Textos más populares este mes | pág. 157

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La Mujer del César

José María de Pereda


Novela corta


I

No se necesitaba ser un gran fisonomista para comprender, por la cara de un hombre que recorría a cortos pasos la calle de Carretas de Madrid, en una mañana de enero, que aquel hombre se aburría soberanamente; y bastaba reparar un instante en el corte atrasadillo de su vestido, chillón y desentonado, para conocer que el tal sujeto no solamente no era madrileño, pero ni siquiera provinciano de ciudad. Sin embargo, ni de su aire ni de su rostro podía deducirse que fuera un palurdo. Era alto, bien proporcionado y garboso, y se fijaba en personas y en objetos, no con el afán del aldeano que de todo se asombra, sino con la curiosidad del que encuentra lo que, en su concepto, es natural que se encuentre en el sitio que recorre, por más que le sea desconocido.

Praderas de terciopelo, bosques frondosos, arroyos y cascadas, rocas y flores, eran las galas de su país. Nada más natural que fuesen las grandes vidrieras y los caprichos de las artes suntuarias el especial ornamento de la capital de España, centro del lujo, de la galantería y de los grandes vicios de toda la nación.

Este personaje, que debía llevar ya largas horas vagando por las aceras que comenzaban a poblarse de gente, miraba con impaciencia su reloj de plata, bostezaba, requería los anchos extremos de la bufanda con que se abrigaba el cuello, y tan pronto retrocedía indeciso como avanzaba resuelto.


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Dominio público
81 págs. / 2 horas, 22 minutos / 206 visitas.

Publicado el 22 de octubre de 2018 por Edu Robsy.

Historia de la Señorita Grano de Polvo, Bailarina del Sol

Teresa de la Parra


Cuento


Era una mañana de fines del mes de abril. El buen tiempo en delirio, contrastaba irónicamente con un pobre trabajo de escribanillo que tenía yo entre manos aquel día. De pronto como levantara la cabeza vi a Jimmy, mi muñeco de fieltro que se balanceaba sentado frente a mí, apoyando la espalda en la columna de la lámpara. La pantalla parecía servirle de parasol. No me veía y su mirada, una mirada que yo no le conocía, estaba fija con extraña atención en un rayo de sol que atravesaba la pieza.

—¿Qué tienes, querido Jimmy? —le pregunté—. ¿En qué piensas?

—En el pasado —me respondió simplemente sin mirarme— y volvió a sumirse en su contemplación.

Y como temiese haberme herido por la brusquedad de la respuesta:

—No tengo motivos para esconderte nada —replicó—. Pero por otro lado, nada puedes hacer ¡ay! por mí —y suspiró en forma que se me destrozó el corazón.

Tomó cierto tiempo. Dio media vuelta a las dos arandelas de fieltro blanco que rodean sus pupilas negras y que son el alma de sus expresión. Pasó esta al punto de la atención íntima, al ensueño melancólico. Y me habló así:

—Sí, pienso en el pasado. Pienso siempre en el pasado. Pero hoy especialmente, esta primavera tibia e insinuante reanima mi recuerdo. En cuanto al rayo de sol quien, clava a tus pies, fíjate bien, la alfombra que transfigura, este rayo de sol se parece tanto a aquel otro en el cual encontré por primera vez a… ¡Ah! siento que necesitarás suplir con tu complacencia la pobreza de mis palabras!


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Dominio público
4 págs. / 7 minutos / 703 visitas.

Publicado el 31 de octubre de 2018 por Edu Robsy.

Monja y Casada, Virgen y Mártir

Vicente Riva Palacio


Novela


Libro primero. El convento de Santa Teresa la Antigua

I. De lo que pasaba en la muy noble y leal ciudad de México la noche del 3 de julio del año del Señor de 1615

Hace dos siglos y medio México no era ni la sombra de lo que había sido en los tiempos de Moctezuma, ni de lo que debía ser en los dichosos años que alcanzamos.

Las calles estaban desiertas y muchas de ellas convertidas en canales; los edificios públicos eran pocos y pobres, y apenas empezaban a proyectarse esos inmensos conventos de frailes y de monjas, que la mano de la Reforma ha convertido ya en habitaciones particulares.

Se vivía entonces muy diferentemente de como hoy se vive. A las ocho de la noche casi nadie andaba ya por las calles, y sólo de vez en cuando se percibía el farolillo de un alcalde que iba de ronda, o la luz con que un escudero o un rodrigón alumbraban el camino de un oidor, de un intendente o de una dama que volvía de alguna visita. Los perros vagabundos se apoderaban de las calles desde la oración de la noche y atacaban como unas fieras a los transeúntes.

Los truhanes y los ladrones tenían carta franca para pasear por la ciudad; la policía de seguridad estaba sólo en las armas de los vecinos.

