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El Emperador Púrpura

Robert Chambers


Cuento


Un souvenir heureux est peut-être, sur terre,
Plus vrai que le bonheur.

A. DE MUSSET

I

El Emperador Púrpura me observó en silencio. Volví a echar la caña, lanzando casi dos metros de sedal impermeable y, tras el siseo del hilo surcando el aire sobre el estanque, vi mis tres moscas posarse en el agua como vilanos a la deriva. El Emperador Púrpura lanzó una mirada desdeñosa.

—Lo ve —dijo—, tengo razón. No hay ni una sola trucha en Bretaña que salte a por un cebo de mosca.

—Pues en Norteamérica sí lo hacen —repliqué.

—¡Caramba! ¡Por Norteamérica! —apostilló el Emperador Púrpura.

—Y las truchas pican con cebos de mosca en Inglaterra —insistí secamente.

—¿Es que cree que me importa lo que haga la gente en Inglaterra? —exclamó el Emperador Púrpura.

—A usted no le importa nada excepto usted mismo y sus asquerosas orugas —dije, más enfadado de lo que había estado hasta ese momento.

El Emperador Púrpura resopló. Sus anchos, imberbes y curtidos rasgos revelaban una expresión obstinada que siempre lograba sacarme de mis casillas. Quizás la forma en que llevaba el sombrero intensificaba esta irritación, con aquella ala blanda apoyada sobre ambas orejas, y las dos finas cintas de terciopelo que colgaban de la hebilla de plata delantera agitándose y bailoteando hasta con la más insignificante brisa. Sus astutos ojos y su puntiaguda nariz no tenían nada que ver con el resto de su obeso y enrojecido rostro. Cuando me miró a los ojos, dejó escapar una risotada.

—Sé más sobre insectos que ningún hombre de Morbihan… o Finistère, de hecho —afirmó.

—El Almirante Rojo sabe tanto como usted —repliqué.

—No es cierto —contestó el Emperador Púrpura enojado.


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25 págs. / 44 minutos / 257 visitas.

Publicado el 3 de enero de 2017 por Edu Robsy.

La Barquera

Robert Chambers


Cuento


Cuando terminó de fumar la pipa golpeó suavemente su cazoleta contra la chimenea, hasta que las cenizas cayeron en forma de gris polvillo sobre los chamuscados leños. Luego tomó asiento en su sillón, tocó distraídamente la cazoleta de la pipa con la yema de los dedos y así la dejó que se enfriara para guardarla luego en su bolsillo. Por dos veces consultó el pequeño reloj americano que descansaba sobre la repisa de la chimenea. Aún tenía que esperar media hora.

Las tres velas que iluminaban la estancia aún podrían durar mucho tiempo. Y, en consecuencia, podría hacer algunas cosas, Había un par de tijeras abiertas sobre el bureau y se levantó para recogerlas. Durante un rato permaneció abriéndolas y cerrándolas distraídamente, mientras sus ojos examinaban la estancia. Había un caballete de pintor en un rincón y una pila de lienzos tras él; detrás de las pinturas había una sombra... aquella sombra gris y amenazadora que jamás se movía.

Tras haber recortado un poco los pabilos de las velas, limpió las ahumadas tijeras con un trapo ya sucio de pintura y volvió a colocarlas sobre el bureau. El reloj marcaba las diez; había estado ocupado exactamente tres minutos.

El bureau estaba lleno de corbatas, pipas, peines, cepillos, cerillas, libros, cuellos, pasadores de camisa, un par nuevo de calcetines de caza escoceses y una cesta de costura de mujer.

Recogió todas las corbatas, las plegó por la mitad y las colgó en un perchero en forma de rústica cama que sobresalía junto al espejo; los pasadores de camisa los guardó en el cajón superior en compañía de los cepillos, peines y calcetines. Limpió el polvo de los libros y colocó éstos metódicamente sobre la repisa de la chimenea. Por dos veces extendió la mano para coger la cesta de la costura, pero la mano cayó de nuevo a lo largo de su costado y se volvió para contemplar el moribundo fuego.


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5 págs. / 10 minutos / 60 visitas.

Publicado el 3 de enero de 2017 por Edu Robsy.

La Piedra Lunar

Wilkie Collins


Novela


PREFACIO

En alguna de mis novelas anteriores me propuse establecer la influencia ejercida por las circunstancias sobre el carácter. En la presente historia he invertido el proceso. Mi meta ha sido señalar aquí la influencia ejercida por el carácter sobre las circunstancias. La conducta seguida por una muchacha ante una emergencia insospechada constituye el cimiento sobre el que he levantado esta obra.

