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Me he estado reencontrando conmigo en esta cuarentena

Alberto Cruz


Narrativa


Hoy he recordado que las tortillas para que no se peguen, después de comer un poco, así calientitas, recién tomadas de la hielera de la tiendita; (recuerdo, que, de niño, las comía recién salidas de la máquina del “Molino del Rey”) debes separarlas para que no se peguen. Y así ya las puedes ocupar con facilidad después para unos chilaquiles con huevo; sí, se doran las tortillitas, en aceite acitronado, que has partido en pequeños triángulos, se les echa el huevo, una poquita de sal y listo.

Hoy me hice unos taquitos así con la tortilla puesta directamente en la parrillita ¿así se dice?; de la estufa, y les puse un tantito de chorizo bien cocidito, es una delicia comerlos ahí parado frente a la estufa y luego morder un chile verde y tomar agua y ponerme sal en los labios; pero es una fortuna saber de mí, ¿sabes de ti, qué sabes de ti? Yo ahora sé muy bien que tengo labios y lengua y un poco de masa para la cena

La masa para ocuparla, he recordado en mi reencuentro, que la debes “abrir” para que no se agrie, ¿así se dice?, y así sin meterla al refri porque se endurece; entonces uno no batalle para amasarla y convertirla en algo delicioso. Cuando abro el refri, ahora que hablo del refri, es como una cueva fría, me alumbra el rostro y comienzo a acomodar todo lo que he ido acumulando y veo ahí el platito muy discreto con un tantito de café molido en mi molcajete para evitar algún olor malsano porque luego soy un descuidado con la sopa que no me comí, quien sabe cómo pero la dejo destapada. Sí, lo admito, soy algo desorganizado. Si vieran ustedes, además del refri, en casa, la de papeles…


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Creative Commons
1 pág. / 1 minuto / 136 visitas.

Publicado el 24 de mayo de 2020 por ALBERTO CRUZ.

Una breve descripción.

Antonio Viale


amor, sentimientos, relatos cortos


Una de las preguntas que más ronda en mi cabeza es como es ella, para una persona que ama a otra, si realmente la ama, esa persona va a ser la mejor del mundo no importa sus circunstancias, su físico, nada.

Ella es una persona que solamente estado presente me hace feliz, cada risa, cada llanto, cada momento, se recuerda y esos momentos son los que influyen en una relación de maneras que otras cosas, yo viví muchos momentos con ella más malos que buenos, pero lo que valía la pena era nuestro inicio, pasamos de ser desconocidos a ser unas personas muy cercanas unos amigos que se contaban todo se decían las cosas sin filtros, no eran ellos mismos sin el otro.

Es la mejor sensación del mundo sentir que una persona no te va a fallar y te va a apoyar y estar para vs, eso no se consigue en cualquier lado y es lo que yo tenía, pero le falle y es algo de lo que me arrepiento eternamente porque desde ahí empezó a no ser lo mismo pero eso lo voy a hablar en otro momento.

Para poder entender a otra persona primero hay que entenderse a uno mismo por el sentido de saber cómo te va a entender la otra persona y si eso funciona, la relación va a ser muy buena porque a pesar de saber las debilidades del otro también van a saber la fortaleza y como ayudarla en sus peores momentos y entre los dos van a formar lazos irrompibles por que se hacer bien entre ellos.


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Licencia limitada
2 págs. / 3 minutos / 130 visitas.

Publicado el 24 de mayo de 2020 por antonioviale.

SUICIDIO

Andrés Patiño Rodríguez


Suicidio, Nocturno, Fragmentos.


>>SUICIDIO<<

 

Fragmento No. 251

08-03-2019

21:35H

 

“¡Por supuesto que yo también pensé en suicidarme!”, comenté unos meses después con mucho valor. Ese fue el día de la derrota, una ciudad extraña, una habitación extraña, personas extrañas, mi peor versión.

Los antidepresivos cumplían muy bien su función, me dejaban en un sueño profundo, inhibiendo lo mejor de mí, así pastilla tras pastilla, se asomaban las ideas suicidas, ¡Pesaban una tonelada!

Recuerdo esos ojos vacíos al verme al espejo, no tenía ninguna respuesta… Asomarme a la ventana, ir a la cocina, deambular por el pueblo en la noche, todo conducía a un solo camino: El suicidio.

