Texto: La Pobre Señorita Finch
de Wilkie Collins


Novela


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La Pobre Señorita Finch

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Fragmento de La Pobre Señorita Finch

A primera hora de la noche, Lucilla tomó asiento ante el pianoforte y yo visité la otra ala de la casa rectoral de acuerdo con una cita previamente concertada.

La desdichada señora Finch había decidido llevar a cabo una completa reforma de su guardarropa. Me encareció que la obsequiara con la ventaja de «mi educado gusto francés» y que actuase como crítica y consejera confidencial. «No puedo permitirme el lujo de comprar nuevas prendas —dijo la pobre señora—, pero tal vez lleguemos a un acuerdo a la hora de hacer unas cuantas composturas en las prendas que poseo, sobre todo si de ello se encarga la persona indicada.» ¿Quién iba a resistirse a tan patética apelación? Me resigné al bebé, a la novela y a los niños en general, y como el reverendo Finch no estaba a mano, ocupado en la tarea de escribir su sermón dominical, me presenté en el recibidor de la señora Finch llena de ideas a rebosar, con las tijeras y el papel de los patrones en la mano.

Acabábamos de comenzar nuestra operación cuando llegó uno de los niños de mayor edad con un mensaje del cuarto de los niños.


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570 págs. / 16 horas, 38 minutos.
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Publicado el 30 de enero de 2017 por Edu Robsy.


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