Vértigo
Francisco A. Baldarena
cuento
mmons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creative Commons
1 pág. / 1 minuto / 276 visitas.
Publicado el 18 de diciembre de 2021 por Francisco A. Baldarena .
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(Nótese que Azorín habló del "Pequeño Filósofo", pero que jamás hizo mención a los filósofos pequeños).
Martes, 25. La libre competencia
Si me viese en la necesidad de resumir el último siglo en un hecho esencial, no pensaría seguramente en las dos guerras europeas, ni en la española, ni en la bomba atómica, ni en Albertí (que sí es un "hecho esencial"). Simplemente contestaría: la Competencia.
Antes —y me refiero a un antes que no he vivido— no estábamos civilizados, ya que no conocíamos el cepillo de dientes, y suponíamos que el comprador, por el sólo hecho de pagar, tenía derecho a elegir calidad y a cerciorarse de la misma antes de soltar las macarias. ¿Verdad que es cómico?
El fabricante, el vendedor que no ofrecía calidad, ya podía ir encomendándose a Santa Bárbara y, en todo caso, haciendo las maletas para una instructiva y fructífera emigración a la Argentina o a Argel.
La gran lucha de los últimos cien años ha sido ésa, la de la Libre Competencia; la de arrebatar al consumidor sus caprichos y enseñarle a comprar lo que debe y no lo que quiere. A lo sumo, a enseñarle a querer los productos que el fabricante tiene en el mercado.
Muchos de mis lectores recordarán a aquellos magníficos viejos que se ataban los machos antes de hacer una compra y miraban y remiraban el artículo, le daban vueltas en la mano, preguntaban todas sus características al dependiente y, en la mayoría de los casos, exigían una demostración práctica.
¡Qué vergüenza si nosotros, en 1973, hiciéramos lo mismo! Hasta es posible que nos echaran del comercio y nos llamasen agarrados. Porque hoy es de buen tono entrar, coger la cosa a por la que vamos sin sacarla del embalaje de la fábrica y pagarla religiosamente.
No importa que, luego, la "cosa" en cuestión salga defectuosa o no sea de nuestro gusto: esto es la Libre Competencia.
Leer / Descargar texto 'Noctambulario de un Filósofo Pequeño'
Licencia limitada
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Publicado el 17 de diciembre de 2021 por Edu Robsy.
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Publicado el 16 de diciembre de 2021 por Francisco A. Baldarena .
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Publicado el 5 de diciembre de 2021 por Francisco A. Baldarena .
Según doctos pareceres, más daño que una mujer lo hacen sólo dos mujeres.
Ce livre n'est point fait pour circuler dans le monde, et convient á tres-peu de lecteurs. Le style rebutera les gens de gout: la matiére alarmera les gens séveres: tous les sentiments seront hors de la nature pour ceux qui ne croient pas á la verte. Il doit déplaire aux dévots, aux libertins, aux philosophes; il doit choquer les femmes galantes, et scandaliser les honnetes femmes. ¿A qui plaira-t-il donc? Peut-etre á moi seul: mais á coup sur il ne plaira médiocrement á personne.
J. J. Rousseau
Cuando vine al mundo encontré hechos mis libros y sus prólogos; y
mi único mérito consiste en repetir á fines del siglo diez y nueve lo
que otros hombres dijeron en épocas de mayores libertades. Doy gracias á
la reacción.
Silverio Lanza
Una mujer ignorante ó mal dirigida se creyó retratada en uno de mis escritos, y un anónimo de ella me produjo un proceso y una prisión.
Una mujer bendita iba pisando fango para llevarme á la cárcel los dulces consuelos de su cariño.
Cuando terminó aquel proceso me pidió la santa mujer que no ofendiese á la calumniadora, porque ésta era madre. Y la mujer imbécil acaso esté pensando en ultrajar á mi esposa.
Y es que no hay mayor dolor para el perverso que la contemplación de las virtudes ajenas.
Por eso yo, que no soy cruel, nunca ensalzo á los buenos porque entiendo que esto es demasiado castigo para los malos.
Y me limito á describir infamias para que los justos perseveren en la virtud, y los canallas se ejerciten en la escritura.
S. L.
Dios hizo la luz, las aguas, la tierra, los astros, las plantas, los animales, el hombre y la mujer; y no siguió creando porque comprendió, en su infinita sabiduría, que lo iba haciendo muy mal.
