Textos más populares este mes | pág. 180

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Un Gaucho

Juan José Morosoli


Cuento


Montes llegó a la pulpería de Anchorena en su propia carreta. Tendría poco más de veinte años. Era fuerte, buen mozo, callado y guapo.

Se acercó a la reja y le dijo al pulpero:

—Sé que murió su carrero viejo y vengo por si me precisa.

Anchorena, con su gran franqueza de vasco, le preguntó:

—¿De dónde sos?

—De Puntas de Pan de Azúcar.

—¿Y en tu pago no tenían trabajo?

—Mi pago es donde yo ando —le contestó Montes.

El vasco le dio trabajo pero se quedó pensando: "¿Por qué un viaje tan largo, de vacío, para solicitar trabajo? Cambiaban de pago los contrabandistas. Los domadores. ¡Pero los carreros...!"

Al fin dejó que el tiempo le contestara las preguntas.

Después se convenció que Montes había cambiado de pago porque sí. Y que cualquier día levantaba el poncho otra vez. Era un buen carrero, pero no tenía alma de carrero.

Estuvo allí poco más de un año. Hasta el día en que Martina dio a luz una niña. Martina era la peona de la casa. Cocinaba, lavaba y ordenaba la pieza del dueño, que era cincuentón y soltero. Atendía, además, la mesa del almacén cuando llegaba algún viajero. Allí solían parar "corredores" de comercio o "cuarteadores" de contrabandistas, que venían a vender parte de la carga de sus compañeros.

Una mujer así puede tener un hijo y el hijo ser de ella nada más.

Al irse, Montes, le dio paternidad a la hija de Martina.

* * *

Mucho tiempo después se supo que estaba en el Chuy, allí cerca del almacén del turco Gómez. Morales encontró la carreta. Llegó al negocio y preguntó por Montes.

—Trabajaba aquí —contestó el turco— . Un día dejó la carreta, cruzó la frontera y no vino más.

—¿No será muerto? —interrogó Morales.

—Tal vez esté de contrabandista... Pero no aquí... Mucho más arriba...


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Dominio público
3 págs. / 6 minutos / 137 visitas.

Publicado el 2 de marzo de 2025 por Edu Robsy.

El hombre de las arañas

Roger D. Aycock


Fantasía, Misterio, Relato


Traducción indepenciente por Fernando Guzmán CC BY4.0-----------------

Con demasiada modestia, creemos, Roger Dee ha intentado sacudirse su indudable parentesco con Saki —ese maestro supremo de la fantasía caprichosa— en esta excursión exuberante y sobrecogedora hacia un reino tan oscuramente misterioso como irresistiblemente encantador.

Las arañas de Adrián quizá te hagan estremecer la piel. Pero predecimos que te agradará Adrián mismo tanto como al señor Marcus, y que te alegrarás de su triunfo.


Probablemente exista más de una manera de curar una trágica adicción al alcohol. Pero el método de Adrián fue tan escalofriante como ver a Medusa sonriendo.


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Cuando el Sr. Marcus —quien durante cuarenta años había vendido artículos de novedad a tiendas de curiosidades y, por lo tanto, había perdido la capacidad de asombro ante la imprevisibilidad humana— regresó a Maysville en el tren de las 8:04 para su semana habitual de ventas en abril, se dirigió de inmediato a la casa de huéspedes de la Sra. Ponder y encontró a Kitty tocando a Delibes en el piano de la sala.

Era casi como volver a casa, pensó el Sr. Marcus con una inusual punzada de nostalgia. Se detuvo un momento en el umbral, con su maleta, el maletín de muestras y su inevitable paquete de libros en la mano, para escuchar.

"Tierna" era la palabra adecuada para describir a Kitty, con su toque fresco y seguro sobre el tema de Delibes, sus claros ojos ciegos y su recogido cabello rubio que apenas rozaba sus hombros. Y desperdiciada, pensó el Sr. Marcus, con toda su belleza y talento relegados a la oscuridad en la lúgubre distinción del hogar de su madre.

