Textos más populares esta semana | pág. 15

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La Quena

Juana Manuela Gorriti


Novela corta


I. La cita

Las doce de la noche acababan de sonar en el reloj de la catedral de Lima. Sus calles estaban lóbregas y desiertas como las avenidas de un cementerio; sus casas, tan llenas de luz y de vida en las primeras horas de la noche, tenian entonces un aspecto sombrío y siniestro; y la bella ciudad dormia sepultada en profundo silencio, interrumpido solo á largos intérvalos por los sonidos melancólicos de la vihuela de algun amante, ó por el lejano murmullo del mar que la brisa de la noche traia mezclado con el perfume de los naranjos que forman embalsamados bosques al otro lado de las murallas.

Un hombre embozado en una ancha capa apareció á lo lejos entre las tinieblas. Adelantóse rápidamente, mirando con precaucion en torno suyo, y deteniéndose delante de una de las rejas doradas de un palacio, paseó suavemente sus dedos por la celosía de alambre.

La celosía se entreabrió.

—¿Hernan? —dijo una voz dulce y armoniosa como las cuerdas de una lira. Y al mismo tiempo apareció el bellísimo rostro de una jóven engastado en negros y largos rizos sembrados de jazmines y aromas.

—¡Rosa! amada mia, no temas, soy yo —respondió con apasionado acento el embozado, estrechando contra su pecho la mano blanca y fina que la jóven le alargaba.

—¡Oh! ¡cuánto has tardado esta noche! —dijo suspirando— Yo contaba los segundos por los latidos de mi corazon; pero eran estos tan precipitados que me parece haber vivido siglos desde las once.


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Dominio público
39 págs. / 1 hora, 9 minutos / 457 visitas.

Publicado el 31 de octubre de 2024 por Edu Robsy.

La Gitanilla

Miguel de Cervantes Saavedra


Novela corta, Clásico


Parece que los gitanos y gitanas solamente nacieron en el mundo para ser ladrones: nacen de padres ladrones, críanse con ladrones, estudian para ladrones y, finalmente, salen con ser ladrones corrientes y molientes a todo ruedo, y la gana del hurtar y el hurtar son en ellos como acidentes inseparables, que no se quitan sino con la muerte. Una, pues, desta nación, gitana vieja, que podía ser jubilada en la ciencia de Caco, crió una muchacha en nombre de nieta suya, a quien puso nombre Preciosa, y a quien enseñó todas sus gitanerías, y modos de embelecos, y trazas de hurtar. Salió la tal Preciosa la más única bailadora que se hallaba en todo el gitanismo, y la más hermosa y discreta que pudiera hallarse, no entre los gitanos, sino entre cuantas hermosas y discretas pudiera pregonar la fama. Ni los soles, ni los aires, ni todas las inclemencias del cielo, a quien más que otras gentes están sujetos los gitanos, pudieron deslustrar su rostro ni curtir las manos; y lo que es más, que la crianza tosca en que se criaba no descubría en ella sino ser nacida de mayores prendas que de gitana, porque era en extremo cortés y bien razonada. La abuela conoció el tesoro que en la nieta tenía, y así, determinó el águila vieja sacar a volar su aguilucho y enseñarle a vivir por sus uñas.

Salió Preciosa rica de villancicos, de coplas, seguidillas y zarabandas y de otros versos, especialmente de romances, que los cantaba con especial donaire. Porque su taimada abuela echó de ver que tales juguetes y gracias, en los pocos años y en la mucha hermosura de su nieta, habían de ser felicísimos atractivos e incentivos para acrecentar su caudal; y así, se los procuró y buscó por todas las vías que pudo, y no faltó poeta que se los diese.


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39 págs. / 1 hora, 9 minutos / 3.360 visitas.

Publicado el 19 de abril de 2016 por Edu Robsy.

Cantar de los Cantares

Fray Luis de León


Religión, poesía


Prólogo

Ninguna cosa es más propia a Dios que el amor, ni al amor hay cosa más natural que volver al que ama en las condiciones e ingenio del que es amado. De lo uno y de lo otro tenemos clara experiencia. Cierto es que Dios ama, y cada uno que no esté muy ciego lo puede conocer en sí por los señalados beneficios que de su mano continuamente recibe: el ser, la vida, el gobierno della y el amparo de su favor, que en ningún tiempo ni lugar nos desampara. Que Dios se precie más de esto que de otra cosa, y que le sea propio el amor entre todas sus virtudes, vese en sus obras, que todas se ordenan a solo este fin, que es hacer repartimiento y poner en posesión de sus grandes bienes a las criaturas, haciendo que su semejanza de Él resplandezca en todas, y midiéndose a sí a la medida de cada una de ellas para ser gozado de ellas: que, como dijimos, es obra propia y natural del amor.


