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El Primer Baño

Francisco A. Baldarena


cuento


Mamá pájaro asomó su pico dentro del nido y ordenó: 
   Hora del primer baño, pequeños. 
   Los dos pajaritos se miraron entre sí y erizaron el plumaje con desigual emoción. El pajarito que nació por último, sin pensarlo dos veces, se lanzó al vacío aleteando alegremente, aunque algo torpe y desarticulado, y aterrizó golpeando el asfalto. Pero al que nació primero no le agradó en absoluto esa parte de las lecciones de mamá pájaro. No por el baño en sí, que lo necesitaba, pues lo tení­an loco los piojillos, sino por el tipo de agua en donde lo tendría que hacer. 
   El agua que corría suave y plácida a los costados de la calle, junto al cordón de la vereda, poseía toda ella una sospechosa transparencia verdosa. Pensó, entrecerrando los ojillos, ante la inminencia de lo ineludible, que alguna propiedad rara debía de tener. Principalmente por ser el agua tan valiosa, como decía su mamá, de ninguna manera la gente la dejaría correr de sus casas gratuitamente. Y cavilando sobre esta cuestión con pensamientos que rayaban lo trágico y lo fatídico, se le ocurrió que si podía volar hasta el borde del cordón de la vereda también le sería posible echarse a volar lejos de allí. Y lejos de allí eran todos los lugares que quedaban más allá de los galpones de la fábrica, que se erguía como un monstruo gris y humeante detrás del monte de eucaliptos, y que seguramente abarcaría todo el infinito que su vista no alcanzaba a ver desde el nido. 
   Mientras tanto abajo, mamá pájaro impartía instrucciones sobre el debido lavado a su hermanito, que chapaleaba feliz de la vida, pero con esmero, en el agua tóxica. Ninguno de los dos, sin embargo, se dio cuenta de la partida del pajarito que nació primero.


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Publicado el 24 de septiembre de 2021 por Francisco A. Baldarena .

Hijo Desalmado

Francisco A. Baldarena


cuento


Una noche cualquiera. 


Marucha iba y venía por toda la cocina, retorciendo un repasador y refunfuñando unas trás otras frases como: "Después me decís que hablo sin razón; hace más de media hora que el Tommy salió y todavía no llamó ni por lo menos para decir mami llegué bien", o "Te das cuenta, Roberto, no le importo un comino. Una acá con el corazón en la boca y el muy lindo como si nada". 
   
Como siempre ha ocurrido desde que el mundo es mundo, el hijo había ido a la casa de un amigo y no llamaba para avisar que llegó bien.        

Pero Marucha, no te preocupes, si está todo bien no te llamará nunca. Tenés que usar la lógica, le advirtió el marido, en una de esas. 
   
¡A tres cuadras!, apenas a tres cuadras queda la casa del amigote ese. Así que no me vas a decir que todavía está en camino, continuó Marucha, sin dar oídos al marido; ella no creía en la lógica, sino en la intuición fatalista de madre. 
   
Ahora el marido pensó que al final, madre es madre, también desde la misma época de la fundación del mundo. 
   
¡Ah, pero cuando aparezca me va a tener que escuchar!, sentenció Marucha y enseguida le dio un trapazo certero a una manchita negra, que no era la mosca que le había parecido, sobre un azulejo detrás de la cocina. 
   
"¿Y le queda otra al pobre?", pensó Roberto y después reiteró: 
   
Pero no te preocupes, Marucha, no te dije que si no llama es porque está todo bien. Pero sus palabras fueron palabras al aire.
   
Pero qué tanto le cuesta un "hola mamá, llegué bien", eh. ¿Qué tanto le cuesta? Ah, pero me va a tener que escuchar cuando llegue, el sotreta ese, ¡ah, si me va!, volvió a sentenciar Marucha.


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Publicado el 23 de septiembre de 2021 por Francisco A. Baldarena .

