Libro gratis: Cuentos de la Alhambra
de Washington Irving


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Cuento, Historia


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Cuentos de la Alhambra

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Edición física


Fragmento de Cuentos de la Alhambra

Levantándome, pues, y casi sonriéndome por esta flaqueza momentánea, resolví arrostrar el peligro, y, lámpara en mano, salí a hacer un reconocimiento por el antiguo Palacio. Pero, a pesar de todo el poder y esfuerzos de mi razón, la empresa parecíame arriesgada. Los resplandores de mi lámpara no se extendían más que a una limitada distancia a mi alrededor, andaba como en una aureola de luz, y fuera de ella todo era oscuridad. Los embovedados corredores parecían cavernas, y las bóvedas de los salones se perdían en las tinieblas: ¿qué invisible enemigo me estaría acechando por un lado o por otro? Mi propia sombra, dibujándose en las paredes de alrededor, y el eco de mis pisadas mismas me hacían temblar de miedo.

En este estado de excitación, y conforme iba atravesando el Salón de Embajadores, oí rumores verdaderos que no eran ya imaginaria ilusión mía. Sordos quejidos y confusas articulaciones parecían salir como de debajo de mis pies. Me paré y escuché. Entonces me figuré que resonaban por fuera de la torre. Unas veces semejaban aullidos de un animal; otras, gritos ahogados mezclados con sofocados ruidos. El mágico efecto de estos gemidos a tal hora y en sitio tan extraño destruyeron todo deseo de seguir mi solitario paseo. Volví a mi cuarto con más prisa que había salido, y respiré con más libertad cuando me vi dentro de sus paredes, cerrando la puerta detrás de mí. Cuando desperté por la mañana y percibí los resplandores del sol en mi ventana e iluminado todo el edificio con sus alegres y vívidos rayos, empecé a recordar las sombras e ilusiones conjuradas en la oscuridad de la pasada noche, y me parecía imposible que aquellos objetos que me rodeaban y que entonces veía en su sencilla realidad pudieran haber estado velados con tan imaginarios horrores.


281 págs. / 8 horas, 12 minutos.
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Publicado el 21 de febrero de 2017 por Edu Robsy.


Valoraciones


Gerardo Quiroz Chueca  Gerardo Quiroz Chueca

  Lamento que pueda estar limitada la difusión de esta obra.
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Por ella es Irving más conocido que por sus otros cuentos, de factura moderna y ágil. Goza de tal prestigio en su insular y pionera concepción romántica que convendría mucho que una biblioteca española contribuyese a la necesaria revisión de su aporte, cosa muy productiva en la formación del criterio literario, en su caso, y en la de la generalidad de los jóvenes tiene fuerte valor vivencial. Es recomendable para que puedan aprovechar, por lo menos, su entusiasmo por España en su formación personal, ya que se trata de una obra que se concibió para educar, dando la imagen recreada de un espíritu nacional que ha llegado a cuajar del modo en que lo concibió este autor; por tanto, su influjo justifica que esté a la mano. El deleite del lector al participar de su fantasía, desbocada pero al mismo tiempo ingeniosa, se condice con el vigor de la prosa de que hace gala, sin duda más apreciable porque procede de una tradición escritural ajena a la española, que así se enriquece también, y es admirable el molde formal que establece, convirtiendo las leyendas exóticas para él en relatos que sus pares puedan disfrutar, de modo periodístico casi, pero sin perder el encanto de las reminiscencias de un viajero fascinado por sensaciones inesperadas que ha podido descubrir en un medio ajeno y hacer suyas. El lector queda, repito, en deuda con este viajero audaz que comparte sus vivencias antes que nada, con el solo afán de deslumbrar.


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