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Dominio público
128 págs. / 3 horas, 44 minutos / 1.988 visitas.

Publicado el 20 de diciembre de 2021 por Edu Robsy.

El Retrato Oval

Edgar Allan Poe


Cuento


El castillo en el cual mi criado se le había ocurrido penetrar a la fuerza en vez de permitirme, malhadadamente herido como estaba, de pasar una noche al ras, era uno de esos edificios mezcla de grandeza y de melancolía que durante tanto tiempo levantaron sus altivas frentes en medio de los apeninos, tanto en la realidad como en la imaginación de Mistress Radcliffe. Según toda apariencia, el castillo había sido recientemente abandonado, aunque temporariamente. Nos instalamos en una de las habitaciones más pequeñas y menos suntuosamente amuebladas. Estaba situada en una torre aislada del resto del edificio. Su decorado era rico, pero antiguo y sumamente deteriorado. Los muros estaban cubiertos de tapicerías y adornados con numerosos trofeos heráldicos de toda clase, y de ellos pendían un número verdaderamente prodigioso de pinturas modernas, ricas de estilo, encerradas en sendos marcos dorados, de gusto arabesco. Produjerónme profundo interés, y quizá mi incipiente delirio fue la causa, aquellos cuadros colgados no solamente en las paredes principales, sino también en una porción de rincones que la arquitectura caprichosa del castillo hacía inevitable; hice a Pedro cerrar los pesados postigos del salón, pues ya era hora avanzada, encender un gran candelabro de muchos brazos colocado al lado de mi cabecera, y abrir completamente las cortinas de negro terciopelo, guarnecidas de festones, que rodeaban el lecho. Quíselo así para poder, al menos, si no reconciliaba el sueño, distraerme alternativamente entre la contemplación de estas pinturas y la lectura de un pequeño volumen que había encontrado sobre la almohada y que trataba de su crítica y su análisis.


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Dominio público
3 págs. / 6 minutos / 14.164 visitas.

Publicado el 21 de mayo de 2016 por Edu Robsy.

El Alienista

J. M. Machado de Assis


Novela corta


I. De cómo Itaguaí obtuvo una casa de orates

Las crónicas de la villa de Itaguaí dicen que en tiempos remotos había vivido allí un cierto médico, el doctor Simón Bacamarte, hijo de la nobleza de la tierra y el más grande de los médicos del Brasil, de Portugal y de las Españas. Había estudiado en Coimbra y Padua. A los treinta y cuatro años regresó al Brasil, no pudiendo lograr el rey que permaneciera en Coimbra al frente de la universidad, o en Lisboa, encargándose de los asuntos de la monarquía que eran de su competencia profesional.

—La ciencia —dijo él a su majestad— es mi compromiso exclusivo; Itaguaí es mi universo.

Dicho esto, retornó a Itaguaí, y se entregó en cuerpo y alma al estudio de la ciencia, alternando las curas con las lecturas, y demostrando los teoremas con cataplasmas.

A los cuarenta años se casó con doña Evarista da Costa e Mascarenhas, señora de veinticinco años, viuda de un juez—de—fora, ni bonita ni simpática. Uno de sus tíos, cazador de pacas ante el Eterno, y no menos franco que buen trampero, se sorprendió ante semejante elección y se lo dijo. Simón Bacamarte le explicó que doña Evarista reunía condiciones fisiológicas y anatómicas de primer orden, digería con facilidad, dormía regularmente, tenía buen pulso y excelente vista; estaba, en consecuencia, apta para darle hijos robustos, sanos e inteligentes. Si además de estos atributos —únicos dignos de preocupación por parte de un sabio— doña Evarista era mal compuesta de facciones, eso era algo que, lejos de lastimarlo, él agradecía a Dios, porque no corría el riesgo de posponer los intereses de la ciencia en favor de la contemplación exclusiva, menuda y vulgar, de la consorte.


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59 págs. / 1 hora, 44 minutos / 2.274 visitas.

Publicado el 21 de octubre de 2016 por Edu Robsy.