Las Primeras Palabras y Otros Mirocuentos

Francisco A. Baldarena


microcrocuentos


1  

LAS PRIMERAS PALABRAS 

Me estaba cuestionando sobre el mundo y la vida de un modo general. a partir de una mancha en el techo que sugería una casita sobre un promontorio, cuando nuevamente aparecieron sus caras, pero esta vez acompañadas de muchas otras. Las había pálidas, sonrojadas, llenas de pelos y totalmente lampiñas; castigadas por el tiempo unas, sin una marca siquiera otras. Todos esperaban mi primera palabra, pero que fuera coherente y, sobre todo, entendible. Me miraban como si yo fuera un pescadito dentro de un acuario, y estaba claro que si no decía alguna cosa iban a seguir ahí, quién sabe hasta cuando, haciendo morisquetas para alentarme. Yo podría decirles "hola" o "¿cómo están ustedes?", pero, sin dudas, iba a espantarlo; al final, nadie espera que un recién llegado diga esas cosas, menos aún si no ha pronunciado todavía otra cosa que "bubú babá". En fin, no quise herirlos, y menos hacerlos pasar vergüenza delante de los otros, de modo que, siguiendo la tradición y para regocijo de sus almas, pronuncié las dos palabras que esperaban que les dijera: papá y mamá. 



DEL FIN DE LA ILUSIÓN 

Leí un aforismo por ahí, que decía que triunfar también es llegar al fin de la ilusión, hasta ahí todo bien. Pero siempre y cuando haya otro triunfo que perseguir, estimo yo. Porque de llegarse al final mismo de cualquier ilusión, que es lo mismo que perder el deseo, ¿qué queda entonces, sin el estímulo de la búsqueda? 
Ergo, o se busca una nueva ilusión o al final de la ilusión hay que añadirle el propio fin de uno. 



EL MUDO 

El borracho se dejó caer sobre uno de los primeros escalones de la escalinata de la iglesia.


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Publicado el 22 de septiembre de 2021 por Francisco A. Baldarena .

Un Pobre Hombre Rico o el Sentimiento Cómico de la Vida

Miguel de Unamuno


Cuento


Dilectus meus misit manum suam Per foramen, et venter meus intremuit ad tactum eius.

Cantica Canticorum, V, 4.

I

Emeterio Alfonso se encontraba a sus veinticuatro años soltero, solo y sin obligaciones de familia, con un capitalino modesto y empleado a la vez en un Banco. Se acordaba vagamente de su infancia y de cómo sus padres, modestos artesanos que a fuerza de ahorro amasaron una fortunita, solían exclamar al oírle recitar los versos del texto de retórica y poética: “¡Tú llegarás a ministro!” Pero él, ahora, con su rentita y su sueldo no envidiaba a ningún ministro.

Era Emeterio un joven fundamental y radicalmente ahorrativo. Cada mes depositaba en el Banco mismo en que prestaba sus servicios el fruto de su ahorro mensual. Y era ahorrativo, lo mismo que en dinero, en trabajo, en salud, en pensamiento y en afecto. Se limitaba a cumplir, y no más, en su labor de oficina bancaria, era aprensivo y se servía de toda clase de preservativos, aceptaba todos los lugares comunes del sentido también común, y era parco en amistades. Todas las noches al acostarse, casi siempre a la misma hora, ponía sus pantalones en esos aparatos que sirven para mantenerlos tersos y sin arrugas.

Asistía a una tertulia de café donde reía las gracias de los demás y él no se cansaba en hacer gracia. El único de los contertulios con quien llegó a trabar alguna intimidad fué Celedonio Ibáñez, que le tomó de “¡oh amado Teótimo!” para ejercer sus facultades. Celedonio era discípulo de aquel extraordinario Don Fulgencio Entrambosmares del Aquilón de quien se dió prolija cuenta en nuestra novela Amor y Pedagogía.


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31 págs. / 54 minutos / 5 visitas.

Publicado el 22 de septiembre de 2021 por Edu Robsy.

