Jenny
Sigrid Undset
Novela, Romance trágico, Drama psicológico, Realismo escandinavo
Creative Commons
270 págs. / 7 horas, 53 minutos / 159 visitas.
Publicado el 25 de mayo de 2026 por Fernando Guzmán.
Creative Commons
270 págs. / 7 horas, 53 minutos / 159 visitas.
Publicado el 25 de mayo de 2026 por Fernando Guzmán.
OCTAVIO NÉBEL.—muchacho de 20 años, estudia medicina en Buenos Aires. Al comenzar la acción veranea en Concordia, su pueblo natal.
DOCTOR NÉBEL.—padre de Octavio, de 55 años. Abogado de gran fortuna y vida retirada.
LIDIA.—criatura hermosísima de 15 años, apenas núbil.
Dominio público
54 págs. / 1 hora, 35 minutos / 22 visitas.
Publicado el 9 de agosto de 2026 por Brian.
La escena, en Madrid. Época moderna.
Sala lujosamente amueblada: en el fondo, un balcón; a la izquierda del público, una puerta; a la derecha, dos; a la derecha también, y en primer término, un velador, y sobre él, un quinqué encendido; libros, recado de escribir, etc.; junto al velador, un sofá; a la izquierda una mesa y un sillón. Es de noche.
MARÍA, sentada junto al velador y bordando.
Dominio público
27 págs. / 47 minutos / 20 visitas.
Publicado el 22 de agosto de 2026 por Edu Robsy.
Dominio público
1 pág. / 1 minuto / 8 visitas.
Publicado el 14 de septiembre de 2026 por Brian.
Al compañero único de los días sombríos, dedico estas páginas
escritas en la hora de serenidad que precede á la tarde que va á comenzar..........!
«El paisaje es un estado de alma».
Amiel.
...Partimos de Río Bueno una mañana muy temprano; el puente, el río y los campos desaparecen en la bruma. Creemos recorrer el espacio en una nube.
A través de esa neblina, el sol aguarda para hacer su entrada triunfal.
No es un día pálido el que se prepara tras la cortina de tul, es un día radiante que se vela.
Hace un frío punzante, pero todos estamos valientes. El señor cura que nos acompaña, parece ir á la conquista de los Santos Lugares. La montura va despedazada, las correas se sostienen con cañamitos, todo se vuelve nudos y más nudos en la silla, lo que no obsta á que se sienta jinete. Don Mauricio, muy ancho en su cabalgadura, va algo grave, como midiendo de antemano el galope que le aguarda. Un antiguo militar recuerda, en su gallarda apostura que en otra época, fué jefe de regimiento, pero los 104 kilos no desmienten su peso.
Pronto cruzamos en el camino al señor Figueroa, nuestro invitante, cosa de que aún no me daba cuenta, y la amabilidad con que le tendí la mano era más hija de mi buen humor que de deferencia á su persona. Es un hombre modesto, sério, pequeño, de bigote negro, de cutis muy quebrada, que guarda los pliegues de todas las contracciones, cosa que he notado hasta en las personas jóvenes de la comarca. Las arrugas se ahondan en surcos como si la piel no fuera bastante elástica para contraerse.... Dentro de la armonía á que obedecen todos los detalles, eso podría significar falta de laxitud en el esfuerzo que supone una preocupación continua....
Dominio público
77 págs. / 2 horas, 16 minutos / 15 visitas.
Publicado el 5 de octubre de 2026 por Edu Robsy.
Los hechos históricos ó novelescos contados en este libro, se refieren á uno de los periodos de turbación política y social más graves é interesantes en la gran época de reorganización, que principió en 1812 y no parece próxima á terminar todavía. Mucho después de escrito este libro, pues sólo sus últimas páginas son posteriores á la Revolución de Septiembre, me ha parecido de alguna oportunidad en los días que atravesamos, por la relación que pudiera encontrarse entre muchos sucesos aquí referidos y algo de lo que aquí pasa; relación nacida, sin duda, de la semejanza que la crisis actual tiene con el memorable período de 1820-23. Esta es la principal de las razones que me han inducido á publicarlo.
B.P.G.
Diciembre de 1870.
Durante los seis inolvidables años que mediaron entre 1814 y 1820, la villa de Madrid presenció muchos festejos oficiales con motivo de ciertos sucesos declarados faustos en la Gaceta de entonces. Se alzaban arcos de triunfo, se tendían colgaduras de damasco, salían á la calle las comunidades y cofradías con sus pendones al frente, y en todas las esquinas se ponían escudos y tarjetones, donde el poeta Arriaza estampaba sus pobres versos de circunstancias. En aquellas fiestas, el pueblo no se manifestaba sino como un convidado mas, añadido á la lista de alcaldes, funcionarios, gentiles-hombres, frailes y generales; no era otra cosa que un espectador, cuyas pasivas funciones estaban previstas y señaladas en los artículos del programa, y desempeñaba como tal el papel que la etiqueta le prescribía.
408 págs. / 11 horas, 54 minutos / 539 visitas.
Publicado el 21 de abril de 2016 por Edu Robsy.
Declaración del leñador interrogado por el oficial de investigaciones de la Kebushi
—Yo confirmo, señor oficial, mi declaración. Fui yo el que descubrió el cadáver. Esta mañana, como lo hago siempre, fui al otro lado de la montaña para hachar abetos. El cadáver estaba en un bosque al pie de la montaña. ¿El lugar exacto? A cuatro o cinco cho, me parece, del camino del apeadero de Yamashina. Es un paraje silvestre, donde crecen el bambú y algunas coníferas raquíticas.
