Un-a-gnóstic@ jugandocon dioS

Joan Carlos Vinent


cuento



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Un-a-gnóstic@ jugando con dioS
Autoría: Agnes Dog

 

Cuando decidió seguir el juego que ella creía Dios le ayudaba a seguir, no era consciente de lo peligroso de la situación. De hecho, si sigue viva es gracias a su existencia, al karma, al destino –no sería su hora- o al puro azar y suerte. Me explico. Jugó, sin complejos, a la ruleta rusa conduciendo un viejo Ford Scort. El trayecto fue desde el cruce que da con la carretera que va desde la carretera de Es Mercadal a Fornells (todavía no estaba la rotonda con la escultura “La dança del vent” de Marcel Villier) a Mahón, siguiendo las líneas de puntos o discontinuas y continuas, pero al revés: una quijotada…empezó con miedo, pero en su interior oía las instrucciones de lo divino o de alguien que le alertaba de cuando venía un coche y debía desplazarse a la derecha de la calzada. No sé si ha quedado claro, pero el hecho es que condujo casi todo el trayecto de esa carretera repleta de curvas por la izquierda y derecha como si se encontrara en una isla británica donde prevalecía el conducir por la izquierda pero con la diferencia de que ella era la única persona que seguía esa norma en la que llamaremos Ínsula Barataria Virtual. Poco a poco fue ganando confianza y seguía las curvas sin visibilidad alguna con total autoestima. Dios le avisaba o protegía. Por si acaso iba con los faros de carretera de larga distancia y por atrás avisaba con el faro antiniebla, además de usar las luces de peligro intermitentes. Fue un acto suicida del que aún hoy nos cuenta con cierta perplejidad no pasara nada; conductora negligente total, pero con las luces sabía que jugaba con cierta ventaja. De haber sucedido tal experiencia con la luz solar no creo –yo, mero receptor y escribidor reconvertido a pseudoperiodista-  que estas líneas pudieran contar esta peripecia a estas horas y con tanto detalle. Aunque no despreciemos el poder de la imaginación. Fue una aventura que le llevó hasta Es Grau, al parque natural protegido. Cuando volvía de un recorrido que pareció durar unas horas, llegó al cruce que lleva de Es Grau al puerto de Mahón. Se quedó parada a la altura del stop en el coche varios largos minutos, según nos confiesa la protagonista. Esta vez siguiendo las normas de conducción reglamentadas en el estado español. Escuchaba la radio. Una voz gutural y viril propia de un dios le cantaba una canción esperanzadora* en un inglés que entendía a la perfección sin necesidad de esfuerzo por comprender. Le decía que el camino estaba hecho. Su viaje siguiendo las líneas continuas y discontinuas era su mágica forma de regenerar y solventar, de redimir un mundo que iba al revés. Era como zurcir el camino que haría cambiar la isla y el mundo entero por arte de brujería, magia o acto divino que requería de una Dulcinea enamorada como fue sin ser consciente y de forma espontánea. Había zurcido el hilo de la parca que se había quedado sin hilo con el que tejer que nos recuerda en parte al lienzo de Las Hilanderas de Velázquez. Todo muy surrealista, sórdido e irreal en cuanto al posible significado de todo, pero muy real y no fruto de un sueño lo que pasó en la carretera. Nos quedaremos con esa piedra que negó y renegó al despuntar el día con el canto de los gallos en los vergeles de San Juan.  Era la lucha del bien contra el mal, y ella se sentía destinada a seguir con todo ello mientras veía pasar los coches negros del mal, nuevos y de gran potencia. Sin embargo, si María de Magdala aparecía, no se atrevían a adelantarle. El bien cortaba el paso al mal por no sé sabe qué suerte de maniqueísmo. En el Camino den Kane que va desde Alayor a Mahón, o viceversa, de repente se encontró dando volantazos de lado a lado en la estrecha carretera como si de Fernando Alonso se tratara. Su locura –así la sociedad actual no exenta de esta supuesta viga en el ojo propio lo considera- hizo creerse que estaba preparándose para las carreras de Fórmula 1 cuando no iba más que en un pobre y magullado, destartalado Ford Scort de tercera mano quizás. De toda esta experiencia vivida, decir que al final se recorrió las calles de Mahón para ver los cambios realizados en el mundo inmediato, y pudo ver los carteles rotulados nuevos a las once de la noche… Cada detalle era extraño; todo había cambiado a su alrededor. Su percepción de la realidad le hizo ver entre alucinación y alucinación un mundo mejorado gracias al nuevo tejer y entretejer producido por la magia de la carrera recorrida sin gasolina –llevaba kilómetros con la reserva y no se paró jamás el coche-. En el fondo todo estaba como siempre, pero fue capaz de ver los coches aparcados en todos lugares siguiendo un mismo esquema de colores. Cada conductor sabía por el color de su coche dónde podía aparcar y dónde no…Visiones de una Ferdinanda Alonso Quizano que todavía sigue vivita y coleando y que es incapaz de encontrar respuesta a algo tan simple como el hecho de no haberse quedado tirada en la carretera por falta de gasolina. La fe movió la máquina –coche- de una agnóstica que por unas horas, no se sabe muy bien por qué causa, realizó un trayecto suicida en un principio pero purificador al final. En realidad, la vida es sueño. “Quién dice que no estoy muerta –que no estamos muertos- y me han dado/nos han dado una nueva oportunidad de vivir una vida paralela. ¡Pero si yo no creo en estas cosas! Pero os aseguro que algo sobrenatural ocurrió y si sois capaces de leer este relato será que sigue/sigo/seguimos aquí con vosotr@s”. “Y os aseguro que no flirteo con las drogas”. 
 

* THE BELOVED: "Sweet Harmony" in YouTube 

 

PS: realidad-ficción; ficción-realidad: al filo de lo im-posible.

 

 

12 junio 2008 ©jcvinent


Publicado el 2 de junio de 2016 por Juan Carlos Vinent Mercadal.
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