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Erec y Enide

Chrétien de Troyes


Novela, Novela de Caballerías


Introducción

Dice el villano en su proverbio que a veces se menosprecia algo que vale mucho más de lo que se piensa; por ello actúa adecuadamente quien teniendo conocimiento lo aplica bien, pues aquel que lo descuida podría callar algo que después sería muy agradable. Por esto dijo Chrétien de Troyes que es justo que cada uno piense y ponga siempre su empeño en hablar y enseñar bien: de un cuento de aventuras ha sacado un relato muy hermoso por el cual se prueba y se sabe que actúa más sabiamente aquel que no abandona su ciencia, de acuerdo con la gracia que Dios le otorga; el cuento trata de Erec, hijo de Lac, y aquellos que quieren vivir de contarlo, suelen destrozarlo y corromperlo delante de reyes y condes. Comenzaré ahora la narración que permanecerá en la memoria mientras dure la cristiandad; de esto se envanece Chrétien.

Caza del Ciervo Blanco y encuentro con el enano felón

El día de Pascua, en primavera, el rey Artús había reunido la corte en Caradigán, su castillo; nunca se vio tan rica corte, pues tenía muchos y buenos caballeros, atrevidos, valerosos y fieros, y también ricas damas y doncellas, hijas de reyes, hermosas y gentiles; antes que la corte se separara, el rey dijo a sus caballeros que quería cazar el Ciervo Blanco a fin de restablecer la costumbre. A mi señor Galván no le satisfizo demasiado cuando oyó esta proposición:


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123 págs. / 3 horas, 35 minutos / 885 visitas.

Publicado el 7 de marzo de 2017 por Edu Robsy.

Desconsuelo

Ramón Llull


Poesía, Religión


I

Dios: con vuestra virtud abro este Desconsuelo,
y lo hago cantando, por sí así me consuelo,
y porque cuente en él el pecado y entuerto
que hace el hombre con vos, que le juzgaréis muerto.
Y cuanto más consuélome, más se arredra mi pecho,
pues de dolor e ira es mi ánimo puerto,
y mi consuelo para en grave desconsuelo.
Y así en trabajo estoy a la vez que en recreo,
no tengo amigo alguno que me dé algún consuelo,
sino tan solo vos, por quien gran peso llevo,
cayendo y levantándome, y en tan duro estamento
que nada veo ni oigo que pueda darme aliento.

II

Cuando crecí y sentí del mundo vanidad,
empecé a obrar mal y en el pecado a entrar;
olvidando al Glorioso, seguí carnalidad;
mas plugo a Jesucristo, por su grande piedad,
cinco veces en cruz venírseme a mostrar,
para que, recordándole, me fuese a enamorar,
tanto, que procurase poderle predicar
por todo el mundo, y que se dijese verdad,
de su trinidad y que se quiso encarnar;
por lo que fui inspirado con tan gran voluntad
que otra cosa no amé sino al Señor honrar:
de servirle de grado aquí fue el comenzar.

III

Cuando consideré del mundo el estamento,
cuán pocos son cristianos y cuántos hay incrédulos,
en mi ánimo tuve aqueste pensamiento:
de prelados y reyes partiría al encuentro
y de los religiosos, por tal ordenamiento
que pasaje siguiérase y tal predicamento,
que con hierro y madera y veraz argumento,
de nuestra fe se diera tan grande ensalzamiento
que los infieles fuesen a parar en conversos.
Y tratando este asunto treinta años ya llevo
sin poderlo obtener, de lo que harto me duelo,
tanto, que muchas veces llorando languidezco.


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Publicado el 8 de marzo de 2017 por Edu Robsy.

Joseph Balsamo, Memorias de un Médico

Alejandro Dumas


Novela


PROLOGO

I. CAMINAR A CIEGAS

A la margen izquierda del Rin, cerca de la imperial ciudad de Worms, y hacía el sitio donde nace el pequeño río Selz, empiezan a elevarse las primeras cordilleras de innúmeras montañas, cuyos erizados picos parecen alejarse hacia el Norte, simulando una manada de espantados búfalos que se pierden entre la bruma.