La duda era una constante, sentir la voluntad de hierro que forjé por años flaquear con el más pequeño pensamiento, era una decepción; lo que construí en mi vida carecía de absoluto sentido.

Y sin pensarlo, una noche simplemente me confesé, ella fue la salvación y sin conocerme, diría las palabras correctas: “Aférrate a eso y no te dejes vencer”, “vos sos mucho más fuerte, vos sos mucho más que eso”, “por favor aférrate a volver a ser como antes”. El desahogo en unos oídos ajenos me ha generado la mayor satisfacción que he podido sentir, literalmente le debo la vida a eso.

Es así que hoy le doy las gracias cada vez que puedo, me levanto con la fe restaurada en mí mismo y no permito que los prejuicios de otros sobre lo que soy marquen si quiera un segundo en mi tiempo. 


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Dominio público
1 pág. / 1 minuto / 116 visitas.

Publicado el 23 de mayo de 2020 por Andrés Patiño Rodríguez.

Quien Escucha Su Mal Oye

Juana Manuela Gorriti


Cuento


—Cuando hemos caído en una falta —me dijo un día cierto amigo— si la reparación es imposible, réstanos al menos, el medio de expiarla por una confesión explícita y franca. ¿Quiere usted ser mi confesor, amiga mía?

—¡Oh! Sí —me apresuré a responder.

—¿Confesor con todas sus condiciones?

—Sí, aceptando una.

—¿Cuál?

—El secreto.

¿Oh! ¡mujeres!, ¡mujeres!, ¡no podéis callar ni aun a precio de vuestra vida!; ¡mujeres que profesáis, por la charla idólatra, culto!: ¡mujeres que… mujeres a quienes es preciso aceptar como sois!

—Acúsome, pues —comenzó él, resignado ya a mi indiscreta restricción—, acúsome de una falta grave, enormé, y me arrepiento hasta donde puede arrepentirse un curioso por haber satisfecho esta devorante pasión.

I

Conspiraba yo en una época no muy lejana y denunciado por los agentes del gobierno, vime precisado a ocultarme. Asilóme un amigo, por supuesto en el paraje más recóndito de su casa. Era un cuarto situado en el extremo del jardín y cuya puerta desaparecía completamente bajo los pámpanos de una vid.

Sus paredes tapizadas con damasco carmesí tenían el aspecto de una grande antigüedad. Ha servido de alcoba al abuelo de la casa, cuyo inmenso lecho dorado, vacío por la muerte, ocupaba yo…, mas ¡de cuán diferente manera! El Anciano caballero dormía —pensaba yo— un sueño bienaventurado entre las densas cortinas de tercipelo verde, agitadas ahora por el tenaz insomnio que circulaba con mi sangre de conspirador y de algo más: de curioso. Juzgue usted.


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Dominio público
10 págs. / 17 minutos / 280 visitas.

Publicado el 20 de mayo de 2020 por Edu Robsy.

Una Apuesta

Juana Manuela Gorriti


Cuento


I

¿Quién no ha oído hablar del genio burlón y aventurero de la hermosa Eleonora de Olivar, duquesa de Alba? Emanación brillante del sol andaluz, la hechicera sevillana entró un día como un ardiente torbellino en la austera corte de Carlos III despertando los graves ecos de su alcázar con las risas de su inagotable alegría.

Los cronistas de la época se extienden con delicia en relación con la graciosas locuras de aquella amable aturdida que por tanto tiempo tuvo en continua agitación, en perpetua zozobra, la corte y la ciudad; porque fastidiada algunas veces de sus travesuras aristocráticas, descendía con frecuencia del mundo brillante que habitaba para buscar otras más picantes en la plebeya atmósferas de las callejuelas.

En nuestros días Eleonora habría sido horriblemente calumniadas; pero en aquellos benditos tiempos se tenía más confianza en una mujer honrada, y el duque de Alba y a ejemplo suyo toda la corte, veneraban profundamente la virtud de la duquesa, ¡Honor a la fe de nuestros mayores!

