Valle sombrío
Dime
tú, valle sombrío, ¿por qué aborreces a los ciegos?
¿Por
qué todo cuanto cruza tus senderos hallará el olvido?
Pues en
ti perecen quienes confían en ti, y los que en ti posan su pie no
tienen ventaja sobre el idiota.
Hace ya tiempo que aquellos ojos
me fueron arrebatados, antes siquiera que lo supiera.
Mis
cuencas fingen distinguir la distancia,
Como quien avanza a
tientas procurando no caer.
Una zancada tras otra, doy tumbos, y
a cada tropiezo dispones una herida para mis pies.
Podrida
llaga, ortiga cruel, fuiste cisterna sin agua y arbusto sin fruto,
como humo que no se puede asir.
No hay en ti, oh valle, sino
espinos, áspides y fieras prestas para el asedio.
En ti sepulté
mis ojos, aquellos que nunca conocieron el sol, ni el mar, ni la
cordura,
Pero no verás nunca ciego más feliz andando y riendo
con las cuencas huecas.
Dichoso el sordo, pues jamás oyó de
ti.
Dichoso el mudo, pues no podrá pronunciar tu
nombre.
Miserable de mí, pues te oí, te nombré y te he visto.
El niño aquel
Y,
de repente, te das cuenta de que siempre fuiste mucho más frágil de
lo que pensabas; que tu razón podría sin más fugarse a jugar a
alguna parte; que, tal vez, un atisbo de amor podría parecer el
demonio mismo posándose sobre tu rostro.
Qué
desconcierto conocer que eres un niño jugando a vivir, como uno que
cree ser hombre y se percata de su inocencia.
Qué
difícil es ver que conservas contigo al niño aquel.
Flores de mundo
De
este mundo nada tomaré,
tras
su amistad engañosa rehúso ir en pos,
jaula
para presa son sus palabras.
Traicionero
es su halago,
y
aun lo más codiciable que puedas notar en él no es más que un
ayer,
Leer / Descargar texto 'Hasta Edén'