Idéntico propósito es el que me ha guiado en el manejo de los otros personajes que aparecen en estas páginas. El curso seguido por su pensamiento y su acción en medio de las circunstancias que los rodean resulta, tal como habría ocurrido muy probablemente en la vida real, unas veces correcto, otras equivocado.

Acertada o falsa su conducta, no dejan en ningún instante de regir la acción de aquellas partes del relato que les incumben a cada uno, frente a cualquier evento.

En lo que atañe al experimento psicológico que ocupa un lugar destacado en las últimas escenas de La Piedra Lunar he puesto allí, una vez más, en juego tales principios. Previa documentación efectuada no sólo en los libros, sino también recogida de labios de vivientes autoridades en la materia respecto al probable desenlace que dicho experimento hubiera tenido en la realidad, he declinado echar mano del privilegio que todo novelista posee de imaginar lo que podría ocurrir, estructurando mi relato de manera de hacerlo surgir como una consecuencia de lo que en verdad hubiese ocurrido…, cosa que, me permito declarar ante el lector, acaece realmente en estas páginas.


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676 págs. / 19 horas, 43 minutos / 548 visitas.

Publicado el 5 de enero de 2017 por Edu Robsy.

Sin Nombre

Wilkie Collins


Novela


Para
Francis Carr Beard
(Miembro del Real Colegio de Cirujanos de
Inglaterra)
En recuerdo de la época en que se escribieron
las últimas escenas de esta historia

PREFACIO

El propósito principal de esta historia es despertar el interés del lector por un tema que han tratado algunos de los más grandes escritores, vivos o muertos, pero que ni ha sido agotado ni podrá agotarse nunca, pues se trata de un tema que interesará siempre a la humanidad. Aquí se presenta otro libro que describe la lucha de un ser humano bajo las influencias opuestas del Bien y del Mal, influencias que todos hemos sentido, que todos conocemos. En mi ánimo estaba convertir a «Magdalen», que personifica esta lucha, en un personaje patético incluso en su terquedad y su error, y he intentado con todas mis fuerzas obtener ese resultado por el medio menos importuno y menos artificial de todos: ateniéndome estrictamente, durante todo el libro, a la verdad tal como es en la Naturaleza. No ha sido fácil cumplir con este propósito, y me ha servido de gran aliento (durante la publicación de la historia en forma periódica) saber, con la autoridad que dan sus muchos lectores, que el objetivo que me había marcado puede considerarse conseguido hasta cierto punto.


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838 págs. / 1 día, 27 minutos / 239 visitas.

Publicado el 6 de enero de 2017 por Edu Robsy.

El Rey Lear

William Shakespeare


Teatro, Drama


PERSONAJES

LEAR, rey de Bretaña.
EL REY DE FRANCIA.
EL DUQUE DE BORGOÑA.
EL DUQUE DE CORNUALLES.
EL DUQUE DE ALBANIA.
EL CONDE DE GLOUCESTER.
EL CONDE DE KENT.
EDGARDO, hijo legítimo del conde de Gloucester.
EDMUNDO, bastardo del conde de Gloucester.
CURAN, cortesano.
UN MÉDICO.
UN BUFÓN.
OSVALDO, intendente de Goneril.
UN CAPITÁN, a las órdenes de Edmundo.
UN OFICIAL, adicto a Cordelia
UN HERALDO.
UN ANCIANO, vasallo del conde de Gloucester.
Servidumbre del duque de Cornualles.
Caballeros del séquito del rey Lear, oficiales, mensajeros, soldados.

Hijas del Rey de Lear.

GONERIL
REGAN
CORDELIA

La escena tiene lugar en Bretaña.

ACTO PRIMERO

ESCENA I

Palacio del rey Lear

Entran el CONDE de KENT, el CONDE de GLOUCESTER y EDMUNDO.

EL CONDE DE KENT.—Siempre creí al rey más inclinado al duque de Albania que al duque de Cornualles.

EL CONDE DE GLOUCESTER.—Lo mismo creíamos todos; pero hoy, en el reparto que acaba de hacer entre los de su reino, ya no es posible afirmar a cual de los dos duques prefiere. Ambos lotes se equilibran tanto, que el más escrupuloso examen no alcanzaría a distinguir elección ni preferencia.

EL CONDE DE KENT.—¿No es ése vuestro hijo, milord?

EL CONDE DE GLOUCESTER.—Su educación ha corrido a mi cargo, y tantas veces me he avergonzado de reconocerle que al fin mi frente, trocada en bronce, no se tiñe ya de rubor.

EL CONDE DE KENT.—No os entiendo.


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Protegido por copyright
96 págs. / 2 horas, 48 minutos / 616 visitas.

Publicado el 12 de enero de 2017 por Edu Robsy.