Una Historia de Amor

Miguel de Unamuno


Cuento


I

Hacía tiempo ya que a Ricardo empezaban a cansarle aquellos amoríos. Las largas paradas al pie de la reja pesábanle con el peso del deber, a desgana cumplido. No, no estaba de veras enamorado de Liduvina, y tal vez no lo había estado nunca. Aquello fué una ilusión huidera, un aturdimiento de mozo que al enamorarse en principio de la mujer se prenda de la que primero le pone ojos de luz en su camino. Y luego, esos amores contrariaban su sino, bien manifiesto en señales de los cielos. Las palabras que el Evangelio le dijo aquella mañana cuando, después de haberse comulgado, lo abrió al azar de Dios, eran harto claras y no podían marrar: “Id y predicad la buena nueva por todas las naciones”. Tenía que ser predicador del Evangelio, y para ello debía ordenarse sacerdote y, mejor aún, entrar en claustro de religión. Había nacido para apóstol de la palabra del Señor y no para padre de familia; menos, para marido, y redondamente nada para novio.

La reja de la casa de Liduvina se abría a un callejón, flanqueado por las altas tapias de un convento de Ursulinas. Sobre las tapias asomaba su larga copa un robusto y cumplido ciprés, en que hacían coro los gorriones. A la caída de la tarde, el verde negror del árbol se destacaba sobre el incendio del poniente, y era entonces cuando las campanas de la Colegiata derramaban sobre la serenidad del atardecer las olas lentas de sus jaculatorias al infinito. Y aquella voz de los siglos hacía que Ricardo y Liduvina suspendieran un momento su coloquio: persignábase ella, se recogía y palpitaban en silencio sus rojos labios frescos una oración, mientras él clavaba su mirada en tierra. Miraba al suelo, pensando en la traición que a su destino venía haciendo; la lengua de bronce le decía: “Ve y predica mi buena nueva por los pueblos todos”.


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Dominio público
32 págs. / 56 minutos / 4 visitas.

Publicado el 22 de septiembre de 2021 por Edu Robsy.

Los Espirituados

Carmen de Burgos


Novela


I. Entre montañas

Tardó en darse cuenta del lugar donde se encontraba, con la imaginación turbada aún por las telarañas del sueño. Después de pasear la mirada en torno suyo, se repitió en voz alta, para tener la seguridad de que se hallaba despierto:

—Estoy en Jaca. Estoy otra vez en Jaca.

Le parecía imposible encontrarse, a un tiempo mismo, en su propia casa y en aquella ciudad extraña.

No era ya el cuarto de hotel, destartalado y ruidoso, donde lo despertaban todas las mañanas los gritos y el barullo de las camareras, departiendo entre sí, o de chicoleo con los huéspedes, o con los asistentes de los militares que allí se hospedaban.

No estaba obligado a oír los burdos diálogos amorosos que interrumpía un “No me pellizque usted”, o el ruido del cachete con que se defendía alguna moza.

Se hallaba rodeado de los viejos muebles de la casa paterna. Amigos inmóviles que le evocaban los tiempos de la niñez y parecían borrar el recuerdo de todas las casas de huéspedes en que había vivido desde que salió de Murcia para ir a estudiar a Madrid, sin sospechar el sacrificio que esa decisión les costaba a sus padres.

¡Madrid! Todas las ciudades frecuentadas por estudiantes tienen siempre un aroma de juventud, de alegría. Se graban en el recuerdo de una manera imborrable, unidas a la memoria de los días más felices e ingenuos de la vida.

Había pensado más en las muchachas y en las diversiones que en los libros durante aquella época.

En Murcia había oído recordar a los viejos en sus tertulias sus tiempos de mocedad y de vida estudiantil, alegrada por las modistillas madrileñas, los bailes de organillo y los inolvidables “biftecks” de los cafés, que jamás sentaron mal a sus estómagos hambrientos y juveniles.


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178 págs. / 5 horas, 11 minutos / 6 visitas.

Publicado el 22 de septiembre de 2021 por Edu Robsy.

