Texto: Las Hojas Caídas
de Wilkie Collins


Novela


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Las Hojas Caídas

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Edición física


Fragmento de Las Hojas Caídas

Escuché atento al principio, con la esperanza de recabar cierta información. Las lecciones sobre historia moderna recibidas en Tadmor nos habían servido para entender la posición dominante de la clase media en Inglaterra desde que se aprobó la primera Ley de Reforma. Los invitados del señor Farnaby representaban la respetable mediocridad de una posición social ventajosa, la media profesional y comercial de la nación. Todos ellos hablaban con labia más que suficiente; tan sólo yo y un anciano caballero que estaba sentado a mi lado nos limitábamos a escuchar. Yo había pasado la mañana perezosamente, sin hacer nada en el salón de fumadores del hotel, leyendo los periódicos del día. ¿Quiere saber qué me tocó oír cuando aquellos políticos aficionados dieron comienzo a su discusión? Oí cómo se traducían los principales artículos de la prensa del día a una osada conversación, y los oí fríamente enunciados por un comensal u otro, como si fuesen sus propios puntos de vista sobre cuestiones de interés público. Esa absurda impostura dio la vuelta entera a la mesa, y fue recibida y respetada por todos los presentes con una estólida solemnidad de mentirijillas que a mí me dio auténtica vergüenza testimoniar. Ninguno de los presentes dijo: «Lo he leído hoy mismo en el Times, o en el Telegraph». Ninguno de los presentes tenía opinión propia; si la tenía, desde luego no se tomó la molestia de esbozarla; si nada sabía del tema en cuestión, tampoco tuvo la honestidad de decirlo. Aquello fue una enorme simulación, que todos se conjuraron para tomar sin más por la realidad misma: ahí tiene una descripción ajustada de cómo estaba el sentimiento político entre los representativos invitados a la cena del señor Farnaby. No me limito a juzgarlos con aspereza tan sólo mediante un ejemplo; he asistido a clubes y a festejos públicas, pero siempre he oído una y otra vez lo mismo que oí en el comedor del señor Farnaby. ¿Hace falta una gran capacidad de previsión para entender que semejante estado de hechos no puede durar mucho más en un país que todavía no ha dado por concluidas sus propias reformas? Creo que ya es hora, en Inglaterra, de que el pueblo se forme sus propias opiniones, y de que tales opiniones se hagan escuchar. Será entonces cuando el Parlamento por fuerza tenga que abrirle sus puertas.


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467 págs. / 13 horas, 38 minutos.
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Publicado el 1 de febrero de 2017 por Edu Robsy.


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