El Hotel Encantado

Wilkie Collins


Novela


Primera Parte

I

Hacia 1860, la reputación del doctor Wybrow, médico londinense, había llegado a su apogeo. Se decía que las rentas de las que disfrutaba gracias al ejercicio de su profesión eran las más altas que jamás médico alguno había obtenido.

Una tarde, a finales de julio, cuando el doctor había dado fin a su almuerzo tras una mañana intensa en su consultorio, y con una enorme lista de visitas para efectuar fuera de su domicilio que deberían ocuparle el resto de la jornada, el criado le anunció que una dama deseaba verle.

—¿Quién es? —preguntó el doctor—. ¿Una desconocida?

—Sí, señor.

—No recibo desconocidos fuera de las horas de consulta. Dígale a qué hora puede volver y despídala.

—Ya se lo he dicho, señor.

—¿Bien… y qué?

—Que no quiere irse.

—¿Que no quiere irse? —Y el doctor sonrió al repetir las mismas palabras. A su manera, poseía un agudo sentido del humor, y en aquella situación había un aspecto absurdo que le divertía—. ¿Por lo menos ha dado su nombre esa obstinada señora? —preguntó.

—No, señor; no ha querido darlo… dice que no puede esperar, que el asunto es demasiado importante para aplazarlo. Está en la consulta, y no se me ocurre como echarla.

El doctor Wybrow reflexionó unos instantes. Su conocimiento de las mujeres (profesionalmente hablando) se apoyaba en una experiencia de más de treinta años; las había conocido de todas clases, especialmente de aquella que ignora por completo el valor del tiempo y que no vacila jamás en escudarse tras los privilegios de su sexo. Una mirada al reloj le convenció de que no podía demorar su excursión cotidiana a los hogares de sus enfermos. Decidió tomar la única resolución que le permitían las circunstancias. En pocas palabras: intentó escapar.


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Protegido por copyright
153 págs. / 4 horas, 28 minutos / 362 visitas.

Publicado el 13 de enero de 2017 por Edu Robsy.

El Río Culpable

Wilkie Collins


Novela


Capítulo I. Camino del río

Por motivos personales no quise acompañar a mi madrastra a una cena que se ofrecía aquella noche en nuestro vecindario. Dado mi estado de ánimo, prefería estar solo; y para pasar el rato, pensé que lo mejor sería ir a cazar insectos.

Provisto de un pincel y una mezcla de ron y melaza, tomé el camino del bosque de Fordwitch con la intención de disponer la trampa, bien conocida por los cazadores de polillas, que llamamos endulzar los árboles.

El atardecer de verano era cálido y tranquilo; era esa hora entre el crepúsculo y la oscuridad. Después de haber pasado diez años en tierras extranjeras advertí ciertos cambios en los alrededores del bosque que me alertaron para no entrar demasiado confiado, ya que podía tener alguna dificultad para encontrar el camino.

Me detuve ante los primeros árboles y pinté los troncos con la traicionera mezcla, que atrae a los insectos nocturnos y los deja atontados en cuanto se instalan en su insalubre superficie. Colocada la trampa, esperé a que las polillas se intoxicasen.

Pero nada hay, más cansado y aburrido que esperar. La arboleda era muy tupida, más oscura aún que el firmamento. No se movía ni una sola hoja de los árboles. Eché de menos el murmullo del viento. Aquel bosque no quería regalarme su dulce canción de verano.

El primer enemigo aéreo no tardó mucho en aparecer. El cielo estaba algo tapado, pero los conozco bien por experiencia. No pocas han sido las veces que he perdido un valioso ejemplar de polilla por culpa de un murciélago en busca de su cena.


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Protegido por copyright
141 págs. / 4 horas, 8 minutos / 75 visitas.

Publicado el 13 de enero de 2017 por Edu Robsy.

Señora o Señorita

Wilkie Collins


Novela


Personajes:

Sir Joseph Graybrooke (Caballero)

Richard Turlington (del Comercio con el Levante)

Launcelot Linzie (del Colegio de Cirujanos)

James Dicas (del Registro de Abogados)

Thomas Wildfang (Marinero jubilado)

Señorita Graybrooke (Hermana de Sir Joseph)

Natalie (Hija de Sir Joseph)

Lady Winwood (Sobrina de Sir Joseph)

Amelia Sophia y Dorothea (Hijastras de Lady Winwood)

Tiempo: actual (mediados del siglo XIX)

Lugar: Inglaterra

1. En el mar

La noche había finalizado. El día recién nacido esperaba por avivar su luz en un silencio que se desconoce en tierra firme, el silencio que en un mar en calma precede a la salida del Sol.