Era la medianoche del 3 de julio de 1615. Una menuda lluvia se desprendía sobre la ciudad y producía un rumor tenue y acompasado; no se veía en todas las calles ni una luz, las puertas y las ventanas estaban cerradas, y parecía no vivir ninguno de los treinta y siete mil habitantes que componían entonces la población.

De repente, en el silencio de la noche, se oyó el ruido de un gran cerrojo y poco después la puerta principal del palacio del arzobispo se abrió dando paso a una extraña comitiva.


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Dominio público
478 págs. / 13 horas, 56 minutos / 763 visitas.

Publicado el 1 de noviembre de 2018 por Edu Robsy.

La Mujer de Piedra

Gustavo Adolfo Bécquer


Cuento


(fragmento)

Yo tengo una particular predilección hacia todo lo que no puede vulgarizar el contacto ó el juicio de la multitud indiferente. Si pintara paisajes, los pintaría sin figuras. Me gustan las ideas peregrinas que resbalan sin dejar huella por las inteligencias de los hombres positivistas, como una gota de agua sobre un tablero de mármol. En las ciudades que visito, busco las calles estrechas y solitarias; en los edificios que recorro, los rincones oscuros y los ángulos de los patios interiores, donde crece la hierba, y la humedad enriquece con sus manchas de color verdoso la tostada tinta del muro; en las mujeres que me causan impresión, algo de misterioso que creo traslucir confusamente en el fondo de sus pupilas, como el resplandor incierto de una lámpara, que arde ignorada en el santuario de su corazón, sin que nadie sospeche su existencia; hasta en las flores de un mismo arbusto, creo encontrar algo de más pudoroso y excitante en la que se esconde entre las hojas y allí, oculta, llena de perfume el aire sin que la profanen las miradas. Encuentro en todo ello algo de la virginidad de los sentimientos y de las cosas.

Esta pronunciada afición degenera á veces en extravagancia, y sólo teniéndola en cuenta, podrá comprenderse la historia que voy á referir.


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Dominio público
10 págs. / 17 minutos / 761 visitas.

Publicado el 10 de enero de 2019 por Edu Robsy.

Música Sentimental

Eugenio Cambaceres


Novela


I

El «Orénoque», de la compañía «MESSAGERIES MARITIMES», acababa de fondear frente a Pauillac con cargamento general de mercaderías humanas procedentes del Río de la Plata y escalas del Brasil.

Lotes de pueblo vasco, hacienda cerril atracada por montones, en tropa, al muelle de pasajeros de Buenos Aires, diez o quince años antes, con un atado de trapos de coco azul sobre los hombros y zapatos de herraduras en los pies.

Lecheros, horneros y ovejeros trasformados con la vuelta de los tiempos y la ayuda paciente y resignada de una labor bestial, en caballeros capitalistas que se vuelven a su tierra pagándose pasajes de primera para ellos y sus crías, pero siempre tan groseros y tan bárbaros como Dios los echó al mundo.

Surtido de portugueses y brasileros alzados en Río, Bahía y Pernambuco. Gentes blandujas y fofas como la lengua que hablan.

Pasan su vida abordo descuajados sobre asientos de paja, comiendo y vomitando mangos y, aunque entre ellos suele haber uno que otro que medio pasa, en cambio, la casi totalidad enferma es vulgar, dejada y sucia.

Cuestión de sangre y cuestión de temperatura.

Tenderos franceses y almaceneros españoles en busca de sus respectivas pacotillas.

Media docena de arrastradas, albañales de détritus humanos.

Y, por último, uno que otro particular decente que, solo o con su familia, viaja por quehacer o diversión.

Toda esta masa híbrida del gusano-rey se agita, se codea, se empuja y se agolpa confundida por entre altos de baúles y maletas, en una atmósfera de entrepuente, amasada con peste de bodega, aceite rancio de máquina y agrio de sudor.

Es que acaba de oírse el silbato de la lancha a que van a ser pasados para llegar a Burdeos y nadie quiere quedarse atrás, lo que no importa, por supuesto, que nadie llegue primero.

Entre los presentes estoy yo y está el héroe de mi cuento.

¿Qué es?


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Dominio público
127 págs. / 3 horas, 43 minutos / 301 visitas.

Publicado el 12 de enero de 2019 por Edu Robsy.

La Isla de los Pingüinos

Anatole France


Novela, Sátira


Prólogo

A pesar de la diversidad aparente de ocupaciones que me solicitan, mi vida sólo tiene un objeto, la consagro a la realización de un propósito magnifico: escribir la Historia de los pingüinos, en la cual trabajo asiduamente sin desfallecer nunca si tropiezo con dificultades que alguna vez parecen invencibles.

