Texto: Nuestra Señora de París
de Victor Hugo


Novela


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Nuestra Señora de París

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Fragmento de Nuestra Señora de París

En aquel momento se elevó un clamor entre los hampones: ¡La Esmeralda! ¡La Esmeralda!

Gringoire se echó a temblar y se volvió hacia el lado de donde procedía el clamor. La multitud se separó y dio paso a una pura y resplandeciente figura. Era la gitana.

—¡La Esmeralda! —dijo Gringoire, estupefacto, en medio de sus emociones, sintiendo cómo esa palabra mágica era capaz de aglutinar todos los recuerdos del día.

Hasta en la corte de los milagros parecía ejercer su imperio y encanto aquella extraña criatura. A su paso, hampones y hamponas se ponían calmadamente en fila y hasta sus rostros brutales se iluminaban bajo sus miradas.

Se aproximó al sentenciado con paso ligero seguida por su cabrita Djali. Gringoire estaba ya más muerto que vivo. La Esmeralda le examinó un momento en silencio.

—¿Vais a ahorcar a este hombre? —preguntó a Clopin con mucha seriedad.

—Sí, hermana —le respondió el rey de Túnez—; a menos que tú le tomes por marido.


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580 págs. / 16 horas, 55 minutos.
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Publicado el 23 de marzo de 2017 por Edu Robsy.


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