Textos de Dante Alighieri

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autor: Dante Alighieri


Convivio

Dante Alighieri


Filosofía


Tratado primero

I

Como dice el filósofo al principio de la primera filosofía, todos los hombres, por naturaleza, desean saber. La razón de lo cual puede ser el que toda cosa impulsada por providencia de su propio natural, inclínase a su perfección; de aquí que, pues la ciencia es la última perfección de nuestra alma, y en ella reside nuestra última felicidad, todos, por naturaleza, a desearla estamos sujetos. En verdad, muchos están privados de esta nobilísima perfección, por diversas causas, que dentro del hombre y fuera de él le apartan del hábito de la ciencia.

Dentro del hombre puede haber dos defectos o impedimentos: uno, por parte del cuerpo; el otro, por parte del alma. Por parte del cuerpo lo hay cuando las partes están indebidamente dispuestas, así que nada puede percibir, como son los sordos, mudos y sus semejantes. Por arte del alma lo hay cuando la malicia vence en ella, de modo que da en seguir viciosos deleites, en los cuales tanto engaño recibe, que por ellos tiene por vil toda otra cosa.

Fuera del hombre, pueden ser asimismo comprendidas dos causas, una de las cuales es inductora de necesidad, la otra de pereza. La primera son las atenciones familiares y civiles, que necesariamente sujetan al mayor número de los hombres, de modo que no pueden permanecer en ocio de especulación. La otra es el defecto del lugar donde la persona ha nacido y se ha criado, pues a veces estará, no solamente privada de todo estudio, sino lejos de gente estudiosa.

Las dos primeras de estas causas, esto es, la primera por la parte de dentro y la primera por la parte de fuera, no son vituperables, sino merecedoras de excusa y perdón; las otras dos, y aun la una más que la otra, merecen ser reprobadas y abominadas. Manifiestamente, pues, puede ver quien bien considere que pocos son aquellos a quienes les es dado lograr el hábito por todos...


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223 págs. / 6 horas, 31 minutos / 21 visitas.
Publicado el 30 de junio de 2018 por Edu Robsy.

Monarquía

Dante Alighieri


Política, Tratado político


Libro I

I

Considero de sumo interés para todos los hombres, en quienes la naturaleza superior imprimió el amor a la verdad, que, así como se han visto beneficiados por el trabajo de sus antepasados, así también ellos se preocupen por los que han de sucederles, para que la posteridad se vea enriquecida con sus aportaciones. En efecto, quien instruido en la doctrina política no se preocupa de contribuir al bien de la república, no dude de que se halla lejos del cumplimiento de su deber. En vez de ser «como árbol plantado a la vera del arroyo, que a su tiempo da su fruto», es más bien como tromba devastadora que todo lo engulle y nada devuelve de cuanto se ha tragado. Reflexionando con frecuencia sobre ello, para que no se me culpe de haber escondido bajo tierra mi talento, me propuse no sólo crecer, sino también dar frutos de utilidad pública y enseñar algunas verdades que otros habían descuidado. Pues ¿aportaría algo de provecho quien volviera a demostrar un teorema de Euclides, o quien intentara redescubrir la naturaleza de la felicidad expuesta por Aristóteles, o quien de nuevo hiciera la apología de la vejez reivindicada ya por Cicerón? En realidad nada nuevo aportaría esa tediosa repetición, sino solamente fastidio. Y siendo la «Monarquía temporal» tan desconocida, y su conocimiento el más útil entre todas las verdades ocultas, habiendo sido su enseñanza postergada por todos, por no ser un tema que ofrezca de inmediato posibilidad de lucro, está dentro de mis planes el sacarla de las tinieblas, tanto para provecho del mundo, como para ser yo el primero en alcanzar la palma de tan gran premio para mi gloria. Emprendo, ciertamente, una empresa ardua y superior a mis fuerzas, confiando no tanto en mis propios méritos, cuanto en la luz de aquel Dispensador de bienes «que a todos da largamente y sin reproche».


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84 págs. / 2 horas, 28 minutos / 13 visitas.
Publicado el 30 de junio de 2018 por Edu Robsy.