El muerto estaba tirado de espaldas. Vestía ropa de cazador de color celeste y llevaba un eboshi de color gris, al estilo de la capital. Sólo se veía una herida en el cuerpo, pero era una herida profunda en la parte superior del pecho. Las hojas secas de bambú caídas en su alrededor estaban como teñidas de suho. No, ya no corría sangre de la herida, cuyos bordes parecían secos y sobre la cual, bien lo recuerdo, estaba tan agarrado un gran tábano que ni siquiera escuchó que yo me acercaba.
¿Si encontré una espada o algo ajeno? No. Absolutamente nada. Solamente encontré, al pie de un abeto vecino, una cuerda, y también un peine. Eso es todo lo que encontré alrededor, pero las hierbas y las hojas muertas de bambú estaban holladas en todos los sentidos; la victima, antes de ser asesinada, debió oponer fuerte resistencia. ¿Si no observé un caballo? No, señor oficial. No es ese un lugar al que pueda llegar un caballo. Una infranqueable espesura separa ese paraje de la carretera.
Declaración del monje budista interrogado por el mismo oficial
Dominio público
10 págs. / 17 minutos / 457 visitas.
Publicado el 25 de junio de 2016 por Edu Robsy.
A Mr. y Mrs. Hope con agradecido afecto, después de muchos años de amistad.
Joseph Conrad
No cabe duda de que cualquier convicción gana infinitamente en cuanto otra alma cree en ella.
Novalis
Cuando esta novela se publicó en forma de libro, circuló la idea de que me había dejado arrebatar por ella. Algunos críticos sostuvieron que la obra, que comenzó como un cuento corto, había escapado al dominio del autor. Uno o dos descubrieron pruebas internas del hecho, cosa que pareció divertirles mucho. Señalaron las limitaciones de la forma narrativa. Argumentaron que no podía esperarse que un hombre hablara tanto tiempo y otros escucharan durante tan largo rato. No era muy creíble, dijeron.
Después de pensarlo unos dieciséis años, no estoy tan seguro. Se ha sabido de hombres, tanto en los trópicos como en la zona templada, que permanecieron despiertos la mitad de la noche "intercambiándose relatos". Pero este es un solo relato, aunque con interrupciones que ofrecen cierta medida de alivio; y en consideración a la resistencia del lector, es preciso aceptar el postulado de que la narración era interesante. Es el supuesto preliminar necesario. Si no hubiese creída que era interesante, no habría empezado a escribirla. En cuanto ala simple posibilidad física, todos sabemos que algunos discursos del Parlamento ocuparon más bien seis que tres horas, en tanto que toda la parte del libro que es el relato de Marlow puede leerse en voz alta, diría yo, en menos de tres horas. Además —aunque eliminé de la narración, con criterio estricto, todo tipo de detalles insignificantes por el estilo—, podemos presumir que esa noche tiene que haber habido algún refrigerio, un vaso de agua mineral, o algo así, para ayudar al narrador a seguir adelante.
Dominio público
407 págs. / 11 horas, 53 minutos / 587 visitas.
Publicado el 20 de julio de 2016 por Edu Robsy.
...—"En resumen, yo creo que las palabras valen tanto, materialmente, como la propia cosa significada, y son capaces de crearla por simple razón de eufonía. Se precisará un estado especial; es posible. Pero algo que yo he visto me ha hecho pensar en el peligro de que dos cosas distintas tengan el mismo nombre."
Como se ve, pocas veces es dado oír teorías tan maravillosas como la anterior. Lo curioso es que quien la exponía no era un viejo y sutil filósofo versado en la escolástica, sino un hombre espinado desde muchacho en los negocios, que trabajaba en Laboulaye acopiando granos. Con su promesa de contarnos la cosa, sorbimos rápidamente el café, nos sentamos de costado en la silla para oír largo rato, y fijamos los ojos en el de Córdoba.
—Les contaré la historia—comenzó el hombre—porque es el mejor modo de darse cuenta. Como ustedes saben, hace mucho que estoy en Laboulaye. Mi socio corretea todo el año por las colonias y yo, bastante inútil para eso, atiendo más bien la barraca. Supondrán que durante ocho meses, por lo menos, mi quehacer no es mayor en el escritorio, y dos empleados —uno conmigo en los libros y otro en la venta— nos bastan y sobran. Dado nuestro radio de acción, ni el Mayor ni el Diario son engorrosos. Nos ha quedado, sin embargo, una vigilancia enfermiza de los libros como si aquella cosa lúgubre pudiera repetirse. ¡Los libros!... En fin, hace cuatro años de la aventura y nuestros dos empleados fueron los protagonistas.
El vendedor era un muchacho correntino, bajo y de pelo cortado al rape, que usaba siempre botines amarillos. El otro, encargado de los libros, era un hombre hecho ya, muy flaco y de cara color paja. Creo que nunca lo vi reírse, mudo y contraído en su Mayor con estricta prolijidad de rayas y tinta colorada. Se llamaba Figueroa; era de Catamarca.
Dominio público
3 págs. / 5 minutos / 580 visitas.
Publicado el 27 de julio de 2016 por Edu Robsy.
A Mr. Charles d'Iriarte
Mi querido Carlos:
Honraste hace algunos años mi pobre novela EL FINAL DE NORMA traduciéndola al francés y publicándola en elegantísimo volumen, que figuró pomposamente en los escaparates de tu espléndido París. No es mucho, por tanto, que, agradecido yo a aquella merced, con que me acreditaste el cariño que ya me tenías demostrado, te dé hoy público testimonio de mi gratitud dedicándote esta nueva edición de tan afortunado libro.
141 págs. / 4 horas, 8 minutos / 279 visitas.
Publicado el 20 de agosto de 2016 por Edu Robsy.