El Último Salto
Francisco A. Baldarena
cuento breve
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Publicado el 21 de julio de 2021 por Francisco A. Baldarena .
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Publicado el 21 de julio de 2021 por Francisco A. Baldarena .
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Publicado el 20 de julio de 2021 por Francisco A. Baldarena .
Antonio era un hombre crédulo, profundo y respetuoso admirador de la letra escrita: para él por ejemplo el problema de la existencia de Dios no tenía objeto: los papeles (al menos, los que Antonio pudo leer en su día) decían claramente que sí, luego Dios existía. Por los mismos motivos creían en los impuestos directos, en la caridad cristiana, en la incorruptibilidad de los hombres públicos y en trescientos veintiún (321) detergentes que, cada uno por su lado, lavaban más blanco y más limpio que nadie.
Antonio era crédulo: esta afirmación no necesita de más demostraciones: usaba la viaja y rancia "fe del carbonero"; fe del dependiente, en su caso, pues quince de sus treinta años los había pasado tras el mostrador de una pañería sonriendo a la mujer que buscaba un retalito para falda de verano o a la que necesitaba unas cortinas de colores realmente sólidos.
Antonio era hombre sumamente frugal, sencillo de gustos, dueño de un caprichoso y ulceroso duodeno que le incapacitaba para cualquier tipo de excesos. Gracias a estas especiales circunstancia no se veía obligado, a finales de mes, a hacer extraños equilibrios (y drásticas reducciones) con su presupuesto. Es más, conseguía ahorrar el 19 % del total, cantidad que los primeros sábados de cada mes depositaba en un banco del que había leído en el periódico era "la más sólida garantía del ahorro familiar".
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Publicado el 19 de julio de 2021 por Edu Robsy.
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Publicado el 19 de julio de 2021 por Francisco A. Baldarena .
Uno de los ultimos domingos del verano, seis amigos decidimos salir de excursión, una excursión a la antigua, a base de transportar cada uno parte del condumio, juntarlo todo una vez llegados al lugar y deglutirlo mezclado con reparador vinillo.
Seis éramos, seis. Seis tipos jóvenes, no excesivamente atolondrados ni absolutamente cuerdos. Seis muchachos y un utilitario que debería soportarnos durante algunos quilómetros (pues pensábamos ir a Cala Blanca desde Mahón).
Uno era el encargado del pan. Otro el del vino. Otro llevaría el aceite, el vinagre y la sal; otro más la leche, el tomate y la cebolla para la ensalada. El quinto el fuego y los cacharros de cocina, y el sexto, yo, la comida propiamente dicha. Los huevos y la carne y alguna lata para el aperitivo.
Salimos, por fin, con el retraso previsto. Enfilamos la carretera canturreando sin demasiado éxito. Las canciones entre seis muchachos ni excesivamente atolondrados ni absolutamente cuerdos, pronto degeneran y se vuelven groseras más que picantes. Por ejemplo, aquella que empieza:
"La vaca,
chunda-chún,
del Eleuterio,
chunda-chún,
ha sido sorprendida
en adulterio,
chunda-chún."
No es que nuestros pulcros oídos nos impidiesen escuchar este
tipo de canciones, ni que virginal rubor nos invadiera al oírlas. No,
qué va. Pero como todos conocíamos muy bien sus argumentos, resultaban
un entretenimiento bastante flojo a aquellas alturas.
Terminamos la que estaba empezada:
"Y con eso,
chunda-chún,
de las vacas disipadas,
chunda-chún,
andan los toros a cornadas..."
Entonces voy y propongo que cada uno cuente una historia
divertida mientras llegamos. Somo seis y el coche va cargado, pero sabe
correr: basta con dejarle floja la rienda y despreocuparse. De esta
manera tendremos tiempo de sobra en el camino para contar cada uno
nuestro chiste.
Licencia limitada
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Publicado el 18 de julio de 2021 por Edu Robsy.
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Publicado el 18 de julio de 2021 por Francisco A. Baldarena .
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Publicado el 18 de julio de 2021 por Francisco A. Baldarena .
A no es siempre A (salgo en algunos momentos).
C no es A (hasta que se demuestre lo contrario).
B coincide siempre con A y con C.
Éste es el cuento: un imposible lógico.
(Recuerden: A no es no-A. Si C no es A, B=A no puede coincidir con C. B no puede ser más que B).
Y, sin embargo, uno puede ilustrar el cuento anterior a fin de que la lógica clásica (tan "clásica" como la trirreme) medite largamente.