Si él fuera treinta años más joven...


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12 págs. / 22 minutos / 38 visitas.

Publicado el 13 de enero de 2026 por Fernando Guzmán.

Los Tres Principios

Bernardita Salas Rivas


Reflexión, Autobiografía, Fe


La vida comenzó a escribir este libro un 28 de marzo del año 1931, cuando a Bernardita Salas Rivas se le ocurrió nacer en Santiago de Chile. Para las primeras páginas contó con la tradición, tantos años guardada en los tinteros de los Rivas, y con la sabiduría ancestral de su madre —doña Julia— en el manejo de la pluma familiar. Todo ello amasado con los colores de la naturaleza y los olores de la tierra que el trabajo de su padre —el patrón don Jorge Salas en el fundo — le regalaba durante las largas estancias en El Durazno y El Naranjo. Luego, desde el otro lado del mundo, la marea de la vida le trajo al doctor Emilio Valle Ramos para continuar escribiendo a cuatro manos. Y ahí estalló la primavera con avispas y mariposas: es Chile un país tan largo que de Santiago les llevó a Potrerillos, y de Potrerillos a Purranque, y de Purranque a Iquique, y de Iquique a Antofagasta... juntos, los dos fueron convirtiendo en laboratorios clínicos, en microscopios y tubos de ensayo, en placas y pipetas, en diagnósticos y curaciones los proyectos profesionales compartidos. Juntos pelearon por los sueños soñados, juntos más allá de la punta del mástil de la más alta bandera, de la nube que más rápido pasa y de la estrella que parecía más lejana. Y por el camino iba floreciendo el amor y, como suele decirse, el amor iba dando sus frutos: Luis Emilio, la Consuelito, los Tintines, el Kiko y de regalo, el Antonio. Una hija y seis hijos que doña Bernardita, convertida ya en bisabuela, dice ahora que la hicieron feliz y que la animaron a recoger en 234.154 palabras todos estos recuerdos que ahora tienen ustedes entre sus manos. La Historia, con mayúsculas, mientras tanto, hizo de las suyas y torció algunos renglones. Pero esa sería otra
historia. Bernardita Salas Rivas. La vida, puh.


Los tres principios © 2025 por Bernardita Salas Rivas. Este libro está publicado bajo licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial 4.0 International.


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747 págs. / 21 horas, 47 minutos / 57 visitas.

Publicado el 18 de enero de 2026 por Fernando Guzmán.

La Gatita Mancha y el Ovillo Rojo

Miguel Hernández


Cuento infantil


Había un ovillo en el costurero. Era un ovillo muy grande y muy rojo. Era un ovillo muy bonito. La gatita Mancha dijo al verlo:


¡Miaumero! ¡Miaumero!
Una pelota roja.
Yo la quiero. Yo la quiero,
Yo llegaré hasta el costurero.
El costurero está muy alto.
Pero todo será cuestión
de dar valientemente un salto
aunque me lleve un coscorrón.


Saltó la gatita Mancha. Cayó dentro del costurero. El costurero, el ovillo rojo y la gatita Mancha cayeron de la mesa y rodaron por el suelo. Dijo la gatita:


¡Miaumiar! ¡Miaumiar!
¡Yo no puedo correr!
¡Yo no puedo saltar!
¡Yo no puedo ni un pelo mover!
¿Quién me quiere ayudar?


Al oírla, vino Ruizperillo. Y vino su madre. Y la hermanita de Ruizperillo también vino. Y toda la familia de Ruizperillo vino a ver a la gatita Mancha enredada en el ovillo. Todos reían viéndola cada vez más enredada en el algodón del ovillo rojo.

