Texto: El Intruso

Vicente Blasco Ibáñez


Novela


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El Intruso

Novela sobre un enfrentamiento real sucedido en Bilbao

La novela gira sobre los acontecimientos que llevaron al enfretamiento violento de miles de personas en Bilbao, el once de octubre de 1903. Aquel once de octubre era el día de la Virgen de Begoña, Patrona de Vizcaya para los católicos, que se disponian a subir hasta su basílica en procesión. Por otro lado, el proletariado minero y de los altos hornos acudía a Bilbao a manifestarse en pro de sus reivindaciones. El enfrentamiento entre, por un lado, los que acudían a la procesión, Bizkaitarras según la expresión recien acuñada, apoyados por los jesuitas de Deusto, y por el otro lado los trabajadores, que eran estigmatizados como maketos, fue de una violencia inusitada. Blasco Ibañez situó a los personajes de su novela en esa manifestación, buscando el climax en su enfrentamiento cara a cara.

El motivo del título aparece claramente explicado en el punto medio de la narración. Aresti habla con su primo, Sánchez Morueta, y le dice que acaba de leer en francés el drama La Intrusa, de Maeterlinck. Le plantea que si bien en el drama la Intrusa, con mayúscula, es la Muerte, en la realidad cotidiana de sus vidas el Intruso es el jesuita. Ese Enemigo, silencioso como la Muerte, se le ha colado en casa y se ha de adueñar de todo, hasta de la vida de Sánchez Maura, le dice Aresti a su primo.


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Fragmento de El Intruso

Aresti, guiado por su acompañante, entró en la casa del cura para ver á éste, inmóvil en un sillón, desalentado y tembloroso ante la proximidad de la muerte. Al reconocer al doctor, con el que había disputado más de una vez en casa de Sánchez Morueta, el viejo mostró en sus gestos cierta esperanza. ¡A ver si podía salvarlo con aquella ciencia que había ensalzado tantas veces al discutir con él! No podía dormir, no podía acostarse; se ahogaba. Aresti conoció á primera vista la gravedad de su dolencia. Tenía enfermo el corazón, el órgano rebelde á todo reparo. Por más que intentó animar al enfermo con palabras alegres, el viejo, con su astucia aguzada por el miedo, adivinó la ineficacia del remedio, entre aquellos planes de curación que Aresti le proponía por decir algo.

—¡Lo mismo que los otros!—gimió.—¡Ay Virgen de Begoña!... ¡Virgen de Begoñaaa!

El acento desesperado con que llamaba á la Virgen, revelaba el egoísmo de la vida, agarrándose á la última esperanza, implorando un milagro, con la ilusión de que, en favor suyo, se rompiesen y transtornasen todas las leyes de la existencia.


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307 págs. / 8 horas, 58 minutos / 43 visitas.
Publicado el 19 de abril de 2016 por Edu Robsy.