Pero si Eleonora era burlona no era maligna, como lo son generalmente aquellos que tienen ese odioso carácter. Ni con sus chistes, ni con sus locuras, jamás hirió el amor propio, ni la sensibilidad de nadie. Al contrario, si ella gustaba de reír era más bien para alegrar a los otros y sus travesuras eran tan benévolas y lisonjeras que cautivaban siempre el corazón de aquel que era su objeto. Así, el estudiante a quien en tan ligero equipo hizo bailar aquella célebre zarabanda la debió su fortuna y el capitán de guardias la restitución del regio amor que le había robado.

—¿Duque, ¿te parezco bien así? —dijo un día Eleonora presentándose a su marido, vestida de peregrina.

—¡Encantadora! —respondió el duque contemplándola admirado.— ¡Oh! Jamás la túnica de la viajera cubrió un cuerpo tan gentil.


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Dominio público
4 págs. / 8 minutos / 149 visitas.

Publicado el 20 de mayo de 2020 por Edu Robsy.

El Pozo del Yocci

Juana Manuela Gorriti


Novela corta


Noticia

A María Patrick

Cuando al escribir estas líneas, te las dediqué, Mary, lejos estaba de imaginar que cuando las publicara, traicionados los vínculos que nos unían, y la probidad del más noble de los sentimientos, esta dedicatoria había de ser para ti un sangriento reproche. Que Dios te perdone, Mary, como te perdona el corazón que destrozaste sin piedad.

I. El Abra de Tumbaya de Juana Manuela Gorriti

Mediaba el año de 1814. La libertad sudamericana había cumplido su primer lustro de existencia entre combates y victorias; era ya un hecho: tenía ejércitos guiados por heroicos paladines, y desde las orillas del Desaguadero, hasta la ciudadela de Tucumán, nuestro suelo era un vasto palenque, humeante, tumultuoso, ensangrentado, que el valor incansable de nuestros padres, disputaba palmo a palmo, al valor no menos incansable de sus opresores.

En aquel divorcio de un mundo nuevo, que quería vivir de su joven existencia, y de un modo añejo, que pretendía encadenarlo a la suya, decrépita y caduca; en ese inmenso desquiciamiento de creencias y de instituciones, todos los intereses estaban encontrados, los vínculos disueltos; y en el seno de las familias ardía la misma discordia que en los campos de batalla.

A los primeros ecos del clarín de mayo, los jóvenes habían corrido a alistarse bajo la bandera de los libres. Los viejos, apegados a sus tradiciones, volvían los ojos hacia España; y temiendo contaminarse al contacto del suelo rebelde que pisaban, recogían sus tesoros, y se alejaban desheredando a sus hijos insurgentes y dejándoles por único patrimonio una eterna maldición.

Vióseles a centenares, arrastrando consigo el resto de sus familias, vagar errantes, siguiendo los ejércitos realistas en sus peligrosas etapas al través de frígidos climas, o marcharse a la Península, dejándolas abandonadas entre hostiles pueblos del Alto Perú.


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Dominio público
63 págs. / 1 hora, 51 minutos / 330 visitas.

Publicado el 20 de mayo de 2020 por Edu Robsy.

El Papel y la Habitación

Antonio Viale


amor, fracaso, cuentos cortos


Hoy me desperté y quise escribir, sobre que no se pero bueno desde que tengo 12 años me di cuenta que todas las personas son iguales, que pueden tener distintas variaciones pero son lo mismo, todos se preocupan por ellos mismos y un poco por el otro, que no tiene nada de malo pero por eso son “normales” decidí alejarme de lo común de lo habitual para mi y me fui a una escuela en una ciudad pase un año hice muchas amistades pero no encontré nada diferente en el segundo año en esa ciudad conocí a una persona diferente, que quiero decir con diferente que no era igual a los otros que era especial, lo especial que tenía era que constantemente estaba pensando en otras personas, pensaba más en las otras personas que en ella misma y por eso era especial, era como ver un montón de hojas arrugadas y en medio una hoja blanca y lisa , bueno así era ella.

