Libro gratis: El Sapo
de Vicente Blasco Ibáñez


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Cuento


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El Sapo

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Fragmento de «El Sapo»

Sí, era una enfermedad extraña y horrible. La gente, en su predisposición a creer en toda clase de dolencias extraordinarias y raras, sabía ya con certeza qué era aquello. Visanteta tenía un sapo en la barriga. Habla bebido agua en una charca del cercano río, y la mala bestia, pequeña, casi imperceptible, habíase colado en su estómago, creciendo desmesuradamente. Las buenas vecinas, trémulas de asombro, acudían a la barraca de la Soberana para examinar a la chica. Todas con cierta solemnidad, palpaban el hinchado abdomen, buscando en su tirante superficie el relieve de la oculta bestia. Algunas, más viejas y experimentadas, sonreían con expresión triunfante. Estaba allí, bajo su mano sentían las palpitaciones de su vida, se movía... sí, ¡se movía! Y tras grave deliberación, acordaban los remedios para expulsar al incómodo huésped. Daban a la chica cucharadas de miel de romero para que la mala bestia acudiese golosa, y cuando más tranquila estaba en su regodeo, ¡cataplum! una inundación de jugo de cebolla con vinagre que la hiciese salir a todo galope. Al mismo tiempo le aplicaban al vientre milagrosos emplastos, para que el aspo, sin un momento de calma, escapase despavorido: estopas mojadas en aguardiente y saturadas de incienso; marañas de cáñamo embreado del calafateo de las barcas; hierbas del monte; simples pedazos de papel con números, cruces y el sello de Salomón, vendidos por un curandero de la ciudad. Visanteta creía morir con estos remedios que entraban por su boca. Estremecíase por las escalofríos del asco, se arqueaba en horribles náuseas, como si fuese a expeler las entrañas, pero el odioso sapo no se dignaba asomar una de sus patas; y la Soberana ponía el grito en el cielo. ¡Ay su hija!... Jamás lograrían tales remedios echar fuera al perverso animal; era mejor dejarlo tranquilo y que no martirizase a la chica; darle mucho de comer, que no se nutriera solo con el jugo de su Visanteta, cada vez mas paliducha y débil.


7 págs. / 13 minutos.
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Publicado el 29 de agosto de 2022 por Edu Robsy.


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