballeros de su tabla, y las gentes lo apoyen cuando
venga la guerra. En cualquier pueblo, son las dignas acciones
las que ennoblecen a un hombre.


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90 págs. / 2 horas, 37 minutos / 1.073 visitas.

Publicado el 18 de febrero de 2017 por Edu Robsy.

Birouk

Iván Turguéniev


Cuento


Regresaba de cazar, solo, en drochka. Para llegar a mi casa faltaban aún ocho verstas. Mi buena yegua recorría con paso igual y rápido el camino polvoriento, aguzaba las orejas y de vez en cuando soltaba un relincho en seguida sofocado.

Mi perro nos seguía a medio paso de las ruedas traseras. En el aire se olía la tormenta.

Lentamente, frente a mí, se levantaba una nube violácea, por encima del bosque; vapores grises corrían a mi encuentro, las hojas de los sauces se removían susurrantes.

El calor, hasta entonces sofocante, dejó paso a una frescura húmeda, penetrante.

Espoleé a la yegua, descendí al barranco, atravesé el lecho desecado, cubierto de espinos, y al cabo de algunos minutos me interné en el bosque.

El camino serpenteaba entre masas de nogales y avellanos; reinaba profunda oscuridad, y yo avanzaba al azar.

Mi pequeño vehículo chocaba contra las raíces nudosas de tilos y encinas centenarias, o bien se hundía en las huellas dejadas por otros carros.

La yegua empezó a sentir miedo.

Un viento impetuoso vino a penetrar en el bosque, ruidosamente, y sobre las hojas caían gruesas gotas de agua. Un relámpago cruzó el firmamento y le siguió el estampido de un trueno.

La lluvia se convirtió en un verdadero torrente, que me obligó a reducir la marcha; mi yegua se embarraba; yo no veía a dos pasos de mí.

Me guarecí en el follaje.

Acurrucado, tapada la cara, me armé de paciencia para aguardar el fin de la tormenta.

Al resplandor de un relámpago, distinguí a un hombre en el camino. Venía hacia donde yo me hallaba.

—¿Quién eres? —me preguntó con voz atronadora.

—¿Y tú?

—Soy el guardabosque.

Y cuando me hube identificado:

—¡Ah!, ya sé, ibas a tu casa —dijo.

—¿Oyes la tormenta?

—Es tremenda —respondió la voz.


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6 págs. / 10 minutos / 121 visitas.

Publicado el 20 de octubre de 2016 por Edu Robsy.

Captura

Sofía Valentina Montiron.


Poesia/ relato corto.


Quisiera poder hablarle al olvido. Que me haga olvidar que alguna vez me besaste tan lindo que en nadie más pude recuperar esa sensación de que el presente es presente porque estábamos nosotros. En un lío tridimensionalmente casi pacífico, pero faltaba algo para que se ordenara y se convirtiera en estabilidad. Esos triángulos que nunca los entendí, ¿funcionan? Digo, no veo muchas formas triangulares: las calles, los reportes, el sol que da en mi lente. Vos, yo, el sol, el reflejo nuevamente. Vos no. Vos ya no.

Me tocó el hombro como un niño que quiere algo de manera instantánea, que no te da tiempo a contestarle que primero tenés que ver si contás con el dinero, o hacer la fila, esperar que la fila se vaya adelantando, esperar que le llegue el pago a la empleada, que le diga "que tenga buenas tardes, vuelva pronto". Encontrar la plata, contar una vez y volver a contar para darle el dinero, que cuente su vuelto y vuelva a contarlo en voz alta para que yo vea bien que esa persona no me está dando de menos. Decirle que no lo quiero para regalo, sino que es un regalo para el niño, pero que no hace falta envolverlo. O sí... le pregunto al niño, pero lo quiere tan rápido que envolver en papeles un regalo que quiere ser tocado de manera inmediata con sus respectivas manitos es demasiado arriesgado para una mente tan activa. Me lo da, se lo doy. Silencio dormido del deseo, ahora está feliz, yo también. Y él... él está en su mundo buscando, tal vez, una forma que no sea triangular.

¿Seguirá con vida? Pensaba mientras la cajera me decía "vuelva pronto". 

Nunca más se sabe de alguien que quiere saberse para siempre. 

Gracias, que tengas buen día.


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1 pág. / 1 minuto / 21 visitas.

Publicado el 14 de junio de 2026 por Sofia.Montiron..

Carta a las Mujeres

San Juan Pablo II


Mujer, Valor, Virtudes, Dignidad


A vosotras, mujeres del mundo entero, os doy mi más cordial saludo:

1. A cada una de vosotras dirijo esta carta con objeto de compartir y manifestar gratitud, en la proximidad de la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer, que tendrá lugar en Pekín el próximo mes de septiembre.