Estas montañas, que desde la cumbre dominan ya aquel país casi desierto, y que semejan la comitiva de la más alta, tiene cada una un nombre particular que expresa su forma o recuerda alguna tradición.

Llámase una la Silla del Rey, la otra la Piedra de los Agavanzos, ésta la Roca de los Halcones y aquélla la Cresta de la Serpiente.

La más alta de todas, la que parece llegar al cielo, ceñida la granítica frente de una corona de ruinas, es la Montaña de los Truenos. Cuando la noche condensa la sombra de los árboles y el crepúsculo vespertino dora las altas cumbres de esta familia de gigantes, parece que el silencio desciende lentamente desde las sublimes gradas del cielo hasta la llanura, y que un brazo invisible y poderoso desenvuelve de sus flancos, para extenderlo sobre el mundo cansado por los ruidos y penalidades del día, ese inmenso manto azulado, en cuyo fondo brillan las estrellas. Entonces todo pasa insensiblemente de la vigilia al sueño, todo enmudece sobre la tierra. Únicamente en medio de este silencio solemne, el riachuelo a que nos hemos referido prosigue día y noche su curso misterioso bajo los abetos de la orilla, hasta desembocar en el caudaloso Rin, que es su muerte. La arena de su seno es tan fresca, sus cañas tan flexibles y sus peñas se hallan tan cubiertas de suave musgo y saxífragas, que sus ondas no producen el más pequeño ruido desde Morsheim, donde principia, hasta el lugar en donde termina.


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1.348 págs. / 1 día, 15 horas, 20 minutos / 681 visitas.

Publicado el 9 de marzo de 2017 por Edu Robsy.

Las Dos Dianas

Alejandro Dumas


Novela


PRIMERA PARTE

I. UN HIJO DE CONDÉ Y UNA HIJA DE REY

Era el día 5 de mayo del año 1551. De una casita de humilde apariencia salieron una mujer de unos cuarenta años próximamente y un mancebo de diez y ocho, y atravesaron juntos el pueblo de Montgomery, que radica en la región de Auge.

Era el mancebo uno de esos tipos de raza normanda, de cabellos castaños, ojos azules, dientes blancos como la nieve y labios sonrosados. Llamaba la atención la finura y satinado de su cutis, cualidad que con frecuencia da a los hombres del Norte una belleza femenina que resta poder a la energía varonil, no menos que su talle fuerte y flexible a la vez, que parecía participar de las características de la encina y de la caña. Vestía con sencillez y elegancia un jubón de paño color violeta adornado con bordados de seda del mismo color. Del mismo paño que el jubón eran sus calzas, bordadas en seda como aquél. Completaban su atavío unas botas altas de cuero negro, de las que solían usar los pajes y los escuderos, y una gorra de terciopelo, ligeramente ladeada y adornada con una pluma blanca, que daba sombra a su frente, espejo de calma y de entereza varonil.

Su caballo, cuyas riendas había pasado por su brazo, le seguía irguiendo de vez en cuando su cabeza para aspirar el aire, y recibiendo con relinchos de alegría las emanaciones que aquél le traía.

La mujer parecía pertenecer, si no a la clase social más humilde, por lo menos a la que se hallaba colocada entre ésta y la que llamamos media. Vestía con extremada sencillez, pero a la par con aseo y limpieza tan exquisitos, que parecían irradiar elegancia. El mancebo habíala ofrecido varias veces su brazo, que ella se negó a tomar cual si considerase que suponía un honor excesivamente alto para ella.


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894 págs. / 1 día, 2 horas, 5 minutos / 234 visitas.

Publicado el 10 de marzo de 2017 por Edu Robsy.

La muchacha de la ventana

Ainhoa Escarti


relato, drama, comedia,


La muchacha de la ventana

 

