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El boleto de la vida.

Marco Antonio Becerril Romero


Erika, Irene, Lozada, Orozco


La verdad no es más que una charla contigo., ¿Pero no se puede?., de verdad.
Así es la vida antes solo era un poco de dolor. Hasta que cada vez se confunde la vida con un feliz día, diciendo:Solo necesitmos separarnos mi amor. Ya no te preocupes. Ha dicho que me vaya lejos, lejos del mundo, dónde encontraste el principio del fin.   Solo unas cuantas horas de la noche, que te mando la vida ...     Muchos años pasan por el momento, un poco de dolor de mis sueños.Las verdades son lo único que yo más quiero, solo cometí un error.Olvidava que las personas nunca cambian.    El me dijo: Fueron a la playa de las cuerdas de la desesperación, Lo siento mucho.No, eso no es suficiente, para poder disfrutar la felicidad.Solamente la misma rutina, un poco más desvanecida.Vete de aquí., Para terminar este tormento, contestame:En ¿Qué parte de tu tiempo ya no escuchaste a tu corazón?.    Solamente veo la tarde, no tengo idea de las respuestas, aún así, es un placer conocerte.La verdad y el conocimiento, siempre logran tener una excursión hacía la mentira.A mi lado escucho una disculpa, no me digas lo que me ha pasado, necesito estar muy relajado, con un bonito y simple.,  Hola.....
¿Qué haces con la cabeza dando vueltas?. Mi perdón no se puede comprar, necesito regresar al mundo de la verdad y los hechos., Dejando atrás, los sueños y la fantasía que me ha robado la verdad. Acabo de despertar, estaba hablando sobre , la vez que te conocí, surgen las preguntas, pero en otro lado del tiempo, es un poco más fácil, el no asimilar la verdad y aceptar la duda.Mi piel arde, se quema, se lasera  con la mentira.La mente siempre olvida colocar el cartel en la frente, de quiénes en sus vidas, me hace ser una carga.Gracias por todo, me voy a tomar una taza de café, con un poco de dolor y terminando ese momento, aparece más huellas en mi jaula de la fé, que tengas una buena vida, no pasará nada carnal, el destino es así.


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Publicado el 24 de febrero de 2020 por Antonio Sánchez Sánchez 619619619.

La Tía Fingida

Miguel de Cervantes Saavedra


Novela corta


Pasando por cierta calle de Salamanca dos estudiantes, manchegos y mancebos, mas amigos del baldeo y rodancho que de Bartolo y Baldo, vieron en una ventana de una casa y tienda de carne una celosía, y pareciéndoles novedad, porque la gente de la tal casa si no se descubria y apregonaba no se vendia, queriéndose informar del caso, deparóles su diligencia un oficial vecino, pared en medio, el cual les dijo:

—Señores, habrá ocho dias que vive en esta casa una señora forastera, medio beata y de mucha austeridad: tiene consigo una doncella de estremado parecer y brio, que dicen ser su sobrina: sale con un escudero y dos dueñas; y segun he juzgado, es gente granada y de gran recogimiento. Hasta ahora no he visto entrar persona alguna de la ciudad ni de fuera á visitallas, ni sabré decir de dónde vinieron á Salamanca; mas lo que sé es que la moza es hermosa y honesta al parecer, y que el fausto y la autoridad de la tia no es de gente pobre.

La relacion que dió el vecino oficial á los estudiantes les puso codicia de dar cima á aquella aventura; porque siendo pláticos en la ciudad, y deshollinadores de cuantas ventanas tenian albahacas con tocas, en toda ella no sabian que tal tia y sobrina hubiese, que hospedaran cursantes en su universidad, principalmente que viniesen á vivir á semejante calle, en la cual, por ser de tan buen peaje, siempre se habia vendido tinta aunque no de la fina; que hay casas, así en Salamanca como en otras ciudades, que llevan de suelo vivir siempre en ellas mujeres cortesanas, ó por otro nombre trabajadoras ó enamoradas.

Eran ya casi las doce del dia, y la dicha casa estaba cerrada por fuera, de lo que coligieron, ó que no comian en ella sus moradoras, ó que vendrian con brevedad; y no les salió vana su presuncion, porque á poco rato vieron venir una reverenda matrona, con unas tocas blancas como la nieve, mas largas que sobrepelliz de canónigo...


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19 págs. / 34 minutos / 23 visitas.