La madre de Ruizperillo dijo:


Mancha, Manchita,
usted está de broma.
Ahora necesita
mi ayuda, gatita, paloma.
Este ovillo
no es para una gata pequeña,
sino para una que enseña
viejo el solomillo,
vieja la nariz y aguileña.
No sabe usted
bordar ni coser,
gatita de dientes
y uñas de alfiler.


Toda la familia de Ruizperillo rio hasta que la gatita Mancha salió de su cárcel de algodón. Entonces, Ruizperillo dejó en el suelo su pelota de goma para que Mancha jugara con ella. Y la gatita asustada echó a correr asustada diciendo:


¡Fus! ¡Fus! ¡Parrafús!


Porque el gato más valiente,
si sale escaldado un día,
huye del agua caliente,
pero, además, de la fría.


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Dominio público
1 pág. / 1 minuto / 37 visitas.

Publicado el 1 de febrero de 2026 por Edu Robsy.

YO CREÍA QUE ERA ÉL

A. J. BOZINSKY


ficción rara, terror psicológico


1


Recuerdo que estaba en el living leyendo el periódico, esperándolo mientras mi esposa preparaba el almuerzo. Cuando llegó del liceo, le mostré a mi hijo unas revistas amarillentas que aún conservaba. Eran de entre 1960 y 1980, y estábamos casi en el 2000.

—Esto era lo que yo leía a tu edad —el papel estaba áspero, polvoriento, con olor a estar olvidado en una caja de cartón durante años.

Dejó sus útiles, se asomó entre las reliquias con el entrecejo fruncido, y siguió su camino.

—¿Qué? ¿No te interesa?

—Cultura de masas. No es gran cosa. En todas las épocas ha existido. Pan y circo. O, pan et circenses o algo así.

Tuve que insistir varias veces, hasta que aceptó llevárselas al dormitorio, y prometió darles un vistazo cuando terminara con sus tareas. Mi hijo era un buen estudiante, amaba la literatura y la filosofía, aunque a veces era un poco pedante. Pero todos hemos sido jóvenes, y nos hemos creído sabios.

Me olvidé del asunto. A las dos semanas, volvió con la caja de revistas y un voluminoso libro en la mano.

—Hay algo que tienen en común tus revistas de canje y “Las mil y una noches” —dijo sopesando el libro.

—¿En serio?

—Nunca voy a poder terminarlos.

No le había gustado nada de lo visto. Las de ciencia ficción, le parecieron especulaciones absurdas que se desmoronaban ante la evidencia de la actualidad; las bélicas, eran de un patriotismo exagerado, lleno de personajes insensatos; los superhéroes, no cabían en un universo donde no reinara la más indecorosa falta de lógica; las fotonovelas románticas, aparte de que todo era acartonado, podían servir para entender la moralina de una época; la mención especial, era para “Killing”.

—¿De veras leías esto, papá? Si se pueden heredar los traumas, estoy en grave peligro.

—Bueno. Era un poco diabólico. Pero la atmósfera…

—Sí, sí, claro. Y un litro de vino tinto.


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16 págs. / 29 minutos / 49 visitas.

Publicado el 3 de febrero de 2026 por Álvaro Bozinsky.

Los Heroísmos

Horacio Quiroga


Crónica, Artículo


Llega un momento en la vida en que las circunstancias colocan al hombre al borde de un precipicio que debe saltar, él que no ha saltado nunca; a la entrada de un túnel abrasado en llamas, el que no resiste los primeros calores; ante las puertas de una ciudad devastada por una epidemia, el que evitó siempre el menor contagio.

Estas circunstancias, precoces para algunos, tardías para otros, pero ineludibles siempre, constituyen el destino de toda existencia.

Hoy o mañana, el hombre se encuentra fatalmente ante tales circunstancias. Dos caminos se abren ante él: el hombre de temple mediano, el hombre normal, equilibrado como una balanza, juicioso y previsor, el hombre-tipo, al cual todos pertenecemos, ese hombre vuelve la espalda al precipicio que podría costarle la vida; se aparta de las llamas que pueden malograr su existencia, y huye de los moribundos de la ciudad, que podrían arrastrarle consigo.