La Zapatera Prodigiosa

Federico García Lorca


Teatro


Personajes

ZAPATERA
VECINA ROJA
VECINA MORADA
VECINA NEGRA
VECINA VERDE
VECINA AMARILLA
BEATA PRIMERA
BEATA SEGUNDA
SACRISTANA
EL AUTOR
ZAPATERO
EL NIÑO
ALCALDE
DON MIRLO
MOZO DE LA FAJA
MOZO DEL SOMBRERO
HIJAS DE LA VECINA ROJA
VECINAS, BEATAS, CURAS Y PUEBLO

Prólogo

Cortina gris.

Aparece el Autor. Sale rápidamente. Lleva una carta en la mano.


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Dominio público
35 págs. / 1 hora, 1 minuto / 6.036 visitas.

Publicado el 20 de marzo de 2018 por Edu Robsy.

El Enano Saltarín (Rumpelstiltskin)

Hermanos Grimm


Cuento infantil


Cuentan que en un tiempo muy lejano el rey decidió pasear por sus dominios, que incluían una pequeña aldea en la que vivía un molinero junto con su bella hija. Al interesarse el rey por ella, el molinero mintió para darse importancia: "Además de bonita, es capaz de convertir la paja en oro hilándola con una rueca." El rey, francamente contento con dicha cualidad de la muchacha, no lo dudó un instante y la llevó con él a palacio.

Una vez en el castillo, el rey ordenó que condujesen a la hija del molinero a una habitación repleta de paja, donde había también una rueca: "Tienes hasta el alba para demostrarme que tu padre decía la verdad y convertir esta paja en oro. De lo contrario, serás desterrada."

La pobre niña lloró desconsolada, pero he aquí que apareció un estrafalario enano que le ofreció hilar la paja en oro a cambio de su collar. La hija del molinero le entregó la joya y... zis—zas, zis—zas, el enano hilaba la paja que se iba convirtiendo en oro en las canillas, hasta que no quedó ni una brizna de paja y la habitación refulgía por el oro.

Cuando el rey vio la proeza, guiado por la avaricia, espetó: "Veremos si puedes hacer lo mismo en esta habitación." Y le señaló una estancia más grande y más repleta de paja que la del día anterior.


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2 págs. / 4 minutos / 2.306 visitas.

Publicado el 23 de agosto de 2016 por Edu Robsy.

El Triple Robo de Bellamore

Horacio Quiroga


Cuento


Días pasados los tribunales condenaron a Juan Carlos Bellamore a la pena de cinco años de prisión por robos cometidos en diversos bancos. Tengo alguna relación con Bellamore: es un muchacho delgado y grave, cuidadosamente vestido de negro. Le creo tan incapaz de esas hazañas como de otra cualquiera que pida nervios finos. Sabía que era empleado eterno de bancos; varias veces se lo oí decir, y aun agregaba melancólicamente que su porvenir estaba cortado; jamás sería otra cosa. Sé además que si un empleado ha sido puntual y discreto, él es ciertamente Bellamore. Sin ser amigo suyo, lo estimaba, sintiendo su desgracia. Ayer de tarde comenté el caso en un grupo.

—Sí —me dijeron—; le han condenado a cinco años. Yo lo conocía un poco; era bien callado. ¿Cómo no se me ocurrió que debía ser él? La denuncia fue a tiempo.

—¿Qué cosa? —interrogué sorprendido.

—La denuncia; fue denunciado.

—En los últimos tiempos —agregó otro— había adelgazado mucho.

Y concluyó sentenciosamente:

—Lo que es yo no confío más en nadie.

Cambié rápidamente de conversación. Pregunté si se conocía al denunciante.

—Ayer se supo. Es Zaninski.

Tenía grandes deseos de oír la historia de boca de Zaninski: primero, la anormalidad de la denuncia, falta en absoluto de interés personal; segundo, los medios de que se valió para el descubrimiento. ¿Cómo había sabido que era Bellamore?

Este Zaninski es ruso, aunque fuera de su patria desde pequeño. Habla despacio y perfectamente el español, tan bien que hace un poco de daño esa perfección, con su ligero acento del Norte. Tiene ojos azules y cariñosos que suele fijar con una sonrisa dulce y mortificante. Cuentan que es raro. Lástima que en estos tiempos de sencilla estupidez no sepamos ya qué creer cuando nos dicen que un hombre es raro.


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Dominio público
3 págs. / 5 minutos / 546 visitas.

Publicado el 24 de enero de 2024 por Edu Robsy.