La Vida Nueva

Dante Alighieri


Poesía


I

En aquella parte del libro de mi memoria, antes de la cual poco
podía leerse, hay un epígrafe que dice Incipit vita nova. Bajo este epígrafe
se hallan escritas las palabras que es mi propósito reunir en esta
obrilla, ya que no en su integridad, al menos sustancialmente.

II

Luego de mi nacimiento, el luminoso cielo había vuelto ya nueve
veces al mismo punto, en virtud de su movimiento giratorio, cuando
apareció por vez primera ante mis ojos la gloriosa dama de mis pensamientos,
a quien muchos llamaban Beatriz, en la ignorancia de cuál era
su nombre. Había transcurrido de su vida el tiempo que tarda el estrellado
cielo en recorrer hacia Oriente la duodécima parte de su grado y,
por tanto, aparecióseme ella casi empezando su noveno año y yo la vi
casi acabando mis nueve años. Llevaba indumento de nobilísimo, sencillo
y recatado color bermejo, e iba ceñida y adornada de la guisa que
cumplía a sus juveniles años. Y digo en verdad que a la sazón el espíritu
vital, que en lo recóndito del corazón tiene su morada, comenzó a
latir con tanta fuerza, que se mostraba horriblemente en las menores
pulsaciones. Temblando, dije estas palabras: Ecce deus fortior me,
veniens dominabitur mihi. En aquel punto, el espíritu animal, que mora
en la elevada cámara adonde todos los espíritus sensitivos del hombre
llevan sus percepciones, empezó a maravillarme en gran manera, y
dirigiéndose especialmente a los espíritus de la vista, dijo estas palabras:
Apparuit jam beatitudo vestra. Y a su vez el espíritu natural, que
reside donde se elabora nuestro alimento, comenzó a llorar, y, llorando,
dijo estas palabras: Heu miser! quia frequenter impeditus ero deinceps!
Y a la verdad que desde entonces enseñoreóse Amor de mi alma,
que a él se unió incontinente, y comenzó a tener sobre mí tanto ascendiente


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54 págs. / 1 hora, 35 minutos / 47 visitas.
Publicado el 28 de noviembre de 2017 por Edu Robsy.

La Divina Comedia

Dante Alighieri


Poesía


INFIERNO

CANTO I

A mitad del camino de la vida,
en una selva oscura me encontraba
porque mi ruta había extraviado.

¡Cuán dura cosa es decir cuál era
esta salvaje selva, áspera y fuerte
que me vuelve el temor al pensamiento!

Es tan amarga casi cual la muerte;
mas por tratar del bien que allí encontré,
de otras cosas diré que me ocurrieron.

Yo no sé repetir cómo entré en ella
pues tan dormido me hallaba en el punto
que abandoné la senda verdadera.

Mas cuando hube llegado al pie de un monte,
allí donde aquel valle terminaba
que el corazón habíame aterrado,

hacia lo alto miré, y vi que su cima
ya vestían los rayos del planeta
que lleva recto por cualquier camino.

Entonces se calmó aquel miedo un poco,
que en el lago del alma había entrado
la noche que pasé con tanta angustia.

Y como quien con aliento anhelante,
ya salido del piélago a la orilla,
se vuelve y mira al agua peligrosa,

tal mi ánimo, huyendo todavía,
se volvió por mirar de nuevo el sitio
que a los que viven traspasar no deja.

Repuesto un poco el cuerpo fatigado,
seguí el camino por la yerma loma,
siempre afirmando el pie de más abajo.

Y vi, casi al principio de la cuesta,
una onza ligera y muy veloz,
que de una piel con pintas se cubría;

y de delante no se me apartaba,
mas de tal modo me cortaba el paso,
que muchas veces quise dar la vuelta.

Entonces comenzaba un nuevo día,
y el sol se alzaba al par que las estrellas
que junto a él el gran amor divino

sus bellezas movió por vez primera;
así es que no auguraba nada malo
de aquella fiera de la piel manchada

la hora del día y la dulce estación;


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299 págs. / 8 horas, 44 minutos / 233 visitas.
Publicado el 28 de mayo de 2016 por Edu Robsy.