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1 pág. / 2 minutos / 6 visitas.

Publicado el 13 de julio de 2026 por Brian.

La Industria Azucarera Del Bosque

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


En el bosque, y en la vida de obraje, el peón procura su azúcar de un modo tan elemental como rudo. Después de seis días de incesante trabajo de hacha, desde que el día aclara hasta que se pone el sol, cualquiera creería que el obrajero descansa el domingo. Hay quienes lo hacen así, y su descanso consiste en lavarse profundamente la cabeza, una y mil veces; peinarse, despeinarse, volverse a peinar, más aquella tarea poco habitual es complicadísima para él. Se afeita a veces, y en este quehacer que realza su propia hermosura, el peón ve llegar el mediodía.

Pero el mensú realmente trabajador, y que por razones del mismo esfuerzo gastado no se conforma con el lavado ni con el peine, se lanza al monte al amanecer, husmea aquí y allá, avanza con la vista fija en la cima de los árboles, hasta que descubre lo que quiere: una colmena de "uropa", como llaman ellos a la abeja europea. No siempre está seguro de su colmena; golpea entonces con su hacha el tronco del árbol suspecto, y aplica el oído a él: si el zumbido transmitido desde arriba le llega claro, echa entonces abajo el árbol, y con todas las precauciones del caso, se apodera de la miel, que llega a veces a decenas de kilos. Del total de kilos, 4 o 5 desaparecen inmediatamente en el estómago del mensú; el resto, en los días subsiguientes.


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3 págs. / 5 minutos / 5 visitas.

Publicado el 25 de julio de 2026 por Brian.

El Eterno Traidor

Horacio Quiroga


Artículo


Muchas veces me ha llamado la atención la semejanza de espíritu y tarea que existe entre críticos y traductores. Por regla general, unos y otros andan a caza de un tercer espíritu que a la vez que arranca su admiración, exalta sus propias dotes creadoras, en detrimento casi siempre del autor admirado. Esta emulación artística se manifiesta de igual modo en críticos y traductores: erigiendo en ídolo a un honrado y serio escritor, con el muy visible objeto de lucir su propia inocente literatura, en el crítico; de lucirla también, pero malvadamente, en el traductor.

La inocencia artística del primero es manifiesta y perceptible aún para el profano, que llevado o no a admirar las galanuras de estilo del crítico, nada llega a saber del autor juzgado, puesto que él no fue otra cosa que un pretexto para crear arte.


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Dominio público
4 págs. / 8 minutos / 6 visitas.

Publicado el 26 de julio de 2026 por Brian.

El Despertar

Horacio Quiroga


Artículo


Recuerdo perfectamente la impresión que sufrí al tener una tarde por delante las frentes despejadas y la mirada de fuego de cuatro muchachos que anunciaban la aparición de un nuevo órgano universitario —sumamente curioso esta vez: Insurrexit. Fluía de aquellos cuatro muchachos, y no gota a gota sino a chorros, tal cantidad de indignado amor, tal generoso entusiasmo, que el que los oía se puso a pensar en el extraño dios que se apiadaba al cabo del honor de los jóvenes argentinos, cuando le permitía a aquel por fin inundar de roja y pura sangre el muerto corazón de los estudiantes universitarios. 

Porque, en efecto, nada más triste nos ha sido en los últimos diez años —diez siglos— que ver la indiferencia, la sequedad y la estrechez mental de nuestra lírica flor de sangre; de nuestra juventud universitaria cuya única preocupación consistió, a raíz del desastre moral que nos legó la guerra —con las bellas e inteligentes cabezas caídas hacia el corazón— en pulir, bruñir y esmaltarse las uñas. 


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Dominio público
1 pág. / 2 minutos / 8 visitas.

Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

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