Hice excavaciones para descubrir los monumentos de ese pueblo sepultados en la tierra. Los primeros libros de los hombres fueron piedras, y estudié las piedras que se pueden considerar como los anales primitivos de los pingüinos. A orillas del Océano escudriñé tumbas que no habían sido aún violadas, y encontré, según costumbre, hachas de pedernal, espadas de bronce, dinero romano y una moneda con la efigie de Luis Felipe, rey de los franceses en 1840.

Para los tiempos históricos, la Crónica de Johannes Talpa, monje del monasterio de Beargarden, fue mi guía segura, y me abrevé tanto más a esta fuente cuanto que no es posible hallar otra en justificación de la historia pingüina durante la Edad Media.

Pero a partir del siglo XIII contamos con mayor abundancia de documentos, aunque no sean más afortunadas nuestras investigaciones. Resulta difícil escribir la Historia; nunca se averigua con certeza de qué modo tuvieron lugar los sucesos, y las incertidumbres del historiador aumentan con la abundancia de documentos. Cuando un hecho es conocido por una referencia única, lo admitimos sin vacilación; pero empiezan las perplejidades al ofrecerse varios testimonios del mismo suceso, pues no suele haber manera de armonizar las contradicciones evidentes.


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Dominio público
239 págs. / 6 horas, 59 minutos / 1.083 visitas.

Publicado el 25 de febrero de 2019 por Edu Robsy.

Antígona

Roberto Payró


Novela


I. LA BORDADORA

Su belleza era grande, asi como sus ojos negros, llenos de luz; pero nadie hubiera sospechado que bajo esa corteza frájil y hermosa se escondieran un alma varonil y un carácter enérjico.

Aunque hubo un tiempo en que la fortuna sonreía á su familia, ese tiempo habia pasado, como todas las cosas de este mundo, y don Miguel Arelio, su padre, obligado á ganar el sustento por medio del trabajo diario, ocupaba un mal empleo en la Direccion Nacional de Rentas. Sus desdichas no se detenian ahí; Eugenia, la madre querida que la cuidara con tanto esmero en los no lejanos dias de la infancia, herida desde mucho tiempo atrás por una enfermedad incurable, la tísis, iba muriéndose poco á poco, con agonía lenta y dolorosa.

La anciana no abandonaba ya su lecho, y permanecia largas horas adormecida, agobiada por la enfermedad.

Muchas noches pasó Manuela con la vista fija en su madre, escuchando la tos que parecia desgarrarle las entrañas.

Vanos eran todos los remedios; el mal seguía su curso sin que pudieran detenerlo ni los medicamentos, ni los amorosos cuidados de la niña, que no se separaba un solo minuto del lado de la enferma.

Los honorarios de don Miguel eran tan pobres que apenas bastaban para la subsistencia de su familia. Así, las dos piezas ocupadas por ésta en una casa de los confines de la calle Bolívar, estaban tan miserablemente alhajadas que parecían la habitación de la pobreza misma. Sin embargo, el trabajo y la infinita paciencia de Manuela, que trataba de que todo estuviera siempre en órden, parecian llevar á la triste vivienda algo como un rayo de luz.

Nunca desaparecia de su rostro la sonrisa del que espera, y cuando su padre se quejaba de la suerte, tenia tales palabras de ternura y consuelo, que hacia que el buen anciano la tomara en sus brazos, besándola en la frente y derramando una lágrima de agradecimiento.


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Dominio público
130 págs. / 3 horas, 48 minutos / 208 visitas.

Publicado el 2 de mayo de 2019 por Edu Robsy.

Mi Media Naranja

Felipe Trigo


Novela corta


Primera parte

I

Como el otro, yo quisiera poder ser:


entre señores, señor,
y allá entre los reyes, rey.
 

Mas no puedo.

Comprendo que siempre me falta ó me sobra algo para estar adecuadamente entre las gentes.

Aquí, por ejemplo, delante de mi novia, delante de mi Inés.

¿Me sobra? ¿Me falta?

No lo sé.

Probablemente, ambas cosas á un tiempo.

Me falta un poco de vergüenza, y me sobra este ansioso pensar en mí... señora de esta noche.

Tengo prisa. Tengo verdadera impaciencia por oir las siete y porque se acabe este té. Un coche. Jala me estará esperando. Estará encendida la chimenea de leña en mi salón, y la mesa.

Me distraigo. Háblame mi novia, y pienso en Jala.

Jala debe de estar allí desde hace media hora. La mesa y la lumbre, elegantísima, alzadas quizá las sedas de sus faldas para calentarse mejor los pies tendidos hacia el fuego. Juraría que se aburre, que bosteza, y que está tirada atrás en el respaldo, sin haberse quitado aún la suelta capa turca, color fresa... ¡Cómo sabe que es rubia, la ladrona!

