Texto: Julio César
de William Shakespeare


Teatro, Drama, Tragedia


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Julio César

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Fragmento de Julio César

CICERÓN.— Buenas noches, Casca. ¿Llevaste a César a casa?
¿Por qué vienes sin aliento y con los ojos en blanco?

CASCA.— ¿No te asusta cuando todo el reino de la tierra
se agita como una pluma? Ah, Cicerón,
he visto tempestades rasgar los robles nudosos; he visto
al ambicioso mar hincharse de espuma y furia,
tratando de rozar las atroces nubes;
pero nunca hasta esta noche, nunca antes,
crucé una tempestad que escupiera fuego.
Te digo, o están de guerra civil en el cielo
o el mundo se ha insolentado tanto
que los dioses nos mandan la destrucción.

CICERÓN.— ¿Y eso? ¿Hubo algo más que te asombrara?

CASCA.— Un esclavo común (le debes conocer de vista)
levantó su mano izquierda, que ardía en llamas
como veinte antorchas juntas; y, con todo,
¿me creerás?, no estaba siquiera chamuscada.
Aún peor, frente al Capitolio encontré un león
(desde entonces no guardo la espada)
que me clavó los ojos y se alejó ofendido
sin molestarme. Y en un montículo, reunidas,
había unas cien mujeres pálidas como fantasmas,
aterradas, que juraban haber visto correr,
calle arriba y calle abajo, a hombres vestidos de fuego.
Y ayer, el pájaro de la noche se instaló sobre el foro
a chillar y graznar en pleno mediodía.
Cuando estas rarezas coinciden, que nadie me venga
con que son fenómenos naturales
pues yo sé que traen presagios
funestos para el sitio señalado.


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64 págs. / 1 hora, 53 minutos.
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Publicado el 27 de abril de 2017 por Edu Robsy.


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