Texto: Sor Natalia
de Villiers de L'Isle Adam


Cuento


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Sor Natalia

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Fragmento de Sor Natalia

—Señora, bien lo ves: estoy llorando y te suplico que no me prives de tu compasión, pues no es sino desfallecida y angustiada —y con tu santa imagen en el fondo de todos mis pensamientos— como me voy a exiliar de aquí. ¡Oh, Reina de la pureza! ¿Tendrás piedad de la que, por un amor mortal, deserta del pórtico de la salvación? ¿Estás oyendo? Esa voz, en su ferviente fidelidad, me está implorando. Si no voy, ¡él va a morir! ¿Cómo condenar los desvaríos que ha soportado tanto tiempo sin esperanza y sin queja? ¿Cómo persistir en no consolar al que tanto ama? Tú, Señora, que sabes cuánto te amo, y cómo me reconforta venir aquí cada tarde a suplicarte, perdóname. Aquí está mi velo, aquí la llave de mi celda; a tus pies los deposito. Pero, ¡no puedo más, me ahogo… esa voz… me atrae… adiós, adiós!

De pie, vacilante, sin atreverse a levantar los ojos, sor Natalia dejó la santa llave y el velo a los pies de la azul Señora de dulce rostro de luz, de ojos bajados y a la vez dirigidos hacia ¡qué cielos y qué estrellas! Luego, apoyándose en los pilares, llegó hasta la puerta y después de un instante la abrió: descendió los peldaños y se encontró en el camino que se prolongaba hasta la lejanía, bajo la claridad de una gran luna que iluminaba el campo.


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3 págs. / 5 minutos.
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Publicado el 23 de octubre de 2016 por Edu Robsy.


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