Publicado el 15 de febrero de 2020 por Edu Robsy.

A quien pueda interesar. H7 eSports.

JM Gálvez


H7esports, clubes, fifa


Al fin lo hemos conseguido, el ansiado ascenso ya está aquí. Ahora, permitidme que os dedique unas palabras.

Recuerdo como si fuese ayer, hace 3 temporadas, que llegábamos llenos de ilusión a aquel primer playoffs, acabábamos de ganar el título de liga en Regional. Pronto nos llevaríamos un gran chasco al caer a una ronda del ascenso. Fue demasiado duro, hicimos una temporada ejemplar, no merecíamos tanto castigo en tan sólo una eliminatoria. Nos rehicimos y seguimos luchando, la temporada siguiente volveríamos a conquistar el título de Regional y obtendríamos el mismo resultado en Playoff, caímos por dos triangulazos. No contentos con eso, decidimos volver a la carga, teníamos una gran base, un gran equipo y una raíz estable de jugadores que nos hacían creer, la temporada pasada, volvíamos a demostrar más nivel del que tendría la categoría volviendo a quedar primeros en la clasificación y volvían los fantasmas del pasado, provocados por una desconexión de nuestro portero en el segundo partido de Playoff, que nos volvería a dejar fuera, obteniendo una nueva derrota, fruto del temblanding por la presión de tantos fracasos injustos.

He visto muchas cosas.

Mucha gente pasar, gente que venía con un cartelón para luego difuminarse y no completar ni si quiera el primer día de entrenamiento, he visto gente venir con menos expectativas que han resultado ser personas muy valiosas, tanto en lo personal como en lo deportivo, he visto gente venir para cubrir expediente e irse, he visto gente marchar por diferentes razones, propias o externas, gente que decidió abandonarnos para luego volver y después de volver a abandonarnos, también he visto a gente quedarse, en la sombra gente Diesel, en un segundo plano, que ha ayudado a mantener la confianza, gente que han ayudado, ya que, también he visto hacer desaparecer el club por parte de socios no muy recomendables, he visto desaparecer...


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3 págs. / 5 minutos / 20 visitas.

Publicado el 4 de febrero de 2020 por jgalvez86.

Una invasión sin precedente

Jack London


Jack London 1910. Narración profética sobre las guerras del siglo XXI



F i c c i o n e s
    
UNA INVASIÓN SIN PRECEDENTE
Jack London (1910)



Fue en el año 1976 cuando la contienda entre el mundo y China alcanzó su apogeo, y éste fue el motivo por el que se retrasó la celebración del segundo centenario de la libertad americana. Otros muchos planes concebidos por las naciones de la tierra fueran reformados, revueltos o aplazados por idéntica razón.

El mundo se despertó de pronto ante el peligro que corría, pero desde hacía más de setenta años los acontecimientos tendían hacia esta crisis.

El año 1904 marca lógicamente el principio de un desarrollo que setenta años más tarde debía hundir al mundo entero en la consternación. En este año tuvo lugar la guerra ruso-japonesa, y los historiadores de la época anunciaron gravemente que aquel conflicto marcaba la entrada de Japón en la familia de las grandes naciones.

Las naciones occidentales habían intentado en vano estimular a China, pero con su natural optimismo y el egoísmo de raza habían llegado a la conclusión de que la tarea era imposible.

La verdadera causa de su fracaso, fue que entre ellas y China no existía ningún vínculo psicológico. Sus maneras de pensar eran radicalmente diferentes y no tenían un vocabulario común. El espíritu occidental no penetraba sino superficialmente en el espíritu chino y se perdía rápidamente en un laberinto sin salida. El espíritu chino quería sondear el espíritu occidental y chocaba siempre contra un muro infranqueable. No existía ningún medio de comunicar las ideas de Occidente a la mentalidad china. Y China seguía durmiendo. Los éxitos y progresos materiales del Oeste seguían siendo para ella letra muerta, y el Occidente no podía comprender tampoco la letra y el espíritu chinos. En el trasfondo de la conciencia de una raza de lengua inglesa, por ejemplo, yacía una capacidad de vibrar al oír el más mínimo atisbo de raíz sajona, y el subsuelo de la mentalidad china se estremecía a la vista de sus radicales monosílabos.


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16 págs. / 28 minutos / 41 visitas.

Publicado el 3 de febrero de 2020 por Pedro Moreno.