—¡Toma! ¡de coco!

—¿Qué?

—¡De coco!... ¡Y pan racional!... ¿Quieres manteca?

—No, gracias, Inés.

Casi tan rubia como Inés.

La pobre Inés no sabe, no podrá saber nunca por qué tomo el té esta noche, lo mismo que tantas otras noches, sin galletas, sin manteca y sin el pan racional.

A fin de que no advierta mi preocupación, hablo con su padre y con los amigos. Además, me he sentado en frente del reloj, aun á trueque de que me vaya tostando la espalda el aire de esta estufa.

—Sí, sí, señores... á mí me parecería también peor la dictadura del rojo fanatismo.

—¿Peor que cuál, querido Aurelio?

—Peor que el otro... que el blanco, que el negro, padre Garcés. Peor que el de ustedes.


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Dominio público
48 págs. / 1 hora, 25 minutos / 203 visitas.

Publicado el 13 de abril de 2019 por Edu Robsy.

Reseña: Flush

de Virginia Woolf


Opinión, reseña


La ‘Odisea’ recoge la historia del leal Argos: un perro caduco que levantó las orejas y meneó la cola al reconocer que su amo Odiseo había vuelto a Ítaca, veinte años después. Entonces el otrora hercúleo y viejo amigo, sin llegar a rendirse a los pies del héroe, agacha las orejas y ¡ea, sin fuerza!, Argos muere. Entre la vasta jauría libresca también son de antología: ‘Fue él’, ‘La dama del Perrito’ y ‘El gatopardo’.

 ‘Fue él’ (Acantilado) es una horrorosa lindura del gran polímata Stefan Zweig, donde los celos y la rabia atenazan el corazón de este Pluto y cuando ve que un santiamén ha dejado de ser el rey del hogar, lo cobra caro. En mi canon personal está Chéjov con el legendario cuento ‘La dama del perrito’ (Mestas ediciones). Una historia banal de un añejo donjuán llamado Gúrov que encontrándose en Yalta queda embobado por la bella y misteriosa joven Anna, Anna Serguéiev, quien se ve pasear y llevar «siempre la misma boina» y acompañada de una bolita de “Niebla”, un pomerania blanco. Bendicó el perro ―«clave de la novela»― ‘El gatopardo’ (Losada) se asocia también a su autor, Giuseppe Tomasi di Lampedusa. Bendicó el perro disecado «que despertaba recuerdos amargos» es arrojado a la basura. Simboliza hacia el final de esta magna obra el pasado en la forma de polvillo en el aire. (¡Ah, sí!, Bendicó sale en la adaptación cinematográfica de Luchino Visconti).



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3 págs. / 6 minutos / 527 visitas.

Publicado el 18 de junio de 2019 por Manuel Cerón.

Aventuras Grotescas

Ricardo Güiraldes


Cuentos, Colección


Arrabalera

Es un cuento de arrabal para uso particular de niñas románticas.

Él, un asno paquetito.

Ella, un paquetito de asnerías sentimentales.


La casa en que vivía,
arte de repostería.
El padre, un tipo grosero
que habla en idioma campero.
 

Y entre estos personajes se desliza un triste, triste episodio de amor.

La vio, un día, reclinada en su balcón; asomando entre flores su estúpida cabecita rubia llena de cosas bonitas, triviales y apetitosas, como una vidriera de confitería.

¡Oh, el hermoso juguete para una aventura cursi, con sus ojos chispones de tome y traiga, su boquita de almíbar humedecida por lengua golosa de contornos labiales, su nariz impertinente, a fuerza de oler polvos y aguas floridas, y la hermosa madeja de su cabello rizado como un corderito de alfeñique!

En su cuello, una cinta de terciopelo negro se nublaba de uno que otro rezago de polvos, y hacía juego, por su negrura, con un insuperable lunar, vecino a la boca, negro tal vez a fuerza de querer ser pupila, para extasiarse en el coqueto paso sobre los labios de la lengüita humedecedora.

Una lengüita de granadina.

La vio y la amó (así sucede), y le escribió una larga carta en que se trataba de Querubines, dolores de ausencia, visiones suaves y desengaño que mataría el corazón.

Ella saboreó aquel extenso piropo epistolar. Además, no era él despreciable.

Elegante, sí, por cierto, elegante entre todos los afiladores del arrabal, dejando entrever por sus ojos, grandes y negros como una clásica noche primaveral, su alma sensible de amador doloroso, su alma llena de lágrimas y suspiros como un verso de tarjeta postal.

Todo eso era suficiente para hacer vibrar el corazón novelesco de la coqueta balconera.

Se dejó amar.


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Dominio público
8 págs. / 15 minutos / 250 visitas.

Publicado el 29 de septiembre de 2019 por Edu Robsy.

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