Ante todo deseo expresar mi vivo reconocimiento a la Organización de las Naciones Unidas, que ha promovido tan importante iniciativa. La Iglesia quiere ofrecer también su contribución en defensa de la dignidad, papel y derechos de las mujeres, no sólo a través de la aportación específica de la Delegación oficial de la Santa Sede a los trabajos de Pekín, sino también hablando directamente al corazón y a la mente de todas las mujeres. Recientemente, con ocasión de la visita que la Señora Gertrudis Mongella, Secretaria General de la Conferencia, me ha hecho precisamente con vistas a este importante encuentro, le he entregado un Mensaje en el que se recogen algunos puntos fundamentales de la enseñanza de la Iglesia al respecto. Es un mensaje que, más allá de la circunstancia específica que lo ha inspirado, se abre a la perspectiva más general de la realidad y de los problemas de las mujeres en su conjunto, poniéndose al servicio de su causa en la Iglesia y en el mundo contemporáneo. Por lo cual he dispuesto que se enviara a todas las Conferencias Episcopales, para asegurar su máxima difusión.

Refiriéndome a lo expuesto en dicho documento, quiero ahora dirigirme directamente a cada mujer, para reflexionar con ella sobre sus problemas y las perspectivas de la condición femenina en nuestro tiempo, deteniéndome en particular sobre el tema esencial de la dignidad y de los derechos de las mujeres, considerados a la luz de la Palabra de Dios.

El punto de partida de este diálogo ideal no es otro que dar gracias.


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13 págs. / 23 minutos / 218 visitas.

Publicado el 22 de agosto de 2017 por Juan Jose Suarez.

Cartas desde la Tierra

Mark Twain


Sátira


Introducción

El Creador se sentó sobre el trono, pensando. Tras de sí, se extendía el continente ilimitado del cielo, impregnado de un resplandor de luz y color. Ante Él, como un muro, se elevaba la noche del Espacio. En el cenit, Su poderosa corpulencia descollaba abrupta, semejante a una montaña. Y Su divina cabeza refulgía como un sol distante. A sus pies había tres arcángeles, figuras colosales disminuidas casi hasta desaparecer por el contraste, con las cabezas al nivel de sus tobillos. Cuando el Creador hubo terminado de reflexionar, dijo:

“He pensado, ¡contemplad!”.

Levantó la mano, y de ella brotó un chorro de fuego, un millón de soles maravillosos que rasgaron las tinieblas y se elevaron más y más y más lejos, disminuyendo en magnitud e intensidad al traspasar las remotas fronteras del Espacio, hasta ser, al fin, puntas de diamantes resplandeciendo en el vasto techo cóncavo del universo.

Al cabo de una hora fue disuelto el Gran Consejo.

Sus miembros se retiraron de la Presencia impresionados y cavilosos, dirigiéndose a un lugar privado donde pudieran hablar con libertad. Ninguno de los tres quería tomar la iniciativa, aunque cada uno deseaba que alguien lo hiciera. Ardían en deseos de discutir el gran acontecimiento, pero preferían no comprometerse hasta saber cómo lo consideraban los demás. Se desarrolló así una conversación vaga y llena de pausas sobre asuntos sin importancia, que se arrastró tediosamente, sin objetivo, hasta que por fin el arcángel Satanás se armó de valor –del que tenía una buena provisión— y abrió el fuego.

Dijo: —todos sabemos el tema a tratar aquí, señores, y ya podemos dejar los fingimientos y comenzar. Si ésta es la opinión del Consejo…

—¡Lo es, lo es!—, expresaron Gabriel y Miguel, interrumpiendo agradecidos.


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55 págs. / 1 hora, 37 minutos / 215 visitas.

Publicado el 11 de marzo de 2018 por Edu Robsy.

Ciropedia

Jenofonte


Novela, Diálogo, Tratado, Política, Estrategia


LIBRO I

Dificultad que supone gobernar seres humanos

Una vez se nos ocurrió reflexionar sobre cuántas democracias han sido derrocadas por quienes preferían regirse con un régimen distinto del democrático, y sobre cuántas monarquías y cuántas oligarquías han sido ya, a su vez, abolidas por el pueblo, y sobre el hecho de que, de cuantos intentaron imponer la tiranía, unos fueron inmediatamente derrocados, y otros, por poco tiempo que se hayan mantenido en el poder, son objeto de admiración por haber sido varones tan sabios y afortunados. Nos pareció haber observado que también en las viviendas particulares muchos amos, unos con mayor número de criados y otros con muy pocos, no son capaces de mantener ni siquiera a estos pocos en actitud obediente. Además, seguíamos reflexionando sobre el hecho de que gobernantes son los boyeros de sus bueyes, los yegüeros de sus caballos y que todos los que reciben el nombre de pastores podrían también ser considerados razonablemente gobernantes de los animales a cuyo cuidado están; pues bien, nos parecía apreciar que todos estos rebaños obedecen de mejor grado a sus pastores que los hombres a sus gobernantes. En efecto, los rebaños van exclusivamente por donde los pastores los dirigen, pacen en los lugares a los que los conducen y se mantienen alejados de aquellos de los que los apartan. Además, permiten a los pastores hacer el uso que quieran de los productos que se obtienen de ellos y aún no tenemos noticias de que nunca un rebaño se rebelara contra su pastor, ni para desobedecerle ni para impedirle hacer uso de sus productos, sino que, al contrario, los rebaños son más ariscos con cualquier extraño que con quienes los gobiernan y sacan provecho de ellos. Los hombres, en cambio, contra nadie se levantan más que contra aquellos en quienes noten intención de gobernarlos.


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334 págs. / 9 horas, 44 minutos / 300 visitas.

Publicado el 12 de marzo de 2017 por Edu Robsy.

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