Cuentos cortos sin hilo y sin estilo

Mirta Mere


Cuentos cortos


 Lavanda

 

Subió a una silla y desde allí trepó a la cómoda para poder alcanzar el estante más alto del ropero de la Abuela. Contra la pared había un sobre color madera. ¿Qué hacía eso allí, detrás de las cajas? Nadie tocaba las cosas de la Abuela desde que murió, hacía ¿cuánto?  ¿ siete años? De adentro del sobre deslizó una foto en blanco y negro, de esas chiquitas con bordes labrados. Era de la Abuela. Tendría unos treinta años en la foto. Se la veía fresca, sonriente, con su eterno delantal de flores amarillas y rojas. Pero ¿qué era eso en el fondo? Una casa. Estaba un poco borrosa. Debía ser la casa de Córdoba. Apenas si la recordaba. Es que era muy chica cuando ocurrió el incendio.

Con la foto en la mano bajó de la silla. Cerrando los ojos se frotó la frente tratando de despejar el mareo que la invadía. Se le aflojaban las rodillas, pero no se desvaneció. Abrió los ojos y vio cómo la habitación comenzó a disolverse a su alrededor, tomando nuevas formas. Las sillas se hicieron árboles. Las paredes, casas que giraron y giraron  hasta encontrar su sitio. Y la casa aquella, la que estaba al final de la calle. No quería ir a esa casa, pero la casa fue a ella, y allí lo vio. Plantado en su pose de siempre, mirándola a los ojos, con los brazos extendidos hacia ella.

Quería correr hacia él pero sus pies estaban enterrados en el piso y su cuerpo no  respondía al mandato de su mente. Estaba anclada en su lugar, como si fuera un árbol más.  No podía moverse mientras él avanzaba. Cuando llegó la abrazó, en un abrazo largo y profundo, aunque no pudo sentir la presión ese cuerpo adorado sobre el suyo. Sintió sólo su olor a lavanda, ese olor tan querido que como un vendaval le penetraba por todos los poros y la impregnaba a medida que su visión se iba empañando y todo desaparecía.


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51 págs. / 1 hora, 30 minutos / 48 visitas.

Publicado el 29 de enero de 2020 por Mirta Mere.

Un Bastardo de Narizotas

Ramón María del Valle-Inclán


Novela corta


I

La primavera, en la campaña romana, es siempre friolenta, con extremadas lluvias ventosas, y no fue excepción aquella de 1868. Una diligencia con largo tiro de jamelgos bamboleaba por el camino de Viterbo a Roma. Tres viajeros ocupaban la berlina. Dos señoras de estrafalario tocado, católicas irlandesas, y un buen mozo que dormita envuelto en amplio jaique de zuavo. El cochero fustigaba el tiro, jurando por el Olimpo y el Cielo Cristiano. A lo lejos, entre los pliegues del aguacero, en la tarde agonizante, insinuaba su curva mole la cúpula del Vaticano.

PORTA DEL POPOLO

II

Cruzó la diligencia dando tumbos bajo el gran arco dórico que trazó Miguel Ángel. Mendigos y perros sarnosos la saludaron con rezos y alharaca. Desde lejos, desplegada en guerrilla, una turba de chicuelos la tiroteaba con pellas de barro, sin respeto para la guardia de zuavos franceses que jugaba a la malilla sobre una manta. Al otro lado del arco, era la masa sombría de dos iglesias con altas cúpulas. Monaguillos vestidos de rojo soplaban los incensarios en la puerta de Santa María di Monte. Un obelisco cubierto de jeroglíficos faraónicos daba turbadora y resonante expresión a la gran plaza desierta. El cochero detuvo el tiro y saltó del pescante a la intimación de un aduanero barbudo, con capa y sombrerote tirolés de brigante de ópera. El zagal de la diligencia, abriendo la portezuela, advirtió a los viajeros que iban a ser revisados equipajes y pasaportes.

III

De las alturas de la diligencia se desgranó un rosario de seminaristas. Negros zapatos con grandes hebillas, medias moradas, revuelo de sotanas. Eran becarios del Colegio Conciliar de Santa Verónica del Janículo. Tenían un encogimiento de campesinos enfermos de nostalgia, rudo y apocado. Bajo la avalancha de zapatos eclesiásticos y canillas moradas, asomábase al vidrio...


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Dominio público
17 págs. / 30 minutos / 82 visitas.

Publicado el 9 de enero de 2020 por Edu Robsy.