Dominio público
293 págs. / 8 horas, 34 minutos / 179 visitas.
Publicado el 1 de diciembre de 2021 por Edu Robsy.
Una noche de invierno, en Madrid, y en la plaza de Oriente...
Es una crueldad que las noches de invierno sean largas, y aunque á esto obligue la variedad de declinaciones del Sol, aprovecho este momento para protestar de la marcha de los astros.
Hacia las cuatro de la madrugada de una noche de invierno, una mujer joven, flaca, mal peinada y mal vestida, mostraba á un niño cubierto de andrajos, la estatua ecuestre del buen rey Felipe IV.
He dicho buen rey con permiso de Quevedo, y, además, porque siempre hablo con respeto de los reyes.
—¿Ves ese? pues también fué rey; pídele dos céntimos y verás como no te los da.
Seguía el rey Felipe IV apoyado en los estribos para defenderse en la empinada del caballo, empinada que tanto maravilla á las gentes, y que, aunque nada tiene de particular, dícese que fué invención de Galileo (?).
—No te los da tampoco. Ya ves que hemos pedido limosna á todos los reyes de la plaza. Pues no han chistado. Para pedir son buenos, pero para dar... Y tú, ¿qué dices?
—Tengo frío.
—Hijo de mi alma. Ven, que te abrigue.
Y quitándose la loca un mugriento pañuelo de seda que llevaba al cuello, cubrió con el la cabeza y los hombros del pálido niño.
—Tienes frío porque tienes hambre. Y tu, ya lo ves, desde que empezó la noche estamos pidiendo y... nada. Los reyes no dan; conque, ya ves. ¿Qué dices?
—Vamos á casa. Tengo sueño.
—Tienes sueño porque tienes hambre.
—Tengo mucho sueño.
—Sí, sí. A casa... A casa. A casa no se puede ir porque está cerrada la casa. ¿Abrirá la puerta el sereno? ó no la abrirá... Y tampoco cenaras en casa.
—Hay pan.
—Pero no está en remojo.
—No importa.
—Sí; no importa; y parece piedra como ese rey que está ahí de espaldas. ¡Qué grande es!
—Y ¿por qué les pides si son de piedra?
Dominio público
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Publicado el 28 de noviembre de 2021 por Edu Robsy.
Lino Delgado, curial activo é inteligente, supo que en la calle de las Tres Cruces, tres triplicado, tercero, vivía D. Francisco de Borja Pérez, en compañía de su ama de gobierno doña María del Carmen Pérez y de una encantadora hija de la doña Carmen y de Paco Pérez, un cochero de punto que murió en Viernes Santo.
Lino dudo de las relaciones intimas entre D. Francisco y doña María, pero no siendo Pepita un pimpollo, era indudable que Don Francisco gratificaría bien á quien se casase con Pepita. Y se casaron.
Pero la muerte arrebato á Don Francisco en la flor de su vejez; y revolvió Lino el Negociado de Ultimas Voluntades y se convenció de que D. Francisco había muerto sin testar.
—No importa, se dijo.
Y al inscribirse en el Registro aquella defunción, apareció doña Carmen como viuda del D. Francisco, y Pepita como huérfana del finado. Y así Pepita Pérez heredo como hija (soltera) de D. Francisco y de doña Carmen, y siguió Pepita Pérez y Pérez (casada), siendo esposa de D. Lino Delgado é hija de doña María del Carmen y de Paco.
Desgraciadamente, no fué satisfecha la vindicta pública, pero el delincuente sufrió su pena, porque otro curial averiguo el delito, y pidió á la mamá—con anuencia de Pepita—la mano de doña Josefa Pérez y Pérez, soltera é hija de D. Francisco y de doña Carmen. Cuando Lino quiso revelarse le remitió su compañero la Ley de Enjuiciamiento criminal.
Lino sigue casado, y sin esposa ni dinero; y el otro marido de Pepita no debe estar tranquilo; porque, si muere Lino Delgado, se casa doña Josefa Pérez y Pérez, viuda, é hija de Paco y de doña María del Carmen, con el primer barbián que la corteje.
Y es que los pillos hacen, casi siempre, la tarea del negro.
Dominio público
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Publicado el 28 de noviembre de 2021 por Edu Robsy.
Ministro á gobernador.
Solucione huelga. Antes convocar Junta de Autoridades y resignar mando exija usted á panaderos mantenimiento del orden.
* * *
Gobernador al ministro.