Debajo del Agua

Roberto Arlt


Cuento


Mi padre deseaba que yo siguiera el oficio de carpintero, y durante un tiempo estuve tentado de conformarme con esta sugerencia, pues la visión de un pequeño taller oloroso a virutas, con tablas arrinconadas y un tarro de cola calentándose al bañomaría, ocupaba mi vista con su prestigiosa frescura de viñeta escolar, porque en la escuela, precisamente, yo había estudiado en un libro donde se veía a un carpintero semejante, contento de ganarse laboriosamente el pan con el sudor de su frente; pero luego comprendí que mi temperamento inquieto no se avenía con ese oficio, y me negué a iniciar el aprendizaje, y mi bondadoso padre, que jamás me violentó en ninguna dirección de mi capricho, me respondió:

—Está bien, Jim; está bien. ¿Y qué es lo que querrías ser?

—Quiero trabajar debajo del agua —respondí.

—Es decir, ¿quieres ser buzo?

—Sí.

—Perfectamente, hijo: serás buzo. —Y dicho esto salió para el café, donde trabajaba descansadamente de camarero, y yo me quedé nuevamente inclinado sobre una descabalada revista, que no sé cómo llegó a mis manos, donde en planchas de papel satinado se desplegaban las maravillosas irisaciones de la fauna submarina: peces de metálicas escamas verdes y pupilas de rubí; peces voladores como recortadas palomas de terciopelo violeta; peces globulosos, escarlatas, como la flor del geranio; peces monstruosos, semejantes a troncos de árbol color de tabaco, cuyas dentadas bocas entreabiertas parecían reír. En un fondo celeste se veía a un buzo, inmóvil en un jardín submarino formado por estrellas lilas y nudosos tallos huecos que se anaranjaban como bajo el resplandor de un incendio. Oscuros y sonámbulos cangrejos extendiendo las inseguras antenas, avanzaban en pedregosos fondos de coral y amatista.


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Dominio público
7 págs. / 13 minutos / 192 visitas.

Publicado el 25 de diciembre de 2023 por Edu Robsy.

El Sueño de una Noche de Verano

William Shakespeare


Teatro, Comedia


DRAMATIS PERSONAE

TESEO, duque de Atenas.

EGEO, padre de Hermia.

LISANDRO y DEMETRIO, enamorados de Hermia.

FILÓSTRATO, director de fiestas de Teseo.

QUINCIO, carpintero.

SNUG, ensamblador.

BOTTOM, tejedor.

FLAUTO, componedor de fuelles.

SNOWT, calderero.

STARVELING, sastre.

HIPÓLITA, reina de las Amazonas, prometida de Teseo.

HERMIA, hija de Egeo, enamorada de Lisandro.

ELENA, enamorada de Demetrio.

OBERÓN, rey de las hadas.

TITANIA, reina de las hadas.

PUCK, o ROBÍN BUEN-CHICO, duende.

FLOR-DE-GUISANTE, TELARAÑA, POLILLA y GRANO-DE-MOSTAZA, hadas.

PÍRAMO, TISBE, MURO, LUZ DE LUNA y LEÓN, personajes del sainete.

Otras hadas del séquito de su rey y su reina. Séquito de Teseo e Hipólita.

La escena, en Atenas y un bosque de sus alrededores.

ACTO PRIMERO

ESCENA PRIMERA

Atenas. Cuarto en el palacio de Teseo.

Entran TESEO, HIPÓLITA, FILÓSTRATO y acompañamiento.

TESEO.—No está lejos, hermosa Hipólita, la hora de nuestras nupcias, y dentro de cuatro felices días principará la luna nueva; pero ¡ah!, ¡con cuánta lentitud se desvance la anterior! Provoca mi impaciencia como una suegra o una tía que no acaba de morirse nunca y va consumiendo las rentas del heredero.

HIPÓLITA.—Pronto declinarán cuatro días en cuatro noches, y cuatro noches harán pasar rápidamente en sueños el tiempo; y entonces la luna, que parece en el cielo un arco encorvado, verá la noche de nuestras solemnidades.

TESEO.—Ve, Filóstrato, a poner en movimiento la juventud ateniense y prepararla para las diversiones: despierta el espíritu vivaz y oportuno de la alegría y quede la tristeza relegada a los funerales. Esa pálida compañera no conviene a nuestras fiestas.

(Sale FILÓSTRATO.)


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Dominio público
56 págs. / 1 hora, 39 minutos / 22.255 visitas.

Publicado el 15 de diciembre de 2016 por Edu Robsy.

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