El Trueno Dorado

Ramón María del Valle-Inclán


Novela corta


I

La Taurina, de Pepe Garabato, fue famosa en los tiempos isabelinos. Era un colmado de estilo andaluz, donde nunca faltaban niñas, guitarra y cante. Aquella noche reunía a lo más florido del trueno madrileño. El Barón de Bonifaz, Gonzalón Torre-Mellada, Perico el Maño y otros perdis llegaban en tropel, después de un escándalo en Los Bufos. Venían huyendo de los guardias, y con alborozada rechifla, estrujándose por la escalera, se acogieron a un reservado de cortinillas verdes. Batiendo palmas pidieron manzanilla a un chaval con jubón y mandil. Entraron dos niñas ceceosas, y a la cola, con la guitarra al brazo, Paco el Feo.

II

Comenzó la juerga. Las niñas batían palmas con estruendo, y el chaval entraba y salía toreando los repelones de Luisa la Malagueña. La daifa, harta de aquel juego saltó sobre la mesa y, haciendo cachizas, comenzó a cimbrearse con un taconeo:

—¡Olé!

Se recogía la falda, enseñando el lazo de las ligas. Era menuda y morocha, el pelo endrino, la lengua de tarabilla y una falsa truculencia, un arrebato sin objeto, en palabras y acciones. Se hacía la loca con una absurda obstinación completamente inconsciente. En aquel alarde de risas, timos manolos y frases toreras advertíase la amanerada repetición de un tema. La otra daifa, fea y fondona, con chuscadas de ley y mirar de fuego, había bailado en tablados andaluces, antes de venir a Madrid, con Frasquito el Ceña, puntillero en la cuadrilla de Cayetano. Asomó cauteloso el Pollo de los Brillantes. Esparcía una ráfaga de cosmético que a las daifas del trato seducía casi al igual que las luces de anillos, cadenas y mancuernas. Susurró en la oreja de Adolfito:

—¡Estate alerta! A Paquiro le han echado el guante los guindas y vendrán a buscaros. Ahora quedan en el Suizo.

Interrogó Bonifaz en el mismo tono:


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Dominio público
45 págs. / 1 hora, 20 minutos / 34 visitas.

Publicado el 9 de enero de 2020 por Edu Robsy.

La Cara de Dios

Ramón María del Valle-Inclán


Novela


Carta de Carlos Arniches

Sr. D. Ramón del Valle-Inclán


Mi distinguido amigo

Desde luego puede Ud. contar con mi autorización para hacer una novela de mi modesta obra La Cara de Dios.

Y honrándome mucho con ello aprovecho esta ocasión para reiterarle la seguridad de mi afecto.

Carlos Arniches


el 27 de Dbre. de 1899

Libro primero

I. En la obra

Hacia el final de la calle de Serrano, una de las más aristocráticas de Madrid, había no ha mucho una soberbia casa en construcción.

Era la casa propiedad del Duque de Ordax y hacía esquina a otra calle más modesta.

Una valla de madera sin pintar cerraba la obra.

En el momento de dar comienzo nuestra historia, la casa cuyos muros se levantaban ya en toda su altura, aparecía a los ojos del transeúnte, cubierta casi por completo de andamiajes y maderamen, grúas y garruchas bien provistas de cuerdas, por las que subían y bajaban sin descanso en las horas de trabajo los materiales de la obra.

Eran las dos de la tarde. Los obreros dormían la siesta a la sombra de la valla.

Pero no dormían todos. Aprovechando el sueño de sus compañeros, Eleuterio y Eustaquio, hablaban en voz baja, sentados en un rincón de la taberna vecina.

Eustaquio apuró un vaso de vino; y como si prosiguiese una conversación anterior, preguntó:

—De modo que viste a la Soledá anoche.

—¡Ya lo creo! Y aquello fue el acabose.

—¿Y ella?…

—Sigue en las mismas.

—En que no.

—Emperrada en que no. Pero eso será un pueblo y lo que quiera este cura, ¿sabes?

—¿Sabes lo que te digo?…

—Di.

—Que debes dejarla. No te metas en esos líos. La Sole está muy amartelada con su marido, y Ramón es un hombre que en cuanto huela un tanto así… ¡el destroce! —y Eustaquio marcó con su pulgar sobre el índice el nacimiento de la uña.


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417 págs. / 12 horas, 11 minutos / 58 visitas.