Se llama San Martín con un nombre hermoso que no voy a olvidar, no lo voy a olvidar por que es la primera vez que lo había escuchado, ella era mas bajita de lo común con una sonrisa siempre en la cara, pelo de color castaño y piel bronceada no muy atractiva, pero detrás de eso había un mundo diferente, era una persona con un montón de sentimientos llena de alegría y muy amigable y algo más que no se como explicarlo, algo que no se ve en todas las personas, aveces me gusta pensar que era una hoja en blanco una hoja lisa que nadie había sostenido,bueno eso era antes, antes de que llegue yo, que era una persona que no tenía muchos sentimientos y un poco fría, que no me importaba la opinión de los demás sobre mi y que hacía lo que quería, en ese momento tenía mis amigos y así estaba bien como una persona normal, hasta que llegó ella y me cambio muy despacio, yo siempre fui o sentí que las personas entraban y salían de mi como si nada, como entrar a una habitación vacía y salir sin dejar o llevarse nada, por eso a mi me daba igual si ya no era más amigo de alguien.


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Dominio público
2 págs. / 3 minutos / 183 visitas.

Publicado el 18 de mayo de 2020 por antonioviale.

Golpe Doble

Vicente Blasco Ibáñez


Cuento


Al abrir la puerta de su barraca encontró Sento un papel en el ojo de la cerradura.

Era un anónimo destilando amenazas. Le pedían cuarenta duros, y debía dejarlos aquella noche en el horno que tenía frente a su barraca.

Toda la huerta estaba aterrada por aquellos bandidos. Si alguien se negaba a obedecer tales demandas, sus campos aparecían talados, las cosechas perdidas, y hasta podía despertar a medianoche sin tiempo apenas para huir de la techumbre de paja que se venía abajo entre llamas y asfixiando con su humo nauseabundo.

Gafarró, que era el mejor mozo mejor plantado de la huerta de Ruzafa, juró descubrirlos, y se pasaba las noches emboscado en los cañares, rondando por las sendas, con la escopeta al brazo; pero una mañana lo encontraron en una acequia, con el vientre acribillado y la cabeza deshecha..., y adivina quién te dió.

Hasta los papeles de Valencia hablaban de lo que sucedía en la huerta, donde, al anochecer, se cerraban las barracas y reinaba un pánico egoísta, buscando cada cual su salvación, olvidando al vecino. Y a todo esto, el tío Batiste, el alcalde de aquel distrito de la huerta, echando rayos por la boca cada vez que las autoridades, que le respetaban como potencia electoral, hablábanle del asunto, y asegurando que él y su fiel alguacil, el Sigró, se bastaban para acabar aquella calamidad.

A pesar de esto, Sento no pensaba acudir al alcalde. ¿Para qué? No quería oír en balde baladronadas y mentiras.


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Dominio público
4 págs. / 8 minutos / 176 visitas.

Publicado el 17 de mayo de 2020 por Edu Robsy.

Guapeza Valenciana

Vicente Blasco Ibáñez


Cuento


I

Buenos parroquianos tuvo aquella mañana el cafetín del Cubano. La flor de la guapeza, los valientes más valientes que campaban en Valencia por sus propios méritos; todos cuantos vivían a su estilo de caballero andante por la fuerza de su brazo, los que formaban la guardia de puertas en las timbas, los que llevaban la parte de tenor en la banca, los que iban a tiros o cuchilladas en las calles, sin tropezar nunca, en virtud de secretas inmunidades, con la puerta del presidio, estaban allí, bebiendo a sorbos la copita matinal de aguardiente, con la gravedad de buenos burgueses que van a sus negocios.

El dueño del cafetín les servía con solicitud de admirador entusiasta, mirando de reojo todas aquellas caras famosas, y no faltaban chicuelos de la vecindad que asomaban curiosos, a la puerta, señalando con el dedo a los más conocidos.

La baraja estaba completa. ¡Vive Dios! Que era un verdadero acontecimiento ver reunidos en una sola familia bebiendo amigablemente, a todos los guapos que días antes tenían alarmada la ciudad y cada dos noches andaban a tiros por Pescadores o la calle de las Barcas, para provecho de los periódicos noticieros, mayor trabajo de las Casas de Socorro y no menos fatiga de la Policía, que echaba a correr a los primeros rugidos de aquellos leones que se disputaban el privilegio de vivir a costa de un valor más o menos reconocido.


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Dominio público
12 págs. / 22 minutos / 107 visitas.

Publicado el 17 de mayo de 2020 por Edu Robsy.

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