Una tarde como otra cualquiera en la que mi mente paseaba por la soledad de mi memoria, salí a pasear. Iba meditabundo, paseando más en mí mismo que por la calle. Por un momento miré el sol como brillaba intensamente aunque ya andábamos en noviembre, los rayos recorrían mis manos. Por un segundo miré hacia arriba por ver la intensidad del círculo solar. Y la vi, estaba en la ventana asomada. Su mirada no estaba dirigida hacia ningún sitio concreto, aunque era tan triste que ablandaría hasta al corazón más frío. En este caso el mío. Los rayos me daban en los ojos y aportaban al rostro de la joven una especie de luz celestial. Fue un momento inmortal en cualquier memoria, entonces una lágrima recorrió su rostro y cayó lentamente, vi su viaje a través de la intensa caída. Y su final fue caer en mi boca, la saboreé un momento, nunca probé algo tan exquisito. Se fundió en mi boca en una décima de segundo, y su sabor penetró en todo mi ser. Deje de vagabundear por mí mismo, y seguí mirándola. Era ya de noche y me había sentado para poder contemplarla mejor. Ella estaba tan ensimismada en su tristeza que no se percataba de mi presencia. No quería irme de allí, y dejarla abandonada, pero era de noche y allí en mitad de la nada de un parque muerto no podía dormir. Así que me fui muy de madrugada.


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22 págs. / 39 minutos / 1.166 visitas.

Publicado el 14 de marzo de 2019 por Ainhoa Escarti.

Menéxeno

Platón


Filosofía, Diálogo


SÓCRATES, MENÉXENO

PRÓLOGO

SÓCRATES. — ¿De dónde viene Menéxeno? ¿Del ágora, o de algún otro lugar?

MENÉXENO. — Del ágora, Sócrates, y de la sala del Consejo.

SÓC. — ¿Y qué asunto te llevó, precisamente, a la sala del Consejo? Está bien claro que crees haber llegado al término de la educación y de los estudios filosóficos y que piensas, convencido de que ya estás capacitado, inclinarte hacia empresas mayores. ¿Intentas, admirable amigo , a pesar de tu edad, gobernarnos a nosotros que somos más viejos, para que vuestra casa no deje de proporcionarnos en todo momento un administrador de nuestros intereses?

MEN. — Si tú, Sócrates, me permites y aconsejas gobernar, ése será mi mayor deseo; en caso contrario, no. Concretamente, hoy he acudido a la sala del Consejo porque sabía que la asamblea se disponía a elegir a quien ha de pronunciar el discurso sobre los muertos; pues ya sabes que tienen intención de organizar una ceremonia fúnebre.

SÓC. — Perfectamente; pero ¿a quién han elegido?

MEN. — A nadie; han dejado el asunto para mañana. Creo, sin embargo, que serán elegidos Arquino o Dión.


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Publicado el 13 de marzo de 2017 por Edu Robsy.

De la Tierra a la Luna

Julio Verne


Novela


Capítulo I. El Gun-Club

En el transcurso de la guerra de Secesión de los Estados Unidos, en Baltimore, ciudad del Estado de Maryland, se creó una nueva sociedad de mucha influencia. Es por todos conocida la energía con que el instinto militar se desenvolvió en aquel pueblo de armadores, mercaderes y fabricantes. Simples comerciantes y tenderos abandonaron su despacho y su mostrador para improvisarse capitanes, coroneles y hasta generales sin haber visto las aulas de West Point, y muy pronto comenzaron a rivalizar dignamente en el arte de la guerra con sus colegas del antiguo continente, alcanzando victorias, lo mismo que éstos, a fuerza de prodigar balas, millones y hombres.

Pero esencialmente en lo que los americanos aventajaron a los europeos, fue en la ciencia de la balística, y no porque sus armas hubiesen llegado a un grado más alto de perfección, sino porque se les dieron dimensiones desusadas y con ellas un alcance desconocido hasta entonces. Respecto a tiros rasantes, directos, parabólicos, oblicuos y de rebote, nada tenían que envidiarles los ingleses, franceses y prusianos, pero los cañones de éstos, los obuses y los morteros, no son más que simples pistolas de bolsillo comparados con las formidables máquinas de artillería norteamericana.

No es extraño. Los yanquis no tienen rivales en el mundo como mecánicos, y nacen ingenieros como los italianos nacen músicos y los alemanes metafísicos. Era, además, natural que aplicasen a la ciencia de la balística su natural ingenio y su característica audacia. Así se explican aquellos cañones gigantescos, mucho menos útiles que las máquinas de coser, pero no menos admirables y mucho más admirados. Conocidas son en este género las maravillas de Parrot, de Dahlgreen y de Rodman. Los Armstrong, los Pallisier y los Treuille de Beaulieu tuvieron que reconocer su inferioridad delante de sus rivales ultramarinos.