Publicado el 9 de enero de 2020 por Edu Robsy.

El Hermano Juan o el Mundo es Teatro

Miguel de Unamuno


Teatro, comedia


«¡Mi querido lector! ¡Lee, si es posible, en voz alta! ¡Y si lo haces, gracias por ello! Y si no lo haces tú, mueve a otros a ello, y gracias a cada uno de ellos y a ti de nuevo. Al leer en voz alta recibirás la más fuerte impresión, la de que tienes que habértelas contigo mismo y no conmigo que carezco de autoridad ni con otros que te serían distracción.»

Soeren Kierkegaard, Prólogo (del 1 de agosto de 1851) a Para examen de conciencia, dedicado a sus contemporáneos.

Prólogo

Este prólogo es, en realidad de apariencia, un epílogo. Como casi todos los prólogos. Aunque… ¿sí? ¿Nacen los hombres —a contar entre éstos a los llamados entes de ficción, personajes de drama, de novela o de narración histórica— , nacen de las ideas los hombres, o de éstos aquéllas? ¿Es el hombre una idea encarnada —en carne de ficción , o es la idea un hombre historiado, eternizado así? Voy a contarte, lector, cómo me nació este mi «El Hermano Juan».

Un compañero de letras, Julio de Hoyos, que había escenificado mi «Nada menos que todo un hombre» (novela) dejándomelo reducido a «Todo un hombre» (drama), me propuso llevar a escena mi «Niebla» —¿por qué la llamé nivola? Lo tuve, desde luego, por un despropósito. Mí Augusto Pérez, el héroe —héroe, sí— de mi «Niebla», se afirma frente a mí y aun en contra de mí, el autor del libro —del libro, no de Augusto Pérez—, sosteniendo que él, y no yo, es la verdadera realidad histórica, el que de veras existe y vive —sólo vivir es existir—, y yo un mero pretexto para que él exista y viva en los lectores de su historia. Y lo tuve por despropósito porque no cabe en escenario de tablas un personaje de los que llamamos de ficción representado allí por un actor de carne y hueso, y que afirme que él, el representado, es el real y no quien lo representa, y menos el autor de la pieza, que puede estar hasta materialmente muerto.


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78 págs. / 2 horas, 17 minutos / 43 visitas.

Publicado el 6 de enero de 2020 por Edu Robsy.

Juan de Mairena

Antonio Machado


Miscelánea, aforismos, ensayo


Habla Juan de Mairena a sus alumnos

I

La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero.

AGAMENÓN. Conforme.

EL PORQUERO. No me convence.

* * *

(Mairena, en su clase de Retórica y Poética).

—Señor Pérez, salga usted a la pizarra y escriba: «Los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa».

El alumno escribe lo que se le dicta.

—Vaya usted poniendo eso en lenguaje poético.

El alumno, después de meditar, escribe: «Lo que pasa en la calle».

MAIRENA. No está mal.

* * *

—Cada día, señores, la literatura es más escrita y menos hablada. La consecuencia es que cada día se escriba peor, en una prosa fría, sin gracia, aunque no exenta de corrección, y que la oratoria sea un refrito de la palabra escrita, donde antes se había enterrado la palabra hablada. En todo orador de nuestros días hay siempre un periodista chapucero. Lo importante es hablar bien: con viveza, lógica y gracia. Lo demás se os dará por añadidura.

* * *

(Sobre el diálogo y sus dificultades).

«Ningún comediógrafo hará nada vivo y gracioso en el teatro sin estudiar a fondo la dialéctica de los humores». Esta nota de Juan de Mairena va acompañada de un esquema de diálogo en el cual uno de los interlocutores parece siempre dispuesto a la aquiescencia, exclamando a cada momento ¡Claro!, ¡claro!, mientras el otro replica indefectiblemente: ¡Oh, no tan claro!, ¡no tan claro! En este diálogo, el uno acepta las razones ajenas casi sin oírlas, y el otro se revuelve contra las propias, ante el asentimiento de su interlocutor.

* * *

«Hay hombres hiperbólicamente benévolos y cordiales, dispuestos siempre a exclamar, como el borracho de buen vino: “¡Usted es mi padre!”. Hay otros, en cambio, tan prevenidos contra su prójimo…».


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Dominio público
324 págs. / 9 horas, 28 minutos / 76 visitas.

Publicado el 5 de enero de 2020 por Edu Robsy.

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