Texto: La Novia de Lammermoor
de Walter Scott


Novela


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La Novia de Lammermoor

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Fragmento de La Novia de Lammermoor

Lucy Ashton se había internado en esos laberintos imaginativos que resultan peligrosísimos para los jóvenes sensibles. Ciertamente, el tiempo, la ausencia, el cambio de escenario y de rostros, podrían haber destruido su ilusión, como ha ocurrido en tantos casos, pero ella vivía muy sola y su espíritu carecía de esos medios para alejar sus agradables visiones. Esta soledad se debía principalmente a la ausencia de Lady Ashton, quien se hallaba entonces en Edimburgo, interesada en alguna intriga política; y el Lord Keeper sólo recibía visitas para sus asuntos, siendo por naturaleza más bien reservado e insociable. Por ello, no había rival para oscurecer el cuadro que Lucy se había pintado a sí misma con un retrato entusiasta de Ravenswood.

Mientras Lucy se complacía con estos ensueños, visitaba con frecuencia a la anciana ciega, esperando le sería fácil hacer hablar a Alice sobre el tema al cual concedía ella ahora, imprudentemente, una parte tan amplia de sus pensamientos. Pero Alice no se mostró dispuesta a satisfacer sus deseos. Hablaba gustosa, y con cariño, de aquella familia en general, pero guardaba un cauto silencio en lo referente al representante actual de los Ravenswood. Lo poco que dijo de él no fue tan favorable como Lucy había previsto. Dio a entender que era de un carácter duro e implacable, poco dispuesto a perdonar ofensas. Y Lucy relacionó, alarmada, las consecuencias que se deducían de esta peligrosa condición con la advertencia de Alice a su padre, en que la vieja insistió tanto, «¡Cuidado con Ravenswood!».


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277 págs. / 8 horas, 6 minutos.
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Publicado el 14 de diciembre de 2016 por Edu Robsy.


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