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171 págs. / 4 horas, 59 minutos / 2.807 visitas.

Publicado el 18 de marzo de 2017 por Edu Robsy.

Cómo Debe el Joven Escuchar la Poesía

Plutarco


Tratado, Filosofía


1

Querido Marco Sedacio, si como decía el poeta Filóxeno, de las carnes las más sabrosas son las que no son carnes, y de los peces los que no son peces, dejemos que lo demuestren aquellos de los que Catón decía que tenían el paladar más sensible que el corazón. Porque de las cosas que se dicen en la filosofía está claro para nosotros que, con las que no tienen aspecto filosófico, los jóvenes precisamente se complacen más y se ofrecen a sí mismos obedientes y sumisos. En efecto, ellos no sólo se entusiasman con placer cuando leen las fábulas de Esopo y las sentencias poéticas y el Ábaris de Heráclides y el Licón de Aristón, sino también cuando leen las doctrinas sobre las almas, si están mezcladas con mitología. Por ello, conviene vigilar cuidadosamente que ellos sean comedidos no sólo en los placeres de la comida y de la bebida, sino, aún más, que se acostumbren a serlo en las audiciones y lecturas, como usan con moderación de un companage que agrada, y tomen de ellas lo útil y saludable, pues ni las puertas cerradas guardan a una ciudad de su conquista, si por una de ellas se deja entrar a los enemigos, ni la continencia en los demás placeres salva al joven, si se entrega, sin darse cuenta, al que viene de la audición.

Pero cuanto más se apegue este placer al hombre que es dado por naturaleza a sentir y razonar, tanto más daña y destruye, si es descuidado, a aquel que lo acepta. Por tanto, ya que no es, quizá, posible ni provechoso apartar de la poesía a un joven de la edad que tienen ahora mi Soclaro y tu Cleandro, debemos vigilarlos muy bien, porque están más necesitados de dirección en las lecturas que en las calles.


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Publicado el 19 de marzo de 2017 por Edu Robsy.

Jettatura

Théophile Gautier


Novela corta


I

El Leopoldo, magnífico barco de vapor toscano que hace el trayecto de Marsella a Nápoles, acababa de doblar la punta de Procida. Todos los pasajeros estaban en el puente, curados del mal de mar ante la vista de la tierra, remedio más eficaz que los dulces de Malta y otras recetas utilizadas en tales casos.


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99 págs. / 2 horas, 53 minutos / 164 visitas.

Publicado el 20 de marzo de 2017 por Edu Robsy.

El Naturalismo en el Teatro

Émile Zola


Ensayo, Crítica


I

¿Tengo necesidad, ante todo, de explicar qué entiendo por naturalismo? Se me ha reprochado mucho esta palabra, se finge todavía no entenderla. Abundan las bromas sobre este tema. No obstante, quiero responder a la pregunta, ya que nunca se aporta claridad suficiente en la crítica.

Mi gran crimen sería el haber inventado y lanzado una palabra nueva para designar una escuela literaria vieja como el mundo. De entrada, creo que no he inventado esta palabra que ya estaba en uso en diversas literaturas extranjeras; todo lo más, lo he aplicado a la evolución actual de nuestra literatura nacional. Después, aseguran que el naturalismo data de las primeras obras escritas; ¿quién ha dicho nunca lo contrario? Esto sólo prueba que procede de las mismas entrañas de la humanidad. Toda crítica, desde Aristóteles a Boileau ha enunciado el principio de que toda obra se debe basar en la realidad. Ésta es una afirmación que me alegra y que me ofrece nuevos argumentos. La escuela naturalista, según la opinión de quienes la atacan o se burlan de ella, está asentada sobre fundamentos indestructibles. No se trata del capricho de un hombre, de la locura de un grupo; ha nacido del trasfondo eterno de las cosas, de la necesidad que tiene todo escritor de tomar por base a la naturaleza. ¡Muy bien! Comprendido. Partamos de ello.


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41 págs. / 1 hora, 12 minutos / 1.044 visitas.

Publicado el 24 de marzo de 2017 por Edu Robsy.

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