Cuento de guerra

Xosé Ramón Barreiro Fernández


Cuento, Francesada, Galicia


Traducción por Fernando Guzmán 2025


Alrededor de la chimenea del viejo pazo de San Fiz, junto al fuego, en las noches de invierno, mi abuelo Xohan Ramón nos contaba cuentos de luchas, cuentos de guerras, recuerdos de la francesada, que el tío Lourenzo —que había sido cadete de los Reales Ejércitos en sus tiempos jóvenes y luego había comandado una Alarma— le había contado a él, cuando él era como nosotros, en el mismo sitio, alrededor de aquel hogar que era, por la tradición de la casa, el altar donde nos moldeaban el corazón a los de mi casta.
Hoy, en el pazo de San Fiz, ya no arde el fuego en la chimenea ni queda de él más que mis recuerdos. No queda piedra sobre piedra. El desamor de unos y la ruindad de otros deshicieron el pazo y, con el pazo, el hogar.
Uno de aquellos cuentos era de los tiempos de la francesada. Los ejércitos ingleses se retiraban para embarcar a través de La Coruña. Era una retirada trágica... de muerte.
Nuestras Alarmas les ayudaban a salvarse.
El del tío Lourenzo salió para proteger las últimas fuerzas, donde venían los enfermos y los heridos.
En un instante, el ejército gabacho llegó cerca de ellos. Allí no quedaban ya, para luchar, más que unos cuantos hombres de nuestra Alambra; entonces, a la prisa, de cualquier manera, subieron a los heridos a un castro que de allí a poco estaba. Entre aquellos héroes hubo uno que no pudo llegar. La muerte le tenía ya clavadas sus garras: era un alférez galés que moría de dolor y de saudade.
El tío Lourenzo se quedó a su lado; no podía dejar abandonado a aquel hombre que era un hermano de lucha y de cultura, que había venido a ayudarnos y moría por nosotros.
El abuelo Xohan Ramón, cuando nos decía que la Saudade lo era todo para nuestra gente, nos contaba siempre este cuento...
...y decía:
—Levántame un poco, hermano, que vea allá el confín; déjame ver el mar, el mar de mi anhelo, ese mar deseado que está ya cerca, cerquita, que besa mi tierra.
Ya iba a levantarlo un poquito para que viera lo que tanto anhelaba, y otra vez la metralla enemiga golpeó contra el terraplén que de trinchera nos servía. Los terrones y la tierra volvieron a cubrirnos casi por completo.
La sangre del galés ya empapaba su guerrera y los dorados entorchados no relucían ya. Yo veía que la vida se iba de aquel cuerpo; sé, para mí, que solamente el grande y fuerte anhelo de aquella Patria lejana sostenía su aliento.
Y seguía tronando la tierra; los lamentos de dolor nos rodeaban y, aún más escalofrío me hacían en mis huesos, las silbadoras balas que súbitas pasaban sobre nosotros.
—¡Mira tú, hermano, ¿ya vienen?! ¡Señor Dios mío, permíteles que lleguen y nos salven! ¿No ves, Dios mío, que ya no puedo, que ni fusil ni espada ya me quedan? Déjame besar a los míos, ¡una vez solamente, y moriré en paz! Mira, hermano, mira otra vez. ¡Por tu Dios te lo ruego!
Ya no podía más; en el suelo veía un charco donde mi sangre se confundía con la sangre del galés. Pero no quiero que mi hermano de muerte muera sin cumplir su deseo postrero y, en un supremo esfuerzo, conseguí levantar su cuerpo ya casi sin vida.
Se abrieron sus ojos azules, se abrieron mucho, parecían los ojos de un gigante; miraba con alegría... era ya la última mirada... Y otra bala, otra ruin e infortunada bala vino a herir de nuevo su maltrecho pecho.
—Yo muero, hermano, yo muero; ya veo lejana, como nunca, mi tierra; ya el bendito olor del mar no llega a mi.
Perdí las fuerzas y los dos rodamos hacia el fondo de aquella hondonada. Vi morir al galés. Todavía me parece que su maldición retumba en mis oídos con más fuerza que los cañones del maldecido gabacho:
—¡Maldito seas tú, ladrón de mi vida!
¡Maldito seas tú, que me haces morir en tierra ajena, sin tener a mi lado a mis hijitos, a mi mujercita, a mi santa madre!
¡Que el Dios que te ampara no te dé más bien que el mal que trae la guerra!






Vocabulario
Pazo: Casa solariega gallega, generalmente de piedra, vinculada a familias nobles o hidalgas. El pazo es símbolo de tradición y linaje en Galicia; suele tener capilla, escudo heráldico propio y tierras.
Francesada: Nombre popular dado en Galicia y otras regiones a la invasión napoleónica de principios del siglo XIX. Evoca tanto la violencia de la guerra como la resistencia popular.
Alarma: Milicia local formada por vecinos para defenderse en tiempos de guerra. En la Guerra de Independencia española, las “Alarmas” eran grupos improvisados que apoyaban a los ejércitos regulares.
Castro: Poblado fortificado de origen prerromano, típico del noroeste de la Península Ibérica. En la narrativa gallega, el castro simboliza refugio y resistencia ancestral.
Saudade: Sentimiento profundo de nostalgia, melancolía y anhelo por algo ausente. Concepto central en la cultura gallega y portuguesa; difícil de traducir plenamente.
Gabacho: Término coloquial y despectivo para referirse a los franceses. En la época de la invasión napoleónica, se usaba con carga de rechazo y enemistad.

Guerrera: Prenda militar de uniforme, generalmente una chaqueta ajustada. En la literatura bélica, la guerrera empapada de sangre simboliza el sacrificio del soldado.
Entorchados: Bordados dorados en los uniformes militares que indican rango. Su brillo era signo de prestigio; apagarse en la batalla simboliza la caída del héroe.
Alférez: Grado militar inferior a teniente, encargado de portar la bandera o estandarte. Figura simbólica de juventud y sacrificio en la tradición militar.
Galés: Gentilicio que designa a la persona originaria de Gales, nación constituyente del Reino Unido. El término “galés” no solo indica procedencia geográfica, sino también pertenencia a una tradición cultural celta con lengua propia (cymraeg) y fuerte identidad nacional. En la literatura y en los relatos bélicos, “galés” evoca la figura del soldado británico que lucha lejos de su tierra, cargado de nostalgia.

Publicado el 11 de enero de 2026 por Fernando Guzmán.
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