Solucionada huelga. Recibo plácemes fuerzas vivas. Vuelve vida ordinaria. Trenes llegan con retraso. Robos sin importancia. Asesinatos con carácter ordinario. Tres incendios sin otras complicaciones. Restablecida normalidad.
* * *
Ministro á gobernador.
Felicito también á vuecencia.
Dominio público
1 pág. / 1 minuto / 51 visitas.
Publicado el 28 de noviembre de 2021 por Edu Robsy.
Aunque los curanderos están perseguidos por las leyes, declaro que lo soy, y no extrañara á ustedes lo que voy á referir.
El Sr. D. José Zúñiga é Iriarte, individuo del Cuerpo diplomático, observa, á los dos meses de casado, que su esposa presenta síntomas de demencia. Los doctores P. y Q. recomiendan que la enferma se distraiga, y el Sr. Zúñiga viaja con su esposa.
Convencido de que su mujer se agrava, y teniendo noticia de mis prodigiosas curas, me dispensa el honor de su visita, y, de común acuerdo, voy el siguiente día á almorzar con el diplomático y con su esposa.
La señora está muy delgada, es rubia, tiene los ojos azules, la boca grande y el cutis finísimo. Se fatiga fácilmente y se distrae á menudo.
El Sr. Zúñiga me presenta como poeta y hombre de ciencia. Yo me hago el chiquitín, y la señora no me invita á recitar versos. Observo que hay un piano en el gabinete, suplico á la enferma que nos recuerde alguna obra de las aplaudidas en la última temporada de conciertos, y la señora de Zúñiga contesta con alguna acritud, que el piano está desafinado y que ella toca muy mal. Entablo conversación sobre las bellezas de Nápoles y de Colonia; pido á la esposa su opinión acerca de las orillas del Rhin y de los lagos de Suiza, y me contesta con monosílabos.
Empieza el almuerzo, y la señora reprende al criado porque los huevos están partidos á lo ancho y no á lo largo, y encarga que otra vez sirvan la Bechamel aparte. Las conversaciones se suspenden, y mi copa de vino se tambalea porque la señora de Zúñiga tira del mantel para acercarse el plato.
El sirviente presenta el pescado, y la señora lo rechaza de tal modo, que un lenguado cae sobre la alfombra, y el criado se excusa de no haber traído antes las pechugas á la Financiere.
La señora se serena un poco y me refiere que aquel Burdeos les cuesta á cincuenta reales la botella.
Dominio público
4 págs. / 8 minutos / 62 visitas.
Publicado el 28 de noviembre de 2021 por Edu Robsy.
El tío Pelé arrienda una tierra al tío Melé, para que este la siembre de patatas; y Pisto (juris consultor del pueblo), en una pared de la taberna de Cisco, escribe con lápiz el contrato de la siguiente manera:
Asta 50 arrobas media quartiya por arroba
Asta 100 arrobas una idén idén
Caso que más á medias
* * *
El tío Melé coge 123 arrobas, y dice al tío Pelé:
—¿Quiere usted cobrar á dinero ó especie?
—A dinero.
—¿A cuánto las ponemos?
—A lo que esté.
—Se han medido á ocho perras arroba.
—Pues á eso.
—Pues luego traeré el dinero á la taberna.
* * *
Melé, ante Pisto y demás contertulios, entrega á Pelé 24 pesetas y 20 céntimos.
—¿Cuanto es mi cuenta?—pregunta Pelé á Pisto.
—Cuarenta y nueve pesetas con veinte céntimos.
—¿Por qué?—dice Melé.
—Porque en pasando de 100, se iba á medias: conque la mitad de 123 son 61 y media, que á 80 céntimos, valen 49 con 20.
—No, señor—replica Melé.—Se dijo que hasta 50 media cuartilla por arroba, ó sean seis arrobas y cuartilla; de 50 á 100, una cuartilla, ó sean 12 arrobas y media, y de 100 á 123, la mitad de las 23, ó sean 11 y media, conque todo suma 30 arrobas y cuartilla, que valen 24 pesetas y 20 céntimos.
* * *
Pelé y Melé han llegado á un acuerdo; han partido la diferencia, y
le han dado dos bofetadas á Pisto para que no escriba leyes el que no
sepa escribirlas.
* * *
¡Que cunda el ejemplo!
Dominio público
1 pág. / 1 minuto / 40 visitas.
Publicado el 28 de noviembre de 2021 por Edu Robsy.