Textos más populares esta semana | pág. 73

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Su Olor A Dinosaurio

Horacio Quiroga


Cuento


El hombre abandona la ciudad y se instala en el desierto, a vivir por fin. Esta vida, esta soledad, esta elevación sobre sí mismo, que no comprende ninguno de sus amigos, constituye para él el verdadero existir. 

Este hombre no lleva consigo la suprema sabiduría de Purun Bhagat, ni flaquean sus fuerzas en la lucha occidental. No. Ha luchado como todos, tal vez en una línea más recta que sus semejantes. Regresa hoy a la naturaleza de que se siente átomo vital, desencantado de muchas cosas, más puro siempre, como un niño ante las ilusiones que el paisaje, la selva y su rocío destilan para él. 

Silencio, soledad… Este doble ámbito en que tambaleó el paso del primer hombre recién erguido, constituyó el terror de la especie humana cuando se arrastraba todavía a medias en la bestialidad natal. ¿No ha logrado aún el hombre liberarse de este estigma ancestral, que todavía hoy persiste y explora en cobardía ante la soledad y el silencio? 


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4 págs. / 7 minutos / 9 visitas.

Publicado el 21 de julio de 2026 por Brian.

¡Es Natural!

Horacio Quiroga


Poema, Lírica


Esther no me ha conocido. He pasado a su lado, temblando de emoción. Cuatro meses que no la veía, y me ha olvidado. Ya no se acuerda de mí, ella que me hizo conocer algo hermoso, yo que la quise tanto, que llegué á dudar de su existencia, ¡oh virgen de oro!

Y no me ha conocido —Allá cuando estaba muy lejos, soñé que me adoraba, pensé que pudiera no verla jamás, pensé que me despreciaba, que sus ojos mentían; pero en medio de mis luchas y cavilaciones, nunca, nunca creí que Esther no me conociera!

¿Qué puedo esperar, cuando mi dulce Esther, como la llamaba en mis momentos de ternura, ha perdido la memoria y le soy indiferente? ¡Pobre principio!


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Dominio público
1 pág. / 1 minuto / 8 visitas.

Publicado el 14 de septiembre de 2026 por Brian.

Sobre el Arte de Contar Historias

Horacio Quiroga


Ensayo


El manual del perfecto cuentista

Una larga frecuentación de las personas dedicadas entre nosotros a escribir cuentos, y alguna experiencia personal al respecto, me han sugerido más de una vez la sospecha de si no hay, en el arte de escribir cuentos, algunos trucs de oficio, algunas recetas de cómodo uso y efecto seguro, y si no podrían ellos ser formulados para pasatiempo de las muchas personas cuyas ocupaciones serias no les permiten perfeccionarse en una profesión mal retribuida por lo general, y no siempre bien vista.

Esta frecuentación de los cuentistas, los comentarios oídos, el haber sido confidente de sus luchas, inquietudes y desesperanzas, han traído a mi ánimo la convicción de que, salvo contadas excepciones en que un cuento sale bien sin recurso alguno, todos los restantes se realizan por medio de recetas o trucs de procedimiento al alcance de todos, siempre, claro está, que se conozcan su ubicación y su fin.

Varios amigos me han alentado a emprender este trabajo, que podríamos llamar de divulgación literaria, si lo de literario no fuera un término muy avanzado para una anagnosia elemental.

Un día, pues, emprenderé esta obra altruista, por cualquiera de sus lados, y piadosa, desde otro punto de vista.

Hoy apuntaré algunos de los trucs que me han parecido hallarse más a flor de ojo. Hubiera sido mi deseo citar los cuentos nacionales cuyos párrafos extracto más adelante. Otra vez será. Contentémonos por ahora con exponer tres o cuatro recetas de las más usuales y seguras, convencidos de que ellas facilitarán la práctica cómoda y casera de lo que se ha venido a llamar el más difícil de los géneros literarios.


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25 págs. / 44 minutos / 7.046 visitas.

Publicado el 20 de octubre de 2017 por Edu Robsy.

Martes de Carnaval

Ramón María del Valle-Inclán


Teatro, Esperpento


ESPERPENTO DE LAS GALAS DEL DIFUNTO

DRAMATIS PERSONAE

LA BRUJA DE LOS MANDADOS EN LA CASA LLANA
UNA DAIFA Y JUANITO VENTOLERA, PISTOLO REPATRIADO
UN GALOPIN MANCEBO DE BOTICA
EL BOTICARIO DON SÓCRATES GALINDO Y DOÑA TERITA LA BOTICARIA
TRES SOLDADOS DE RAYADILLO: PEDRO MASIDE, FRANCO RICOTE Y EL BIZCO MALUENDA
UN SACRISTAN Y UN RAPISTA
LA MADRE CELESTINA Y LAS NIÑAS DEL PECADO

ESCENA PRIMERA

(LA CASA DEL PECADO, EN UN ENREDO DE CALLEJONES, CERCA DEL MUELLE VIEJO PRIMA NOCHE. LUCES DE LA MARINA. CANTOS REMOTOS EN UN CAFETIN. Guiños de las estrellas. Pisadas de zuecos. Brilla la luna en las losas mojadas de la acera: Tapadillo de la Carmelitana: Sala baja con papel floreado: Dos puertas azules, entornadas sobre dos alcobas: En el fondo, las camas tendidas con majas colchas portuguesas: En el reflejo del quinqué, la daifa pelinegra, con un lazo detonante en el moño, cierra el sobre de una carta: Luce en la mejilla el rizo de un lunar. A la bruja que se recose el zancajo en el fondo mal alumbrado de una escalerilla, hizo seña mostrando la carta. La coima muerde la hebra, y se prende la aguja en el pecho)

LA BRUJA.— ¡Vamos a ese fin del mundo! ¡Si siquiera de tantas idas se sacase algún provecho!...