Imaginen el Buen Hombre que se casó a los veintiocho años, justo en cuanto tuvo apañadito lo porvenir. De eso, por supuesto, hace ya otro veinte. Procedente de un pueblo urbano, sus alternativas estaban entre la "industria" y los "servicios". En la industria, jamás hubiese llegado a gerente; ni siquiera a segundo contable. Y eso lo sabía él. En la industria no se asciende (casi nunca) a las oficinas desde las máquinas. El siervo del acero, como recompensa, cambia de aparato y su escala va desde los más simples e incómodos, casi manuales, a los automáticos y semi-perfectos artilugios que sólo por compromiso tienen a un hombre delante. Después se interrumpe el escalafón. Y, sin máquina ya, uno se convierte en encargado, jefe de sección, de taller o capataz. No más. No queda, por cierto, el tiempo suficiente.
En los servicios, las cosas van de otro modo. Existe realmente una posibilidad de promoción. Existe un escalafón más o menos rígido y ésta es la tabla de náufrago de muchos que, en otras condiciones, hubiesen sido devorados por la máquina.
Dominio público
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Publicado el 18 de julio de 2021 por Edu Robsy.
Los neanderthales se movían inquietos, frotándose repetidamente sus caídos mentones. La cosa merecía la pena, ya que los neanderthales se reúnen exclusivamente por motivos importantes.
—¿Y bien? —dijo uno— ¿Hay que esperar aún más?
Los otros miraron impacientes hacia la entrada de la caverna.
—Creo —gruñó otro— que estamos aquí todos.
—Y si falta alguno —comentó un gracioso— que se espabile y aprenda a ser puntual.
—Es necesario —siguió el que había hablado en primer lugar— que sometamos a votación la nueva ley de caza. Los privilegios que obtendremos de ella os aseguro que compensan con mucho las desventajas que supone...
—¿Y no podríamos cazar cada uno a su aire, como hasta ahora? —dijo un inconformista—. No veo la necesidad de hacer votaciones por esto.
En la cueva estalló un griterío y cada cual quiso dar su opinión sin oír la de los demás. El orden tardó en restablecerse y el jefe-presidente tuvo que golpear, durante mucho tiempo, un bastón de hueso sobre el cráneo perforado de un enemigo.
—Comportémonos como neanderthales civilizados —gritó al fin. Y, luego, con talento más alegre, continuó—. La democracia es la más alta realización social a que podamos aspirar, la cumbre misma de la evolución que nos separa de los demás animales. Por la democracia afirmamos la igualdad de todos los neanderthales y el inalienable derecho a participar en la vida de la comunidad.
—Pues a mí la comunidad me da muchas pataditas en cierto sitio —dijo un muchachote, todavía con poca barba en las mandíbulas.
De nuevo estalló el alboroto y muchos se mostraron indignados por la osadía del jovenzuelo, mientras otros, los más inteligentes, aullaban sus pareceres:
—Mientras estamos aquí discutiendo, los animales se escapan: a esto le llamo yo democracia.
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Publicado el 16 de julio de 2021 por Edu Robsy.
"Esto no es cierto. Cuando lo sea, los tiempos habrán llegado".
Internista Sr. D. Víctor. Consultas los martes y jueves.
—Buenos días, señorita.
—Buenos días. Usted dirá.
Rogelio mira la sala de espera: doce personas sobre doce sillas, un jarrón vacío, unas revistas en mal estado y una enfermera protegida tras una rectilínea mesa de material plástico.
—Quisiera ver al doctor.
—¿Tiene hora?
Rogelio consulta su reloj de pulsera un poco extrañado.
—Las nueve y media.
—No, no. Digo que si tiene hora fijada para la consulta.
—No, no. Resulta que me duele aquí. Bastante, ¿sabe usted? En el taller me han dicho que viniera para acá a que me...
—Lo siento. El doctor Víctor tiene mucho trabajo.
—Sí, claro. Lo siento. Pero como me duele...
La enfermera se apiada y consulta su libro: uno de esos cuadernos de tapas impresionantes donde se escribe el nombre del enfermo y la hora de visita que le corresponde. Rogelio parpadea angustiado: no es un quejica, pero desde la mañana los dolores son más y más fuertes y algo tiene que hacerse para acabarlos.
—No va a poder ser esta mañana... A ver... Sí: por la tarde hay un huequecito. A las siete. ¿Le va bien?
—Sí, sí. No creo que sea algo importante, pero en el taller me han dicho: ve a donde el doctor Víctor, y yo...
—Tenga. Rellene este cuestionario con todos los detalles y me lo entrega luego.
Rogelio no tiene bolígrafo, pero no sabe cómo decírselo a la enfermera. Además, su letra no es muy clara y siente los doce pares de ojos de los doce pacientes metidos en su espinazo: le vigilan para que no les pise la vez y se les cuele.
—No he cogido el bolígrafo... Como no sabía que hiciera falta...
—Tenga.
Súbitamente desconfiada, la enfermera le avisa:
Licencia limitada
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Publicado el 16 de julio de 2021 por Edu Robsy.