Los Mariditos

José Tomás de Cuéllar


Novela


Introducción

Indispensable para el conocimiento de la casta de los mariditos


La temperatura media del aíre en el Valle de México es de 18º 29 centígrado.

Las heladas, respetuosamente, no llegan á impedir el desarrollo perenne de la vegetación que provée al mercado de toda clase de leguminosas los 365 días del año.

Hay clotes desde Marzo hasta Diciembre, melones en Enero, fresas todo el año y semillas tempraneras que desde el semillero hasta el almuerzo no hacen más que una evolución de veinte días, como la de los rabanitos.

Las calabazas que se sirven tiernas en Marzo, toman proporciones colosales en Noviembre para el chacualole de los muertos.

Se dan tambien en este Valle, merced á la temperatura, profesoras de instrucción primaria, y sábios de todas dimensiones, críticos tempraneros, periodistas con chichonera, mamás de quince abriles, abuelitas de treinta y sobre todo mariditos.

Los derechos del Registro Civil son cómodos apropiados á las circunstancias y á la temperatura. Hay además gro blanco de á peso, y una barata permanente de azahares de badana en el Portal de Mercaderes.

El peso medio de la raza humana en el distrito federal fluctùa en los varones entre 75 y 150 libras peso bruto. Las novias teniendo 12 años cumplidos y tacones de palo, están expuestas á los mariditos y no se pesan.

El maridito es un sér precoz que le juega una mala pasada al tiempo, á la naturaleza, y á la aritmética; quiere decir: que en un avío hace tres mandados. Le juega una mala pasada al tiempo porque llega á viejo sin haber sido nunca joven.

A la naturaleza, porque es una semilla embrionaria que se empeña en sembrarse para reproducirse, sin esperar á que madure la pulpa de la fruta que la contiene.

Y á la aritmética, porque aprende logaritmos y se olvida de sumar y restar.


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Dominio público
85 págs. / 2 horas, 30 minutos / 8 visitas.

Publicado el 22 de septiembre de 2021 por Edu Robsy.

Las Posadas

José Tomás de Cuéllar


Novela corta


I

En la casa de un corredor de número hay en el patio ochenta tercios robalo, de camarón y bacalao, capaces de asfixiar con sus emanaciones al corredor y á su familia.

Entra un agente de negocios, tapándose las narices, y cuando ha llegado á la asistencia exclama:

—¡Cáspita! ó vendes el pescado, ó no hay posadas, compadre.

—¡Aquí está el compadre! grita un muchacho.

—¡Compadre de mi alma! entra diciendo la mujer del corredor; ¿ya le pegó á usted el constipado?

—No, comadre, el camarón del patio.

—Ya se lo dije d ese.

Ese era su marido; lo avisamos, para que cuando el corredor diga esa, se entienda también que habla de su mujer.

El amor conyugal toma algunas veces la forma de pronombre: lo cual no es clásico, pero es cierto.

—¿Qué hay de posadas, compadre? dice por fin el agente de negocios.

—¡Qué posadas! si no pagan más que á cuatro y medio.

—¿Y qué?

—Que pierdo el dinero.

—Tengo marchante.

—¿Sí? ¿A cómo?

—A seis.

—No, compadre....

—Por vida de usted.

—¿A plazo?

—Estoy trabajando porque aflojen.

—¡Ah! no es casa fuerte.

—Son los gachupines de ahora un año.

—¿Por fin, pagaron?

—Sí.

—En fin, usted sabe.

—Aseguraré la venta.

—Bueno.

—Negocio concluído.

—¿Hay posadas? entra preguntando una polla, que acababa de pintarse de blanco de una manera feroz.

—¿Cuánto me das por la noticia? le preguntó á la polla el agente de negocios.

—Una danza.

—¿Nada más?

—Y un schotish.

—Bueno: pues hay posadas.

La polla se puso de un salto en la pieza contigua, y recorrió en seguida toda la casa, propagando la placentera noticia.

—¿Conque la armamos, nó, compadre?


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17 págs. / 29 minutos / 7 visitas.