LA DAIFA.— La carta va puesta como para conmover una peña.

LA BRUJA.— ¡Ay, qué viejo renegado! ¡Cuándo se lo llevará Satanás!...

LA DAIFA.— Es muy contraria mi suerte.

LA BRUJA.— ¡Sí que lo es! ¡El padre acaudalado y la hija arrastrada!

LA DAIFA.— ¡Y tener que desearle la muerte para mejorar de conducta!

LA BRUJA.— ¡Si te vieras con capitales, era el ponerte de ama y dorarte de monedas, que el negocio lo puede! ¡Y no ser ingrata con una vida que te dió refugio en tu desgracia!


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110 págs. / 3 horas, 13 minutos / 3.240 visitas.

Publicado el 18 de diciembre de 2018 por Edu Robsy.

El Licenciado Vidriera

Miguel de Cervantes Saavedra


Novela corta


Paseándose dos caballeros estudiantes por las riberas de Tormes, hallaron en ellas, debajo de un árbol durmiendo, a un muchacho de hasta edad de once años, vestido como labrador. Mandaron a un criado que le despertase; despertó y preguntáronle de adónde era y qué hacía durmiendo en aquella soledad. A lo cual el muchacho respondió que el nombre de su tierra se le había olvidado, y que iba a la ciudad de Salamanca a buscar un amo a quien servir, por sólo que le diese estudio. Preguntáronle si sabía leer; respondió que sí, y escribir también.

­Desa manera ­dijo uno de los caballeros­, no es por falta de memoria habérsete olvidado el nombre de tu patria.

­Sea por lo que fuere ­respondió el muchacho­; que ni el della ni del de mis padres sabrá ninguno hasta que yo pueda honrarlos a ellos y a ella.

­Pues, ¿de qué suerte los piensas honrar? ­preguntó el otro caballero.

­Con mis estudios ­respondió el muchacho­, siendo famoso por ellos; porque yo he oído decir que de los hombres se hacen los obispos.

Esta respuesta movió a los dos caballeros a que le recibiesen y llevasen consigo, como lo hicieron, dándole estudio de la manera que se usa dar en aquella universidad a los criados que sirven. Dijo el muchacho que se llamaba Tomás Rodaja, de donde infirieron sus amos, por el nombre y por el vestido, que debía de ser hijo de algún labrador pobre. A pocos días le vistieron de negro, y a pocas semanas dio Tomás muestras de tener raro ingenio, sirviendo a sus amos con tanta fidelidad, puntualidad y diligencia que, con no faltar un punto a sus estudios, parecía que sólo se ocupaba en servirlos. Y, como el buen servir del siervo mueve la voluntad del señor a tratarle bien, ya Tomás Rodaja no era criado de sus amos, sino su compañero.


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29 págs. / 52 minutos / 2.739 visitas.

Publicado el 21 de abril de 2016 por Edu Robsy.

Prosas Profanas

Rubén Darío


Poesía


A Carlos Vega Belgrano, afectuosamente,
este libro dedica
R. D.

Palabras liminares

Después de Azul... después de Los raros, voces insinuantes, buena y mala intención, entusiasmo sonoro y envidia subterránea —todo bella cosecha— solicitaron lo que, en conciencia, no he creído fructuoso ni oportuno: un manifiesto.

Ni fructuoso ni oportuno:

a) Por la absoluta falta de elevación mental de la mayoría pensante de nuestro continente, en la cual impera el universal personaje clasificado por Remy de Gourmont con el nombre de Celui-qui-ne-comprend-pas. Celui-qui-ne-comprend-pas es entre nosotros profesor, académico correspondiente de la Real Academia Española, periodista, abogado, poeta rastaquouer.

b) Porque la obra colectiva de los nuevos de América es aún vana, estando muchos de los mejores talentos en el limbo de un completo desconocimiento del mismo Arte a que se consagran.

c) Porque proclamando, como proclamo, una estética acrática, la imposición de un modelo o de un código, implicaría una contradicción.

Yo no tengo literatura «mía» —como lo ha manifestado una magistral autoridad—, para marcar el rumbo de los demás: mi literatura es mía en mí; quien siga servilmente mis huellas perderá su tesoro personal y, paje o esclavo, no podrá ocultar sello o librea. Wagner a Augusta Holmes, su discípula, le dijo un día: «lo primero, no imitar a nadie, y sobre todo, a mí». Gran decir.

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Dominio público
44 págs. / 1 hora, 17 minutos / 2.369 visitas.

Publicado el 10 de octubre de 2018 por Edu Robsy.

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