No llegaba ni un soplo de aire. El agua, inmóvil, carecía de rizos. El único cambio era el de la luz, que aumentaba poco a poco, con suavidad; el único movimiento era el de la perezosa neblina, que ascendía serpenteando al encuentro del Sol, su amo, hacia el Este del mar. Muy paulatinamente, a medida que el velo etéreo de la mañana se levantaba, se volvía cada vez más fino, hasta que en los primeros rayos de la luz solar se pudo divisar el alto velamen blanco de una goleta.

Un gran silencio reinaba en la embarcación, de proa a popa, igual que el silencio que reinaba en el mar.


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Protegido por copyright
100 págs. / 2 horas, 55 minutos / 142 visitas.

Publicado el 28 de enero de 2017 por Edu Robsy.

La Máscara Robada

Wilkie Collins


Novela


INTRODUCCIÓN

Puede ocurrir que algunos lectores de esta historia tengan en su poder una «máscara» —o una cabeza— de escayola del rostro de Shakespeare, una de las reproducciones en vaciado del famoso busto de Stratford que se pusieron a la venta hace algún tiempo. Las circunstancias bajo las cuales se obtuvo el molde original se las oí relatar, una vez, a un amigo de quien guardo un cariñoso recuerdo y con quien estoy en deuda por el ejemplar que poseo hoy en día.

Hace algunos años, se contrató a un cantero para efectuar unos arreglos en la iglesia de Stratford-upon-Avon. Mientras se ocupaba de estas reparaciones, el cantero se las arregló —sin levantar sospechas, pensaba él— para fabricar un molde del busto de Shakespeare. Sin embargo, se descubrió lo que había hecho e, inmediatamente, las autoridades, encargadas de la custodia del busto original, lo amenazaron con penas y sanciones legales muy severas, aunque no especificaron de qué delito se le acusaba. El pobre hombre estaba tan asustado por las amenazas que rápidamente empaquetó sus herramientas y, cogiendo el molde, se marchó de Stratford. Después, el cantero expuso su caso a personas con capacidad para aconsejarle, quienes le dijeron que no debía temer ningún castigo y que, si consideraba que podría venderlos, hiciera tantos moldes del busto como quisiera y los pusiera a la venta en cualquier lugar. El cantero siguió el consejo, realizó cuidadosamente sus reproducciones del busto en bloques de mármol negro y vendió un gran número de ellas no solo en Inglaterra, sino también en América. Debe añadirse que este cantero había destacado siempre por su extraordinaria veneración a Shakespeare, que llevó a tal extremo que llegó a asegurar al amigo —de quien luego recibí esta información— que él, que era viudo, ¡se habría vuelto a casar solo si hubiera conocido a una mujer que fuera descendiente directa de William Shakespeare!


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Protegido por copyright
105 págs. / 3 horas, 4 minutos / 98 visitas.

Publicado el 28 de enero de 2017 por Edu Robsy.

Confesiones de un Bribón

Wilkie Collins


Novela


AL LECTOR

Las siguientes páginas fueron escritas hace más de veinte años y desde entonces, se han venido publicando periódicamente en «Household Words».

Tal como fue publicado originariamente, «El Bribón» fue acogido muy favorablemente. Año tras año, fui retrasando la reedición, haciéndome eco de la propuesta de mi viejo amigo Mr. Charles Reade, que sugería matizar más y alargar las aventuras del héroe en Australia, pero la oportunidad de llevar a cabo este proyecto, realmente ha resultado ser una oportunidad perdida de mi vida. Reedito la historia sin alterar el final original, pero con adiciones ocasionales y mejoras que, espero, la harán más merececedora de atención en el momento actual.

El lector crítico, puede observar, posiblemente, un tono de alegría casi bulliciosa en ciertas partes de estas confesiones imaginarias. Sólo puedo alegar, en mi defensa, que la historia ofrece el fiel reflejo de una etapa muy feliz de mi vida pasada. Fue escrita en París, cuando tuve a Charles Dickens de vecino cercano y compañía diaria, y cuando gastaba alegremente las horas de ocio con muchos otros amigos, todos relacionados con la literatura y el arte, de los cuales el admirable comediante Regnier, es ahora el único sobreviviente. La revisión de estas páginas ha sido para mí una tarea melancólica. Sólo puedo esperar que animen los momentos de tristeza de los demás. «El Bribón» sin duda puede reclamar dos méritos, al menos, a los ojos de la nueva generación: que esta obra no contiene dos momentos serios seguidos, y que «no se necesita mucho tiempo para leerlo».

Wilkie Collins.

GLOUCESTER PLACE, LONDRES, 6 de Marzo de 1879.


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145 págs. / 4 horas, 14 minutos / 122 visitas.

Publicado el 28 de enero de 2017 por Edu Robsy.

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