Publicado el 21 de septiembre de 2021 por Edu Robsy.

Las Gentes que Son Así

José Tomás de Cuéllar


Novela


Dedicatoria

Al distinguido literato

Ignacio M. Altamirano


Mi afición á las letras ha dado á Vd. motivos mas de una vez, para alentarme á seguir en tan difícil senda.

Agradecido á su cariño, le ofrezco hoy este pobre libro en prenda de nuestra buena amistad.


José T. de Cuellar.

Primera parte

Capítulo I

Preámbulo


La humanidad no ha podido todavía ponerse de acuerdo ni aún en el sentido de lo que más le conviene. A pesar de todos los dogmas, de todos los sistemas filosóficos y de todas las leyes, el mundo está plagado de individuos excepcionales, de seres refractarios á todo sistema, de hombres, en fin, en cuyo cerebro entra la verdad disfrazada, maltrecha é insuficiente.

Sobre esos cerebros se ha quemado el suyo la frenología, esforzándose en encontrar en la forma la causa eficiente de las excentricidades y de las extravagancias; y después de un maduro examen ha exclamado satisfecha: «hay gentes que son así».

El desacuerdo de la raza data de la antigua memorable fecha de la manzana; y cuando ni los dos primeros hermanos pudieron entenderse, ¿qué mucho que no nos entendamos nosotros todavía?

Las grandes conquistas de unidad y acuerdo han logrado cuando más poner un millón de hombres frente á otro millón para probar su fuerza física: los tiempos primitivos nos presentan un vasto cuadro en el que los hombres se destruían á millares, movidos sólo por el espíritu de conquista; y tal manía se ha perpetuado por desgracia, entre otras causas por la muy poderosa de que hay «gentes que son así.»

Pero ninguna época es tan fecunda en ejemplos de esta especie como la presente, al menos para nuestro propósito.


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418 págs. / 12 horas, 12 minutos / 9 visitas.

Publicado el 21 de septiembre de 2021 por Edu Robsy.

Enamorado

Francisco A, Baldarena


cuento


Marito se había enamorado, pero quería estar seguro de que Clarita no fuera apenas una ilusión. Había escuchado alguna vez que lo importante está por encima de lo urgente, y gravitando alrededor de tal sentencia andaba: que lo importante, que lo urgente, como si estuviera deshojando una margarita; buscando razones e indicios por aquí y por allá que le dieran una certeza irrefutable. Y tenaz como era Marito en sus propósitos, hasta que no la encontrara se mantendría girando como un trompo.  
   Y de tanto darle vuelta al asunto, como si fuera una tuerca con la rosca mellada que había que ajustar y ajustar hasta que en una de esas encajara en el tornillo, Marito empezó a llegar cerca. Esto se debió en buena medida a que entre una cosa y otra sobre la que se detenía a pensar, al final siempre llegaba a Clarita, como los caminos que conducen a Roma, y ésto, es decir, ella, hacía que su corazón palpitara como queriendo salir del pecho. Sin dudas, un claro indicio de que quería contarle algo de suma importancia, algo de vida o muerte. De ahí que Marito paró las orejas y escuchó lo que el corazón tenía para decirle, y el corazón le dijo que lo único que importaba en la vida era lo más importante y que dentro de lo más importante, como si fuera una concha marina, estaba Clarita, la perla más perfecta. 
   ¡Caso cerrado! ¡Decisión indeclinable!, dijo Marito, parado delante de un espejo, como si tuviera la necesidad de contárselo a alguien más para confirmar su decisión, pero que otro mejor que él mismo, ya que no le encontraría "peros" al asunto. No obstante, se dijo, si tuviera que sufrir por amor, y sufriría porque de sufrimiento también está hecho el amor, aun así correría el riesgo, lanzándose sin titubear de cuerpo y alma a transitar sus intrincados y laberínticos caminos.


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1 pág. / 3 minutos / 10 visitas.

Publicado el 21 de septiembre de 2021 por Francisco A. Baldarena .

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