Texto: Dos Destinos
de Wilkie Collins


Novela


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Dos Destinos

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Fragmento de Dos Destinos

Me levanté, avancé y retrocedí, tratando de dar un nuevo rumbo al curso de mis pensamientos.

Resultaba imposible. Tras años de destierro, Mary había regresado a mi mente. Me senté de nuevo en la orilla del río. El sol se estaba poniendo velozmente. Unas sombras negras se cernían por debajo de los arcos del viejo puente de piedra. La luz roja se había extinguido sobre las aguas y las había teñido de un monótono gris acero. Las primeras estrellas asomaban plácidamente en un cielo sin nubes. Los primeros temblores de la brisa nocturna se oían entre los árboles y se veían, aquí y allá, en las zonas poco profundas del arroyo. Pero cuanto más oscurecía, más insistía el retrato en transportarme al pasado y más nítida se me aparecía la imagen, tanto tiempo olvidada, de la pequeña Mary.

¿Anunciaba aquello su regreso en sueños, hecha toda una mujer y en plena flor de la vida?

Tal vez sí.

Había dejado de ser indigno de ella, como lo fui tiempo atrás. Mi reacción al ver el retrato se debía a unos cambios favorables, morales y mentales, que había ido experimentado desde la época en que la herida me había dejado indefenso y entre extraños, en una tierra desconocida. La enfermedad, que ha servido de maestro y amigo a más de un hombre, también había obrado en mí. Contemplé con horror los vicios de mi juventud y los estériles días que les siguieron, en los que había dudado impíamente de todo lo más noble y consolador de la existencia humana. Consagrado por el dolor y purificado por el arrepentimiento, ¿servía de algo esperar que su alma y la mía todavía pudieran unirse? ¿Quién podría decirlo?


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264 págs. / 7 horas, 43 minutos.
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Publicado el 6 de febrero de 2017 por Edu Robsy.


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